Ben E. King – Stand By Me

River Phoenix murió de sobredosis siete años después. Jerry O’Connell sale de vez en cuando en series TV. Corey Feldman encontró cobijo en programas de tele realidad. Whil Wheaton escribió un libro en el que relata lo “has-been” que es. Stand by Me, la película de Rob Reiner realizada en 1986 y clasificada por la revista Empire en el #70 de las 500 películas más grandes de todos los tiempos, contaba, con una delicadeza maravillosa, el paso de la infancia a la adolescencia de un grupo de cuatro amigos durante una escapada hacia lo desconocido. ¿Cómo iba a saber el Director que la realidad de los cuatro jóvenes actores sería mucho más cruel que la de los cuatro protagonistas de la película? Apuntaban a futuras estrellas del cine americano, pero no salió del todo bien para ninguno, no es oro todo lo que reluce, porca miseria.

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Fats Domino – The Fat Man

El 10 de diciembre de 1949, cuando Fats Domino sale de los estudios J&M en la calle Rampart de La Nueva Orleans, sabe que acaba de grabar una buena canción y sonríe de oreja a oreja, como lo viene haciendo desde que nació. Bautizada The Fat Man –nada que ver con la bomba que pulverizó Nagasaki cuatro años antes-, el tema es una variación de un estándar de la ciudad, Junker’s Blues. En ella, como en todo su repertorio, canta y toca el piano, porque aunque sólo tenga veintiún años, es un virtuoso de este instrumento. Así que la novedad no está ahí, ni en el ritmo frenético del piano. La novedad está en el batería, Earl Palmer, que declaró años más tarde: “por primera vez sólo se tocaba en el contratiempo”. Así que cuando Fats y Earl salen del estudio, intuyen una buena canción. Lo que no saben, es que acaban de dar a luz a la obra que se considera sesenta y cinco años después como la primera canción rock’n’roll de la historia.

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Chuck Berry – Johnny B. Goode

Si Presley fue Dios, Chuck Berry fue Moíses, tablas de los diez mandamientos del rock’n’roll en mano. Un Moíses con camisa y corbata de jurista, y mono de albañil: Echó nada menos que los cimientos de la casa del rock y escribió el código y las reglas a seguir. Chuck Berry fue excesivo en todo, en la gloria y en la sombra. Un músico genial y un capullo grande, uno de los más grandes guitarristas del siglo y, faceta menos valorada, un letrista fuera de lo común. Para descubrir los Estados Unidos posteriores a la segunda guerra mundial, se dice que puedes leer a Hemingway o Bukovski, Kerouac o Fante, o simplemente escuchar a Chuck Berry.

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Hank Mizell – Jungle Rock

OJO que hoy toca canción de culto. Estaba repasando mi colección de vinilos en busca de inspiración para el post dominical, cuando cayó entre mis manos un disco que no escuchaba en treinta años. Hank Mizell, Jungle Rock. Hank Mizell… wow. Un pedazo de la historia del rock’n’roll que estuvo a punto de pasar desapercibido –y tú diciendo, Fiouck quita “a punto”, porque este pollo no me suena nada-. Espera, te cuento la historia, es divertida. Bueno, más que divertida, curiosa. De estas anécdotas que a mi me encantan.

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The Everly Brothers – The Everly Brothers

Post número 334. Es decir, estoy cumpliendo de momento con un tercio de este reto tonto que me estoy imponiendo desde el pasado 7 de febrero de 2013: publicar diariamente una pequeña reseña sobre un disco. Anda que no tengo otras cosas que hacer, seré imbécil? Hoy para aliviar la tarea, me lo voy a poner fácil aprovechando el obituario del gremio. A ver, claro que iban a estar algún día los Everly Brothers en los 1.000 del blog, es sólo que la muerte de un de los dos miembros ha acelerado su publicación.

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Gautier de Coincy – El Juglar de Notre Dame

Pensabas librarte? Creías que el blog se iba a saltar la norma? Que Fiouck iba a pisotear la tradición? Pues va a ser que no. Villancico for ever! Realmente no era mi intención, pero me hizo gracia la noticia de que Raphael un año más se agarraba al tema El Tamborilero para seguir existiendo, sacando una nueva versión a petición de TVE para las fiestas 2013. Como dice la web de la televisión pública –será pública pero a mi con esta programación me la tienen vetada de por vida-, el artista ha vuelto a grabar el villancico “con la Orquesta Sinfónica de Bratislava y con unos sensacionales arreglos de cuerda y viento”. Tiemblo.

