The Waterboys – The Waterboys

Mike Scott no tiene suerte. Con veinte años monta su primer grupo, The Bootlegs, pero en 78 la gente ya está hasta el moño de Bob Dylan, y eso que sacan una formidable versión de la canción “Isis” (tal como la hubiera cantado el Bob de haber metido los dedos en un enchufe). Al año siguiente, monta Another Pretty Face, pero The Fleshtones ya había pasado por ahí (no es buena señal cuando en youtube sólo se encuentran dos audios que suman menos de 6.000 reproducciones), luego se rebautizarían Funhouse (por la canción Fun House de Iggy & The Stooges) pero no mejoró la cosa, y cuando en 83 lanza su primer álbum con The Waterboys, resulta que Simple Minds y U2 ya venden millones de discos.

Pero Mike Scott se consuela sabiendo que es un genio, que detrás de la falta de reconocimiento del público está la consideración de un montón de músicos que dicen haber sido influenciados por The Waterboys. Y porque no sabe que a Fiouck le chifla, que sino se subía por las paredes.

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En 1983, The Waterboys saca un primer álbum homónimo, de un total de diez. Abre el disco la canción “December”. Siete hermosos minutos, emoción intacta 30 años después. Luego viene un tributo a Patti Smith, A girl called Johnny”, que cuando la escuchas dices “c… eran the waterboys?”, y a continuación “The Three Day Man”, y “Gala”, y… en fin, un disco para redescubrir urgentemente.

Kings Of Leon – Because Of The Times

Producir el mejor garaje rock en Nashville, ciudad del country y del blues por excelencia, tiene su mérito. Hay que soportar las miradas negras y las muecas de desaprobación hasta en la sopa. Pero los hermanos Followill tuvieron un padre predicador, así que curtidos en la adversidad estaban.

La juventud de los hermanos Caleb, Nathan y Jared Followill, fue marcada por los viajes en las carreteras de todos los estados sureños, con un padre que iba predicando donde se le solicitaba. Carreteras polvorientas, calor de mil demonios, capirotes temibles, hogueras sospechosas, recuerdos para luego eh? Al fallecer el padre de la fratría, los retoños se establecen en Nashville a finales de los 90. Rápidamente montan un grupo de rock, en el que se integra un primo, Matthew, de apellido Followill cómo no. La banda utiliza los servicios de un “técnico de sonido”, un tal Christopher Followill. Otro primo. En los primeros conciertos, el reducido público son todos Followill, padres, abuelos, hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, bichoznos, tíos, tíos abuelos, tíos segundos, tíos abuelos segundos, hermanos, medio hermanos, primos carnales, primos segundos, sobrinos, sobrinos nietos, sobrinos segundos, cónyuges, concubinos, suegros, padrastros, tíos políticos, cuñados, hermanastros, primos políticos, concuñados, consuegros, yernos, nueras e hijastros.  Following the Followill.

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Sus dos primeros álbums “Youth and Young Manhood” (2003) y “Aha Shake Heartbreak” (2004) les confieren cierta fama, U2 y The Strokes les eligen de teloneros para sus giras en EEUU, y el NME llega a tachar el primer trabajo como el mejor disco de debut de la década.

No obstante la consagración viene con el tercer álbum, “Because of the Times”. El sonido del grupo ha madurado pero sigue único, tanto con la voz de Caleb (Followill, os acordais?) como con las guitarras líricas y épicas del primo. El disco abre con los 8 minutos de “Knocked up”, formidable y energizante pieza que me pongo en bucle cuando quiero despertar.

Iggy Pop – The Idiot

A Iggy Pop, icono punk-rock de los últimos 40 años, iguana coja con torso torcido -por culpa de una pierna más corta que la otra-, cara de pocos amigos, fanático del salto del ángel sobre hinchas, no se le conoce ni camiseta, ni camisa, ni chaqueta, ni ningún tipo de prenda de arriba. Apareció semidesnudo y se irá semidesnudo.  Y cuando se vaya el rock habrá perdido a medio dios y quedarán escasos pretendientes para ocupar la otra mitad.

A mediados de los 60, James Newel Österberg Jr. ya va dando saltos por todas partes, que si los Doors, que si los Stones, que si MC5 y Sonics. En el 63 monta una primera banda, The Iguanas -ya ya, de ahí…-, y luego en el 65 lanza The Psychedelic Stooges, con Ron Asheton (guitarra), su hermano Scott (batería, fallecido el 16 de marzo de 2014) y Dave Alexander (bajo). El sonido es increíblemente novedoso, algunos dirán que simplemente muy alto, en todo caso revoluciona el Michigan y pronto el resto del país.

