EMA – The Future’s Void

Leía el otro día que, en 2013, el nombre femenino más dado a los recién nacidos por sus padres en Francia fue Emma –delante de Lola, va a ser que el país vecino se está hispanohablandando-. Pobres criaturas, ¿qué culpa tienen ellas de que sus padres sólo escuchan música en los programas tele tipo The Voice? De molestarse un poco, daban con el segundo disco de EMA, The Future’s Void –el vacío del futuro-, y cambiaban de idea en el acto. Si les gustaba especialmente la sonoridad hispánica de Emma, se podían haber dejado ganar por el encanto de Fulgencia, Bercia, Hiltrudis, Eduviris, Paspasia o Eleuteria. Molan. Porque, ¿probabilidad de que una cantante neurótica triunfe con uno de estos nombres? Cero patato, vamos.

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Azealia Banks – 1991

¡Hoy servicio mínimo! Ya, yo también tengo derecho a un merecido descanso. Ya sé que estamos a dos de mayo y que el Día del Trabajo era ayer, pero yo escribo cada nuevo post el día anterior a su publicación. Con lo cual este que estás leyendo, lo escribí cuando seguías despatarrado en tu cama, babeando feliz por la victoria del Atlético. Como Presidente, Tesorero y único miembro de la asociación de “Estúpidos Estajanovistas de la Producción Bloggera”, he decretado que el día dos de mayo se adscribe a los de servicio mínimo. Hop. Y para celebrarlo, una copita de Rueda bien fresquito y un bombon, Azealia Banks.

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John Cale & Bian Eno – Wrong Way Up

Es raro que la colaboración entre dos músicos de renombre –léase divas insufribles con egos hinchados con helio- desemboque en un trabajo digno. Cuando te pasa, es decir, cuando escuchas un disco de estos y llegas a la conclusión de que el resultado es grande, muy grande, mantén la calma, mira a tu alrededor y trata de identificar qué ha podido influir en tu buen juicio. Como ayer, estaba yo escuchando el disco que John Cale y Brian Eno sacaron en 1990, y dije, “esto no puede ser, algo habrá echado el camarero en la tortilla, o algo se habrá caído a ella”. Buf. Dado el bar cutre en el que me encontraba, de todo podía haber pasado. ¿Tienen las cucarachas asadas poder psicotrópico de tal forma que cualquier chorrada musical te parezca una obra maestra?

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Marilyn Manson – Antichrist Superstar

El rock siempre ha dado, da y dará lugar a grandes preguntas trascendentales, de estas que alimentan eternos debates ruidosos, en los que a veces alguno llega a las manos porque no le queda voz. Ojo, no todas valen. Por ejemplo, preguntar si Morrissey es un cretino no es trascendental, todo el mundo está de acuerdo. A ver, te propongo una para hoy, llevo tiempo con ella rondándome por la cabeza. No me quita el sueño –¡faltaría más!- pero hoy voy a quitarme de dudas: ¿es Marilyn Manson un jodido payaso?

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Snarky Puppy – Family Dinner

Tenía pendiente escuchar a los Snarky Puppy -cachorros sarcásticos en español-desde que un lector asiduo de este blog me los recomendara hace tiempo. Esta mañana dije, venga Fiouck, ya que tienes que pasar la aspiradora, castígate hasta el final, enchufa Snarky Puppy a ver qué pasa. Pasa que ahora me las pongo en bucle. Lo bueno de la edad es que te vas haciendo menos radical, los criterios cambian, sólo importa disfrutar, lleve el cantante una cresta, el pelo largo o este calvo como el culo de un bebé. O, como dice el sevillano en la gozosa Ocho Apellidos Vascos, «el flequillo relamido y cortado con hacha«.

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Jonathan Fleming – Stevie Wonder – I’m Free

Veinticinco años. 9.131 días, contando los años bisiestos. 219.000 horas. Un tiempo suficiente como para leer este corto post más de seis millones y medio de veces. Anteayer, Jonathan Fleming, 51 años, nativo de Orlando en Florida, dejó de sumar días a los más de 9.000 que pasó en la cárcel por un crimen que nunca cometió.

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Joseph Arthur – The Ballad Of Boogie Christ

De coches sé poco, me aburren. De series TV, cero patato, estoy perdido. De redes sociales apenas entiendo nada y no logro interesarme. Así que sólo me queda la música para intentar no quedar descolgado del todo de este mundo. Por ello, cuando doy con un artista con cerca de veinte años de carrera y diez álbumes a sus espaldas y que no conocía hasta ayer, me preocupa. Porque si empiezo a no valer tampoco para la música, me compro veinte cabras y me retiro en la sierra a criarlas y hacer quesos con un bonito envoltorio que parece auténtico. Fiouck’s Genuine Goat Cheese, con un tomate verde en la tapa. ¿Qué de quién hablo? De Joseph Arthur, songwriter americano que pudo ser y no fue. Ya, ¿Compramos las cabras a medias?

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