Brain Failure – Go On The Tv Show

God Save Xi Jinping. Beijing Calling. No future en La Ciudad Prohíbida. Too Chinese to fuck. Desde los acontecimientos de la Plaza de Tian’anmen en 1989, parte del underground chino va vistiendo Schott Perfecto negro, luciendo increíbles crestas –se empeñan en hacerlo siempre todo más grande- y eructando tacos y frases llamando a la anarquía en un inglés aproximativo. A raíz de las revueltas estudiantiles, emergieron bandas de todos los estilos, especialmente punk, pero veinte años más tarde, todavía les cuesta salir de su reclusión subterránea. Primero porque a las autoridades no les hace gracia que la juventud se identifique demasiado con Rotten Rollitos. Y segundo porque China no es un país rock’n’roll. Los chinos son principalmente comerciantes, no artistas.

1.300 millones de habitantes, pero apuesto un Plymouth + Fever Tree que no te sabes el nombre de ningún grupo rock chino. Y eso que el 99% de las camisetas que se llevan en los festivales musicales de aquí habrán sido fabricadas allí. En qué pensará la obrera textil al enfundar t’shirts de los Ramones, Arcade Fire o Metallica? En que tenemos marcas de coches muy raros? El chino de a pie no sabe nada de estos grupos, ni de rock en general. Las autoridades, como en todos los regímenes autoritarios, fomentan esta ignorancia, sabedora de que el rock podría traer preguntas, reivindicaciones y por qué no, revueltas. Prefiere que el pueblo se embriague con pop empalagosa, con artistas delgaduchas, sonrisa forzada y peluca rubia, cantando temas insufribles, mezclas de lo peor de la pop de aquí con lo peor de los sonidos de allí.

brain failure

Así que mucho mérito tienen estas bandas que arrostran las interdicciones oficiales, la poca sensibilidad de la población para estas músicas, y la falta de medios para promoverse y de salas para producirse. Esencialmente urbano, el rock chino sigue siendo confidencial y funcionando a escala reducida. Durante los años posteriores a los acontecimientos de Tian’anmen, conoció cierto auge, necesitando la juventud una corriente de aire fresco para olvidar lo vano que habían sido las revueltas. Pero a partir de 1994, volvió a su sitio, ignorado y sin apenas influencias en la vida diaria, ni en la de los adolescentes. Muchos de los artistas rock de principios de los 90 se pasaron al pop para poder subsistir. Te imaginas Joe Strummer haciendo de Mika? Para llorar…

Aún así, sí que encontramos grupos. No resulta fácil saber si siguen activos o no, pero y sólo para mencionar algunas bandas que han llegado a producirse en Europa, tenemos a Hell City, P.K. 14, Hedhehog, Gum Bleed, Point Blank, cada una con su estilo punk rock grunge indie metal de buena factura. También están los de Carsick Cars –los que más me gustan, pero no tenía material audio suficiente como para dedicarles el post de hoy, ya volverán- y Brain Failure.

Brain Failure nace en Pekín a finales de los 90’s, se inspiran en los Sex Pistols, The Clash y Rancid para reclamar anarquía en la República Popular de China. Son cuatro chalados atrevidos con cresta, letra crítica y reivindicativa, música energizante con buenos arreglos. Fueron los primeros en salir regularmente fuera del territorio chino, su segundo álbum Turn On The Distorsion fue publicado por un sello japonés, llegaron a tocar en festivales en Nueva York y Austin. En 2005, en paralelo a la publicación de su cuarto disco, American Dreamer, se lanzan en una amplia gira internacional, que les lleva a salir en numerosas publicaciones. Hoy son todo un referente en el underground chino, fuente de inspiración para algunos chavales que intentan lanzarse, aprendices de rebeldes, inadaptados en un país que pasa del rock, olímpicamente y cuidadosamente. Ya vendrá.