Hay dos canciones en España que la gente cree firmemente se crearon aquí. Eloise, de Tino Casal –el original es de los hermanos Ryan-, y El Tamborilero, de Raphael. La génesis de esta canción, posiblemente la que más veces se interpreta cada año  en el mundo en esta época, es harto complicada. Démosle la palma a Katherine Kennicott Davis, música clásica yankee fallecida en 1980. En 1941, es decir veinticuatro años antes que Raphael, este señora que fue alumna de Nadia Boulanger –ilustrísima maestra del piano francesa del siglo XX, profesora de Piazzolla, Michel Legrand, Stravinsky, Philipp Glass, etc- compuso The Carol of The Drum con el famosísimo estribillo del tambor, aunque se terminó de popularizar catorce años más tarde, de la mano de los Trapp Family Singers, que grabaron la que es hoy la versión comúnmente aceptada como el original.

Qué cuenta la canción? La historia de un pobre niño de la calle, que sólo vive de las limosnas que le dan al cantar con su tambor, y que, al llegar la navidad, no tiene nada que ofrecerle al niño Jesús sino una corta interpretación con su tambor, todo ello después de pedir permiso a la Virgen María –por dios las historias que se inventan algunos-. Total, parece ser que el niño Jesús le sonrió al finalizar su actuación. Pero de dónde sacaba Katherine Davis este popopom paaaa? Ahí las opiniones no concuerdan. Hay quien dice que se inspiró en un villancico checo, otros sitúan el origen en una composición de Jules Massenet, de 1902, una ópera en tres actos libremente adaptada de un relato de Anatole France, el Juglar de Notre Dame, que cuenta más o menos esta misma historia, aunque en este caso se trataba de un malabarista –le puede dar las gracias Raphael a la yankee-. Y last but not least, parece ser que Anatole France también se inspiró en una viejísima leyenda del siglo XIII, escrita por un monje benedictino, Gautier de Coincy, en su obra Los Milagros de Nuestra Dama.

gautier de coincy

Para volver al Tamborilero, desde 1941 –o 1955, según-, ha habido decenas y decenas de versiones. Bing Crosby, Johnny Cash, Johhny Mathis, Marlene Dietrich, The Supremes, Nana Mouskouri, Anita Kerr, Joan Baez, Henry Mancini, The Crusaders, Stevie Wonder, Jimi Hendrix, The Jackson Five, David Bowie –en un dúo con Bing Crosby-, Emmylou Harris, Joan Jett, Boney M, … ¿sigo? Bob Seger, Grace Jones, New Kids on The Blocks, Kenny G, RuPaul, Alicia Keys, Chicago, Low, Ringo Star, Destiny’s Child, Boyz II Men, Gladys Knight, Sufjan Stevens, Bob Dylan, Mariah Carey, Pink Martini, The Black Eyed Peas, Justin Bieber, Bad Religion, Pantatonix

Impresionante verdad?

Hala. Te dejo con dos versiones, las únicas dos salvables. Primero la de Die Toten Hosen, banda punk alemana, muy trash como dios manda, muy divertida –el sonido no es muy allá por desgracia-. Y la de The Dandy Warhols, mas rock y escuchable. Muy divertida también. Feliz navidad, luego copita de cava –tú sabrás- y a misa.

 

 

Maria Callas – La Wally

Maria Anne Sofia Cecilia Kalogeropoulos. En sus 53 años de vida, María Callas lo acaparó todo. La gloria, los elogios, la envidia, las criticas, el amor, las penas, los kilos, el dinero, los escándalos, el sufrimiento, la enfermedad, la belleza. De muchas artistas se han dicho que eran divas, pero sólo a María Callas se le llama La Diva. Icono adulado o criticado, figura imprescindible de la cultura del siglo XX y de los próximos mil años, revolucionó por completo el arte lírico y provocó una emoción que ninguna cantante de Ópera ha podido igualar. Recibió tantos elogios durante y después de su vida, que es difícil elegir uno, aunque me quedaría con este, de María Trivella, Directora del Conservatorio Nacional Griego, que la acogió con tan sólo catorce años –la madre de María Callas mintió sobre su edad-, y que fue la primera, con su madre, en ver el potencial de la voz de la niña: “Su voz tenía un tono cálido, lírico, intenso, que daba torbellinos resplandecientes, llenando el aire con ecos melodiosos y armoniosos, cristalinos, como un carillón. Era desconcertante”.