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En 72 conoce a David -la otra mitad- Bowie. Flechazo inmediato, el consumo mundial de heroína se dispara, y The Stooges se tambalean. Desaparece Dave Alexander, a punto está Iggy Pop de hacer lo mismo,  pero Bowie vela. Le lleva a curas de desintoxicación, de gira (Station to Station Tour), y a Berlín para reponer fuerzas -es un decir-. Allí es donde Iggy saca su primer álbum solo, The Idiot.

En este disco a Bowie ya sólo le falta hacer el café. Produce, escribe, compone, toca, canta (coros), saxofonea, sintetiza, xilofonea, pero la marca es indudablemente la de Iggy Pop, con su voz de ultra tumba.  Tenebroso, oscuro,  influenciado por el Krautrock e iluminado por las drogas, Iggy Pop saca lo que se considera su mejor álbum.

Nightclubbing, Sister Midnight, Funtime, todas en el altar. Y China Girl -que Bowie volverá a interpretar 6 años después en su disco Let’s Dance-, alcanza el grial, rock’n’roll for ever…

 

 

Paul Weller – Wake Up The Nation

Si el rock no ha muerto todavía es porque algunos artistas no se cansan de insuflarle vida, con boca a boca, respiración artificial y masaje cardiaco,  como si se jugasen su propia vida en ello.  Paul Weller es un o de ellos. Desde The Jam allá por el 1977, hasta Sonic Kicks, último trabajo del maestro editado en solo en 2012, Paul Weller se ha ganado el respeto de todo UK (aunque fuera de las fronteras del reino unido no goza de tanta fama) por ser fiel a si mismo y a cierta idea del rock.

Paul Weller y su primera banda, The Jam, da sus primeros conciertos en UK en 1977, en plena efervescencia punk. No se les sitúa con facilidad en el espectro del momento, mitad punk, mitad new wave, tocan con la misma energía pero con trajes y corbata negra. Se les asocia con el renacimiento del movimiento mods, aunque su primer gran golpe lo dan como teloneros de The Clash en la gira White Riot en 1977. El grupo conoce la gloria en 1980 con la canción “Going underground”, #1 en los charts británicos.

Pero Paul Weller no se conforma con ser una estrella. Quiere explorar nuevos horizontes musicales y se separa de The Jam en 82.  Al año siguiente monta una nueva banda con estilos muy distintos, mezclando jazz, pop, soul y ritmos más bailables.  The Style Council lidera un movimiento pop jazz con otros artistas como Matt Bianco, Sade, Everything but The Girl. Cuando finiquita esta segunda aventura, Paul Weller está en la cima. Pero siente la necesidad de pasar a otra cosa.

Wake

Después de quedar en la sombra algunos años, retoma una carrera en solitario a mediados de los 90, sacando en 20 años más de 10 álbumes, algunos de los cuales permanecen en el UK como referentes, con clase y compromiso. El décimo de la serie es Wake Up the Nation, indudablemente el disco más rock de la trayectoria en solitario de Paul Weller. Rock como no se hacía desde décadas atrás. Nominado a los Mercury Music Prizes el año de su lanzamiento (2010),  es el primer trabajo de Weller en contar con un ex The Jam (Bruce Foxton) desde 1982. Un disco soberbio, con una energía envidiable.

Fast car / slow traffic, mi canción preferida de 2010.

 

 

The Who – My Generation

1964, Inglaterra está aburrida,  adormecida por los sonidos pop melosos de los Beatles. De vez en cuando despierta, mirando horrorizada como unos alegres energúmenos montan batallas campales en Brighton, a orillas de las soleadas playas inglesas (soleadas 5 días al año, 22 grados los días de sofoco). Mods contra rockeros, UK contra USA, parka contra chupa de cuero, Vespa contra Norton, The Who contra The King, vida vs vida.

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Aquel año The Who, procedente de Londres, irrumpe en la escena musical inglesa (es decir, mundial), con una tremenda vitalidad y ganas de romperlo todo. De hecho durante años se les conocerá entre otras por romper buena parte de sus instrumentos al final de cada actuación.

Los 4 locos de London vs los 4 sosos de Liverpool, la clase vs la masa, el momento vs el planteamiento, la revuelta vs el establishment, la rabia vs el bostezo, My generation vs Love me do.

