Luciano Pavarotti – Nessun Dorma

Dicen que Pavarotti fue el único que podía haber superado a Caruso en el corazón de los tramposos italianos y amantes en general del bel canto. Pues acabo de ganarles a ambos. He dado con el pie con un mueble bajo en casa, Nessun Dorma en el barrio. Los cinco dedos a la vez, dos tallas de calzado menos. Me pondré una férula con la bufanda de Pavarotti.

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Riz Ortolani – Holocausto Caníbal (BSO)

El título del post es un cebo. Ya usé el truco hace quince meses en una entrada que se llamaba Sexo duro con ositos peludos, desde entonces una de las más leídas del blog, salidos. Y con Holocausto Caníbal pienso desvelar otra faceta tuya, la de voyeur y/o amante de sensaciones fuertes. Y de paso ofrecerte un bálsamo para tu alma atormentada por fantasías inconfesables.

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Giuseppe Verdi – Requiem

Hoy me he morido, tal como podía haber dicho Howard Buten en su fabulosa novela Cuando Yo tenía Cinco Años Me Maté. El Tomate cretino en entredicho. Pido a dios Elvis que me fulmine sin juicio, que caigan sobre mi humilde persona 25.000 voltios rock’n’rolleros y redentores. Me han desenmascarado. Pillado infraganti me quedo. Fiouck al descubierto, el fracasado, incapaz de ir hasta el final de su sueño idiota de dedicar 1.000 entradas seguidas a 1.000 grupos distintos. Estoy acabado. Tan cerca estaba…

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Ludovico Einaudi – BSO This Is England

Hacía mucho que no le prestaba atención al doodle de google del día. De tanto cambiarlo al final se hace invisible. Pero hoy me cogieron de la mano para que pudiera ver la animación, divertida. De paso me interesé por el músico que salía en ella.

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Giorgio Moroder – Scarface (BSO)

Cinco de abril de 1980. Puerto de Mariel, a 40 kilómetros al oeste de La Habana, los primeros expulsados se agolpan en unos buques que durante seis meses van a realizar cientos de viajes de ida y vuelta entre Cuba y Florida, trasladando de una costa a otra a cerca de 125.000 hijos de la revolución un tanto desengañados.

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Lucio Dalla – Caruso

Tengo un nuevo antojo, una de estas rachas alimenticias en las que te entran a diario ganas irreprimibles de comer siempre lo mismo, atrapado por los manjares a veces más absurdos. En lo que va de año ya he pasado por tres fases: Bricks de atún con huevo, Dim Sum y queso Brie. Ahora le doy a las Puntalette, una pasta italiana en forma de arroz que confirma el adagio popular lamentablemente eliminado del recetario de Top Chef: cuanto más humilde y sencillo, mejor. Once minutos de cocción, una nuez de mantequilla, una copa de Barolo, la canción Caruso de Lucio Dalla de fondo, y al instante te encuentras con una vieja Vespa circulando por una carretera pequeña dominando la costa amalfitana, el sol a plena cara, babeando feliz.

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