The Day The Music Died

Imagina que Rihanna, Miley Cyrus y Beyoncé –me han dicho que Lady Solomillo ya no cuenta, esto sí que me ha descuadrado- encuentren mañana la muerte en un accidente de avión. Calla calla, no está bien alegrarse de estas cosas. Sería algo así como un terremoto en el panorama del entertainment musical. Millones de niñas –y no tan niñas, ¿verdad?- no encontrarían consuelo alguno durante semanas. La prensa amarilla, rosa o del color que sea, se llenaría de anécdotas sobre el vuelo, el avión, las circunstancias que les llevaron a coger el vuelo, detalles mil millones de veces repetidos y deformados en las redes sociales. Pues algo así sucedió el tres de febrero de 1959, cuando Richie Valens, Buddy Holly y The Big Bopper fallecieron cuando se estrelló el pequeño avión en el que viajaban rumbo a la gloria.

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Sharon Von Etten – Are We There

A veces tardo más en encontrar el grupo o artista del día que en redactar la entrada. Así que cuando me decido, no es plan ponerse a dudar, que sí, que no… me pongo y ya está. A veces, al rato, me arrepiento. Como esta mañana, que estaba escuchando por casualidad una canción del nuevo disco de Sharon Von Etten y dije, bingo, a por ella. Buf… y qué voy a contar sobre una yankee que lleva cuatro álbumes y más de cuarenta temas cantando más o menos lo mismo: la vida es una m…, los chicos sois unos capullos –anda que tú ñañañaña-, estoy deprimida.

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Linda Perhacs – The Soul of All Natural Things

Hoy te voy a contar una bonita historia. O curiosa. O sorprendente. Bueno, una historia. Que sólo la música nos propicia de vez en cuando. Una historia que pone en escena a una Señora ya mayor –rondará los 70 años-, si bien el relato empieza cuando era todavía una joven ortodontista, aprendiz de Torquemada, obrera del sarro y los empastes. En 1970, Linda Perhacs trituraba muelas canturreando suaves melodías, arrancaba gritos de sufrimiento tarareando estribillos atmosféricos, aliviaba dolores del fin del mundo recitando versos de amor. ¿Una sádica a lo Bret Easton Ellis?

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The Walkmen – The Rat

Hay gente –rara rara rara- que entra aquí todos los días desde que abrí el blog. Su particular calvario, con el Gólgota a más de 500 días de camino. Noto como los nervios empiezan a aflorar. Ayer uno de ellos me dijo que mis posts eran un pelín largos, en plan «Entiéndeme Fiouck, tengo una familia que alimentar». Poco le faltó para decir que había encendido una vela el día que hablé de Samuel Barber y su Adagio For Strings -tan sólo doce palabras-. Bueno, yo siempre lo he dicho, soy un amante de la música a la antigua, no entiendo a estos bloggeros que empotran el vídeo youtube del nuevo no sé qué y tan panchos dicen que tienen un blog de música. De hecho menos entiendo a los lectores que los siguen, se conforman con tan poco…

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Jack White – Lazaretto

Con The White Stripes, creo que ya me falta menos para tratar el resurgir rock de finales de los 90’s principios de los 2000. Ya hablé de The Strokes, Libertines, Franz Ferdinand. Por lo tanto quedarían Jet, Vines, Vaccines y algunos más, pero ya son de segunda división y al final es complicado no repetirse. Me da el yuyu porque me quedan 510 posts antes de llegar a meta, y ya se me han ido muchas opciones para hablar de buen rock. ¿Qué os voy a contar a partir del día del verano, fecha en la que cae el nº 500? Y yo qué sé, algo se me ocurrirá, no hay más tutía.

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Sam Cooke – Night Beat

El Rey, Otis, en su trono; Aretha, la Reina, a su derecha en el suyo; Marvin, el príncipe a la izquierda en una silla, Amy, la hija, vacilante en su taburete, y en el fondo, unos cuantos cientos de pretendientes a formar parte de esta legendaria familia, de pie, debajo de la gotera, Adele, Duffy, Emily Sandé, Willy Moon, Gin Wigmore, sólo por nombrar a unos pocos recientes. Y ahí en la sombra, mirando satisfecho a sus casi retoños, el padre putativo de todos, el cantante que se sacó de la manga una nueva forma de expresar la música, con un género mezcla de blues, rhythm & blues, góspel, interpretado con una energía nunca antes vista en los escenarios. Ahí, en la sombra, Sam Cooke, muerto hace medio siglo, con su camiseta “Father of Soul Music”, preguntándose si A Change Is Gonna Come.

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Kronos Quartet – When Our Wings Are Cut, Can We Still Fly

Ayer vi 21 gramos, la película de Alejandro González Iñárritu, el realizador mexicano –lo escribo con x porque a los mexicanos no les gusta con j- que en pocas películas, como Babel o Amores Perros, se ha convertido en uno de los grandes realizadores de este siglo. 21 gramos tiene once años y no la había visto hasta el momento. Me impactó tanto que me puse a pensar por qué se me había escapado, al igual que otras bastantes. Tengo un borrador de respuesta –me gusta esta expresión, justo en plena declaración de la renta-. Como no descargo –sí, soy de estos irreductibles- y como no veo la tele -llámame troglodita-, pues si no las veo cuando se estrenan, sólo me queda comprar el DVD. Y el DVD de 21 gramos llevaba durmiendo en casa a la espera de un descuido mío. Digo descuido porque de saber lo que me esperaba, igual no la veía. Esta película es lo más parecido a recibir una patada en el estómago y, por si acaso te queda algo de respiración, un puñetazo en la garganta, justo en la nuez. No doy con las palabras, algo así como Maravillosamente Demoledora. ¿La vida misma?

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