And Also The Trees – Virus Meadow

390.000.000.000. Tres cientos noventa mil millones. Serán los “i fucking don’t like” recibidos por Lady Gaga en la presentación de su último conjunto de ropa interior, hecho con los pelos de culo de 7.500 Cástor Californicus. No, al revés, es algo que huele bien, huele a vida. 390 millardos, es el número de arboles que tendría la Amazonia, según un estudio publicado la semana pasada en la revista Science. Más de 50 árboles por persona, concentrados en una décima parte de lo que ocupamos nosotros. A mi la cifra me parece enorme, como si sobrara un cero o dos, pero he leído la noticia en varios medios –hasta en la propia Science, fíjate si tienes aquí a un Fiouck entregado- y parece que no hay error. Leído así, parece que tenemos aire puro para los próximos veinte siglos, incluso con tres veces más chinos. Pero va a ser que no, que hasta los árboles se cansan de nosotros, aunque esto es otro debate. And also the Trees

1979, Inkberrow, Worcestershire –iba a añadir “sauce”, por deformación profesional de ex amante del Bloody Mary-. Cuatro chavales de muy buen ver montan una banda rock, produciendo un sonido post punk a lo Gang of Four, inspirados en lo rural, la naturaleza que les rodea y cierta idea de la existencia auténtica. Vamos, consumidores compulsivos de todas las variedades de setas alucinógenas de la zona. En 1980 graban una cinta demo que mandan a The Cure, en respuesta a un anuncio de estos últimos, en el que buscan un grupo telonero para su gira llamada “The Cure’s UK Tour”. Sólo con esto te puedes imaginar cómo suena And Also The Trees. En contra de todo pronóstico, no sólo el gordinflón de Robert Smith les elige, sino que él y Lol Tolhurst –batería de los primeros álbumes de The Cure, teclista a partir de Pornography– deciden producir y arreglar los primeros singles de AATT –And Also The Trees para los más íntimos-, y en 1984, el primer disco, homónimo. Siguen dos años de gira como teloneros de The Cure y como grupo principal, en Europa y los EEUU. En 1985 pasan por una parada obligatoria en los estudios de John Peel. Una Peel Session es algo así como conseguir clasificarse para los JJOO, aunque sin medalla garantizada. En el caso de AATT, creo que no llegaron a tomar la salida el día de la prueba, por no pasar la prueba anti setas. En 1986, sacan un segundo álbum, Virus Meadow, y luego un tercero, y un cuarto, un quinto, y así hasta el año pasado, cuando se publicó el duodécimo disco. Rock’n’roll attitude, ¿verdad? No venden ni para el bocadillo, pero qué más da, ellos están japi. Si llaman esta noche a mi puerta, tendrán cobijo. Y un revuelto de huevos con cantharellus.

virus

El segundo álbum, Virus Meadow, que llegué a tener en vinilo antes de que me lo quitara un capullo –sería un ejecutivo de Vueling-, lo abría el tema Slow Pulse Boy, 5’13” muy representativos del sonido de And Also The Trees. Batería desnuda, guitarra gemidora, voz clara. Me gustaba, y cuando la escucho hoy, me sigue gustando, y mucho.

 

 

Escucha la mejor canción de And Also The Trees, Slow Pulse Boy

 

Cee Lo – Fuck You

Ayer, tuve la más que desagradable sensación de ser menos que una mierda. Te cuento te cuento, te vas a reír –la verdad es que como seguramente ya te ha pasado a ti, por qué no te abstienes, ¿eh?-.

