Corazonada. Una más, la música es así, no avisa. Te dispones a escuchar Dead Kennedys para ponerte las pilas –receta del Profesor marabú Mamadou Fiouck: escucha el disco Fresh Fruit For Vegetables una vez al mes dando saltos locos y conocerás el amoooool -, y tropiezas con una chica jazz de la que en tu vida habías oído hablar y te quedas babeando, algo perplejo sobre la capacidad de los músicos a siempre sacar algo que te llene. Ya veo venir a los amantes del jazz de las grandes voces femeninas, jocosos, “este Fiouck, no conoce a Malia, qué paquete”; mejor me callo, que les podría dar un repaso en otros géneros, no lo dudes.
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Black – Wonderful Life
Qué cosas pasan en el país vecino. Un –iba a decir revista, pero no sería justo con las de verdad- periodicucho publica fotos del principal mandatario galo “en brazos” de una mujer que resulta no ser la oficial, y se arma la de dios. Me he metido en Le Monde –el supuestamente periódico de referencia, culto e intelectual, de izquierdas, trajes de pana en los 70’s, chaqueta Boss hoy en día- y los comentarios asustan. Que sí es el Presidente, que sí debería dar el ejemplo, que se agradecería dejara de follar durante los cinco años que le han tocado para centrarse en los problemas del país. Buf. Por dios…
Flock Of Seagulls – Wishing (I Had A Photograph Of You)
Ays, años 80’s, fuente inagotable de posts en este blog. En esta semana ya van tres, Hazel O’Connor, The Bolshoi, Boomtown Rats -mientras que Tom Petty & The Heartbreakers cubre más décadas-. Ahora le toca el turno a A Flock Of Seagulls, grupo pop new wave que tuvo su momentito –insisto en el “tito”- de fama, de 82 a 84. En parte por el corte de pelo que lucía el payaso cantante, Mike Score. Rubio, con alitas laterales a lo catwoman, melena cutre en los ojos, fue sin duda el look más espantoso de esta época, por no decir de toda la historia de la música popular. Eso sí, lo digo tan pancho detrás de mi pantalla, porque viendo lo que ha sido de él treinta años después –pinta de descargador de muelle, calvo, cara de pocos amigos-, no invita a faltarle el respeto. Sigue leyendo
The Boomtown Rats – I Don’t Like Mondays
The Boomtown Rats, o lo que es lo mismo, su alma máter, Bob Geldof. Empezó rabioso y terminó meloso. Nació en un entorno más que humilde –Irlanda, tierra áspera, ruda y hosca pero cuna de grandes figuras de la literatura y la cultura y de borracheras saludables-, terminó con un melón enorme como activista incansable, defensor de causas nobles, a la vez que empresario exitoso en el sector de los medios TV y la informática. Un pelín irritante, aunque entiendo que uno no vive del agua de lluvia, y que es muy fácil criticar cuando –hablo por mi- uno se limita a una aportación anual a la Cruz Roja y a la Wikipedia –yaaaa, ¿y qué?-, y a otras más puntuales a otros iniciativas socialmente comprometidas.
Robert Frederick Zenon Geldof. Es curioso como a veces cuando uno no tiene nada, le transmite a sus retoños una serie de nombres para parecer descendientes directos de la más poderosa dinastía industrial y burguesa de algún estado improbable, EEUU por ejemplo. Total, al rato ya le llamaban Bob. Padre vendedor ambulante, madre fallecida cuando tenía siete años, mal alumno, nieto de un cocinero belga y de una judía londinense, Bob Geldof se buscó la vida desde muy joven. Fue matador de reses en un matadero, peón de carreteras y envasador de guisantes. Desembarcó un día en Canadá, y allí –la suerte no lo es siempre todo- encontró un pequeño job como critico musical en una publicación semanal de Vancouver, Georgia Straight. En 1975 vuelve a Irlanda, y ahí baja al underground de Dublín para montar su propio grupo, con otros cinco músicos, todos oriondos de Dún Laoghaire, ciudad natal de Bob. Para su primer concierto, se subieron al escenario como The Nighlife Thugs –algo así como los matones de la vida nocturna- pero para los siguientes tuvieron que cambiar, ante las amenazas de abandono por parte de algún miembro de mantenerse el nombre. Así nació The Boomtown Rats –Las Ratas de la ciudad con rápido crecimiento, francamente no sé dónde está la mejora-. Sale un primer single, Looking After Number One, tema punk del bueno, rabioso pero bien tocado. Estamos en agosto del 77, un sol radiante inunda Dublín durante 14 minutos y la temperatura se acerca peligrosamente a los veinte grados. Desbordados por una repentina alegría, la banda se marcha a Londres.