 

 

 

Escucha los mejores temas de Brain Failure, grupo punk chino

Janis Joplin – Cheap Thrills

No quiero hablar de Janis Joplin y caer en la facilidad. Que si su voz, que si sus actuaciones Live, que si las drogas, que si un rostro poco agraciado, que si el Club de los 27, que si un mito. No no no no, aquí no nos conformamos con los tópicos, te mereces algo más. Mira, esto es lo que fue Janis Joplin: una cantante de blues rock psicodélico, con una voz pasmosa, un juego escénico legendario, drogada hasta las cejas, feucha, en el podio del Club de los 27 y desde entonces mito entre los mitos. ¿Ves? Cuestión de perspectiva. Mola este blog.

Nació no muy guapa, bien hay que decirlo. Tan mal parada salió, que su aspecto físico va a marcar toda su trayectoria en su corta vida. Rechazada y aislada durante sus años escolares, se refugia en las artes, los libros y la música, principalmente el blues de Bessie Smith Y Big Mama Thornton. Cantantes negras todas, ya que Janis no cumple con el odio hacia los negros, de obligado cumplimiento en su pueblo. Con diecisiete años se marcha de Port Arthur dirección Austin, donde entra en la universidad. No sólo no se gradúa sino que sale de ahí humillada, después de ser elegida “el chico más feo del campus” -menuda gozada imaginar la cara de necios palurdos que la de estos chicos al ver como pocos años después sería aclamada por cientos de miles de personas en Woodstock, aunque devastada por el alcohol y las drogas-. Sale pitando de allí en 1963, dirección San Francisco en auto stop, con la firme intención de vengarse maravillando al mundo con su talento.

Una de las pocas opciones que tiene es la música, su pasión, para la que intuye lo tiene casi todo. Incluso un consumo de drogas y alcohol poco usual para su edad: anfetaminas, heroína, bourbón. Logra producirse en bares y salas pequeñas, en las que desde el principio su personalidad en el escenario, más que enérgica, casi agresiva, parece el opuesto a su verdadera naturaleza. Dra Jekyll y Miss Hyde. De noche se abandona en los brazos de algunos de los músicos más afamados de la época, Leonard Cohen, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Eric Clapton. Dos años después, las drogas han hecho estragos en su cuerpo esquelético. A principios de 1965, sus amigos la suben a un autobús y la mandan de vuelta a Port Arthur. Cambio brusco de estilo de vida, vuelve a estudiar y está a punto de casarse.

El año siguiente, Chet Helms, un productor musical que había conocido a Janis Joplin en su época en Austin, se encuentra en Texas buscando una voz para acompañar a una banda de la que se está ocupando, Big Brother and The Holding Company. Le pide a Janis que se incorpore al grupo. Ella acepta. Su destino. Back to San Francisco. Los músicos se instalan todos en una misma casa, viven en comunidad, consumen mucha leche de soja y gominolas. Bendita época pre sida. Arrancan cuatro años de locura psicodélica que la van a llevar hasta lo más alto de la música popular. Después de algunas actuaciones en San Francisco, donde su fama empieza a recorrer todos los campos de Marijuana, las fábricas de pastillas y las destilerías de Bourbón, bajan en junio de 1967 hasta Monterrey, el festival pop que va a consagrar a dos iconos ídolos: Jimi Hendrix y Janis Joplin. Para finalizar su actuación, Janis interpreta Ball and Chain, versionando a su querida Big Mama Thornton. En el público, una alucinada Cass Elliot, co-cantante de The Mamas & The Papas, suelta: “Fuck, that’s really heavy”.

Cheap thrills

El año siguiente graban y publican Cheap Thrills, segundo álbum de estudio de Big Brother and The Holding Company, último con Janis Joplin de cantante. Inicialmente ella lo quería llamar Sex, Dope and Cheap Thrills, pero la discográfica se negó. Es sin duda uno de los discos más esperados en la historia del rock, debido a la increíble actuación de Janis Joplin en México. La portada, posiblemente una de las más emblemáticas de toda la música popular, es obra de Robert Crumb, ícono de los íconos hippies, gracias a sus comics tan divertidos como mordaces y que curiosamente, odiaba el rock. Contiene algunas de las canciones más famosas  de la artista, casi todas versiones –no olvidar que Janis Joplin sólo tiene cinco canciones propias en su repertorio-. Summertime, de George Gershwin, Ball and Chain, de Big Mama Thornton y Piece of My Heart, de Erma, la hermana de Aretha Franklin. Es un disco monumento, todos los calificativos se quedan cortos; sin embargo hay que ir a youtube y ver los vídeos de Janis Joplin en concierto. Era más que asombrosa, pone los pelos de punta. Y esta voz…. ¿Será posible? Era rock’n’roll.