Tenía un vuelo de regreso a Madrid, con Vueling, salida a las 19h20. Me presenté en el aeropuerto a las 18h40, ya que no tenía maleta para facturar. Nada más pasar el control, me percato que el vuelo está “delayed”, con estimación de salida a las 21h30. Pum pa, dos horitas. Y digo yo, si la compañía me pide indicar un teléfono a la hora de contratar uno de sus vuelos, por qué c… no lo utiliza para avisar de este tipo de incidencia ANTES de que nos presentemos para embarcar? Es tan complicado automatizar el envío de un SMS a los pasajeros nada más saber que el vuelo no va a salir en hora? Anda que yo no tenía otras cosas mejores que hacer que esperar en un asiento de plástico en un maldito aeropuerto. Después de hora y media, como sigo sin ser informado del motivo del retraso, doy una vuelta por la zona de embarque, pero no doy con nadie de la compañía, NADIE. Primero llamo al 902 de Vueling, pero iluso de mi, cómo me iban a permitir pedir información con un coste de llamada tan barato. No, el número para saber por qué sigues haciendo el tonto en un aeropuerto noventa minutos después de la hora de salida marcada en tu billete, ha de ser un 807, a 0,79 euro el minuto sin IVA desde un móvil. La señorita –al final se traga el enfado de los clientes el personal que menos culpa tiene- me exigió el número de la reserva para saber de qué vuelo estaba yo hablando. Enorme, como si esta low cost pudiera tener más vuelos despegando a las 19h20 desde el aeropuerto en el que yo me encontraba con destino Madrid. Tomadura de pelo. 7’51” de llamada, echa cuentas. Después de darme una hora de salida a las 22h04, me ofreció, para compensar, tomar gratis otro vuelo de la compañía, que salía DESPUES que el mío. Patético. Al rato de colgar, veo que el vuelo se ha vuelto a aplazar, media horita más, sin que en NINGÚN momento se acercara alguien de Vueling a explicarnos el problema. En total, tres horas esperando con rabia. Ni dieron la cara en el embarque –fueron dos azafatas muy amables de Iberia-, ni dentro del avión supieron darnos una explicación. “No sabemos”, me dijo una azafata. Y para colmo, durante el vuelo, a veinte minutos de llegar a Madrid, el comandante ni se dignó en coger el micrófono, se lo dejó a su co-piloto, quien se disculpó en un mensaje tan escueto como ridículo, en especial en su versión inglesa.

ceelo

No somos tontos. Todos podemos entender que en un momento determinado un avión tenga un fallo técnico, y una vez pasado el mal trago de la demora, aceptas las explicaciones y las disculpas del personal de la compañía aérea, y lo más probable es que a los pocos días ni te acuerdas. Pero cuando te ningunean, cuando te ignoran, cuando te ves rehén de gente que maneja algoritmos y ecuaciones financieras en los que los clientes, una vez que han pagado, son cantidad despreciable, te enfadas, y te juras por dios que no te vas a olvidar de la madre que les parió.

Alex Cruz, CEO de Vueling, te dedico esta canción de Cee-Lo, Fuck You. Y estate seguro que la próxima vez que tenga que volar, mi dinero te lo podrás meter por donde la calidad del aire deja mucho que desear.

 

 

Escucha Fuck You, de Cee Lo

Yargo – Bodybeat

Cuando toca sentarme a hacer el post de cada día –suena litúrgico ¿verdad?-, a veces no tengo de verdad NADA de inspiración. El problema es el reto de llegar a 1.000 días. No he hecho el cálculo, pero estaremos posiblemente en 2016, me parece a años luz, y viendo todos los buenos grupos que ya he puesto en estos primeros 255, me da pavor no tener suficiente material como para llegar a 1.000. Así que trato de dosificar, y descarto artistas demasiado obvios y “fáciles”, para periodos de sequía. Y me apunto sugerencias que me hacen, para el “futuro”, como un pequeño tesoro. Suelo dar las gracias, incluso. Te cuento todo esto y tú tan pancho durmiendo, claro, es domingo. Te voy a despertar, que ya está bien.

Con una canción culta de verdad. Ni yo me acordaba, hasta hablar esta tarde con un amigo de infancia. Me los hizo descubrir él, hace, mff, veinticinco años. Les vimos en concierto en 1987, en Rennes, en uno de los festivales rock/electro/indie/pop del país vecino más longevo y notorio, de estos que gozan de una imagen de precursores, el Festival Rencontres Trans Musicales, tres días de diciembre musicalmente punteros que se repiten cada año, desde 1979. Un festival donde tocaron por primera vez en Francia artistas como Björk, Ben Harper y Lenny Kravitz, y en el que se dieron a conocer Daft Punk, Amadou & Mariam, Justice, etc Normalmente es pasaporte hacia la gloria. En algunos casos, el grupo tropieza y cae en la mazmorra. Eso le pasó a Yargo. Cuando te gusta una banda, no entiendes cómo le puede pasar esto, aunque tardes un cuarto de siglo en preguntarte.