Después de un primer álbum bien recibido, homónimo, publican rápidamente un segundo, A Tonic For The Troops, con un sonido menos punk y más new wave y una de las portadas más emblemáticas de esta época. Contiene el primer hit del grupo, Rat Trap, de noviembre de 1978. Sube hasta el #1 de los charts ingleses desbancando a la canción Summer Nights, de John Travolta –cienciólogo de los c…- y Olivia Newton John. Sigue una gira por UK que Billboard calificó como la tercera gira más grande después de la de Queen y ELO. En 1979 le toca el turno a un tercer disco –seguirán otros tres-, The Fine Art of Surfacing, que les consagra como una de las mejores bandas rock de finales de los 70’s. Se sigue suavizando el sonido, las canciones son más pop rock, como en el mega hit I Don’t Like Mondays. La canción se vio envuelta en una agria polémica, por estar basada en un hecho real, la historia de Brenda Ann Spencer, que con tan sólo dieciséis años, provocó un tiroteo en su colegio en los US, llegando a matar a dos adultos e hiriendo a muchos niños, y que declaró, al arrestarle, que los lunes se aburría –la chiquilla en cuestión sigue en la cárcel, se le han denegado cuatro peticiones de puesta en libertad anticipada, habiéndose programado la próxima audiencia para 2019-.
En 1981, Bob Geldof se adentra por primera vez en su segunda vida, la dedicada a las grandes causas humanitarias, participando en un concierto organizado en 1981 por Amnesty International, dirigido por John Cleese, de los Monthy Python y rodado por Julien Temple. Tocaron aquel día Sting, Bob Geldog, Eric Clapton, Phil Colins y Midge Ure –Ultravox-. Tres años más tarde, viendo un reportaje en la BBC sobre la hambruna que azotaba Etiopia, decide moverse y crear una canción con un par de amigos para recaudar fondos. Lo que estaba lejos de imaginar aquella noche es la importancia que adquiriera su decisión. Primero con la iniciativa Band Aid y la canción Do They Know It’s Christmas, con su amigo Midge Ure, del que vendieron tres millones de copias sólo en UK, convirtiéndose el single en el más vendido de la historia en este país. Como los yankees no podían quedarse atrás, basándose en el Band Aid, lanzaron el Live Aid y el tema We are the World. En 1985, se realizaron unos macro conciertos en Wembley y en Filadelfia para unificar ambas corrientes y la recaudación, que se estimó llegó a más de 250 millones de dólares.
A partir de ahí, Bob Geldof siempre estuvo al acecho, conocido como el activista del gran corazón, en especial luchando sin parar contra el G8 para resolver el nivel de endeudamiento de los países pobres, cuyas finanzas no dan ni para pagar los intereses que les impide salir de la miseria. No le echemos la piedra a Bob Geldof por posibles errores, ha hecho mucho más que otro colega irlandés suyo, aunque sin salir casi nunca en la foto en cenas benéficas abrazado con los poderosos del planeta.
