St Vincent – St Vincent

Annie Clark –no confundir con Anne Clark, sacerdotista new wave de principios de los 80’s- podría haber acabado mal. Nacida en 1982 en Tulsa, Oklahoma, era sobrina de Tuck Andress, co-líder del dúo Tuck & Patti, un insípido y aburrido combo de jazz folk de los 90’s. En su adolescencia, la ingenua Annie hasta fue roadie de la banda, ilusa de ella. Con un pedigrí así, cualquiera terminaría anacoreta a 3.000m de altura, entregado a la contemplación, a comer el heno de las cabras y a blasfemar contra el frio que pela. Pero la falsamente endeble Annie lo convirtió en oportunidad para subirse muy joven a los escenarios como telonera de su tío, aprender a tocar de todo y decidir que de la música pensaba vivir.

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Fredrika Stahl – Off To Dance

Me ha dicho el médico que me ponga más al sol, que me falta vitamina D. Pues se ve que no conoce a Fredrika Stahl. La pobre, más que blanca, es diáfana. Es lo que tiene nacer en un país donde el sol apenas se digna en salir 6 meses al año. Tanta noche también explicará sus tremendas ojeras, dormirá hasta la extenuación –excelente Fiouck, you are the milk-. Por lo demás, es guapa. Bueno, más que guapa, atractiva. Y eso que es rubia rubia rubia. Muy sueca vamos. Ah claro, ojos azules y manos delgadas. En la portada de su último disco, sale en blanco y negro con un corte de pelo que le da un aire Hollywood de los años 50. Llama la atención la moza. De hecho es lo que ha hecho que escuchara su disco. Estaba convencido de que su música no iba a estar a la altura de la foto. Me equivoqué.

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Angel Olsen – Burn Your Fire For No Witness

Hoy toca de nuevo un post calimero. No tengo tiempo, cero ganas, inspiración por los suelos. La sola visión de la montaña de cosas que me quedan por hacer -estas que me dan de comer-, me recuerda que hay que ser idiota por haberse fijado el reto tonto de sacar un post al día hasta llegar a 1.000. Me pongo a imaginar a mis amigos, tan panchos en casa viendo fútbol y comiendo bolsas de patatas de 2012, las mejores, o en un bar con los colegas, copa de vino blanco en mano puntuando a las chicas, y me dan ganas de colgar el cartel de “ya está, 1.000, se acabó, iros a otro blog, hala, hop, fiu fiu”. Pero no hay manera, idiota nací, idiota me iré.

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Gin Wigmore – Gravel & Wine

¿Qué le pasa a Nueva Zelanda? Parece que el país de los millones de ovejas aburridas y las montañas milenarias se ha puesto las pilas y no para de mandarnos artistas con los dedos metidos en un enchufe. Algunos cantando y bailando –Willy Moon y Ladyhawke-, otras vomitando todo lo que pueden sobre sus colegas de trabajo –Lorde, qué mala leche esta chica, una pena que su música sea tan sosa-. No sé cómo será la vida allí, pero viendo las ganas que tienen todos de triunfar para marcharse, muy alegre no será. De joven harían un pacto con el diablo, “haré lo que quieras, Amo, pero por favor no quiero desayunar, comer ni cenar más cordero en mi vidaaaaaaaa”.

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Dum Dum Girls – Lost Boys And Girls Club

No soy adivino –aunque si me llamas al 807 FIO UCK, a un euro por minuto te cuento de todo, hasta los trucos del amoooool del gran profesor marabú Mamadou Fiouck-, pero apostaría mucho, es decir un Plymouth con Fever Tree, que al grupo del post de hoy le va a pasar lo que al de ayer, y que dentro de treinta y tres años, si dios el King me presta vida, escribiré una reseña sobre Dum Dum Girls en términos parecidos a los de ayer sobre Martha & Sus Bollos.

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Kate Bush – The Kick Inside

Tengo un problema con Kate Bush. Primero me recuerda cómo vuela el tiempo, ya han pasado treinta y cinco años desde su primer hit, Wuthering Heights, que me pilló a mi de adolescente. Segundo su voz fundamentalmente me horripila. Dicen que etérea, yo creo más bien que Kate Bush perpetua la tradición del voceo de las vendedoras de pescado. Para etérea, Elizabeth Frazer, de Cocteau Twins. Tercero, baila fatal, y eso que hizo ballet durante años. Las coreografías en sus vídeos, sobre todo los primeros, son asombrosamente ridículas. Pero, porque hay un pero, de hecho hay dos, no puedo negar que un par de sus canciones forman parte de mi juventud. Y su legendario desprecio hacia el mundo de las discográficas, mucho antes de los artistillas de ahora, dan ganas de quitarse el sombrero.