Yargo

Venían con la mejor carta de recomendación posible: Manchester. En los ochenta, a los que venían de esta ciudad se les sacaba la alfombra roja. Muchas veces representaban ya no lo más nuevo en música, sino el camino que todos iban a seguir posteriormente. Lo que tú escuchabas un día, ellos ya ni se acordaban y ya estaban con alguna tendencia o estilo nuevo. Y así pintaba Yargo. Con su primer álbum Bodybeat, marcaban un nuevo camino de fusión de muchos estilos, rock, electro, funk, reggae, blues y jazz. Hay una wiki en inglés, que da los nombres de los miembros –sobre todo el cantante, Basil Clarke, al que una vez un ingenuo le comparó con Marvin Gaye, no nos pasemos eh?-, los nombres de los dos álbumes que sacaron, y poco más. Y fuera de esto, cero patato como me gusta decir. Un blog por ahí, que cuenta más o menos las mismas cosas que yo –sin mi gracia natural eso sí, juas-.

A mi qué quieres que te diga, caer en el olvido de esta forma cuando miles de personas han bailado tan felices al son de Help, me pone triste.

Venga, dale a play, sube el volumen –importante esto de subir el volumen-, luego zumito y a misa.

 

 

Escucha Help, de Yargo

 

John Barry – Out Of Africa

John Barry, licencia para cautivar. Uno de los grandes compositores de bandas sonoras del siglo XX. A la altura de John Williams, Ennio Morricone o Maurice Jarre. Nos ha dejado algunas de las composiciones más bellas del cine. Fue sin duda el más romántico de todos los grandes, y eso que iba para rockero. Cómo es la vida eh? Sales de casa con chupa de cuero y Fender Stratocaster en mano, y regresas con chaqué y batuta en el bolsillo. Música, Maestro, Música…

[Nota del autor- ya ya, soy yo, fiouck- estoy escuchando el tema principal de Out Of Africa mientras escribo, mierda, me conmueve]

A ver, John Barry no salía con guitarra eléctrica, lo suyo era cantar y tocar –magistralmente- la trompeta. Primero en la mili. Luego en una banda que montó con amigos al volver a la vida civil, The John Barry Seven. En Inglaterra, a partir de 1957, se hicieron increíblemente famosos, actuando en un sinfín de programas TV, y fueron uno de los dos o tres grupos de rock de la época, compitiendo para el puesto con los mismísimos Shadows, del guitarrista leyenda Hank Marvin. Al estar casi siempre buceando por los pasillos de la BBC para los shows, John Barry se crea numerosas amistades, en especial con Adam Faith, cantante y actor de la película Beat Girl, de Edmond T. Gréville. Así es como le terminan proponiendo componer la música de la película. La primera BSO inglesa en ser grabada y distribuida en un vinilo.

Esta primera incursión en el mundo del cine hizo que se fijara en él Albert Broccoli, ilustre comedor de esta peculiar verdurita mojada en una copa de Martini Vodka agitado, no revuelto. Albert contrata a John para hacer los arreglos de la música de la primera película de James Bond –contra Dr No-, realizada por Monty Norman, autor del famoso tema inicial –pues sí, el mítico tema no es de John Barry, él sólo hizo los arreglos-. Pero ya desde la segunda entrega, se convierte en el músico oficial de la serie –a lo largo de su carrera realizará once BSO de veintidós películas del espía-. Sin John Barry, James Bond no sería probablemente el icono universal en el que se ha convertido.

Africa

En 1965, le encargan la música de la película de James Hill, Born Free –Nacida libre en España-, que narra la integración de tres cachorros de león en casa de un guardabosques en Kenia, con “Elsa” de protagonista principal. Esta película le vale a John Barry dos Óscars, a la mejor BSO y a la mejor canción.  Tres años más tarde gana un tercero, por la música de El León en Invierno, de Anthony Harvey, con Peter O’Toole, Katharine Hepburn y un joven Anthony Hopkins. Se convierte en el compositor más solicitado, Hollywood y el público adoran su estilo lírico resplandeciente. Sin embargo es la TV que va a engrandecer su fama internacional, y en especial la serie de culto The Persuaders –Los Persuasores, en España desgraciadamente no muy conocida-, con los enormes Tony Curtis y Roger Moore. La música de la serie dará la vuelta al mundo. Para gente de mi generación, escuchar las dos o tres primeras notas, es volver instantáneamente cerca de cuarenta años atrás, y volverse nostálgico para el resto del día –que sí, que la pongo abajo para escuchar-.

