Post número 500 – Falta Poco

500, hop.

Post #500. Muchas veces me quejo –no sé lo que me tomaría aquel día siete de febrero 2013, en todo caso algo serio- pero en el fondo estoy contento por haber llegado hasta aquí. Alimentar a diario undia-undisco.net me complica la vida y bastantes veces me la condiciona, pero cuando se acabe, cuando llegué a 1.000, supongo que estaré triste. Tendré que lanzar otro blog, aunque no diario, esto es muy duro. Semanal no está mal, en plan unasemana-ungilipollas.net, anda que no hay material.

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Afrika Express / Damon Albarn – Maison Des Jeunes

Damon Albarn es el Obelix de la música pop rock. Se cayó en la marmita de sonidos mágicos siendo chiquitin y hoy su genialidad dentro y fuera de los escenarios y estudios le sale naturalmente. No se cansa de crear, dar, fomentar y apoyar. Es un grande –el haber sido líder de Blur y de Gorillaz, a parte de The Good, The Bad and The Queen, le otorga automáticamente esta distinción-, pero a él no le va ni le viene, sigue indagando, relacionando, componiendo y produciendo. Fundamentalmente en África, región del globo que le fascina y en el que está muy presente, y para la que ha lanzado la iniciativa Afrika Express.

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Richard Bona – Tiki

Esta noche, concierto. Esto me pone de buen humor. Ver a un artista o un grupo tocar en directo, no sé, siento que este es mi lugar. Me gusta pensar que, en algún momento previo al show, todos los presentes hemos tenido esta misma idea de “Heya toca fulano, voy a comprar una entrada”. No nos conocemos de nada, los hay de todos los colores, edades, ideologías, creencias, gustos, pero un punto en común tenemos todos: nos gusta quien toca. Bueno, digo yo que nadie entrará por error. Como aquel día que estaba yo sentado en un avión, esperando el despegue, y de repente la señora que iba sentada delante de mi se da la vuelta y me pregunta “¿Este es el vuelo de París verdad?”. Debí ser malo y contestarle “Pues va a ser que no, pero no se preocupe, le va a encantar Ulán Bator”.

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Amparo Sánchez – Alma De Cantaora

Yo de resacón en Madrid y tú de puentón despatarrado en la playa. Yo acordándome de la madre del inventor de los dardos y tú roncando feliz en tu toalla Real Madrid. Yo con mi rebanada de pan bimbo seco con jamón de york caducado y tú con doble ración de paella de Casa Pepe con jarrón de tinto de verano sin gaseosa. Yo con un blog que alimentar y tú tan felizmente desconectado del curro. Hay que ver como viven algunos. Pero el domingo la fortuna cambiará. No sé lo que me espera, pero tú vete preparando para la vuelta, estos atasquillos en la A3, ummmm. Je je je…

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Vopli Vidopliassova – High Way To Hell

Hoy nos vamos para Ucrania, será mi pequeña contribución a la paz mundial, peace and love man. Como pequeño recordatorio, y sin meterme en los asuntos políticos internos de este país –posiblemente la misma farsa que por aquí-, Ucrania es un país soberano desde el 24 de agosto de 1991, fecha en la que el parlamento tomó la decisión de independizarse de la ex Unión Soviética. En diciembre del mismo año, el pueblo respaldó su nuevo estatus en un referendo en el que el 90,5% de la población votó a favor. Lo digo para que no se nos olvide lo fundamental. Venga, alcemos la copa de Vodka, pongamos la mejor canción de Vopli Vidopliassova, eructemos a la faz del hijo de la gran Putin y reclamémosle que salga del armario de una vez por todas en vez de querer meterse en él de sus vecinos.

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Cheb Khaled – Kutché

Cheb Khaled. Khaled. En árabe, Cheb es por Joven, por lo tanto cuando dejas de serlo, pierdes esta partícula que tan bien suena. Cheb Fiouck. Mola. Hala, hoy salgamos de aquí, que llega la navidad y esto puede con todo, buf. Cojamos un ferry en Almeria, crucemos el mediterráneo, desembarquemos en Orán y desde el puerto caminemos hasta el ayuntamiento de la ciudad, agucemos el oído a ver si resuena todavía el famoso “Viva la Argelia francesa” pronunciado por un de Gaulle muy equivocado, una tarde de junio de 1958, desde el balcón de este singular edificio. Sigamos por las calles, cojamos la dirección del barrio Eckmühl, y volvamos a aguzar el oído, a ver si resuena todavía el famoso “Es un niño” pronunciado por el padre de Khaled una mañana de febrero de 1960, muy acertado él.

51 años más tarde, Khaled dio un concierto en su ciudad natal, como la estrella del Raï en la que se había convertido. Necesitaba el perdón de su pueblo, al que le sentó mal algunos excesos y decisiones poco acertadas del artista. Por ejemplo fue acusado de pegar a su mujer –luego esta se retractó en sus acusaciones-, de abandonar a su familia –un niño cuya paternidad siempre rechazó-, de coquetear con el enemigo –quiso dar recitales en Israel, cual Bono abogando por la paz en el mundo-, reclamó la nacionalidad marroquí –siempre alardeó de su amistad con el rey Mohammed VI-. Ya, mucho peso y sospecha encima. Por lo demás, un crack. Por lo menos hasta su canción Didi, que para mi fue como la señal de que ya se estaba acercando demasiado a la música pop, perdiendo autenticidad.

Lo que no se le puede negar es su papel primordial en la difusión del raï y la tradición musical argelina –y por extensión magrebí- a nivel mundial. Se hizo famoso en cada rincón del planeta –en Japón es una mega estrella-, hasta cantó Didi en la ceremonia de apertura del Mundial de Sudáfrica. Ha vendido más de tres millones de ejemplares del álbum Khaled de 1992, dato impensable diez años antes para un disco de raï. Ha compuesto BSO premiadas, colaborado con muchos cantantes –Noa, Youssoun’Dour, Santana, etc-, sacado cientos de canciones, logrado innumerables #1 en las listas de venta de muchos países. Pero no sé, puso el listón tan alto con el disco Kutché, que luego sólo le quedaba la opción de occidentalizar más su música y perderse.

Khaled Boutella Kutche

Porque el disco fundador de la música raï, es este, Kutché, que Cheb Khaled compone con su amigo Safy Boutella en 1988. Los dos son de Orán, pero muy distintos. Khaled funciona con el corazón y las tripas, Boutella con el corazón y la cabeza. Se diplomó en el Berklee College of Music de Boston –la misma formación que Keith Jarrett y Esperanza Spalding– y cuando regresó de los US a principios de los 80, empezó a dar conciertos “underground” en Argelia, componiendo una música fusión, tradición y jazz, ritmos y melodías pasadas y presentes. Safy Boutella no llegó nunca a la fama de Khaled, pero ambos dejaron un álbum extraordinario aunque en su día bastante ignorado, clasificado años más tarde #44 en la lista de los cien álbumes mas grandes de la historia de la música popular por Le Monde. A Khaled le vi en concierto en París en 1990 –tengo duda con la fecha exacta-, mucho antes de Didi, con prácticamente sólo Kutché  en su repertorio. Me dejó un recuerdo absolutamente maravillado, había poquísimos no árabes en la sala, fue mágica la alegría en el escenario y en el público. Enorme. Chebba, El Lela, Kutche, La Camel, hermosas y emocionantes. Por dios qué grande es.

