Post número 334. Es decir, estoy cumpliendo de momento con un tercio de este reto tonto que me estoy imponiendo desde el pasado 7 de febrero de 2013: publicar diariamente una pequeña reseña sobre un disco. Anda que no tengo otras cosas que hacer, seré imbécil? Hoy para aliviar la tarea, me lo voy a poner fácil aprovechando el obituario del gremio. A ver, claro que iban a estar algún día los Everly Brothers en los 1.000 del blog, es sólo que la muerte de un de los dos miembros ha acelerado su publicación.
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Hazel O’Connor – Breaking Glass
Hoy toca una olvidada aunque digna one hit wonder, rubia para más inri. Lo intentó todo, se agarró, dio pataletas, pero no pudo ser, Hazel O’Connor fue, es y será siempre la de un único éxito, el tema Will You. Esta canción forma parte de la BSO de Breaking Glass, una película “musical” de principios de 1980, casi involuntariamente hecha a medida, ya que cuenta el ascenso y la caída de una cantante punk rock, con todo lo que conlleva de excesos, extravagancias, peleas con la discográfica y errores garrafales en determinadas elecciones. Sigue leyendo
The Boomtown Rats – I Don’t Like Mondays
The Boomtown Rats, o lo que es lo mismo, su alma máter, Bob Geldof. Empezó rabioso y terminó meloso. Nació en un entorno más que humilde –Irlanda, tierra áspera, ruda y hosca pero cuna de grandes figuras de la literatura y la cultura y de borracheras saludables-, terminó con un melón enorme como activista incansable, defensor de causas nobles, a la vez que empresario exitoso en el sector de los medios TV y la informática. Un pelín irritante, aunque entiendo que uno no vive del agua de lluvia, y que es muy fácil criticar cuando –hablo por mi- uno se limita a una aportación anual a la Cruz Roja y a la Wikipedia –yaaaa, ¿y qué?-, y a otras más puntuales a otros iniciativas socialmente comprometidas.
Robert Frederick Zenon Geldof. Es curioso como a veces cuando uno no tiene nada, le transmite a sus retoños una serie de nombres para parecer descendientes directos de la más poderosa dinastía industrial y burguesa de algún estado improbable, EEUU por ejemplo. Total, al rato ya le llamaban Bob. Padre vendedor ambulante, madre fallecida cuando tenía siete años, mal alumno, nieto de un cocinero belga y de una judía londinense, Bob Geldof se buscó la vida desde muy joven. Fue matador de reses en un matadero, peón de carreteras y envasador de guisantes. Desembarcó un día en Canadá, y allí –la suerte no lo es siempre todo- encontró un pequeño job como critico musical en una publicación semanal de Vancouver, Georgia Straight. En 1975 vuelve a Irlanda, y ahí baja al underground de Dublín para montar su propio grupo, con otros cinco músicos, todos oriondos de Dún Laoghaire, ciudad natal de Bob. Para su primer concierto, se subieron al escenario como The Nighlife Thugs –algo así como los matones de la vida nocturna- pero para los siguientes tuvieron que cambiar, ante las amenazas de abandono por parte de algún miembro de mantenerse el nombre. Así nació The Boomtown Rats –Las Ratas de la ciudad con rápido crecimiento, francamente no sé dónde está la mejora-. Sale un primer single, Looking After Number One, tema punk del bueno, rabioso pero bien tocado. Estamos en agosto del 77, un sol radiante inunda Dublín durante 14 minutos y la temperatura se acerca peligrosamente a los veinte grados. Desbordados por una repentina alegría, la banda se marcha a Londres.
Después de un primer álbum bien recibido, homónimo, publican rápidamente un segundo, A Tonic For The Troops, con un sonido menos punk y más new wave y una de las portadas más emblemáticas de esta época. Contiene el primer hit del grupo, Rat Trap, de noviembre de 1978. Sube hasta el #1 de los charts ingleses desbancando a la canción Summer Nights, de John Travolta –cienciólogo de los c…- y Olivia Newton John. Sigue una gira por UK que Billboard calificó como la tercera gira más grande después de la de Queen y ELO. En 1979 le toca el turno a un tercer disco –seguirán otros tres-, The Fine Art of Surfacing, que les consagra como una de las mejores bandas rock de finales de los 70’s. Se sigue suavizando el sonido, las canciones son más pop rock, como en el mega hit I Don’t Like Mondays. La canción se vio envuelta en una agria polémica, por estar basada en un hecho real, la historia de Brenda Ann Spencer, que con tan sólo dieciséis años, provocó un tiroteo en su colegio en los US, llegando a matar a dos adultos e hiriendo a muchos niños, y que declaró, al arrestarle, que los lunes se aburría –la chiquilla en cuestión sigue en la cárcel, se le han denegado cuatro peticiones de puesta en libertad anticipada, habiéndose programado la próxima audiencia para 2019-.
