A finales de los 70’s, cuando sonaba en la radio o la tele Earth Wind & Fire, me chirriaban los oídos. Lo mismo que cuando se escuchaba –sin querer, ¡que conste!- Anita Ward, los Bee Gees, Boney M, Chic, Gloria Gaynor, Eruption, Santa Esmeralda o el inefable Patrick Hernández. Para mi, todo era una misma canción “disco”, tortura imaginada por un resucitado Torquemada, con mono de nailon cubierto de lentejuelas abierto sobre un pecho peludo, bola de pelo afro exagerada y zapatazos con suelas kilométricas. No entendía qué había hecho yo de malo para tener que sufrir semejante bazofia musical. Craso error, a Earth Wind & Fire nunca les debí de incluir en el mismo saco, fue más que nada fruto del desconocimiento. Porque esta banda sí que tenía talento y una discografía detrás de ellos que más de un grupo quisiera para si.
Archivo de la etiqueta: funk
Vulfpeck – My First Car
Vulfpeck, o cómo burlarse de todo el tinglado de la industria musical. Esta banda de funk soul de California acaba de realizar el golpe perfecto. La idea es sencilla pero a nadie se le había ocurrido hasta el momento. ¿De qué hablo? Vamos por partes.
Imagination – Just An Illusion
Hoy, al igual que ayer –ver el post– de nuevo llegó hasta el blog un usuario mal re-direccionado, víctima de su propia torpeza o de un google etílico. O al revés, por el pedo que llevaba encima o un google torpe. Introdujo “Cogorza de tres pares de narices” y llegó hasta aquí. Concretamente hasta el post del 28 de febrero, en el que hablaba de la primera borrachera de mi vida, anécdota que utilizaba para introducir a uno de mis músicos preferidos, Jean Jacques Burnel, alma bajista de The Stranglers, y su canción Le Whiskey. Dudo que fuera su propósito, escuchar a estos viejos punks; él se lo pierde. Realmente no me preocupa demasiado figurar en los resultados de búsqueda google por no disfrutar de un consumo responsable, quien esté libre de pecado que me tire el primer cubito de hielo y una rodaja de lima.
Snarky Puppy – Family Dinner
Tenía pendiente escuchar a los Snarky Puppy -cachorros sarcásticos en español-desde que un lector asiduo de este blog me los recomendara hace tiempo. Esta mañana dije, venga Fiouck, ya que tienes que pasar la aspiradora, castígate hasta el final, enchufa Snarky Puppy a ver qué pasa. Pasa que ahora me las pongo en bucle. Lo bueno de la edad es que te vas haciendo menos radical, los criterios cambian, sólo importa disfrutar, lleve el cantante una cresta, el pelo largo o este calvo como el culo de un bebé. O, como dice el sevillano en la gozosa Ocho Apellidos Vascos, «el flequillo relamido y cortado con hacha«.
Cymande – The Message
Tengas la edad que tengas, si te pones de puntillas para mirar hacia el futuro, vislumbras fechas que sabes van a marcar una etapa, de estas chungas sin retorno. Porque en el fondo, ninguna pinta bien, todas te recuerdan que te estás haciendo mayor, y que esto de Peter Pan es un cuento. Además, por mucho que las tengas más o menos ubicadas en el tiempo y te vayas preparando para el chaparrón, siempre hay alguna que te pilla desprevenido, en plan idiota babeando. ¿Un ejemplo? Ayer, mi hija, que vive en Londres, me manda un mail con un vídeo youtube de un artista acompañándolo con un “de parte de un amigo, se ha hecho fan de tu blog y cree que te va a gustar”. Je je.