En aquella época, Evangelina, la progenitora, ya había vuelto a Grecia, después de una aventura de quince años en EEUU con un marido que según ella le defraudó y del que divorció antes de volver con sus dos hijas a Atenas. Para compensar el tiempo perdido, decide hacer de María una estrella del bel canto después de ver cómo desde muy pequeña todo el mundo la mira admirativo. Obnubilada por la voz de su hija, decide que se ha de alimentar de platos ricos y de chuches, “porque una bonita voz sólo puede desarrollarse en grasa”. Así que de adolescente, María Callas es más bien regordete, a parte de miope. Pero deslumbra, cante donde cante.

Es harto difícil resumir la vida artística de un mito. Lo que está claro, es que no fue un camino de rosas. Después de pasar por las clases de Elvira de Hidalgo, en el Conservatorio de Atenas, donde trabajó más duro que cualquier otro alumno, María Callas empieza con sus primeros pequeños papeles en la Ópera Nacional de Grecia. Con diecisiete años, da su primer recital en Boccaccio, una opereta de Franz Von Supé. Obligada por su propia madre a cantar para el invasor italiano durante la segunda guerra mundial, le ofrecen interpretar el papel de Tosca, la famosa Ópera de Puccini. Es una obra muy especial para Maria Callas. Inició su carrera con ella y la finalizó veintitrés años después con la misma. Y aquella primera interpretación de 1942 fue declarada la Tosca del siglo por numerosos musicólogos. Cuando finaliza la guerra y liberan a Grecia, primero da recitales por todo el país para celebrar la victoria, pero pronto es despedida del Conservatorio, después de que a su madre se la sospechara de colaboración con el enemigo. María Callas se marcha a EEUU para reunirse con su padre y alejarse de una madre que considera culpable de “prostituirse con el enemigo”.

Pero en EEUU no le va a ir bien. A pesar de ver como el Metropolitan Ópera de NYC la califica durante un ensayo de “voz excepcional, ha de subirse a un escenario rápidamente”, sólo conoce fracasos. Vuelve a Italia en 1947, para interpretar La Gioconda, de Pionchelli, en manos de quien será su mentor durante años, Tullio Serafin. Allí conoce a Giovanni Meneghini, industrial del ladrillo –sí, hubo una época en la que el ladrillo coqueteaba con la belleza-, con quien se casa en 1949. Encadena los recitales, Tristán e Isolda, La Walkirie e I Puritani, de Bellini, estas últimas dos casi al mismo tiempo, sometiendo su voz a enormes tensiones y logrando lo que nadie hubiera creído posible. En los medios de comunicación, se habló de milagro. El mito María Callas había nacido.

la callas

Montserrat Cabballé dijo mucho más tarde: “Nos abrió una puerta, para nosotros cantantes del mundo entero. Una puerta que estaba cerrada. Detrás de ella, dormía música y grandes actuaciones. Nos dio la oportunidad, a los que estábamos dispuestos a seguirla, de hacer cosas casi impensables antes. Nunca soñé con que me comparasen con María Callas. No sería justo. No estoy a su altura”.

Luego vendría la fama, la gloria mundial, el régimen –llegó a pesar 92 kilos, más Botero que Giacometi- que la convirtió durante más de una década en una de las mujeres más hermosas y elegantes del planeta, la boda con Onasis, las infidelidades de su segundo marido con Jackie Kennedy, la enfermedad, los medicamentos, su amor eterno por el armador griego, acompañándole en sus últimos suspiros en el Hospital Americano de París, donde el gigante de los mares falleció en marzo de 1975. Definitivamente retirada de los escenarios desde 1965, María Callas pasó sus últimos años enseñando y dando clases en París, desfigurada por el dolor, la tristeza, los medicamentos. La Diva falleció en septiembre de 1977.

En 1981, un cineasta francés, Jean Jacques Beineix, rodó Diva, una película en la que el joven protagonista, gran admirador de la soprano del momento, graba de forma clandestina el recital que da en París, cuando la artista siempre se había negado a que se le grabara su voz. Sigue una historia un tanto inverosímil, más estética que otra cosa. Durante el recital, como un guiño a María Callas, la artista –interpretada por Wilhelmenia Wiggins Fernandez– canta La Wally, una Ópera poco conocida de Alfredo Catalani, estrenada en 1892. El aria más conocido se llama Ebben? Ne Andró Lontana. Es pura emoción. Con la voz de María Callas, resulta difícil no estremecerse. Pone los pelos de punta y deja sin aliento.

 

 

Escucha una de las obras interpretadas por Maria Callas más hermosas, La Wally