 

 

Escucha tres de las míticas canciones del álbum Cheap Thrills, de Janis Joplin

Raisa – Tus Calores

Al principio parecía desidia, abandono momentáneo, encubierto por el famoso “ya veremos, después”; después de la crisis se supone, cuando la cultura volvería a ser un asunto importante, con el apoyo de las instituciones, un rumbo claro, una apuesta política para recuperar el brillo perdido. Se podían haber limitado a recortar presupuestos, a cerrar salas de conciertos por repentinas preocupaciones de seguridad, a dejar desaparecer del mapa algunos actos culturales con cierto renombre en el extranjero –me refiero por ejemplo al festival de jazz de Madrid, que ha tenido que bajar el telón por falta de compromiso del ayuntamiento de la capital, después de 29 ediciones-. En fin. Pero más preocupante aún, es el desprecio de las más altas autoridades a todo lo que huele a cultura, artistas, músicos, cineastas, “estos vagos que viven de subvenciones”, hablando de profesionales y amateurs que dedican su vida a poner un poco de chispa y emoción en las nuestras. Estos políticos se han olvidado de que si medio mundo ya sabe localizar a nuestro país en el mapa, es ante todo gracias a la Movida, ese fabuloso bullicio de mil culturas, corrientes, estilos, artes y talentos desenfrenados de hace más de treinta años. De ahí nació la simpatía de la que goza España desde entonces en el mundo. Lo sé, a mi, el franchute, el eco de la Movida me llegó de lleno cuando me empezaba a abrir al mundo y buena parte de este mundo era España. ¿Y ese capital de simpatía, pretenden aniquilarlo?

raisa tus calores

No lo van a conseguir. Aunque yo no sea un entendido, ni tenga mis entradas, ni mucho menos este metido de lleno, sí he podido en alguna ocasión adentrarme en el underground cultural madrileño y ver lo que se cuece ahí abajo. He visto conciertos súper raros, donde se toca música de otro planeta, con músicos chalados –en el buen sentido de la palabra-. He asistido a exposiciones de pintores, artistas plásticos, fotógrafos, escultores, todos movidos por una pasión y un talento que da gusto. No tengo ni la menor duda de que algunos de ellos lograrán algún día su propósito de vivir dignamente de ello, se lo deseo de todo corazón. Pero no soy ninguna pitonisa, puedo perfectamente no acertar. Veamos el caso de Raisa.

Raisa es un grupo de rock. Digo rock, aunque ellos posiblemente tengan otro(s) vocablo(s) para hablar de su música. Son cuatro chicos y tres discos. Yo sólo tengo el último, Tus Calores, de los otros no sé nada. Es un disco que me descoloca un poco, por un par de motivos. Primero porque el rock hecho en España casi nunca me llama la atención, ya lo he dicho muchas veces, el rock es inglés, o como mínimo se ha de cantar en este idioma. Y luego porque el rock español es súper clásico, salvando contadas excepciones. Así que Raisa me descoloca porque, aunque canten en español, son todo menos clásico; increíblemente originales y creativos. De estos grupos que o los amas o los odias. Les descubrí por la incansable labor de una fotógrafa, Salomé Sagüillo, cuyo trabajo más de una vez me ha chiflado, amiga de mi amigo pintor Alberto Acinas. Raisa no mezcla sonidos y estilos, crea uno nuevo que engloba todo. Los cuatro miembros tocan de todo, difícil decir quien hace qué.  Que me corrijan si leen esto, por lo que entiendo Tomás Garrido canta y toca la guitarra y el ukelele, Daniel Goldman es el batería, Rufi Carrillo el teclista, Diego Sánchez el bajista. Y a veces Salomé hace los coros. Es muy especial, hay mucho talento y una pizca de locura. Rock’n’roll.