Escucha los temas más famosos de The Boomtown Rats
Kate Bush – The Kick Inside
Tengo un problema con Kate Bush. Primero me recuerda cómo vuela el tiempo, ya han pasado treinta y cinco años desde su primer hit, Wuthering Heights, que me pilló a mi de adolescente. Segundo su voz fundamentalmente me horripila. Dicen que etérea, yo creo más bien que Kate Bush perpetua la tradición del voceo de las vendedoras de pescado. Para etérea, Elizabeth Frazer, de Cocteau Twins. Tercero, baila fatal, y eso que hizo ballet durante años. Las coreografías en sus vídeos, sobre todo los primeros, son asombrosamente ridículas. Pero, porque hay un pero, de hecho hay dos, no puedo negar que un par de sus canciones forman parte de mi juventud. Y su legendario desprecio hacia el mundo de las discográficas, mucho antes de los artistillas de ahora, dan ganas de quitarse el sombrero.
Y eso siguen haciendo un montón de músicos de hoy, que reconocen cuanta influencia ha tenido Kate Bush en su trayectoria musical: Tori Amos, Alison Goldfrapp, Björk, KT Tunstall, sólo por mencionar a algunas. Y es que Kate Bush siempre ha tenido las ideas muy claras sobre lo que quería hacer y cómo lo quería llevar a cabo. Educada en un ambiente cultural y musical, aprendió el piano, el violín y el órgano, todo para poder componer sus primeras canciones a una edad en la que normalmente las chicas urden planes para pillar a sus ídolos en la salida trasera de los hoteles, verificando cien veces el maquillaje y el escote. Con quince años ya tiene bastante material grabado. Un amigo de la familia, Ricky Hopper, se queda intrigado al tener una oportunidad de escucharlo y como en todas las bonitas historias de hada, resulta que es amigo de David Gilmour, guitarrista y cantante de Pink Floyd. Este se queda admirativo ante la calidad de las canciones y el talento de la niña. Organiza una sesión de grabación en un estudio para tener material de mejor calidad con tal de enseñarlo a su propia discográfica, EMI. Después de un primer rechazo de esta, el cantante vuelve al estudio con Kate Bush para grabar más temas con arreglos distintos y esta vez EMI acepta firmar un contrato.
En 1978, se publica el primer álbum de Kate Bush, The Kick Inside. Contiene canciones escritas años atrás, demostrando el grado de madurez de la cantante. Si la casa de discos apuesta por la canción James and The Cold Gun, no tiene más remedio que aceptar la decisión de Kate Bush de imponer Wuthering Heights, ante una determinación que pocos años culminará con la ruptura de la artista con cualquier discográfica. Y la historia le dio la razón a ella, Wuthering Heights, inspirada en la novela Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, arrasó instantáneamente en UK y en buena parte del mundo. Kate Bush fue la primera mujer #1 de los charts británicos con una canción propia. Con este primer éxito, Kate Bush impuso un estilo del que nunca renegó, él de las canciones pop folk art rock romanticonas, usando y abusando de su voz de soprano alto.
El mismo año sigue un segundo disco, Lionheart, que la termina de consagrar. En 1979 se va de gira por Europa, ofreciendo un espectáculo completo, música y danza en una puesta en escena muy teatral. Pero a pesar del éxito de ventas -las entradas se vendieron como churros-, la gira es un fiasco económico, por el alto coste de cada representación. Fue esto determinante para que Kate Bush renunciara a volver a actuar en público –quitando en contadas ocasiones para fines caritativos-? Lleva más de treinta años diciendo que algún día se subirá de nuevo a los escenarios, pero es cada vez menos probable, “niña, ¡que se te pasa el arroz!”.
Luego romperá definitivamente con EMI, se construirá su propio estudio de grabación, sacará más #1 –Babooshka, Running up That Hill,– co-interpretará el máxi hit Don’t Give Up con su amigo Peter Gabriel, dejará la música durante más de doce año para dedicarse a su familia, volverá en 2005 con el disco Aerial y el muy bonito tema King of the Mountain, inspirado en dios Elvis Presley y Citizen Kane. El décimo y último álbum de estudio de Kate Bush se llama 50 Words for Snow, es de 2011 y me causa el mismo problema que los nueve anteriores.
