John Grant – Pale Green Ghosts

John Grant se parece a Abraham Lincoln. Es tremendo el parecido, la barba, los ojos negros, la mirada severa, casi furibunda. ¿Y qué?, dices tú… Y yo qué sé, de alguna forma tenía que empezar esta entrada sobre este músico medio oso –podría ser hermano de Matthew E. White-. Es sólo eso, me llama poderosamente la atención el parecido físico entre este presidente icónico de los EEUU y John Grant. ¿Que si le sirve esta curiosidad en su carrera? Lo dudo, por ejemplo yo me parezco a un tomate verde y quitando alguna simpatía horticultora, cero patato.

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Pretenders – Pretenders

Tan inocente iba yo a escribir «La Puta Amo del Rock», pero ante la duda, consulté con mi principal asesora lingüística, que puso los gritos en el cielo. Me dijo que Tarantino, que se había inventado la expresión El Puto Amo, no se había pensado ninguna declinación femenina –o algo así, pero como no me gusta este director, no me enteré muy bien-. Añadió que para referirse a una mujer, lo más fácil era decir La Reina de. Ya, es que mi asesora lingüística es muy purista y tiquismiquis. Como en francés incorporamos palabras inglesas con más facilidad, pregunté si podía decir The Fucking Queen. Dijo que sí, por ser yo, pero que no había que abusar de las palabras malsonantes. A lo que contesté que no es malsonante, es la palabra rock por excelencia. Tan metida en la semántica de la frase, ni me preguntó de quien iba a decir que era The Fucking Queen del Rock.

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Téléphone – Téléphone

Téléphone, o cómo hacer historia tocando rock en un país negado para ello. En 1977, al punk rock ingles le cuesta un bollock hacerse un hueco y encontrar público en Francia. Como para pensar en producir algo parecido desde París. Aún así algunos grupos lo intentan, como Bijou, Stinky Toys o Asphalt Jungle, todas bandas valiosas que sin embargo se estrellan unas tras otras. No es que el público francés fuera más paleto –aunque no descartemos ninguna opción-, es sólo que desde el principio asumió que de Francia no vendría nunca la salvación ni nada parecido a lo que se escuchaba a orillas del Támesis –lo sé, la típica expresión de bloggero exhausto-.

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Van Halen – Jump

Será por la edad que tengo, pero creo que no ha habido otra década que la de los 80’s, para dejar para la posteridad lo mejor y lo peor de la música popular. Lo más curioso es que treinta años después, la valoración que uno hace de algunas canciones emblemáticas de la época, es justo la contraria a la que uno hacía cuando tocaba irse a la cama a las siete de la mañana, sin haberse apenas despeinado -acuérdate, los pedos provocaban risas tontas, no consternación ripipi-. Qué cambios…

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Parquet Courts – Sunbathing Animals

Mi ilustrísima. Mi excelentísima. Mi Magnificencia. Ana. Anita de mi corazón. Mi frasquito de amor. Mírame a los ojos y contéstame: ¿cuándo c… vas a dejar de decir necedades? Es que lo tuyo no tiene remedio. Ayer me enteré de que estaba peligrando el Palacio de la Música, ubicado en el nº 35 de la Gran Vía madrileña, porque hace un año estabas estudiando la posibilidad de cambiar el uso del suelo, de cultural a urbanístico. Y así dar luz verde a la venta del edificio a una gran marca de ropa –ver aquí la petición que puedes firmar en www.change.org-. No tengo nada contra estas compañías, no voy por la calle en bolas –ya sé que te gustaría mi ilustrísima- pero argumentar que así se creará empleo, es de ciencia ficción. A ver cómo te lo digo, anita, como mucho se crearán en Madrid los empleos que tu ayuntamiento destruye sistemáticamente al ningunear la cultura.

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Varios – Mosquito

¡2048! Por fin lo conseguí. Fiouck, you are the milk. ¿Cuánto llevaba intentándolo, tropezando una y otra vez con el pobre 1024? Buf, varios meses, desde que me instalé este diabólico juego para móviles. Le hice una captura de pantalla al “You won” para mandarlo vía whatsapp a mi hija, que hace un mes hizo un 4096 y empezaba a dudar seriamente de las capacidades cognitivas de su padre. Me contestó varias horas después, con un lacónico “Se puede saber lo que hacías jugando al 2048 a las 4h12 de la madrugada?”. Ah ya, cierto. No son horas, fue todo culpa de un representante del orden de los dípteros, suborden de los nematóceros, familia de los culícidos. Un mosquito joputa vamos, y cobarde. Sólo atacaba en la oscuridad, en cuanto encendía la luz, se escondía, tan pancho. Imposible localizarle. Creo que sobre las 5h tiré la toalla, después de esperar un último rato a que se manifestara. Esta mañana lo descubrí aplastado en la sábana, espatarrado. Le daría un soplamocos letal sin saberlo. No sabes cuánto me alegré.

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The Day The Music Died

Imagina que Rihanna, Miley Cyrus y Beyoncé –me han dicho que Lady Solomillo ya no cuenta, esto sí que me ha descuadrado- encuentren mañana la muerte en un accidente de avión. Calla calla, no está bien alegrarse de estas cosas. Sería algo así como un terremoto en el panorama del entertainment musical. Millones de niñas –y no tan niñas, ¿verdad?- no encontrarían consuelo alguno durante semanas. La prensa amarilla, rosa o del color que sea, se llenaría de anécdotas sobre el vuelo, el avión, las circunstancias que les llevaron a coger el vuelo, detalles mil millones de veces repetidos y deformados en las redes sociales. Pues algo así sucedió el tres de febrero de 1959, cuando Richie Valens, Buddy Holly y The Big Bopper fallecieron cuando se estrelló el pequeño avión en el que viajaban rumbo a la gloria.

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