Louis Armstrong – What A Wonderful World

Arabia Saudí tira el precio del crudo hacia abajo para anular la rentabilidad de las nuevas extracciones en EEUU y de paso hundir el rublo ruso, consiguiendo que mientras estos dos países se enfrentan sobre Ukrania terminen aliándose para hacer doblegar a los saudís que siguen financiando al Estado Islámico, cuyo objetivo de crear un nuevo califato anexionando Siria, Irak y algunos países más provoca que estos tradicionales viveros terroristas se vean obligados a solicitar la ayuda occidental para detener a estos temibles locos que acaban de desbancar a Al Qaeda en la escala del fundamentalismo, llevando a estos a generar ingentes ingresos abriendo una nueva ruta africana para que la cocaína de los narcos mexicanos pueda remontar vía el Sahel a Europa donde será consumida por fanáticos rapados jurando muerte a fanáticos barbudos y… “¡Para ya! Tomate con tu letanía aburrida, que ya estamos bostezando” … Ya, pero reconócelo, este mundo es maravilloso, ¿verdad?

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Nancy Dupree – Ghetto Reality

Mr. Suizo es bizarro –en la acepción que él defiende-, y me enerva –en la acepción que a mi me gusta-. Su increíble blog de erudito enciclopédico musical, “The Songs We Love”, casi sólo habla de grupos y cantantes que no conozco. Parece que lo hace a posta para hundirme en mi miseria. De haberse fijado también el reto idiota de llegar a 1.000 posts antes de tirar la toalla, es muy probable que 1.800 de ellos (900 + 900, a ver si sigues) no coincidieran. ¿Tan vasto es el panorama musical para que ocurra ese permanente desencuentro entre dos amantes de la misma música? Pues será cierto. De hecho le tengo preparado una pequeña venganza, es radicalmente imposible que conozca el disco de hoy. En caso contrario, me como mis palabras, con salsa vindaloo para más inri.

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Linda Perhacs – The Soul of All Natural Things

Hoy te voy a contar una bonita historia. O curiosa. O sorprendente. Bueno, una historia. Que sólo la música nos propicia de vez en cuando. Una historia que pone en escena a una Señora ya mayor –rondará los 70 años-, si bien el relato empieza cuando era todavía una joven ortodontista, aprendiz de Torquemada, obrera del sarro y los empastes. En 1970, Linda Perhacs trituraba muelas canturreando suaves melodías, arrancaba gritos de sufrimiento tarareando estribillos atmosféricos, aliviaba dolores del fin del mundo recitando versos de amor. ¿Una sádica a lo Bret Easton Ellis?

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Sam Cooke – Night Beat

El Rey, Otis, en su trono; Aretha, la Reina, a su derecha en el suyo; Marvin, el príncipe a la izquierda en una silla, Amy, la hija, vacilante en su taburete, y en el fondo, unos cuantos cientos de pretendientes a formar parte de esta legendaria familia, de pie, debajo de la gotera, Adele, Duffy, Emily Sandé, Willy Moon, Gin Wigmore, sólo por nombrar a unos pocos recientes. Y ahí en la sombra, mirando satisfecho a sus casi retoños, el padre putativo de todos, el cantante que se sacó de la manga una nueva forma de expresar la música, con un género mezcla de blues, rhythm & blues, góspel, interpretado con una energía nunca antes vista en los escenarios. Ahí, en la sombra, Sam Cooke, muerto hace medio siglo, con su camiseta “Father of Soul Music”, preguntándose si A Change Is Gonna Come.

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H.R. Giger – Alien

Recuerdo que una vez, de joven, menor de edad aunque ya con voz cambiada y algún que otro pelo en el pecho –mentira, sólo uno, que se había adelantado sin ningún motivo-, al llegar la Navidad, pedí algo muy personal, fruto de mis ganas de tener algo original y diferente, a años luz del círculo de los medios y anuncios. Corría el año 1979, un amigo mío había estado en los US durante el verano y había vuelto con Alien en la sangre –El Octavo Pasajero-. Antes de que se estrenara en Francia, me machacó la cabeza no sólo con el bicho, sino con el creador del mismo. Hasta tal punto que cuatro meses después, cuando el típico “qué quieres para Navidad”, solté “Quiero un libro retrospectiva sobre H.R. Giger”. No me preguntaron si había bebido, porque sus miradas indicaban que no dudaban de ello. Es cierto que, quién iba a saber who the fuck era H.R. Giger en 1979, en una ciudad provincial del oeste del país vecino, por mucho que contara con el mejor equipo de fútbol del mundo –y queeeeeeeeé-? En Diciembre de 1979, nadie.

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Fats Domino – The Fat Man

El 10 de diciembre de 1949, cuando Fats Domino sale de los estudios J&M en la calle Rampart de La Nueva Orleans, sabe que acaba de grabar una buena canción y sonríe de oreja a oreja, como lo viene haciendo desde que nació. Bautizada The Fat Man –nada que ver con la bomba que pulverizó Nagasaki cuatro años antes-, el tema es una variación de un estándar de la ciudad, Junker’s Blues. En ella, como en todo su repertorio, canta y toca el piano, porque aunque sólo tenga veintiún años, es un virtuoso de este instrumento. Así que la novedad no está ahí, ni en el ritmo frenético del piano. La novedad está en el batería, Earl Palmer, que declaró años más tarde: “por primera vez sólo se tocaba en el contratiempo”. Así que cuando Fats y Earl salen del estudio, intuyen una buena canción. Lo que no saben, es que acaban de dar a luz a la obra que se considera sesenta y cinco años después como la primera canción rock’n’roll de la historia.

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Peter Murphy – Hang Up

Normalmente me gusta empezar la semana con algo suavecito, tipo soul, jazz o pop ligero. Pero hoy va a ser que no, hoy toca ponerse las botas –me refiero a las viejas Doc Martens con el cuero machacado-. Démosle la bienvenida a un salvado de milagro y a un resucitado del rock, Peter Murphy, el padrino del gótico que vuelve con fuerzas renovadas –sospechosas, dado el camino recorrido-. El dos de junio se publica su décimo álbum en solitario, Lion, pero Fiouck está al acecho –para lo bueno y para lo malo-, así que te propongo escuchar ya el single Hang Up, no apto para nenas.

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