Escucha algunos de los mejores temas de Kate Bush
Killing Joke – Night Time
Con veintidós años, Janis Joplin (ver post de ante ayer) estuvo un añito alejada de los excesos de una vida que casi la lleva una primera vez a la muerte. Después de ser literalmente mandada de vuelta a casa por sus amigos, pasó unos cuantos meses recuperándose con sus padres. Ays, mamas sólo hay una… Incluso contempló la posibilidad de casarse, tan pancha. Del casi futuro marido no se sabe nada. Las edades no coinciden, sin embargo todo apunta a Jaz Coleman, cantante de Killing Joke, el pendiente masculino de la Janis, por el atractivo. Buf, por dios qué feo era este tipo. En Halloween en los chinos cuelgan cientos de disfraces de Jaz Coleman. A su lado hasta Marty Feldman parece un metro sexual.
Además de cero agraciado, arrastra un carácter que, vamos, parece una chica –la ventaja de soltar estas cosas es que como mínimo la mitad de la audiencia de este blog asiente con la cabeza, en silencio, para que la parienta no pregunte por qué se está riendo-. Ya ya, lo sé, me estoy alejando. Jaz Coleman, decía yo, tiene mala leche. Y además no anda del todo fino. Después de sacar su quinto álbum, Night Time, el disco que les llevó a conocer bastante fama en 1985, declaró: “Estoy muy emocionado por la década de los 80, se trata de uno de los períodos más fascinantes de la historia, ya que habrá cambios profundos. Creo en un mundo futuro, no soy un nihilista. Cosas locas van a suceder, las mutaciones grandes surgirán. Y la naturaleza se convertirá en súper-naturaleza, donde sólo el 20% de la población mundial va a sobrevivir porque nadie está preparado, entonces habrá un nuevo mundo salvaje. Las imágenes de este mundo son los que se ven cuando escuchas a Killing Joke”. Sí Jaz, cosas locas han sucedido, pero no exactamente las que pensabas. Somos un 100% más que en 1985 y estamos súper preparados para convertir la naturaleza en un súper-cubo de la basura.
Las intenciones eran buenas. Se conocieron, él y Paul Ferguson en la cola del INEM inglés, en 78, en plena ola punk. Se unieron para montar un grupo de rock, Killing Joke, para recoger el testigo después de los Sex Pistols. Desde el principio lo pusieron claro, describieron la música que hacían como “the sound of the earth vomiting”, algo así como el sonido que la tierra haría vomitando. Con otros dos músicos, sacaron rápidamente un primer single, Turn To Red, en 1980, que les permitió llamar la atención de John Peel –este sí que era un jodido gurú atrevido, agudo, lúcido e intuitivo- y de Island Records, que les hizo firmar un contrato de distribución. Killing Joke, su primer álbum, proponía un universo musical saturado, con sonidos electrónicos, percusiones tribales, bajos sincopados y una tremenda guitarra. En los primeros conciertos, Jaz Coleman se subía al escenario con la cara pintada, aullando y anunciando a los que le querían escuchar –básicamente los que habían pagado, los demás pasarían- que el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina. Ays Jaz, que tomabas?
Antes de serlo por su música, se hicieron famosos por el cartel de una gira por UK, muy al principio de los 80’s, en el que se veía al Papa bendecir al ejército nazi, logrando que algunas salas cancelasen actuaciones previstas. Luego siguió un periodo confuso, durante el que sacaron tres discos más, sin lograr despegar nunca. Se disolvió el grupo, se volvió a formar, desapareció Jaz Coleman una primera vez –digo una primera vez porque lo volvió a hacer en 2012, le terminaron encontrando en el Sahara donde se había refugiado para escribir y pensar, posiblemente sobre el fin del mundo-. Hasta que en 1984, se marchó el grupo a Berlin a grabar un nuevo disco, el quinto, de la mano de Chris Kimsey. Este último acababa de pasar varios años trabajando con los Rolling Stones, en tres discos seguidos, Emotional Rescue, Tattoo You y Undercover. Todo menos un mindundis. Y como buen productor avispado, hizo de Killing Joke los reyes del punk rock bailable durante algunos meses, con el álbum Night Time. Más comercial que los trabajos anteriores de la banda, no renunció a su rabia y su sonido tan particular. Del disco se sacaron tres singles, siendo los dos primeros una mera rampa de lanzamiento –sin desmerecer- para Love like Blood, uno de los enormes éxitos rock del año 1985 en toda Europa, por no decir de todos los 80’s. La recuerdo como si fuera ayer, buf lo que me gustaba esta canción. Sólo con escuchar los tres primeros segundos de guitarra y ya tengo otra vez veinte años. Por ahí. Eso es música. Rock’n’Roll. Jaz, guapo, gracias.
