El 10 de diciembre de 1949, cuando Fats Domino sale de los estudios J&M en la calle Rampart de La Nueva Orleans, sabe que acaba de grabar una buena canción y sonríe de oreja a oreja, como lo viene haciendo desde que nació. Bautizada The Fat Man –nada que ver con la bomba que pulverizó Nagasaki cuatro años antes-, el tema es una variación de un estándar de la ciudad, Junker’s Blues. En ella, como en todo su repertorio, canta y toca el piano, porque aunque sólo tenga veintiún años, es un virtuoso de este instrumento. Así que la novedad no está ahí, ni en el ritmo frenético del piano. La novedad está en el batería, Earl Palmer, que declaró años más tarde: “por primera vez sólo se tocaba en el contratiempo”. Así que cuando Fats y Earl salen del estudio, intuyen una buena canción. Lo que no saben, es que acaban de dar a luz a la obra que se considera sesenta y cinco años después como la primera canción rock’n’roll de la historia.
Franz Ferdinand – Franz Ferdinand
¿Se acabó el vigésimo puente del año? ¿Bostezando después de roncar durante cuatro días? El tio Fiouck te va a despertar y ponerte firme, ponte los cascos. Hoy volvemos a principios de los 2000, en ese resurgir rock en el que Franz Ferdinand jugó sin querer un papel de transición entre el rock «clásico» de los Strokes, White Stripes o Libertines y el pop más sofisticado y saltarín de Bloc Party o Kaiser Chief. No les fue mal, ni una cosa ni otra, su música es al final la que más éxito ha cosechado. De su primer álbum de 2004, homónimo, se vendieron cerca de cuatro millones de ejemplares. No está mal para un grupo cuyo líder estudiaba teología cinco años antes.
EMA – The Future’s Void
Leía el otro día que, en 2013, el nombre femenino más dado a los recién nacidos por sus padres en Francia fue Emma –delante de Lola, va a ser que el país vecino se está hispanohablandando-. Pobres criaturas, ¿qué culpa tienen ellas de que sus padres sólo escuchan música en los programas tele tipo The Voice? De molestarse un poco, daban con el segundo disco de EMA, The Future’s Void –el vacío del futuro-, y cambiaban de idea en el acto. Si les gustaba especialmente la sonoridad hispánica de Emma, se podían haber dejado ganar por el encanto de Fulgencia, Bercia, Hiltrudis, Eduviris, Paspasia o Eleuteria. Molan. Porque, ¿probabilidad de que una cantante neurótica triunfe con uno de estos nombres? Cero patato, vamos.
Todd Terje – It’s Album Time
Vivo un drama. Me estoy rompiendo en dos. Resulta que hace cuatro días se abrió a 100m de casa un nuevo local de una conocida marca de comida rápida. Vamos, sin nombrarla, la más conocida. A mi edad ya no hace falta convencerme de la m… comida que es. Menú Big Bazofia. Pero he de confesarlo, me chifla. Aunque nunca voy, a veces tengo un mono tremendo, así que ahora lo tengo muy complicado ya que por colmo trabajo desde casa. Total, no he aguantado más de cuatro días hasta tirar la toalla. Fui babeando a mediodía. Elegí lo de siempre –digo lo de siempre aunque la última vez hace más de cinco años-, la verdad es que me ha decepcionado un poco, tenía recuerdos realmente emocionados de aquello. Curiosamente me tocó sentarme al lado de una mesa de cuatro amigos hablando de música. De vez en cuando mencionaban grupos que me gustan, por lo que presté un poco de atención. De repente se pusieron a hablar de forma ditirámbica de un tipo del norte que no conocía –norte = Noruega-, un tal Todd Terje.
Azealia Banks – 1991
¡Hoy servicio mínimo! Ya, yo también tengo derecho a un merecido descanso. Ya sé que estamos a dos de mayo y que el Día del Trabajo era ayer, pero yo escribo cada nuevo post el día anterior a su publicación. Con lo cual este que estás leyendo, lo escribí cuando seguías despatarrado en tu cama, babeando feliz por la victoria del Atlético. Como Presidente, Tesorero y único miembro de la asociación de “Estúpidos Estajanovistas de la Producción Bloggera”, he decretado que el día dos de mayo se adscribe a los de servicio mínimo. Hop. Y para celebrarlo, una copita de Rueda bien fresquito y un bombon, Azealia Banks.
The Libertines – Up The Bracket
A principios de este siglo, la música tuvo como un hipo sonoro -con tufo a cerveza barata y vino en brick-, de estos que te sacuden todo el cuerpo y te sacan de tu sopor. Una ola de grupos rock a la antigua –léase cantante, guitarra(s), bajo y batería-, con las mejores intenciones del mundo, invadieron cascos y altavoces. Con los Strokes, Franz Ferdinand, Jets, White Stripes, Vines, Hives, Fioucks –queeeeeeé-, la década se avecinaba rock’n’roll y eléctrica, pero no duró, apostando la industria por grupos más facilones y sobre todo más vendedores, como Coldplay y Kaiser Chiefs. Dentro de esta avalancha de sonidos rabiosos, el que más dio de hablar fue sin duda The Libertines, y su loco chalao Pete Doherty.
Scott & Charlene’s Wedding – Any Port In A Storm
Esta noche toca otro concierto, montado por Gorgeous George, la organizadora de “with two eggs” Jorge. Una banda llamada Scott & Charlene’s Wedding. Fíjate si es un negocio complicado ya de por sí, te traes a un grupo que ni su madre conoce –he preguntado a la mía, me ha contestado algo raro tipo, me alegro, hijo, ya era hora…-, encuentras una sala, negocias las condiciones de cada uno, te juegas el cuello apostando tu pasta, mueves montañas para que hablen de ello –en bien, a poder ser-, invitas a periodistas, cruzas más dedos de los que pensabas tener, rezas para por lo menos cubrir gastos, y cuando llega el día… te das cuenta de que el Atlético se juega su pase a la final de la Champion’s a la misma hora. Un golpe bajo de la UEFA, seguro que lo han hecho a posta para que Jorge acabe con las pocas uñas que le quedan.