Harry Belafonte – Calypso

Un niño, visiblemente preocupado, le pregunta a su abuela: “Abuela, ¿qué le pasa a un niño pequeño cuando se muere?”. La abuela le pasa delicadamente la mano en el pelo y le dice: “Pues… se convierte en ángel”. El niño parece tranquilizarse, hace que se vaya pero finalmente vuelve a la carga: “Y cuando se mueren los niños negros, ¿qué les pasa?«. La abuela le sonríe, suspirando ante tanta inocencia, y le contesta: “Se convierten en moscas.

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Leroy Anderson – Sleigh Ride

Sleigh Ride, Paseo en Trineo, el único villancico que me gusta. Mejor dicho, el único villancico que no me pone de mala leche. Es obra de un tal Leroy Anderson, que lo terminó de componer, sin letra, en febrero de 1948. En los US, es con creces la canción navideña más tocada durante las fiestas cuando en realidad ni parece haber sido escrita pensando en Nochebuena.

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Gene Vincent – Be Bop A Lula

He tenido un domingo un poquitín delicado. Uno de estos que entran directamente y sin rodeos en el “Top 3 Domingos Delicados”, arrastrando un saco enorme de reflexiones y preguntas mil. ¿Por qué no le hice caso a mi frase dominical de siempre, “zumito y a misa”? Porque en el fondo no mandamos nada, las cosas ocurren y no hay más remedio que enfrentarse y vaciar el saco, en ayunas a poder ser. Era mi minuto “reflexión sobre la vida”, prosa neo filosófica de dos duros, parecida a aquellas frases o citas insoportablemente mediocres que circulan por Linkedin. Así que, volvamos a las raíces; nada mejor que las raíces cuando las cosas de repente no pintan igual que antes.

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Silbidos

Esta mañana, como cada mañana –y algunas tardes también, de joven- desde los últimos 18.600 días aproximadamente, me puse a silbar mientras me duchaba. No recuerdo el tema, eso es lo de menos. Suele ser una plasta de canción, de estas que horrorizan y que no te explicas qué c… hacen saliendo de tu boca. Eso sí, silbaba bajito, no vaya a ser que me oigan. Leí una vez que si los hombres suelen silbar en la ducha, es porque nos agrada el sonido que produce la reverberación del mismo en un espacio tan estrecho. Tontería, si silbamos en la ducha es porque estamos a solas y nadie se va a avergonzar de lo mal que lo hacemos. Eso por regla general, porque a algunos les sale bastante bien la cosa.

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Peggy Lee – Fever

Fiouck’s Summer Series #24.

Como Norma Deloris Egstrom, su vida no fue precisamente un camino de rosas. Huérfana de madre con cuatro años, durante toda su niñez sufrió en silencio el maltrato cruel de una madrastra loca, después de que su padre se fuera del hogar. Se casó cuatro veces sin nunca dar con el amor verdadero. Tuvo que esperar treinta y seis años para que por fin un tribunal de California le diera la razón en su batalla judicial contra Disney, que le negaba royalties por la composición e interpretación de la canción principal de La Dama y El Vagabundo, He’s a Tramp (But i Love Him). Luchó toda su vida contra una salud delicada, pero en 1998 sufrió un derrame cerebral que le quitó el habla. Peggy Lee muda, una aberración.

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The Day The Music Died

Imagina que Rihanna, Miley Cyrus y Beyoncé –me han dicho que Lady Solomillo ya no cuenta, esto sí que me ha descuadrado- encuentren mañana la muerte en un accidente de avión. Calla calla, no está bien alegrarse de estas cosas. Sería algo así como un terremoto en el panorama del entertainment musical. Millones de niñas –y no tan niñas, ¿verdad?- no encontrarían consuelo alguno durante semanas. La prensa amarilla, rosa o del color que sea, se llenaría de anécdotas sobre el vuelo, el avión, las circunstancias que les llevaron a coger el vuelo, detalles mil millones de veces repetidos y deformados en las redes sociales. Pues algo así sucedió el tres de febrero de 1959, cuando Richie Valens, Buddy Holly y The Big Bopper fallecieron cuando se estrelló el pequeño avión en el que viajaban rumbo a la gloria.

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