En 1985, alcanza la cima de su arte con Out Of Africa. Todo se ha dicho ya sobre esta película, que se ha hecho con los galardones más prestigiosos del cine –entre otros siete Óscars, el cuarto de John Barry-. De establecerse un ranking de las películas más hermosas y emocionantes de la historia, tendría que estar en el podio. Bueno, de establecerla yo, seguro. En cuanto a la BSO, la AFI –American Film Institute- la colocó en el #13 de su lista de las 25 bandas sonoras más grandes de la historia del cine. Eff… no sé, yo escucho el tema principal –ya van cinco veces esta mañana, emoción intacta-, y dejo de respirar. En fin…

En 1990, John Barry se hace con una quinta estatuilla para la magnífica Baila con los Lobos, de Kevin Costner. Luego su mala salud le impedirá componer a sus anchas y se tendrá que limitar mucho, hasta su muerte hace dos años. Pero qué legado…

Escucha el tema principal de Out Of Africa, de John Barry

Le Corps Mince De Françoise – Love And Nature

Vaya semana Fiouck. La Piaf, la Fitzgerald, el Mendelssohn, los Residents. Buf, menuda presión de repente en este blog. El peso de la historia musical, partituras de plomo. Necesito –un trago también, sí- algo ligero, para reponerme de tanta solemnidad. Con chicas a poder ser; a la hora de tocar sin pretensión la música que les apetece, suelen ser más frescas, más burbujeantes, no se toman tanto el coco. Por ejemplo Lady Gaga, ni sabe que es patética.

Vayamos hasta Finlandia. Apuesto cien mp3 de la Gaga –o uno de Bowie– a que no recuerdas cuál de los tres países escandinavos es. Ummm, el de la derecha? Del centro? Frente al atlántico? … Venga te lo digo, es el de la derecha, tocando a Rusia –no te diré si me acordaba-. Finlandia no destaca por su producción musical, al contrario de su vecino de la izquierda, Suecia, que lleva diez años inundándonos con tropecientos mil cantantes indie pop folk –Lykke Li, Lisa Ekdhal, Anika Norlin, Anna Ternheim, Amanda Mair, First Aid Kit, Nina Kinert, etc-. Lo he mirado un poco, y quitando a The Rasmus, no me suena ningún otro grupo finlandés. A parte claro está, de la banda que nos interesa hoy. LCMDF. Le Corps Mince de Françoise. Tres chicas, muy del norte en su vida. Quiero decir, estudiantes en publicidad y grafismo, un pelín aburridas durante la noche -20 horas seguidas durante algunos meses del año, da para estar hartito-, bricolando con el Mac, creando sonidos, haciendo patchwork de trozitos de estribillos, subiendo cositas a youtube, a ver qué tal. Y la verdad es que bien. Ahí están, cinco años después de sus primeros collage audio, con Universal Music empujando fuerte para esta apuesta nórdica y su música electro pop delirante anti conformista pero con sentido.

LCMDF

Al principio eran dos, hermanas, una rubia, Emma, y una morena, Mia. Dos y medio, por el gato anoréxico de Emma, llamado Françoise. De ahí el nombre del combo, El Cuerpo Menudo de Françoise. Por qué en francés? Engaña bastante, yo pensaba que eran de mi tierra. En 2009, cuando la cosa empieza a tomar consistencia, que los conciertos se repiten, que los artículos en los medios locales se vuelven regulares, llaman a la tercera en discordia, Malin, pianista con formación clásica, para tomar las riendas musicales del grupo. Al principio no salen de las salas de Helsinki y de youtube, pero finalmente un sello inglés les permite dar el salto. Londres y Berlín se rinden, un primer single llama la atención, Cool and Bored, que se mofa de estas chicas que siempre tienen reparos a la hora de salir y divertirse. Luego en Love and Nature, retoman la idea, esta vez dándole a las chicas que prefieren posar antes que actuar –de esas hay más aún-. ¿Por qué se meten tanto con las chicas? Ya verás como pronto se sentarán en la terraza de un bar, cerveza en mano, a ponerles notas a las chicas que pasan delante… ¡no no no, esto es nuestro, dejadnos lo poquito divertido que nos queda!

En fin, como ves no da para conseguir ni el Pulitzer ni el Mercury Prize, pero tampoco era el objetivo –¡digo yo!- de las tres finlandesas. Realmente hacen música para festival. Mucha energía, muy bailable, alegría contagiosa, sonidos acidulados y vitaminados, sin pretensión.