Dieron un concierto anoche en Madrid, por desgracia no pude ir. Raisa, uno de los muchos proyectos todavía underground que les está recordando a Wert y sus acólitos que un país se proyecta y brilla en el extranjero por su creación y propuesta cultural, dos pilares en los que se basa el cómo se percibe el país a largo plazo. A ver si se enteran y convierten esta ecuación en generación de riqueza en lugar de ponerles trabas y empequeñecerles. Que para eso están y les pagamos.

Venga, te dejo con dos temas de Raisa, El Explorador y Hot Brunette. Levanta el culo, sube el volumen, luego zumito y a misa.

 

 

Escucha algunos temas del tercer disco de Raisa, Tus Calores

Motorama – Alps

Anteayer fui a ver a mi primera banda rusa en concierto, en el Mobydick. No me disgusta esta sala, tiene una barra en el fondo que se suele vaciar en cuanto empiezan a tocar las bandas, momento que aprovecho yo para pegarme a ella. Mola ver grupos en discotecas; como no te guste la actuación, siempre tienes la opción de tomar una copa. En mi caso, me guste o no, siempre opto por no alejarme demasiado de mi Plymouth -ah sí, me estoy pasando a esta marca, la más antigua de todas, wow-. La música con agua y sudor, va a ser que no, o sólo en festivales, con escenarios grandes y mucha mucha gente. Pero en garitos, barra y ginto, luego el grupo. Eso, había empezado por ahí pero se me fue la olla. Motorama. el jueves por la noche tocaba Motorama en el Mobydick. Fue un soplo, no me había enterado, como siempre. Además llegué un minuto antes de que empezaran, eso también me encanta, parece que me estaban esperando. Oye y por qué no, ¿eh?

Motorama es la banda rusa más conocida fuera de sus fronteras, con ello te quiero decir que a las demás, ni su madre. Si lees este blog con regularidad, sabrás que sólo dos veces hemos ido hasta Rusia, en algo más de 300 posts, y en ambos casos para cosas bastante inverosímiles. Primero fue Eduard Khil, el genio del Trololo, la obra musical que más me fascina, no me canso de decirlo. Y luego hace pocos días, con Los Coros del Ejército Soviético, en una grabación en París en el año 1963. Grandioso vinilo, soberbio, un pedazo de historia. Así que teniendo el listón tan alto, no podía regresar a la tierra de Laika –mi héroe canina- para un grupo que no estuviera a la altura.

Alps

A Motorama les sigo desde hace dos o tres años. No tengo ni CD ni vinilo, aunque me lo estoy pensando, pero sí algunos mp3 que me pasarían en su día. No es fácil encontrar información de ellos. La única wiki que tienen está en ruso y el traductor de google es de risa para estos idiomas. Se formaron en 2006 en Rostov Veliki –algo así como el Chinchón de por aquí, no es mucho más grande- y desde el principio tenían claro quien era su dios. Aunque lo más probable es que no habían nacido cuando se encontró a Ian Curtis ahorcado en su cocina, parece que se han marcado como reto el seguir dándole vida vía sus canciones. Al principio hasta se les acusaba de plagiar a Joy Division, pero en 2010, cuando sacaron su primer álbum, Alps, el tono depresivo ya se había suavizado para dar paso a un sonido más new wave. El nombre del grupo procede de una película americana súper rara de 1991, sobre un niño de diez años que roba un Ford Mustang –para qué robar un mierda coche cuando te puedes hacer con el coche de mi juventud ¿verdad?-, para recorrer distintos estados imaginarios en busca de ocho cartas regaladas por una marca de gasolineras, cada una con una letra para formar la palabra Motorama y así embolsar un premio de 500 millones de dólares. Parece ser que la película algo cuajó en Rusia, de ahí la referencia. El cantante y líder del combo se llama Vladislav Parshin. También toca la guitarra, aunque no tan bien como el guitarrista oficial, Maxim Polivanov. Menudo crack, me impresionó en el concierto, es capaz de arrancarle a su guitarra sonidos tanto a lo Durutti Column como a Toy -. Luego está la bajista, Airin Marchenko, mola la moza, tan menuda y mona, el batería, Román Belenkil y por fin el teclista, Alexander Norets.