Y eso siguen haciendo un montón de músicos de hoy, que reconocen cuanta influencia ha tenido Kate Bush en su trayectoria musical: Tori Amos, Alison Goldfrapp, Björk, KT Tunstall, sólo por mencionar a algunas. Y es que Kate Bush siempre ha tenido las ideas muy claras sobre lo que quería hacer y cómo lo quería llevar a cabo. Educada en un ambiente cultural y musical, aprendió el piano, el violín y el órgano, todo para poder componer sus primeras canciones a una edad en la que normalmente las chicas urden planes para pillar a sus ídolos en la salida trasera de los hoteles, verificando cien veces el maquillaje y el escote. Con quince años ya tiene bastante material grabado. Un amigo de la familia, Ricky Hopper, se queda intrigado al tener una oportunidad de escucharlo y como en todas las bonitas historias de hada, resulta que es amigo de David Gilmour, guitarrista y cantante de Pink Floyd. Este se queda admirativo ante la calidad de las canciones y el talento de la niña. Organiza una sesión de grabación en un estudio para tener material de mejor calidad con tal de enseñarlo a su propia discográfica, EMI. Después de un primer rechazo de esta, el cantante vuelve al estudio con Kate Bush para grabar más temas con arreglos distintos y esta vez EMI acepta firmar un contrato.

The Kick Inside

En 1978, se publica el primer álbum de Kate Bush, The Kick Inside. Contiene canciones escritas años atrás, demostrando el grado de madurez de la cantante. Si la casa de discos apuesta por la canción James and The Cold Gun, no tiene más remedio que aceptar la decisión de Kate Bush de imponer Wuthering Heights, ante una determinación que pocos años culminará con la ruptura de la artista con cualquier discográfica. Y la historia le dio la razón a ella, Wuthering Heights, inspirada en la novela Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, arrasó instantáneamente en UK y en buena parte del mundo. Kate Bush fue la primera mujer #1 de los charts británicos con una canción propia. Con este primer éxito, Kate Bush impuso un estilo del que nunca renegó, él de las canciones pop folk art rock romanticonas, usando y abusando de su voz de soprano alto.

El mismo año sigue un segundo disco, Lionheart, que la termina de consagrar. En 1979 se va de gira por Europa, ofreciendo un espectáculo completo, música y danza en una puesta en escena muy teatral. Pero a pesar del éxito de ventas -las entradas se vendieron como churros-, la gira es un fiasco económico, por el alto coste de cada representación. Fue esto determinante para que Kate Bush renunciara a volver a actuar en público –quitando en contadas ocasiones para fines caritativos-? Lleva más de treinta años diciendo que algún día se subirá de nuevo a los escenarios, pero es cada vez menos probable, “niña, ¡que se te pasa el arroz!”.

Luego romperá definitivamente con EMI, se construirá su propio estudio de grabación, sacará más #1 –Babooshka, Running up That Hill,– co-interpretará el máxi hit Don’t Give Up con su amigo Peter Gabriel, dejará la música durante más de doce año para dedicarse a su familia, volverá en 2005 con el disco Aerial y el muy bonito tema King of the Mountain, inspirado en dios Elvis Presley y Citizen Kane. El décimo y último álbum de estudio de Kate Bush se llama 50 Words for Snow, es de 2011 y me causa el mismo problema que los nueve anteriores.

 

 

Escucha algunos de los mejores temas de Kate Bush

 

Melody Gardot – Worrisome Heart

Tenía ese CD en mi coche, desde hace tiempo. Hasta tenía puesto todavía el plástico. Quiero decir, era un CD de verdad, nuevo para más inri, no un soporte con mp3 descargados gratis de internet. Creía haberlo regalado hace tiempo, pero ahí estaba, en la guantera donde normalmente las bombillas de repuesto. Como ya estaba más que hartito de los discos que llevaba meses escuchando en mis pocos recorridos con coche, ayer dije, venga ya Fiouck, déjate de tonterías y ponlo.

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