En 1981, Bob Geldof se adentra por primera vez en su segunda vida, la dedicada a las grandes causas humanitarias, participando en un concierto organizado en 1981 por Amnesty International, dirigido por John Cleese, de los Monthy Python y rodado por Julien Temple. Tocaron aquel día Sting, Bob Geldog, Eric Clapton, Phil Colins y Midge Ure –Ultravox-. Tres años más tarde, viendo un reportaje en la BBC sobre la hambruna que azotaba Etiopia, decide moverse y crear una canción con un par de amigos para recaudar fondos. Lo que estaba lejos de imaginar aquella noche es la importancia que adquiriera su decisión. Primero con la iniciativa Band Aid y la canción Do They Know It’s Christmas, con su amigo Midge Ure, del que vendieron tres millones de copias sólo en UK, convirtiéndose el single en el más vendido de la historia en este país. Como los yankees no podían quedarse atrás, basándose en el Band Aid, lanzaron el Live Aid y el tema We are the World. En 1985, se realizaron unos macro conciertos en Wembley y en Filadelfia para unificar ambas corrientes y la recaudación, que se estimó llegó a más de 250 millones de dólares.
A partir de ahí, Bob Geldof siempre estuvo al acecho, conocido como el activista del gran corazón, en especial luchando sin parar contra el G8 para resolver el nivel de endeudamiento de los países pobres, cuyas finanzas no dan ni para pagar los intereses que les impide salir de la miseria. No le echemos la piedra a Bob Geldof por posibles errores, ha hecho mucho más que otro colega irlandés suyo, aunque sin salir casi nunca en la foto en cenas benéficas abrazado con los poderosos del planeta.
Escucha los temas más famosos de The Boomtown Rats
Tom Petty & The Heartbreakers – Damn The Torpedoes
Tom Petty y sus rompedores de corazones. Cuarenta años de carrera como fiel defensor de un rock americano básico y eficaz, eterno segundón de Springsteen y peleando con John Mellencamp para estar en la foto abrazado al Jefe, derechohabiente de uno de los peores cortes de pelo de la historia del rock –ahora encima se ha dejado la barba y se parece a Chuck Norris-. Me mofo me mofo, pero el Tout Petty –algo así como el chiquitín en francés- ha vendido sesenta millones de discos a lo largo de su carrera, otorgándole un pequeño sitio, encima de la chimenea, donde se amontonan las estatuas de los músicos con entrada en el Rock’n’Roll Hall of Fame.
Tom Petty es oriondo de un lugar en los US donde el rock no era el bienvenido, Gainesville, entre la Florida y el Alabama, tierra a finales de los cincuenta de autos de fe de los discos de dios Presley. Sin embargo el rock no necesitaba invitación de nadie para salvar las almas presas de la necedad de algunos, así es como el mismísimo King of the Kings vino a rodar la película Follow That Dream, en 1962, en la ciudad donde un joven Tom Petty de once años se aburría como una ostra. El lo narra así “un tío mío trabajaba para el cine, vendía proyectores y otros equipos y se vio involucrado en el rodaje. Un día mágico, vino a buscarme y a mi amigo preguntándonos si queríamos ir a ver a Presley y mi reacción fue de pensar, incrédulo, Hay alguien así por aquí, y fuimos allí, la gente estaba loca, nunca había visto a tanta gente, llegó dios con su desfile de cadillacs blancos, se nos acercó y nos saludó, mi amigo y yo nos sentimos grandes, tan grandes y…”. A mi me pasa esto y en este momento se me va la voz y me echo a llorar, seguro. A partir de ahí, Tom Petty decidió que el rock sería su vida. Con catorce años monta un primer grupo, The Sundowners, y luego otro llamado The Epics y luego un tercero, Mudcrutch, con el que conoce a Mike Campbell y Benmont Trench. No les va mal, algunos meses gana más dinero que su propio padre, cosa que años más tarde le pareció de lo más indecente. En 1974 la banda decide marcharse a California a probar suerte, pero después de un primer single sin éxito, Depot Street, se separan.