Les Rita Mitsouko – The No Comprendo
Les Rita Mitsouko. El primer concierto que me impactó de lleno. Corría el año 1981 –creo-, llevábamos poco oyendo hablar de este dúo transgresor, yo era incapaz de nombrar o tararear una de sus canciones, pero ya tenían un aura de frescura inconformista que no dejaba de sorprender para una banda francesa. Así que cuando nos enteramos de que se venían a mi ciudad -¡¡a mi ciudad, era como ser de Burgos y tener a Suicide tocando en alguna sala municipal en los 70’s!!-, compramos nuestras entradas religiosamente, contando los días hasta el día D, como los niños antes de su cumpleaños. Y llegó el día.
Habían elegido una sala que ni conocía, llegamos bastante antes, no vaya a ser que hicieran overbooking. Tsss. Así que nos situamos, no delante del todo, pero muy cerca del escenario, y casi centrado. Fue un mazazo en toda regla. En mi –corta- vida había visto y escuchado algo semejante. Era como hacer borrón y cuenta nueva de toda la música que me gustaba. Fred Chichin, el guitarrista, estaba sentado detrás de la cantante, con un Revox –claro, con tanto Smartphone nos hemos olvidado de los fundamentos, un Revox era un lector de cintas de audio muy grandes- reproduciendo la batería, especie de caja de ritmo pre digital. Iba vestido íntegramente de bolsas de plástico del ultramarino de al lado, marca Felix Potin –sería algo así como los Spar de aquí, en más pequeño-. Y Catherine Ringer, la cantante, pasó parte del concierto sentada a horcajadas, ofreciendo sin ningún pudor su intimidad a los espectadores que curiosamente dejaban de bailar el pogo cuando se sentaba. El concierto fue un antes y un después, de repente parecía que en Francia también había artistas chalados, originales y talentosos, que no siempre tenía porque venir de UK –al mismo tiempo se publicó el mítico álbum Play Blessure de Alain Bashung, ya hablaré de ello más adelante, otro mazazo en la producción musical del país vecino-.
Fred Chichin y Catherine Ringer se conocen en la escuela, en 1979. Lo suyo es el arte en todas sus facetas. Tocan música y aprenden a bailar, mientras ella rueda en algunas películas pornográficas para ganarse la vida. La profesora de baile es una joven bailarina y coreógrafa argentina, Marcia Moretto, que les acompaña en los escenarios en los primeros conciertos que dan. Se bautizan Rita Mitsouko, Rita por la actriz Rita Hayworth, y Mitsouko que significa misterio en japonés -pocos años después añadirán la particula Les delante, después de comprobar que el público creía que era el nombre de la cantante-. Desgraciadamente Marcia se muere de un cáncer fulgurante, con tan solo 32 años. Algunos años más tarde, Les Rita Mitsouko se hacen famosos con el tema Marcia Baila, en homenaje a su amiga fallecida. Esta canción se convierte en un hit, iconoclasta y alegre en su composición, trágica en su letra. A partir de ese momento y hasta el fallecimiento del guitarrista en 2007, Les Rita Mitsouko se hacen con el estandarte de una Francia musical que no se resigna a escuchar la pop sosa nacional o de fuera.
En 1986, el dúo saca The No comprendo, su mejor álbum, del que se extraen los tres singles que forman parte de la leyenda del grupo: C’est Comme Ça, Andy, Les Histoires d’A. El disco se graba en el domicilio del grupo, proceso íntegramente rodado por Jean Luc Godard, el cineasta de la Nouvelle Vague de los 60’s por excelencia, cuyo resultado se montó como película, Soigne Ta Droite. Producido por Toni Visconti –sí, el de Bowie y de T-Rex en los 70’s-, el álbum es un exitazo en Francia. Rock, funk, punk, ofrece una variedad de canciones irrepetibles e inimitables, locas y barrocas. Obra maestra en su género, Rolling Stones lo clasificó como el séptimo mejor disco de rock del país. Un torbellino gozoso.
Venga, dale fuerte, luego zumito y a misa. C’est comme ça.