Alps tuvo buena acogida, en Rusia son con creces la referencia de la escena rock indie post punk, con otros grupos como Human Tetris y Manicure. En 2011 sacaron un nuevo single, One Moment, que empieza por un trozo de diálogo de una película francesa. Dice “Mon Dieu qu’il était maigre. Enfin c’était juste avant que l’on se rencontre …”, tiene que ser una película de los 60, la voz me suena mucho pero no doy con ella. Un caluroso apretón de manos a quien me de la respuesta. En 2012 publicaron su segundo disco, Calendar, más indie pop ligero. Anoche supieron hace un mix bueno de ambos álbumes, igual que yo con mi Plymouth y mi Fever tree.

Camaradas Motorama, la patria puede estar orgullosa de vosotros.

 

 

Escucha las mejores canciones del disco Alps, de Motorama

 

Malcolm McLaren – Duck Rock

[fondo sonoro: nutridos aplausos]

Post nº 300.

[fondo sonoro: silencio respetuoso]

Buf, quedan 700 para acabar con este reto un poco particular –a veces me vienen en mente otros calificativos menos tiernos-, el de llegar a 1.000 discos reseñados seguidos. A veces se trata sólo de una canción, pero la intención es la misma. He calculado que el tres de noviembre de 2015 cruzaré la meta y ya sé qué disco será. De hecho, ya tengo más o menos listo los últimos diez. Es posible que tenga que repetir un grupo o dos de los que ya han estado en los primeros 300, porque me gustan especialmente y tienen que figurar en el final. De momento, vayamos con el 300. Y para no derogar a la tradición de que cada centenar toca algo de los Sex Pistols, visitemos la tumba del maléfico Malcolm McLaren.

Se lo llevó un cáncer hace tres años. La enfermedad fue lo único que no logró manipular a su antojo, como hizo con prácticamente todo el mundo a lo largo de su vida. John Lydon solía decir del ex manager de The Sex Pistols que era la persona más diabólica que le había tocado conocer. Cínico, mentiroso, fabulador, durante una época de su vida se apropió de cosas que no eran de él. Tenía un ego desmesurado, aunque en alguna ocasión no le impidió perder, como en el juicio contra John Lydon, que le obligó a restituir al cantante no sólo el nombre del grupo Sex Pistols sino también buena parte del dinero de los derechos de autor.

Sin embargo hay que reconocerle un enorme talento para crear y modelar, en un bucle sin fin en el que durante años supo renovarse mejor que nadie para no caer en el olvido. Fue empresario, manager, gerente dueño de tienda de ropa, diseñador, compositor, cantante, combinando con mucho arte múltiples facetas de tipo culto con don para hacer dinero. Nació justo después de la segunda guerra mundial, de padre escoces que se marchó de casa cuando Malcolm sólo tenía dos años, y madre judía que le dejó a su abuela y prácticamente desapareció. Su abuela era hija de un vendedor de diamantes portugués de origen judío, y al pobre chiquitín le inculcó su apotegma favorito: “es bueno ser malo mientras que ser bueno es simplemente aburrido”. Con semejante enseñanza el pobre Malcolm no podía evolucionar favorablemente, aunque pudo ser peor. Después de una infancia sin demasiados problemas, se dejó atraer por el movimiento situacionista, especialmente el King Mob, un grupo radical que trató de contribuir a la revolución social del proletariado en todo el mundo. Luego llegaría a la conclusión de que molaba más hacer dinero, y se metió de lleno en el negocio de la ropa con su compañera sentimental Vivienne Westwood –abrieron en 1971 la famosa tienda Let It Rock, en Kings Road, que luego pasaría a llamarse Sex- y él de la música. Primero, a finales de 1973, como manager de los New York Dolls, dándoles ropa de su creación para los conciertos. Segundo como manager de The Sex Pistols, en 1975. McLaren siempre dijo que creó y moldeó el grupo. Es cierto que cuando conoció a Johnny Rotten, la banda ya estaba montada y sólo faltaba a alguien que pudiera encender la mecha de la bomba. Rotten cumplió a rajatabla con el papel, eclipsando por completo al manager con sus letras provocadoras y su forma de interpretarlas en concierto. Por ello Malcolm maniobró para quitárselo de encima en cuanto pudiera, concretamente durante la gira por los US en 1978. Jugada nefasta ya que el grupo no sobrevivió a la salida de su líder carismático. Después del split de la banda, lo volvió a intentar con Adam & The Ants y un grupo de chicas, Bow Wow Wow, sin lograr repetir el mismo éxito.