Poco después, Tom Petty se incorpora al grupo Dwight Twilley Band, con el que firma un contrato con una discográfica. A principios de 1976, llama de nuevo a sus dos ex compañeros Campbell y Trench, más otros dos músicos de Gainesville. Graban algunas demos que gustan al sello, cambian de nombre por el de Tom Petty & The Heartbreakers, y publican su primer álbum, homónimo. Cuando sale pasa una cosa curiosa, en los US el álbum es un fracaso, mientras que en UK la crítica es muy buena; deciden irse de gira por Inglaterra, donde el disco entra en el top 20. Al volver a su país, logran hacer de telonero en los conciertos de Blondie, y por fin parece que el público reacciona, el sello relanza la promoción y el single Breakdown entra en 1978 en los charts, más o menos cuando lanzan un segundo álbum, You’re Gonna Get It. El azar de la cronología hace que ambos discos se encuentran incluidos en el top álbum al mismo tiempo. Venden cientos de miles de ejemplares y se convierten en los nuevos rockeros –siempre y cuando el Boss no ande por ahí-.
Después de un largo pleito con MCA –es legendaria la mala leche de Tom Petty- que acababa de comprar el sello editor de los Heartbreakers, ambas partes acuerdan la creación de un sello especial para ellos, que saca el tercer disco del grupo, Damn The Torpedoes, con los singles Refugee y Don’t Do Me Like That. Este álbum se convierte en el mayor éxito de la banda, con más de tres millones de ejemplares vendidos sólo en los US. Posteriormente saldrán más discos, siempre buenos, raras veces decepcionantes, con la misma receta: rock de la costa oeste enérgico y sencillo, eficaz. En 1988, es llamado para formar parte el súper grupo The Travelling Wilburys, con nada menos que Bob Dylan, Roy Orbison, George Harrison y Jeff Lyne (ELO).
Tom tout Petty el grande.
Escucha algunos de los mejores temas de Tom Petty & The Heartbreakers
Mikhael Paskalev – I Spy
Tiene un apellido de delantero del Spartak de Moscú, unos bigotes a lo Clarck Gable, un estilo pop descosido saludable, un slip limpio. Por lo menos eso parece, en su primer vídeo que ya suma millón y medio de visionados –hechos por una mayoría apabullante de chicas-, en el que reinterpreta a su manera la genial escena de la película Risky Business, con un Tom Cruise bailarín liberado durante un fin de semana de la presencia agobiante de sus padres. Con una única diferencia, en el vídeo de I Spy, Mikhael Paskalev no duda ni 20 segundos en destrozar su piso al son de una canción pop euforizante. La última buena sorpresa de 2013, si bien la canción es del año pasado.
Mikhael Paskalev no es ruso, sino noruego de origen búlgaro. Maridaje sorprendente entre el cachas alto y rubio de los habitantes de Sofía y la tez morena de los pequeños fornidos de Oslo. Escandinavia lleva una década inundando Europa con un montón de artistas de muchos estilos, con mucho talento y creatividad. Al frente de esta simpática invasión, podrían darle sin problema la bandera a Paskalev. Su propuesta musical es de lo más refrescante, y eso que en diciembre en Oslo, no te quiero ni contar. Dice que de pequeño escuchaba Art Garfunkel y John Lennon. Será para llegar a definir con exactitud la música que NO quería hacer. Y le está yendo muy bien, la alegría de sus temas es contagiosa, donde se produce consigue el lleno total tanto en asistentes como en aprobación con sonrisa de oreja a oreja.
Sacó primero la canción I Spy, con un vídeo viral que le aseguró una gran visibilidad nada más estrenarse, en Noruega, en 2012 –y que le valió el Premio al mejor artista novel en su país-. Realizado por André Chocron, el nuevo realizador de moda en Noruega –no, de franchute no tiene más que el patronímico-, el vídeo clip rodado en blanco y negro, con algunos efectivos visuales muy llamativos, es una gozada de pop energizante. Siguió pocos meses después el tema Jive Babe. Es menos ligero, más rock, el vídeo tiene un ambiente un poco raro, pero de nuevo arrasa en Noruega y en buena parte de Europa durante todo el año pasado. Al final sacó un álbum, What’s Life Without Losers –qué sería la vida sin los perdedores- en febrero de 2013, pero hasta España le cuesta llegar. Dicen que está preparando un segundo disco para abril 2014, seguro que le vemos desembarcar con su tropa explosiva en concierto por España.