 

 

Escucha algunas canciones del álbum Love and Nature, de Le Corps Mince De Françoise

 

Chris Isaak – Blue Hotel

Vaya manera de desaparecer. Hace veinticinco años, yo escuchaba a Chris Isaak sin dudar un solo minuto de que iba para relación duradera. Era un crack, el pequeño protegido de los medios, “el crooner” de los ochenta. El nuevo Roy Orbison, decían, algún atrevido incluso le llamó el nuevo dios Elvis Presley. Menuda tontería, Chris Isaak era demasiado cool, un poco “smoothy” como dicen en UK. Bien es cierto que, por mucho que lo negara, cultivaba cierto parecido con The King. Como un chiquillo que se entrena delante del espejo para parecerse a su ídolo. Hasta en el tono de voz había un algo, menos grave tal vez, pero las entonaciones era indudablemente del amo de Memphis. Hay que verle interpretar Can’t Help Falling in Love, parece el fantasma del monstruo de las hamburguesas.

Pero Chris Isaak desapareció, después de tres álbumes, de los que dos de ellos aún guardo en vinilo. No es que dejara de cantar, ni de actuar, ni mucho menos de publicar discos, simplemente dejó de estar, ni para los medios, ni para el público, ni para las ondas. De vez en cuando un cineasta lo rescataba, bien a través de una vieja canción del cantante, bien con un papel a la medida de sus pocas dotes para la interpretación. Su pasión por los viejos estudios Sun de Memphis dejaron de tener gracia, y la llegada del grunge a principios de los 90 le remató.

Isaak

Chris Isaak nace en 1956, en California. Mientras terminaba unos estudios en comunicación, monta un primer grupo, Silvertone, que no despega del todo, a pesar de sus buenas intenciones. En 1984 les arropa Erik Jacobsen, que fue en su día el productor de The Lovin’ Spoonful –acordaros, Summer in the City– y de Tim Hardin –cantante folk US con un par de hits versionados por muchos artistas, muerto con 39 años en 1980-. Firman con Warner y sacan un primer álbum en 1985, llamado como la anterior banda, Silvertone, pero ya directamente con el nombre de Chris Isaak. No pulveriza los charts pero llama suficientemente la atención de los medios para que David Lynch decida extraer dos temas del disco para la banda sonora de su película Blue Velvet. En Europa su nombre empieza a sonar fuerte. El año siguiente se publica el segundo, homónimo. Un disco muy bonito, triste y melancólico, a veces incluso oscuro, que le afianza en su papel de crooner moderno, resucitador de una gloriosa época pasada a mejor vida. Este álbum contiene la canción Blue Hotel, que en un primer momento pasa desapercibido. El sonido “fifties” de sus composiciones se hace más patente en el tercer disco, Heart Shaped World, que constituye el disco más vendo del artista, con cerca de tres millones de copias vendidas en el mundo. El tema Wicked Game –¿complicado de pronunciar verdad?- fue un verdadero hit, aunque sobre todo en Europa. De hecho es el cineasta americano más europeo que lo consagra, David Lynch, que una vez más incorpora un tema de Isaak a la banda sonora de Corazón Salvaje, con Nicolas Cage, Laura Dern y Willem Dafoe. Blue Hotel conoce una segunda juventud gracias a la película, llega hasta el #6 de las listas US, y luego… plof.

Saca otros álbumes, pero la magia ya no opera, a pesar de que su voz, ya de por si cálida y deslumbrante, madura aún más con los años. Su último álbum, Beyond the Sun –en referencia a los históricos estudios de Memphis-, publicado hace dos años, contiene sólo versiones de las canciones de su infancia, de sus ídolos como Johnny Cash, Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Roy Orbison y cómo no, Elvis. No lo conocía hasta escribir este post, me encanta.

 

 

Escucha algunas de las buenas canciones de Chris Isaak

 

Ella Fitzgerald – Ella Fitzgerald Sings the George and Ira Gershwin Songbook

Iniciar un post sobre Ella Fitzgerald, es como atacar el Everest en bañador, sin oxígeno y con ventisca. Como que algo de respeto le tienes a la cosa, y pocas ganas de reír. Y yo soy de reír, sobre todo hablando de música, y nadie debería de estar por encima de esta regla, ¿verdad?. Así que busque y rebusque, y ya encontré una anécdota divertida sobre Ella Fitzgerald. Tenía los pies grandes y peludos como un hobbit. Ja, casi caes eh? Na, es broma. Pero esta tontería relaja el ambiente, y es importante desmitificar, incluso a Ella Fitzgerald.

