K. D. Lang – Ingénue

Me acaban de regalar el libro 1.001 Discos que hay que escuchar antes de morir. No es que tenga prisa por dejar este mundo, pero para acabar con mi blog me viene de perla. llevo tiempo flaqueando y bajo de imaginación, puedo estar cada día un par de horas en busca del disco del día. La cosa está rozando lo ridículo, ¿verdad? Y todo esto porque quería aprender a manejar WordPress y las redes sociales, qué cretino. Al final, el próximo cuatro de noviembre, sólo sabré añadir entradas nuevas y seguiré sin saber cómo funciona twitter –cada post genera un tuit, pero me lo programaron-.

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Beck – Odelay

Si no recuerdas exactamente a qué se parece Beck, mira en youtube cualquier corto de esquí extremo patrocinado por Red Bull, preferentemente rodado en las Rocosas: todos los esquiadores tienen pinta de Beck. Melena rubia, gafas de espejo, ropa falsamente despreocupada, sonrisa triunfante, cada gesto estudiado para que las chicas se extasíen. Comen musgo mojado en salsa soja y wasabi y beben zumos de hortalizas, se acuestan pronto y quieren a su mama, muy un pelín aburridos según los estándares de Fiouck.

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Kim Giani – Dreamarama

La historia de la música está repleta de artistas majaretas simpáticos, casi siempre inofensivos. Se dedican a hacer música, según su particular visión de ella. Si tiene público bien, si no, no pasa nada. No pretenden ser universales ni llenar estadios y de hecho no lo logran. Van a su bola, pueden gustar o enervar, pero la mayor parte del tiempo, pasan desapercibidos. Microfenómenos musicales inocuos. Hoy toca uno de estos, un francés para meter en el saco de los estajanovistas de la producción. Se llama Kim Giani.

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