Fredrika Stahl – Off To Dance

Me ha dicho el médico que me ponga más al sol, que me falta vitamina D. Pues se ve que no conoce a Fredrika Stahl. La pobre, más que blanca, es diáfana. Es lo que tiene nacer en un país donde el sol apenas se digna en salir 6 meses al año. Tanta noche también explicará sus tremendas ojeras, dormirá hasta la extenuación –excelente Fiouck, you are the milk-. Por lo demás, es guapa. Bueno, más que guapa, atractiva. Y eso que es rubia rubia rubia. Muy sueca vamos. Ah claro, ojos azules y manos delgadas. En la portada de su último disco, sale en blanco y negro con un corte de pelo que le da un aire Hollywood de los años 50. Llama la atención la moza. De hecho es lo que ha hecho que escuchara su disco. Estaba convencido de que su música no iba a estar a la altura de la foto. Me equivoqué.

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Angel Olsen – Burn Your Fire For No Witness

Hoy toca de nuevo un post calimero. No tengo tiempo, cero ganas, inspiración por los suelos. La sola visión de la montaña de cosas que me quedan por hacer -estas que me dan de comer-, me recuerda que hay que ser idiota por haberse fijado el reto tonto de sacar un post al día hasta llegar a 1.000. Me pongo a imaginar a mis amigos, tan panchos en casa viendo fútbol y comiendo bolsas de patatas de 2012, las mejores, o en un bar con los colegas, copa de vino blanco en mano puntuando a las chicas, y me dan ganas de colgar el cartel de “ya está, 1.000, se acabó, iros a otro blog, hala, hop, fiu fiu”. Pero no hay manera, idiota nací, idiota me iré.

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Gin Wigmore – Gravel & Wine

¿Qué le pasa a Nueva Zelanda? Parece que el país de los millones de ovejas aburridas y las montañas milenarias se ha puesto las pilas y no para de mandarnos artistas con los dedos metidos en un enchufe. Algunos cantando y bailando –Willy Moon y Ladyhawke-, otras vomitando todo lo que pueden sobre sus colegas de trabajo –Lorde, qué mala leche esta chica, una pena que su música sea tan sosa-. No sé cómo será la vida allí, pero viendo las ganas que tienen todos de triunfar para marcharse, muy alegre no será. De joven harían un pacto con el diablo, “haré lo que quieras, Amo, pero por favor no quiero desayunar, comer ni cenar más cordero en mi vidaaaaaaaa”.

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Milton Henry – Branches And Leaves

Entre el nuevamente genial concierto de Dub Inc el jueves pasado en la Sala Penelope de Madrid y el próximo –y seguramente que también genial- concierto de los Wailers en esta misma sala dentro de dos semanas, tropiezo con un cantante de reggae del que no había oído hablar en mi vida, Milton Henry. Bien es cierto que no soy nada especialista, disfruto de estos sonidos tan particulares, pero en el fondo soy un ignorante. Pregúntame y te contestaré instantáneamente Bob Marley, Peter Tosh, Burning Spear y Jimmy Cliff. Y después de pensármelo un buen rato, nadie más. Pero pregúntame por quien escucho en reggae y te diré Bob Marley y punto, porque, lo quieras o no, estaba y estará siempre en otra galaxia. Como el Atlético este año –Juas, sé que estas cosas irritan-.

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Cat Power – Sun

Descubrí de verdad a Cat Power con su último álbum, Sun, publicado en 2012. De hecho esperé los últimos meses de 2013 para escucharlo. Sun es su décimo disco de estudio. Por qué me la perdí y tuve que esperar dieciocho años? Esto me suele pasar con los artistas venerados a la primera, al final tanta alabanza me deja perplejo y me termina produciendo rechazo inconsciente. Porque Cat Power no es una cantante cualquiera, con sus cuarenta y dos tacos se ha convertido en la madre de todos los indies, la MILF electro folk. Durante muchos años, a medida que iba sacando sus discos, volvían siempre los mismos comentarios: Cat Power la atormentada, sensible, vulnerable, con sus dudas existencialistas. Al final no sólo no la escuchaba sino que además me entraban ganas de darle un pequeño soplamocos para que espabilara.

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Kim Giani – Dreamarama

La historia de la música está repleta de artistas majaretas simpáticos, casi siempre inofensivos. Se dedican a hacer música, según su particular visión de ella. Si tiene público bien, si no, no pasa nada. No pretenden ser universales ni llenar estadios y de hecho no lo logran. Van a su bola, pueden gustar o enervar, pero la mayor parte del tiempo, pasan desapercibidos. Microfenómenos musicales inocuos. Hoy toca uno de estos, un francés para meter en el saco de los estajanovistas de la producción. Se llama Kim Giani.

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Young Fathers – Dead

No sé a dónde va la música la verdad, yo me conformo con seguir disfrutando de ella, sea el estilo que sea mientras me siga emocionando/impactando. Esta mañana, al bucear por ahí en busca de sonidos alimenticios, me encontré con las dos vertientes de su evolución. La comercial, que escupe engendros cada vez más sosos; y la creativa, que no para de proponer propuestas y direcciones nuevas. Concretamente di con dos grupos que no conocía. El primero, usted perdone, se llama Imagine Dragons y me quedé asombrado viendo el número de visionados que acumulan en youtube. Haciendo un rápido cálculo, deben de superar los 300 millones, todo ello con un único disco y dos hits, It’s Time y Radioactive. Después de escuchar ambas “cosas”, saqué dos conclusiones: primero, por suerte no estaré leyendo los medios susceptibles de hablar de ellos; segundo, es hora de que se jubilen los periodistas de Rolling Stones que hablan de rock para referirse a ellos. Música pop insípida para quinceañeras nietas de Los 40 Principales.

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