Porque sí, es un mito. First Lady of Song. Queen of Jazz. Lady Ella. Son pocos los elegidos con mote intemporal, por los siglos de los siglos. Ella se lo ganó a pulso –realmente, como todos, esto no cae del cielo-. Como muchas cantantes trascendentales, se hizo grande contra la adversidad –vease Edith Piaf, en un post de la semana pasada-. Nació pobre -1917, en las afueras de Nueva York-, sus padres se separaron rápidamente, tuvo que ayudar a su familia a salir adelante trabajando muy joven, con quince años su madre falleció y a las pocas semanas su padrastro, dejándola a ella y su hermana totalmente huérfanas. Recogidas por una tía, se deja atraer por el lado oscuro de la buena vida y tiene unos pequeños problemas con la policía, que la manda a un centro de reeducación, del que escapa. Sin domicilio, se deja caer en cuchitriles de poca monta, ejerciendo incluso de fisonomista en un burdel.

Es cuando aparece el hada buena, tantas veces celebrada en este blog. Con diecisiete años se inscribe en un concurso musical, organizado por el Apollo Theater de Harlem –en esta sala donde 28 años más tarde James Brown grabará su famoso Live at the Apollo-, en el que piensa presentar un número de baile. Pero en el último momento, desilusionada por el candidato que la precede, decide cambiar radicalmente y sin haberlo preparado, interpreta simplemente el tema Judy, una canción originalmente interpretada por su ídolo, Connee Boswell. Cuando termina de cantar, recibe una ovación por parte de un público podo dado a tanta calidad. Gana el concurso, veinticinco dólares, y un manager, Benny Carter, saxofonista de la orquesta que acompañaba a los concursantes. Empieza a producirse en clubs menores de la ciudad, y después de realizar una memorable actuación delante de los estudiantes de Yale –pocos negros habría en las gradas-, es contratada para incorporarse a la orquesta de Chick Webb. Graba un primer disco en 1936, aunque el primer triunfo llega dos años más tarde, con su particular versión de una canción infantil llamada A-Tisket A-Tasket. El tema se queda cuatro meses en lo más alto de las listas, consiguiendo vender más de un millón de copias. A partir de este momento, Ella Fitzgerald es una estrella.

Al igual que Edith Piaf, brilla bajo los focos, pero en cuanto baja el telón, no hay mucha felicidad. Tímida, acomplejada por su físico, no encuentra muchos motivos de alegría con los hombres. Durante un tiempo casada con el bajista de Dizzie Gillespie, con él que adopta un niño, su estatus de estrella cada vez más solicitada primero en Estados Unidos y luego fuera del país hace que la unión no dura. En 1956 y 1957, su carrera alcanza una primera cima, gracias a tres discos publicados por su discográfica, interpretados en dúo con Louis Armstrong. Entre ellos se encuentra la legendaria versión de Porgy and Bess, de George e Ira Gershwin. Luego, cansada de tanto be-bop, vuelve a sus raíces jazz, e inicia la grabación de una serie de ocho álbumes míticos, los famosos Song Books, momento cumbre de su vida y del jazz en general. Empieza por Cole Porter, y luego siguen Richard Rodgers y Lorenz Hart, Duke Ellington, Irving Berlin, George e Ira Gershwin, Harold Arlen, Jerome Kern y, finalmente, Jonny Mercer, todos monstruos de la composición y del jazz. Ira Gershwin, en el más hermoso de los elogios, declaró posteriormente: “no había realizado que mis canciones eran tan bonitas hasta escucharlas interpretadas por Ella Fitzgerald”.

Ella

Ella Fitzgerald ganará 13 Grammys Awards, condecoraciones en muchos países, la profunda amistad de algunos iconos de la época –Marylin entre otras-. Se involucrará en la lucha contra las discriminaciones y en defensa de los niños pobres, tendrá un bajón con los cambios en los gustos del público con la llegada del rock y la pop music, pero volverá a lo más alto en 1991 con una última actuación en el Carneggie Hall de Nueva York –su concierto nº 26 en esta mítica sala-. Devorada por una salud cada vez más degradada, casi ciega por el diabetes, tendrán que amputarle de las dos piernas en 1993. Tres años más tarde, fallece rodeada de los suyos en su casa de Beverly Hills.

Te dejo con algunas canciones del disco Ella Fitzgerald Sings the George and Ira Gershwin Songbook, grabado con la orquesta de Nelson Riddle. Es una selección mía, que no corresponde a otro criterio que los escalofríos que me han provocado mientras escribía este post. El disco figura en la lista “1.001 álbumes que deberías de escuchar antes de morir”. No hay palabra, es extraordinario.

 

 

Escuchas algunas magníficas canciones de Ella Fitzgerald.