Apunta su pop un pelín rústica, va a triunfar. De momento escucha I Spy, sube el volumen, luego zumito y a misa.
Escucha la pop euforizante de Mikhael Paskalev
Jagwar Ma – Howlin
Yastamos. Sé que algunos se alegran -y eso que no hablo de los más pequeños-. Lejos de mi decir que estas fiestas que vienen son un coñazo nefastas, a estas alturas del mes, ya nadie me va a prestar atención. Me conformo con contar los días hasta el siete de enero. Entiendo que cada cual le asocie los sentimientos que quiera, por obligación, por norma, por tradición, por gusto, porque tu empresa te ha dado vacaciones, porque te lo reclama el pequeño, porque lo pone el calendario. Pero cuando estás liberado de todo esto, dices, para qué c… esperar estas fechas para caer en la exaltación de la amistad y el amor y escuchar sonoros “Suegra, te quiero”, cuando podría ocurrir …. Vale, la suegra es un mal ejemplo. Mejor miremos a Jagwar Ma, aunque sea con varias copas de Freixenet oro. Noel Gallagher –los más pequeños dirán, WTF is this chicken, yo no me enfadaré porque no es nadie importante- lo bramó tan efusivo como siempre: “El porvenir de la Galaxia está en manos de Jagwar Ma”. Luego le dieron un soplamocos navideño y volvió a dormir la mona.
Jagwar Ma realmente no necesitaba a este padrino. Primero porque le puede pasar lo que a muchos deportistas jóvenes, que de repente ven como van arrastrando a un país entero deseoso de más victorias y hazañas y records y medallas e himnos, aunque no tengan ni idea del deporte en cuestión. “Ah, no puede chutar la bola con el pie?”, “Coño, si la bola es de acero y pesa siete kilos”. Segundo porque, sinceramente, si yo fuera un artista novel, trataría de no cruzarme con Noel Gallager. Ah, también han tenido más padrinos, como Johnny Marr. No tengo nada contra este último, pero su largo contacto con Morrissey ya me hace dudar. Y Foals, que se les llevó de gira en su último Tour por UK. Foals sí que es digno, por mi que pueden apadrinar a quien quieran sin levantar la sospecha. Quienes son Jagwar Ma?
Un personaje de la Guerra de las Galaxias con puré en la boca? No, son australianos –si a estas alturas piensas que es lo mismo es que has caído más bajo que yo-. Gabriel Winterfield, canto y guitarra, y Jono Ma, guitarra, teclado y programación, forman Jagwar Ma en 2011 en Sidney, después de pasar por múltiples bandas, de pop, de rock, de krautrock, de … cosas, vamos. La wiki del dúo tiene cierto tono entusiasta, se ve que la ha redactado un amigo –ellos?- y que se contiene para no ponerlos en el altar ya directamente, cosa que no le gusta a la wiki si el altar ya está lleno con tres generaciones de músicos con pedigrí y derecho vitalicio a acampar ahí.
En 2012 sacan un primer single, Come Save Me. Es música ochentera como la que se hacía en Manchester en los ochenta y que se llegó a conocer como Madchester. Happy Monday, Stone Roses, con algo de Chemical Brothers, en mucho más suave. Y sonidos Beach Boys. El grupo enciende pasiones, más que nada porque muchos de los periodistas/bloggeros de hoy crecieron con esta música, si me apuro, un pelín sin sabor si no lo controlas un poco. En junio de 2013 sacan su primer álbum, Howlin –aullando-. Es pop surf energizante bien hecha, muy australiana. Perfecta para estas fiestas, bailar, conducir, tomar copas, mirar chicas, cagarte en los muertos de algún ministro que se está luciendo con su ley del aborto –ya tendrá su post, en breve-. Sin embargo, Jagwar Ma, apuesto 5 dólares australianos que en 2014 ya no estarán por aquí.
Escucha algunos singles de howlin, de Jagwar Ma
Killing Joke – Night Time
Con veintidós años, Janis Joplin (ver post de ante ayer) estuvo un añito alejada de los excesos de una vida que casi la lleva una primera vez a la muerte. Después de ser literalmente mandada de vuelta a casa por sus amigos, pasó unos cuantos meses recuperándose con sus padres. Ays, mamas sólo hay una… Incluso contempló la posibilidad de casarse, tan pancha. Del casi futuro marido no se sabe nada. Las edades no coinciden, sin embargo todo apunta a Jaz Coleman, cantante de Killing Joke, el pendiente masculino de la Janis, por el atractivo. Buf, por dios qué feo era este tipo. En Halloween en los chinos cuelgan cientos de disfraces de Jaz Coleman. A su lado hasta Marty Feldman parece un metro sexual.
