Ludwig Von Beethoven – Oda A La Alegría

Cada cinco años, Europa cae en la trampa del autogol. O lo que es lo mismo, tira piedras sobre su propio tejado. Vamos, hace el ridículo. Para cumplir con su deber de consulta ciudadana democrática, organiza unas elecciones a las que se presentan un montón de grupos y partidos que se pasan la “idea europea” por el forro. Les da una visibilidad surrealista –con un poco de suerte muchos de ellos la volverán a perder cuando se vuelva a comicios locales-, permitiéndoles salir en la foto vomitando su fiel anti europeo. Digo yo, si no te gusta Europa, el euro, la libre circulación de la gente y los bienes, la paz –eso, ríete-, la defensa de valores que si no es Europa no es nadie, y un largo etcétera de argumentos que no viene a cuenta en un blog de música, pues no te presentes, coño. Qué circo, es cansino la verdad. Qué memoria más corta que la nuestra. “Unida en la diversidad”, reza el lema europeo. “Desunida en la adversidad” sería más justo. Si iba a ser sólo alegría, jatetú.

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Nantes – Jo Con el Himno

Lejos de mi la idea de rehacer el partido del sábado. Tuvo el Atleti su momento, concretamente hasta el minuto ocho, luego se equivocó en las dosis de EPO -en eso hay que reconocer la superioridad del Madrid- y no supo mantener la ventaja. Preso del pasado y de una idea nefasta mil veces escrita, de que no se gana sin sufrir, el Atlético mandó hacia el espacio una idea compleja sobre el ideario futbolístico, mientras el Madrid se empleaba en aplicar lo básico. Gilipollez rojiblanca, un trillón de veces compartida en las redes sociales. Por esta regla de tres, perdonó en más de una ocasión a un equipo contrario inexistente. Pero cuando tocó defender, se le fue de las manos –las de Courtois- justo en un minuto que nunca debió de existir –a estas alturas, alguien se cree que se le debió de dar cinco minutos de tiempo adicional al Madrid?-. Al Atlético se le olvidó que en frente, tenía a un equipo lleno de un talento a la altura de los 520 millones de € de presupuesto –hay tres países en la lista del FMI con un PIB inferior-, cuyo origen convendría aclarar de una vez por todas.

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Blues Pills – Devil Man

Noche de lagrimas o noche de risas? Zumito en silencio sepulcral o zumito rehaciendo el partido con mil detalles sonoros? Café negro negro negro o última copa de champagne? Pan bimbo blandengue o baguette recién sacada del horno? Mermelada de naranja amarga o confitura de fresas dulzona? Ays el fútbol, yo escribo estas líneas y aún quedan doce horas para el partido. Pero tú las lees y… me odias o me quieres un montón. Haberme alineado en uno u otro bando y te lo resolvía en los primeros minutos, matando la tensión con tres trallazos desde mi propio campo. Es que me siento en plena forma después de haber escuchado al disco de hoy. Una verdadera bomba, artillería pesada que llena de vitalidad y pone las cosas en su sitio.

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Martires Del Compas – Flamenco Billy

Mártir del blog. Yo soy un mártir de este blog. Y aquí no hay duende. Ni geniecillo, ni gnomo, ni elfo, ni espectro, ni leches en vinagre para inspirarme. Si acaso un poco de fantasma. Lo que hay es un Calimero enorme. Uno súper alto, kilométrico, casi no se le ve la cáscara gigante que tiene en la cabeza. Cuando suelta su “es una injusticia”, suena como a cámara lenta, con una voz profunda y baja que rompe los cristales. Así que hoy, hare un post cortito, que la cosa me pesa.

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Lykke Li – I Never Learn

No es Likke, sino Lykke. Claro, un sueco te diría “se escribe como se pronuncia”. Claro. Hasta hoy, siempre que yo mencionaba a esta cantante con hielo en el pelo, estaba mal escrito. Como si de otra se tratara. De todos modos ella está acostumbrada, según dice, su carrera es un gran malentendido. Desde que a un DJ belga, The Magician, se le dio por sacar un remix de I Follow Rivers, mega hit que permaneció una eternidad en los charts dance de Europa, la gente se cree que Lykke Li es una cantante pop entre David el Jeta y la canción del verano, una chica ligera y alegre. Nada más lejos de la realidad.

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Future Islands – Singles

Ay, sobre gustos y colores, no ha escrito Fiouck. Desde finales de marzo, mi raquítico Facebook ha sido invadido por millones –bueno vale, digamos que algunas- de publicaciones y links hacia vídeos y reseñas sobre un grupo que hasta esta mañana no conocía, Future Islands, pero que tenía apuntado en mi famosa lista “Días de vacas flacas”. Al leer algunos comentarios de fans, entre el éxtasis y el desvanecimiento, algunos de gente con gusto musical exquisito -aunque dándole peligrosamente al indie folk a mi juicio-, me decía “la cosa promete Fiouck, ponte las gafas y el audífono, a por ellos”.

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Tune Yards – Nikki Nak

Si tienes cierta edad, recordarás a un tal Pee Wee, personaje de la tele US que un joven Tim Burton traspasó a la gran pantalla en 1985, en la primera película que rodó, Pee Wee Big Adventure. Pee Wee, un pidehostias en toda regla, me horripilaba este tipo. Por cierto que un par de soplamocos le hubiera venido bien, igual se libraba de ser arrestado por la policía de su país en dos ocasiones. Primero en un cine porno de Sarasota en Florida, por ipsación quiroerastica –me parto, esta expresión me sirve para contrarrestar la palabra pidehostias, muy coloquial me dicen-, segundo por estar en posesión de material vídeo pedófilo. En fin, un personaje nada reluciente. Y a qué viene todo esto Fiouck? A mi no me mires, la culpa la tiene Merrill Garbus.

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