Escucha los tres singles del álbum Night Time, de Killing Joke
Wang Chung – Dance Hall Days
Wang Chung, dúo referente de los ochenta, época bendecida u odiada según –este último básicamente por los que la vivieron con mocos en la nariz y arañazos en las rodillas-, abanderó con cierto éxito la ola de dúos con melena requeté peinada, luciendo camisa tan bien planchada -y cerrada hasta el cuello- que parece que se llevaban a su mami hasta los platos de TV. Desapareció del mapa sin que nadie se preguntara what the fuck fue con ellos. Lo que sí fuimos muchos en preguntarnos, fue un discreto “pero cómo c… me han podido gustar?”. Luego realizas que no sólo compraste algún disco –por un precio que hoy daría para un Plymouth con Fever Tree y es cuando te echas a llorar-, sino que encima lo hiciste con mucho entusiasmo, soltando el dinero al vendedor y corriendo hasta casa para escuchar diez veces seguidas la cara A del vinilo. La B solía esperar al día siguiente. De hecho yo creo que hay caras B que en mi vida he escuchado.
Pero la B del maxi 45T de Wang Chung que tenía –y que sigo teniendo, no me los han robado todos, aunque concretamente este creo intuir por qué-, sí que la he escuchado, más veces que la A. De hecho es en honor a esta canción que hoy entran en este blog. Ya sé lo que vas a decir, no se lo merecen. Bueno, aquí no entran necesariamente por criterios de calidad o talento, a veces por el mero hecho de haberme acompañado en un momento X de mi vida. Ya sabes, la música es tu amiga, raras veces te defrauda, aunque no se eche siempre desodorante y huela a sobaco, como estos.
La banda se formó nada más entrar en los 80’s, aunque parte de los músicos que la formaron venían de más lejos. Los dos melenas habían estado antes en otros grupos efímeros, uno de 1977 llamado The Intellektuals –¿he escuchado una risa?-, luego 57 Men en 1978, hasta que se constituyó la banda definitiva, con el nombre de Huang Chung. Como sabían que un día se les podía poner a parir, ninguno de los músicos del grupo estuvo con su verdadero nombre. Así es como el melenas jefe utilizó el mote Jack Hues –para que sonara como el famoso “J’accuse” de Emile Zola, menudo Intelektual el pollo-. Eligieron Huang Chung no por el significado en mandarín –campana amarilla, ya ves-, sino por la sonoridad de la expresión. Muy ochentas, donde demasiadas veces primaba la estética. Durante tres o cuatro años sólo conocen el fracaso, por mucho que pasasen a llamarse Wang Chung en 1982, hartitos de escuchar a la gente llamarles Hungchung. Francamente, qué más da una cosa que otra. Total, tienen que esperar a 1984 para por fin entrar en los charts, con dos singles extraídos del álbum Points of the Curve. Uno de ellos era Dance Hall Days, la cara A del maxi 45T que compré tan feliz –venga ya, tampoco me voy a avergonzar más, hay infinidad de cosas peores, te hago una lista?-. Y en la B, There is a Nation, canción pop posiblemente insignificante, pero qué se le va a hacer, a mi siempre me ha gustado, y escucharla treinta años más tarde me sigue provocando ese no sé qué, ya con una capa de nostalgia añadida.
Luego parece ser que tuvieron más éxito con su segundo LP, Mosaic, publicado en 1986, especialmente con los temas Everybody Have Fun Tonight y Let’s Go. Las acabo de escuchar creo que por primera vez, para que veas. Es que en 1986 irrumpieron Pixies, no hay color.