Además de cero agraciado, arrastra un carácter que, vamos, parece una chica –la ventaja de soltar estas cosas es que como mínimo la mitad de la audiencia de este blog asiente con la cabeza, en silencio, para que la parienta no pregunte por qué se está riendo-. Ya ya, lo sé, me estoy alejando. Jaz Coleman, decía yo, tiene mala leche. Y además no anda del todo fino. Después de sacar su quinto álbum, Night Time, el disco que les llevó a conocer bastante fama en 1985, declaró: “Estoy muy emocionado por la década de los 80, se trata de uno de los períodos más fascinantes de la historia, ya que habrá cambios profundos. Creo en un mundo futuro, no soy un nihilista. Cosas locas van a suceder, las mutaciones grandes surgirán. Y la naturaleza se convertirá en súper-naturaleza, donde sólo el 20% de la población mundial va a sobrevivir porque nadie está preparado, entonces habrá un nuevo mundo salvaje. Las imágenes de este mundo son los que se ven cuando escuchas a Killing Joke”. Sí Jaz, cosas locas han sucedido, pero no exactamente las que pensabas. Somos un 100% más que en 1985 y estamos súper preparados para convertir la naturaleza en un súper-cubo de la basura.
Las intenciones eran buenas. Se conocieron, él y Paul Ferguson en la cola del INEM inglés, en 78, en plena ola punk. Se unieron para montar un grupo de rock, Killing Joke, para recoger el testigo después de los Sex Pistols. Desde el principio lo pusieron claro, describieron la música que hacían como “the sound of the earth vomiting”, algo así como el sonido que la tierra haría vomitando. Con otros dos músicos, sacaron rápidamente un primer single, Turn To Red, en 1980, que les permitió llamar la atención de John Peel –este sí que era un jodido gurú atrevido, agudo, lúcido e intuitivo- y de Island Records, que les hizo firmar un contrato de distribución. Killing Joke, su primer álbum, proponía un universo musical saturado, con sonidos electrónicos, percusiones tribales, bajos sincopados y una tremenda guitarra. En los primeros conciertos, Jaz Coleman se subía al escenario con la cara pintada, aullando y anunciando a los que le querían escuchar –básicamente los que habían pagado, los demás pasarían- que el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina. Ays Jaz, que tomabas?
Antes de serlo por su música, se hicieron famosos por el cartel de una gira por UK, muy al principio de los 80’s, en el que se veía al Papa bendecir al ejército nazi, logrando que algunas salas cancelasen actuaciones previstas. Luego siguió un periodo confuso, durante el que sacaron tres discos más, sin lograr despegar nunca. Se disolvió el grupo, se volvió a formar, desapareció Jaz Coleman una primera vez –digo una primera vez porque lo volvió a hacer en 2012, le terminaron encontrando en el Sahara donde se había refugiado para escribir y pensar, posiblemente sobre el fin del mundo-. Hasta que en 1984, se marchó el grupo a Berlin a grabar un nuevo disco, el quinto, de la mano de Chris Kimsey. Este último acababa de pasar varios años trabajando con los Rolling Stones, en tres discos seguidos, Emotional Rescue, Tattoo You y Undercover. Todo menos un mindundis. Y como buen productor avispado, hizo de Killing Joke los reyes del punk rock bailable durante algunos meses, con el álbum Night Time. Más comercial que los trabajos anteriores de la banda, no renunció a su rabia y su sonido tan particular. Del disco se sacaron tres singles, siendo los dos primeros una mera rampa de lanzamiento –sin desmerecer- para Love like Blood, uno de los enormes éxitos rock del año 1985 en toda Europa, por no decir de todos los 80’s. La recuerdo como si fuera ayer, buf lo que me gustaba esta canción. Sólo con escuchar los tres primeros segundos de guitarra y ya tengo otra vez veinte años. Por ahí. Eso es música. Rock’n’Roll. Jaz, guapo, gracias.
Escucha los tres singles del álbum Night Time, de Killing Joke