Escucha las mejores canciones de The No Comprendo, por LEs Rita Mitsouko
DJ Shadow – Endtroducing
DJ Shadow, Endtroducing. Es difícil encontrar un disco que haya tenido tanta unanimidad, recibido tantos elogios, visto cómo se hacían con él públicos tan dispares como fans de electro, rock, hip hop, o funk, a pesar de no contar con casi ninguna voz, de no dejar de ser un collage de samples procedentes de todos los horizontes musicales. La banda sonora original de una película imaginaria. Un sueño de artista conceptual llegando hasta los medios más masivos. Endtroducing consiguió la puntuación máxima, cinco estrellas, en Allmusic, Alternative Press, Rolling Stones, Slant Magazine. También se hizo con un 10 sobre 10 en Pitchfork Media y Pop Matters. Un A+ en Village Voice. Aunque derrapó con un 9 sobre 10 en Spin. Normalmente con esto, cualquier artista se jubilaría con su caja de habanas y su botella de whisky de malta de cincuenta años, el disco de platino encima de la chimenea, recuerdos para los nietos hartitos, y una camiseta guay de un grupo desconocido. Pero DJ Shadow en este momento sólo tenía 24 años, y era su primer álbum.
Nació en 1972 en San Francisco. Cual Obélix sumergido en la marmita de poción mágica del druida, con nueve años se cae en la cultura hip hop naciente. Una marmita muy pequeña, si la comparamos con la del hard rock pop de principios de los años 80 en los US, a la que todos sus amigos blancos de la época se tiraban tan alegremente. Desde muy joven se convirtió en un comprador compulsivo de vinilos –no, no hay nada raro en el hecho de comprar discos, es más, es un acto noble, hala-. Desde el principio escucha hasta la saciedad sus compras, trocea, selecciona y samplea la esencia de todo lo que le cae entre sus manos, copiando a sus grandes maestros como Afrika Bambaataa y Grandmaster Flash: funk, blues, garage rock, soul, clásica, salsa. Una thermomix de los géneros. Adolescente, dotado de una cultura musical casi enciclopédica, empieza a componer sus propios temas a partir de una consola cuatro pistas rudimentaria. Se inspira, a su manera, en los amos del rap del momento, Run DMC, Public Enemy, Eric B & Rakim. Antes de cumplir los 18, ya es todo un crack en las radios de colegios, y después de pocos meses al mando de un programa en una radio importante de la costa oeste, ya le siguen más de dos millones de oyentes fieles. Rápidamente le llueven ofertas para sacar sus propias canciones, cosa que acepta para un sello llamado Hollywood Basic, bajo el pseudónimo de Zimbabwe Legit.
En 1993, crea el colectivo Solesides, con otros dos raperos, Blackalicious y Lateef The Truth. Adoptan un estilo politizado muy alejado del plasta gangsta style. Las ventas de sus producciones, aunque limitadas, les permite atraer las miradas de todo lo que el rap cuenta de sellos y productores. Aceptan la oferta de una discográfica UK, Mo Wax, especializada en mezclas de jazz, soul, rap e hip hop. Su dueño, James Lavelle, que acaba de cumplir dieciocho años, se ha quedado impresionado por el tema Lost and Found, que samplea la batería de Sunday Bloody Sunday de U2. En Mo Wax, DJ Shadow puede expresar todo su talento, produce un hip hop oscuro y lento, para el que se acuna la palabra downtempo. Cada tema es el resultado de un intenso trabajo de mezcla, variación, recomposición de samples y scratches, y poco a poco le consagra como uno de los grandes de la música electrónica, aunque a él no le guste la clasificación, prefiriendo la de investigador en hip-hop instrumental.
Hasta 1996, cuando se publica Endtroducing. Tan nuevo cuando se estrena que al rato se convierte en todo un clásico. Se le comparó, por el impacto que tuvo, con Kind of Blue de Miles Davis o Electric Ladyland, de Jimi Hendrix. Un trabajo de orfebre, en el que que cada sample, remezcla, collage, es fruto de una labor titánica de precisión e imaginación. Virtuosismo y sensibilidad, innovador y nunca igualado.
Escucha los mejores temas de Endtroducing, de DJ Shadow

