Sexy Sushi – Sex Appeal

No he leído, ni pienso leer, Las Cincuenta Sombras de Grey. Sea cual sea la relación que uno tiene con el sexo, adentrarse en este libro es hacerle un flaco favor al asunto. En cuanto a hablar de literatura al referirse a esta saga, ya me chirría. Si la cosa es el morbo o alguna intención –sana- de renovar armario, léase ropa, objetos, posiciones, lugares, palabras, olores, texturas –¿se me escapa algo?-, pues nada mejor que una buena película porno, y al grano. O literatura erótica de verdad, como Las Once Mil Vergas, de Guillaume Apollinaire. No dudo ni un segundo que E. L. James –la autora de los libros que parece de obligado cumplimiento leer, siendo mujer, al cumplir algunas décadas- se hubiera ruborizado leyendo a este gran poeta francés. Que sí, se puede ser poeta, y escribir la obra literaria erótico porno salvaje más escandalosa de los últimos tres milenios.

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Liza Minnelli – New York New York

Ayer al escribir la entrada sobre Dionne Warwick, estuve pensando en estas canciones que, muchas veces, atribuimos por error a un cantante que no es. Porque tenía más fama, o porque su discográfica hacía mejor su trabajo de promoción, o simplemente porque la interpretaba mejor. Eso le pasó a I Say A Little Prayer, de Dionne Warwick, que quedará para la posteridad como una de las grandes canciones de Aretha Franklin. Pero el caso más flagrante de apropiación casi indebida es el de New York New York. Sinatra no fue del todo elegante al borrar del mapa a su amiga Liza Minnelli.

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Dionne Warwick – Walk On By

Dionne Warwick ya llevaba tiempo cantando cuando yo nací, –pa’que veas que no hace tanto-. Ella siempre ha estado por ahí, no muy lejos de aquellos que vivimos con música. Esto no quita que, hasta escribir esta entrada, me costaba poner una canción sobre su nombre. No es Aretha Franklin o Nina Simone, ni tampoco Billie Holiday. Sería más de la pandilla de las Etta James o Gladys Knight: sabes que han sido grandes, pero el altar es pequeño y cuando se sube una, otra tiene que quitarse de en medio. En el primer empujón allí arriba, Dionne Warwick derrapó y se cayó al vacío, pero por suerte el cuerpo inerte de Burt Bacharach hizo de colchón; pudo ponerse de pie y seguir con su vida, en Brasil, digna y felizmente, alejada del mundanal de sus primeros años.

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Hamilton Leithauser – Black Hours

El doce de junio pasado, publicaba un corto post sobre The Walkmen, aquel grupo de rock que siempre ha ido a destiempo y no ha logrado nunca coger el tren bueno –léase él de la fama, donde se subieron Strokes, Libertines, o White Stripes-. No “gozan de reconocido prestigio”, como dicen en las biografías malas. Pero a Fiouck le gustan los patitos feos y los calimeros, aquí caben todos los almas perdidas, siempre y cuando sean sinceros en su propósito. Era el caso de The Walkmen.

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Moodoid – Le Monde Moo

Me han dicho varias personas que mi post de ayer olía a pereza total, como que no muy digna. Que a ver si levantamos cabeza, Fiouckiño. Pues vamos mal. Si ayer fue pereza, hoy es apatía. Peor, se trata de un caso flagrante de astenia otoñal. Odio cuando el verano da las primeras señales de flaqueación, o flaqueamiento, o flaqueismo, como se diga. Unos dirán que de qué hablo, que en Islandia para sentir los efectos de tener 33 grados, se tienen que quemar las botas en las laderas de un volcán con nombre impronunciable. Yaaaaa. Pero se le ve, el verano quiere tirar la toalla y pasar el relevo. ¡¡Si anoche he tenido que taparme con las sábanas!! This is the end, entiéndeme, el muy cabrón me va a dejar tirado.

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The John Steel Singers – Everything’s A Thread

No he montado nunca un grupo de música, pero sí varias empresas. Aunque sean dos aventuras muy distintas, ambas tienen un punto en común: en algún momento hay que darle nombre. Al principio es divertido; se te ocurre un montón de idioteces ideas, absurdas o divertidas muchas. Pero pronto hay que volver a la triste realidad –al registro mercantil la guasa no le va-, como cuando ajustas la corbata después de pasar tres semanas sin cambiar de camiseta –lo digo por ti, yo sólo me he cogido cinco días-. Los grupos lo tienen más fácil, sólo se tienen que preocupar que no este ya cogido, luego cualquier ocurrencia vale. Y siempre me ha gustado averiguar su origen.

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Michel Polnareff – La Poupée Qui Fait Non

Fiouck’s Summer Series #31.

Se acabó. El último Summer Series, y como no podía ser de otra forma, me compliqué la tarea. Tenía previsto acabar con la faena con The Easybeats y su Friday On My Mind -publicada en 1966 pero éxito veraniego total el año siguiente-, cuando me di cuenta, bien avanzado el post, que ya había hablado de ellos, y bastante, en la reseña dedicada a Flash On The Pan -ambos grupos australianos tenían a los mismos fundadores-. Hay que ser idiota. Total, tuve que sacar a un suplente con pedigrí para compensar el disgusto.

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