My Generation, la rebelión juvenil que cuece tiene por fin su canción, primer himno rock de toda la música popular, precursora 12 años antes del movimiento punk. La revista Rolling Stone la clasificará 30 años después en el puesto 11 de las mejores canciones de todos los tiempos. Tenía que estar en el top 5…

“I hope I die before I get old”, dice en ella Pete Townshend. Keith Moon se lo tomará al pie de la letra, desapareciendo a los 32 años, cuando el Pete está como una rosa con 68 años. Era una broma Keith…

Arcade Fire – Funeral

Canadá, sus nobles renos, sus orgullosos leñadores, sus auténticas camisas de cuadros, sus delgadas canoas, sus interminables bosques, sus nevadas campiñas, su barbuda policía montada y su apestoso jarabe de arce. Y desde 2005 su arrolladora banda rock indie (ayyy) de masas, hija predilecta de pichtfork y los críticos guays, Arcade Fire, que permitió a Canadá existir por otra cosa que paisajes bucólicos. Aunque con 25 grados bajo cero.

Funeral

Funeral, el primer álbum de la banda, es impecable, probablemente el mejor disco de rock de la primera década del siglo XXI. Epico, barroco, alternativo, original, grandiosa mezcla de una infinidad de instrumentos, incluyendo acordeón, batería, xilófono, zanfona, viola, órgano y cosas menos raras como guitarras y bajo.

Y dirás tú, what the fuck es una zanfona? Aunque no venga a cuento, resolvamos tus dudas. Según la wiki, “la zanfona se asemeja a un violín mecánico en el que varias cuerdas vibran por la fricción de una rueda enresinada (situada en la caja de resonancia del instrumento) que gira gracias a un manillar”. Y resulta que la Régine Chassagne, co-fundadora del grupo con su marido Win Butler, toca la zanfona como nadie. Hay que ver.

En fin, a lo que íbamos, Funeral es un disco enorme, grandioso. Tiene esa energía casi lírica y sinfónica que lo hace único. Hay algo de urgencia en las canciones, la voz de Win Butler suena a alarma, toca a rebato, y nosotros hipnotizados, que no pasa nada, nos podemos morir ya.

Luego vendrían otros dos álbumes, pero la magia ya no funcionaría igual. El tercero –The Suburbs- sale en 2010 envuelto en una doble polémica, un precio de venta a 4$ en EEUU y la negativa del grupo a que se pueda escuchar en los sitios legales de música en streaming de todo el planeta.

[Bueno, desde que escribí este post, salió un cuarto álbum, Reflektor, en octubre del año pasado. Le sigue pasando lo mismo que a los dos anteriores, es bueno, pero la magia se ha ido.]

 

 

Pink Floyd – Wish You Were Here

Estos hippies… Más vagos! Sacan un álbum con tan solo cuatro canciones -la quinta es la segunda parte de la primera- y se incendian las tiendas de discos de medio mundo. Para el lanzamiento se imprimieron 250M copias en UK y 900M en EEUU. Nunca antes se había anticipando tanto en números para un estreno. No se equivocaron las cabezas pensantes de la discográfica -que sí, que los hay-, en total se vendieron trece millones de discos de Wish You Were Here. Una auténtica joya, una obra asombrosa y eterna.

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Ya sin Syd Barrett -este les hizo una visita durante la grabación pero nadie le reconoció por lo gordo que se había puesto-, David Gilmour y Roger Waters aprovecharon su ausencia para meterse con él en Shine on you crazy diamond, por sus problemas mentales derivados del consumo abusivo de drogas -con lo bueno que es la leche de soja-. Remember when you were young, you shone like the sun y otras lindezas del estilo, pobre Syd, se cuenta que nadie más del grupo le vio hasta su muerte en 2006.

También le dan un repaso a la industria musical –Welcome to the Machine y Have a Cigar– por su avaricia y el foco sólo puesto en el éxito. Criticando en público, cerrando un buen contrato en privado, con esa dualidad los Pink Floyd venderán la friolera de 300 millones de discos en el mundo en 40 años.

Wish you were here es el disco preferido de la banda y el disco de Pink Floyd preferido por la critica. Y los 25’22” de Shine on you crazy diamond -la duración total de la canción superaba la capacidad de una cara de vinilo, por ello se tuvo que partir en dos- son… míticos. Fabuloso tema.