Dave Stewart & The Spiritual Cowboys

Todos los días que dios Elvis hace, compruebo que el post ha salido correctamente, no vaya a ser que me mate escribiéndolo, para que luego se quede en el limbo de WordPress. En el de esta mañana, Play it again Moby, como entrada relacionada salía la de Annie Lenox de relacionado, escrita hace siglos. Al releerla, me di cuenta de que mencionaba a Dave Stewart -el músico que le hizo grande a la cantante de Eurythmics-, prometiendo dedicarle un post a este pedazo de guitarrista, cantante, arreglista y productor, aunque pésimo conductor. Aproveché para re-escuchar su primer disco en solitario, qué gran álbum. Venga Dave, ahí vamos.

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Til Tuesday – Welcome Home

Ayer, el blog recibió una visita de uno que buscaba en google “magnolia escena canción aimee maan minuto save me”. Al igual que muchos, se equivocó, realmente no buscaba Save Me, sino Wise Up. Ambas canciones, interpretadas por Aimee Mann –con dos n y una sola a- figuran en la BSO de Magnolia, de Paul Thomas Anderson. Ambas son magníficas, nada que decir, a la altura de esta sublime película.

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Sam The Sham & The Pharaohs – Wooly bully

Con un poquito de retraso sobre el resto del mundo, acabo de ver íntegro el vídeo de Happy, de Pharrell Williams. Habría que ser imbécil para no reconocer que es una canción genial. Yo soy un cretino, pero no un imbécil –hay un matiz-. Es la canción perfecta, con una alegría terriblemente contagiosa que pone a todo el mundo de acuerdo, lleves cresta o pelo largo, chanclas o botas, camiseta o corbata, Schott o chándal. La canción universal. Como lo fue hace pocos años I Got A Feeling de Black Eyed Peas. Y como lo fue hace casi 40 años Wooly Bully, de Sam The Sham & The Pharaohs.

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Sleaford Mods – Divide And Exit

Antes de dos años, habrá una revuelta social en UK”.

No lo digo yo. No lo dice un independista escocés. No lo dice Paul Church en su versión inglesa –George Galloway, líder del partido Respect, aunque él aspire a ello-. No lo dice ningún informe secreto de la CIA o del FMI –en realidad igual hay un montón de ellos, pero al ser secretos, pues como que no-. No, lo anuncia tranquilamente un amigo mío, banquero, ejecutivo en una de las grandes entidades financieras españolas. Lo dice muy convencido, cual pitonisa socióloga. Tan seguro está, que ha aceptado que su banco le traslade a Londres en este verano, para así presenciarlo en directo.

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Billy Idol – Dancing With Myself

Billy Idol hizo cuanto pudo para figurar en los manuales que recogen aquellos geniales años 76/77 y la ola punk efímera. Pero los criterios de acceso eran drásticos. Había que ser o los más chalados, rabiosos e irreverentes (Sex Pistols) o los más comprometidos y mejores músicos (Clash). Billy lo intentó, se hizo seguidor de ambas bandas, montó su propio grupo –Generation X-, pero al final no cumplió nunca con ninguna de las normas. Cuando vio que no había sitio para él, se zampó la última lata de sardinas y tomó su decisión: se ducharía y lavaría el pelo, se cortaría las uñas, se pondría gayumbos dignos y ropa limpia, y se dedicaría a hacer pop music.

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Rival Sons – Great Western Valkyrie

El “revival” está muy de moda últimamente. Cantidad de grupos de hoy viven del legado de músicos que bien podrían ser sus abuelos. No es una critica, en el fondo mientras se inspiren de los 60 y 70’s, es complicado que no salga buena música. La guinda la pone Pink Floyd, que le da al auto-revival, después de anunciar ayer un nuevo disco veinte años después –Division Bell, 1994-. Claro que sin Syd Barrett, ni Roger Waters, ni Richard Wright, con tan sólo David Gilmour. ¿Se puede seguir llamando Pink Floyd cuando sólo queda una cuarta parte de la banda que hizo estremecernos con Shine On You Crazy Diamond o The Great Gig In The Sky –por mencionar sólo dos-? No hablo del nombre del grupo, qué más da, sino del alma; bueno, habrá que juzgar cuando se estrene el álbum, The Endless River.

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Jerry Harrison – Rev It Up

Hay una película de Finn Taylor, The Darwin Awards, realizada en 2006, con Winona Ryder y Juliette Lewis entre otras –no recuerdo que se haya estrenado en España-, que se basa en una web del mismo nombre que cada año entrega un premio al protagonista de la muerte más estúpida. Realmente no hace falta que se muera, con que pierda su capacidad a reproducirse durante el incidente es suficiente para colgarse la medalla. De ahí el nombre de Darwin, cuya teoría dice que la raza humana mejora sustancialmente cada vez que se muere un cretino –jo, pues yo tengo una extensa lista de energúmenos para que demos muchos pasos adelante-. Total, a donde iba, hay una escena que tiene lugar en un bar, y ahí, haciendo de cliente ocupado –la cámara no le enfoca más de dos segundos-, está el amigo Jerry Harrison.

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