duck rock

En 1982 se lanzó en una carrera en solitario, con un don para pillar tendencias antes que cualquiera. De ahí nació en 1983 el disco Duck Rock, con su grupo The World’s Famous Supreme Team, en el que plasma temas de rap, hip hop, scratching y world music, después de presenciar un concierto de Afrika Bambaataa cuando estaba tratando de “vender” Bow Wow Wow en NYC. Este álbum contenía dos hits, Double Dutch y sobre todo Buffalo Gals, una versión de una canción tradicional US con el que UK descubrió el hip hop-. El año siguiente saca un nuevo single, inspirado en la ópera Madame Butterfly, que llega a funcionar muy bien en Europa. Pero a partir de ahí el fenómeno empieza a decaer, pierde el olfato –en 1985 se acercó a una joven banda, The Red Hot Chili Peppers, pero su oferta de “reforma” visual rozó el ridículo y fue rechazada por el líder de la banda Anthony Kiedis– y terminó cayendo en el olvido o casi, debiendo tirar del fenómeno punk –que se apropió en múltiples ocasiones, hay que j…- para seguir existiendo musicalmente, hasta su muerte en 2010.

Te dejo con los tres temas mencionados, más una canción curiosa con Catherine Deneuve, llamada Paris Paris. Hala, adiós Malcolm.

 

 


Escucha los «mejores» temas de Malcolm McLaren

Tricky – Black Steel

Tricky, el personaje con el que no te gustaría encontrarte de noche en una calle oscura. Ni con cinco sicarios colombianos a sueldo, uno en cada lado, delante y atrás. Fiouck, esto suma cuatro, dónde está el quinto? No preguntes, cuanto menos sepas, mejor. Tricky, el maestro del trip hop mid tempo desesperado, con mirada a la altura de la música gélida que lleva veinte años componiendo. Tricky, cuerpo cubierto por tatuajes de ex galeote indultado por el mismísimo alcalde de Bristol. Tricky, el niño astuto con sangre italiana, africana, irlandesa e india que no quería ser de ningún sitio y de todos a la vez, músico único y sin color, tal como reclama. Tricky, DJ aventajado, producto de una enseñanza musical de primera, legado de sus abuelos. Tricky, el patito feo de The Wild Bunch, creador respetado –¿adulado?- por toda la industria musical. Se cuenta del último en hablar mal de Tricky que le llovieron mil plagas y que desde entonces vive repudiado por su familia.

Tricky no era un santo. De joven llegó a pisar la cárcel por receptación de billetes falsos, una actividad propia de esta edad. Quién no, ¿verdad? La música le sustrajo a un futuro más bien incierto, probablemente violento, con esperanza de vida de otro siglo. Cuando no había cumplido todavía la mayoría de edad, ya estaba rapeando con el grupo The Fresh 4, en los sound systems de Bristol. Ahí es donde entabla amistad con The Wild Bunch –nombre sacado de la película obra maestra de Sam Peckinpah, mal traducido aquí, como de costumbre, por Grupo Salvaje-. En el seno de la comunidad jamaicana de la ciudad, The Wild Bunch es el referente a la hora de mezclar sonidos blancos y negros, dub, funk, reggae, soul, hip hop. Es en esta época que nace el famoso sonido de Bristol, a mediados de los 80’s, de la mano de tipos brillantes como Robert del Naja alias 3D, Grant Marshall, Andrew Vowles, Geoff Barrow –más tarde miembro fundador de Portishead-. Cuando se disuelve este colectivo, nace Massive Atttack, formación en la que Tricky aporta textos y músicas sin nunca convertirse en miembro regular. Tricky quiere ser libre, no encasillarse. En paralelo trabaja para el primer álbum de Massive Attack, Blue Lines, 1991, en el que figuran tres temas aportados por Tricky, Blue Lines, Five Man Army y Daydreaming. Ante el enorme éxito comercial de Blue Lines, Tricky se aleja un poco más, por temor a perder su identidad musical.

