Muchas veces –un día cada tres años son muchas veces, teniendo en cuenta que nunca compré sus discos, quitando un cassette single con Talkin’ About The Revolution, algunos años antes de llegar a España- me pregunto: ¿qué habrá sido de Tracy Chapman? Y yo qué sé, listillo, si pregunto es que no tengo la respuesta. No vale contestar “listillo tú, haz un post sobre ella y ya sabrás, y de paso nosotros también”. Me lo apunto, para días secos, pero hoy resulta que he dado con su sucesora, y hoy prefiero ser locomotora antes que camión escoba.
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Abc – The Lexicon Of Love
En 2004, cuando ABC anunció su intención de reformarse -dos aceptaron mientras que otros dos se negaron rotundamente, ABC = Ambiente Bastante Congelado-, la noticia corrió como la pólvora en la redacción de muchos medios europeos, que por una vez coincidieron en el diagnóstico: “oh noooo, ellos, noooo”. Es que la banda de Sheffield, portavoz sin pilas de la causa soft pop chic de principios de los 80’s, fue muchas veces blanco de la mofa periodística. Vamos, nunca se les tomó en serio, por muchos discos que vendieron.
[A que te suena toda esta introducción ¿eh? Ya van tres días seguidos…]
Visage – Fade To Grey
En 2005, cuando Visage anunció que se reformaban, la noticia corrió como la pólvora en la redacción de muchos medios europeos, que por una vez coincidieron en el diagnóstico: “oh noooo, ellos, noooo”. Es que la banda londinense, portavoz sin pilas de la causa chic de finales de los 70’s, fue muchas veces blanco de la mofa periodística. