Con The White Stripes, creo que ya me falta menos para tratar el resurgir rock de finales de los 90’s principios de los 2000. Ya hablé de The Strokes, Libertines, Franz Ferdinand. Por lo tanto quedarían Jet, Vines, Vaccines y algunos más, pero ya son de segunda división y al final es complicado no repetirse. Me da el yuyu porque me quedan 510 posts antes de llegar a meta, y ya se me han ido muchas opciones para hablar de buen rock. ¿Qué os voy a contar a partir del día del verano, fecha en la que cae el nº 500? Y yo qué sé, algo se me ocurrirá, no hay más tutía.
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Owen Pallett – In Conflict
Qué alegría siempre renovada dar con un disco bueno, uno tan bueno como para llevárselo a una isla –ya iban tres días seguidos sin el sello “Fiouck’s Island Music”-. Un disco que ya estoy barajando comprar en vinilo –algunos dirán qué pesado es con sus vinilos, para mi defensa sólo diré que casi nunca he dejado de ponerlos en casa-, pero antes de decidirme tengo que escucharlo alguna vez más. El disco es brillante, pero tampoco es Lost in The Dream de War on Drugs, este estaba en mi cesta a los cinco minutos.
Lykke Li – I Never Learn
No es Likke, sino Lykke. Claro, un sueco te diría “se escribe como se pronuncia”. Claro. Hasta hoy, siempre que yo mencionaba a esta cantante con hielo en el pelo, estaba mal escrito. Como si de otra se tratara. De todos modos ella está acostumbrada, según dice, su carrera es un gran malentendido. Desde que a un DJ belga, The Magician, se le dio por sacar un remix de I Follow Rivers, mega hit que permaneció una eternidad en los charts dance de Europa, la gente se cree que Lykke Li es una cantante pop entre David el Jeta y la canción del verano, una chica ligera y alegre. Nada más lejos de la realidad.
Chet Faker – Built On Glass
No, no es un error, Chet Faker, así, con F. Chet Baker, su jazzman preferido, es una coartada para no tener que usar su verdadero nombre, Nicholas James Murphy, demasiado parecido al del líder de LCD Soundsystem, Nick Murphy. Chet Faker es australiano y es la nueva sensación indie. La de hoy, que esto no dura na’; seguro que mañana irrumpe otro y del amigo Chet nos olvidamos tan rápido como nos olvidamos de su predecesor. A no ser que…
Bloc Party – Silent Alarm
Hay que recelar de las corazonadas. Descubres algo y de repente sólo existe aquello y no importa el resto. Mmmm, malo, muuuu malo. Normalmente no dura mucho y poco a poco regresas a tus primeros amores, disculpándote por este pequeño error y jurando “ays por dios no me pegues no lo volveré a hacer”. Pero vuelves a meter la gamba poco después, con otro descubrimiento “¡sensacional!” y la historia se repite. Esto me pasó, entre otros, con Bloc Party y su primer álbum Silent Alarm, el disco que deslumbró lo que tardaron en sacar el segundo. He tenido que meterme en la wiki para saber si seguían en activo. Y no, no siguen.
The War On Drugs – Lost In The Dream
¿Cómo reconoces una obra maestra cuando llevas apenas tres minutos escuchándola? ¿Por qué sabes, cuando finaliza la primera canción, que un disco te va a acompañar el resto de tu vida, aunque no tengas ni para la luz del toca discos? La música no es ciencia, sólo una vieja receta de bruja desdentada y medio loca, que raras veces logra la justa proporción milagrosa de magia y emoción. La alquimia perfecta, la piedra filosofal que transmuta simples acordes en oro puro. Lost in the Dream, el tercer disco de The War on Drugs, es de estos discos elegidos para la gloria. Como no venda cien millones de ejemplares, es para desesperar.
Arthur Beatrice – Working Out
No estoy contento contigo, lector(a) de este blog. Cero patato contento. Ayer publiqué acerca de Chuck Berry, EL Chuck Berry, y fue de las entradas menos leídas. Sin embargo, él del día anterior, Vlopi y sus colegas de habla raro, sigue arrasando. El fundador de la rock’n’roll attitude y leyenda viva de la guitarra vs unos mindundis ucranianos chalados, y ganan estos últimos con holgura? Pero a dónde vamos a parar…