tricky black steel

Sigue un periodo de amor odio con Massive Attack, con peleas seguidas de colaboraciones más o menos fructíferas en el segundo disco, Protection, 1994-, y una carrera en solitario que tarda en materializarse. Forma otro combo con un ex de la banda post-punk The Pop Group, y con la ayuda de Massive Attack, saca en 1995 por fin su primer disco, Maxinquaye –del nombre de su madre que se suicidó cuando el músico sólo tenía cuatro años-, oscuro y misterioso mix de soul, hip hop, dub, rock y electrónica, con la voz de su novia del momento, una jovencísima Martina Topley-Bird, y en alguna ocasión, de Alison Goldfrapp. Quintaesencia del sonido de Bristol, Tricky y su Maxinquaye de un lado, Massive Attack y su Protección de otro, hacen frente común contra el clasicismo y la ligereza de la brit pop. La batalla termina en empate, according to Fiouck.

En los cerca de veinte años siguientes, Tricky se gana a pulso una fama de tipo enigmático y conflictivo. No le van las lentejuelas ni los focos. Prefiere el maquillaje, que le ayuda a crear un doble para prestarse al juego de los medios, sin tocar a su sacro santa independencia. Multiplica las colaboraciones, con Bjork, el Wu-Tang Clan, Neneh Cherry, Alison Moyet, Damon Albarn, Garbage, Elvis Costello, y muchos más. Saca otros nueve álbumes, siendo el último de mayo de este año, False Idols. Algunos rozan la obra maestra, otros son para olvidar –y se olvidaron-.

En el primer álbum, Maxinquaye, figuraba la canción Black Steel, que te traigo con el zumito. Enorme tema esquizofrénico que forma parte de mi top veinte de toda la vida. Si con esto sigues en la cama dentro de 6’34», te mando a Tricky a ver qué puede hacer por ti. Y a los cinco colombianos, de paso. Hala, sube el volumen, luego zumito y a misa.

 

 

Escucha Black Steel, de Tricky

 

The Stray Cats – Runaway Boy

The Stray Cats. Un grupo a parte, sin duda. Los recuerdo como si fuera ayer. Se me viene en mente un montón de calificativos desde el primer disco del trio. De repente, me convertí en el mejor batería del mundo, con los brazos dándole a unos Toms imaginarios desde muy alto; en el mejor contrabajista –Esperanza Spalding ni había nacido- y last but not least, en el guitarrista más alucinante de los últimos tropecientosmil años–.

The Stray Cats, no es para escribirles una oda de muchas líneas, con tal de rellenar un post. Como mucho, recordemos que en su día, aunque no más de tres meses, The Stray Cats se adueñaron de las pistas de baile, las fiestas, las radios y los tocadiscos –por dios, será posible utilizar esta palabra veinticinco años después?-.

Stray Cats Stray Cats

The Stray Cats irrumpieron en 1981 con un disco rompedor, un sonido tan novedoso que lo miramos pasar atónitos, una fenomenal música rockabilly, punk por la energía que desprendía. 1981, año bendito en el que decenas de grupos rock, góticos y new wave hacían cola para coger sitio en el Gran Libro de la Fiouck Music. Con sus reglas propias, sus criterios selectos. Pero The Stray Cats lo cambiaron todo, rompieron las piedras de la ley rock’n’roll, quisieron re-escribir los mandamientos, y coño, casi lo consiguen. Pero no duraron lo suficiente. Tres meses, esto es más o menos lo que se les vió.

Energía pura, wow. Un disco para la eternidad.

 

 

Escucha los mejores temas de The Stray Cats, en su primer álbum