 

 

Escucha algunas de las mejores canciones del mejor álbum de Khaled, Kutché

Lizzy Mercier Descloux – The Long Goodbye

¡Puah! Hoy igual no procede reírse, toca día no future, negro negro negro negro, Fiouck’n’roll cumple cincuenta años. Me entenderán los que ya han pasado por ahí. Los demás, os ruego no bostezar de aburrimiento, ya os tocará. Menuda faena cumplir esta m… de medio siglo, me supera, suena a acabado, a calcetines ejecutivos en mocasines de borla, a pantalón salmón demasiado corto, a chaqueta azul marino, a coche familiar, a pareja recelosa, a astemia de las cuatro estaciones, a televisor encendido, a pelo rapado para borrar la tonsura, a tripa de sobremesa, a vinilos polvorientos en el fondo del armario, a lady gaga de sonido de llamada, al hormiguero, a chequeo médico intranquilo. ¡Buaaaah, no quierooo! Pero por si acaso, que sirva el post de hoy para dejar constancia de la canción que quiero escuchar en mi último suspiro –si me pilla de sorpresa, ponerla después, nunca se sabe-: The Long Goodbye, de Lizzy Mercier Descloux.

Martine-Elizabeth Mercier. Nació en Paris en 1956, aunque se crió en Lyon con su madre –no conoció a su padre antes de cumplir cuarenta y siete años, pocos meses antes de que un cáncer se la llevara, en 2004-. Antes de cumplir los dieciocho, subió a Paris para estudiar Bellas Artes, adolescente probablemente atormentada, poeta, dibujante. Encontró un estudio en el 11 rue des Halles, justo en frente de una tienda llamada Harry Cover –un juego de palabras con haricot vert, judía verde, muy malo-, lugar que se iba a convertir en el punto neurálgico parisino de todas las modas y corrientes musicales de finales de los 70’s, punk rock y new wave. Vinilos importados, posters, camisetas, libros, ays, cómo mola. Ahí conoce al dueño, Michel Esteban, con el que entabla una profunda amistad –y algo más al principio-que perduró hasta el último soplo de vida de Lizzy. Michel Esteban fue una figura en el underground parisino. Fundó el fanzine Rock News en 1975, que cubrió toda la actividad rock y punk londinense y neoyorquina durante algunos años. Con Lizzy, presenciaron y relataron todos los conciertos que han marcado esta bendita época, Sex Pistols, Clash, Stooges, Patti Smith, Ramones, Siouxsie, Billy Idol –antes de que se volviera pop-.

suspense

En 1975 ambos se marchan a Nueva York. Allí comparten piso con Patti Smith y Richard Hell. Con John Cale, Esteban funda el sello Ze Records, editor de algunos de los artistas más importantes de la época y apoyo material del movimiento No Wave. Mientras tanto, Lizzy escribe, aprende a tocar, compone sus primeras canciones. En 1978, publica su primer EP, Rosa Yemen, y el año siguiente, el álbum Press Color. Alabado por la crítica, desgraciadamente se distribuye muy mal y no vende apenas, fracaso que ella encaja muy mal. En 1981, desde Las Bahamas, saca un segundo álbum, precursor de la world music, mezcla de sonidos procedentes del Caribe, África, rock, soul y funk. Luego viaja a África, continente que recorre siguiendo los pasos de Arthur Rimbaud, desde Etiopia hasta Soweto, Sudáfrica, en pleno apartheid, y bastante antes de Paul Simon. En 1984 saca su tercer álbum, Zulu Rock, del que CBS saca el único hit de su carrera, Mais où sont passées les gazelles –Pero dónde han ido a parar las gacelas-. En 1986 se va a Brasil, desde donde se publica el cuarto, One for The Soul, acompañada por la trompeta de Chet Baker en cuatro canciones. Dos años más tarde sale Suspense, quinto álbum, desde Londres. Este es el disco que contiene mi marcha fúnebre, The Long Goodbye. Luego ya se cansa, sigue componiendo para otros, bandas sonoras, pinta, escribe poesía, desde el caribe francés durante algunos años, y finalmente en Córcega, l’île de Beauté –la Isla de la Belleza- en la que la más fea de las enfermedades la fulminó en 2004.

Yo me quejo de cumplir cincuenta. Ella no pudo. Me encanta la música que hizo, y me fascina el personaje y su historia. The Long Goodbye.

 

 

Escucha algunas canciones de Lizzy Mercier Descloux