The Cure – Trilogía Sagrada

Post #997. Huele requeté negro…

The Cure, acto II. Han pasado 994 días desde que aparecieron en el blog por primera vez. Casi nada, cerca de tres años. Pero lo leo y me avergüenzo. Tú no lo busques, que voy a perder el poco crédito que me queda. Cuatro pobres líneas mal escritas y sin pasión. Encima había elegido Disintegration. Vale que el disco es una maravilla, el último hipo de genialidad de la banda de estos años que me cuesta identificar bien, entre adolescencia y edad adulta. Pero The Cure, vamos, ¡The Cure! Tanta exclamación que al final ni sé por dónde cogerlos. Me va a costar mucho escribir este post.

Tuve un pequeño debate interno durante muchos meses. Entre ponerlos ahora, a tres días del final, o acabar con la faena de undia-undisco.net con ellos. Mirando para atrás, se lo merecerían de sobra, por lo que fueron para la música y la devoción que yo les profesaba. De hecho, y sin despeinarme, podría dedicarles las entradas 1.001 a 1.026, una por cada canción que compone la Trilogía Sagrada.

Siempre la hemos llamado así con mi pandilla de amigos. Éramos inseparables, las risas resonaban eternamente, no importaba ni la lluvia, ni las chicas, ni el dinero, mientras teníamos lo justo en el bolsillo para irnos de vacaciones a la playa, cruzando los dedos para que hiciera sol y saliesen mozas guapas con las que soñar. Ya ya, es que eso de “no importaba” era muy relativo. Como al final diluviaba y las chicas no nos hacían caso, poníamos The Cure a todas horas y nos invadía una nostalgia seria, propia de los que se sienten incomprendidos.

gordinflón

Realmente, no había nada que comprender, estábamos llenos de contradicciones, normal. La vitalidad y alegría de nuestras acampadas siempre acababan diluidas en los sonidos tristes y demoledores de The Cure. En la guantera del coche había varios ejemplares de cada uno de los tres discos, no vaya a ser que la cinta se estropeara. También había un par de bolis Bic, por si al final pasaba y la cinta se quedaba enganchada en el auto radio. Bocadillos de jamón de york y The Cure, con esto éramos felices. Ah, y olas grandes, que si no la playa es un coñazo.

Al grupo del gordinflón –que me perdonen la expresión, es que uno no se puede poner como una bola cuando uno representó en su día la máxima aspiración estilística de toda una generación-, lo descubrimos en 79, con Three Imaginary Boys. Este álbum fue un bofetón en toda regla, de los pocos discos que lo cambiaron todo a la primera de cambio, con ese sonido tan particular y novedoso. Cuando se publicó, el Melody Maker dijo que los 80’s acababan de empezar, gracias a su sonido post punk minimalista. Robert Smith todavía no se peinaba con un petardo para conseguir esa melena explosiva donde esconder cosas ilícitas para pasar el control policial en Heathrow. Tan modosito parecía, con su camiseta blanca debajo de un jersey negro de cuello en V. Si hasta en las filas de la juventud del PP los había con aspecto más rock’n’roll.

Ya en ese disco se intuía lo que iba a venir. ¿Se lo debió al bajo de Simon Gallup? Sin él, The Cure no hubiera sido lo que fue. Nunca un grupo le dio tanta importancia a este instrumento –bueno, con el permiso de Public Image Ltd y el bajo de Jah Wobble-. También le vino bien lo relativamente mal que tocaba la batería Lol Tolhurst. Y en general un turn-over de infarto, hasta en los teclados. Y luego está el caso del gordinflón, alma mater torturado con un talento de otro planeta. Yo quería ser Robert Smith, seguro que se ligaba más.

El 22 de abril de 1980, después de tan sólo una semana de estudio, salió Seventeen Seconds. Sólo habían pasado once meses desde el primer disco, pero el sonido había madurado una vida entera. De la inocencia entusiasta a una atmosfera que se perfilaba oscura, triste, con una épica apagada. ¿Qué le pasaba en la cabeza al gordinflón para sacar estas canciones? Por mi parte, empezaba una adoración tomatina que nunca más se repetiría y que me duró dos años más. En abril del 81, le tocó el turno a Faith, el menos valorado de la discografía de la banda, el menos accesible por su melancolía lúgubre, y en mayo de 1982, apareció Pornography, compendio de negrura sideral con la que el grupo cerró la Trilogía Sagrada. Fueron dos años de The Cure intensamente sombríos, trágicos, atormentados. Si escuché otras cosas, no las recuerdo con tanta nitidez. The Cure invadió mi vida como ningún otro grupo. Hasta le pedimos sin éxito a un amigo que trabajaba en una radio local que nos concediera 15 minutos de la parrilla toda la semana para sacar una cita diaria con The Cure –ahora que lo dices, se ve que me viene de largo esta propensión a estrujarme los sesos con tareas repetitivas diarias-.

Yo no tenía ni veinte años, y mi mundo había girado alrededor de tres discos desde los diecisiete. Ya era hora de que abriera la ventana, el sol había salido, las chicas llevaban mini falda y el dinero daba para quedarse un poco más en la playa. Fue cuando The Cure decidió darle al pop. Me hice adulto.

[Te dejo con trece canciones. Cuatro por álbum. No importa la cronología. Y The Kiss, otro fabuloso hipo publicado en el disco Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me.]

 

 

 

24 pensamientos en “The Cure – Trilogía Sagrada

  1. Pues te ha salido una entrada dignísima. El punto de la playa y la juventud lo ha llenado de color (paradójicamente).
    Gracias, gracias, gracias.
    No sé por qué me había imaginado que Robert Smith iba a tener una dedicatoria parecida a la de Morrissey (muchas personas los tienen a los dos en el mismo saco).

    • Cómo iba a tener el mismo destino que el macarra de Morrissey? Son dos sacos bien distintos, uno con los mindundis con voz de Operación Triunfo, otro con los tipos talentosos y emocionantes…

  2. Quedan 3 😢. Sete olvida con mucha facilidad que en el 79, muchos de nosotros todavía llevábamos pañales, o por lo menos llevábamos muy poco tiempo con slip (en la cabeza). Descubrí a los Cure MUCHISIMO más tarde que tú, pero wow… Gracias otra vez, Fiouckounet.

    • Ya ya ya, listilla, somos casi de la misma quinta, no me cuentes bobadas…. Lo que pasa es que tú perdiste mucho tiempo dándole a The Smith, que casi no te hablo más

  3. ¿Pero es que nadie duerme? Es sábado!

    Buenísima entrada, recuerdo también este vínculo con la música en general y con determinados artistas en concreto en determinadas épocas de la vida, pero la que pasa cuando empiezas a ganar independencia es la más añorada.

    Y lo buenos y generosos que son en directo The Cure!

    • No, no me lo voy a repensar. Imposible. Aunque me paguen. Esto es demasiado trabajo y comedura de coco. Quiero poder levantarme por la mañana sin estrujarme los sesos, relajadito…

  4. Quedan pocas entradas en el Post demasiado pocas, the cure es la musica ideal para escuchar ahora lugubre pero en momentos nostalgicos y a veces suenan mucho a jangle pop como the smiths, me encanta esta banda, te sacaste un as bajo la manga, chao. 🙂

  5. La banda de mi adolescencia y que aun me acompaña. Aun recuerdo como odié el momento en el que me regalaron el Kiss me kiss me kiss me… Fue terminar de escucharlo y pensar que algo se había terminado. Y luego volver a soñar con Disintegration y tras eso el más tremendo bluffffffffff.

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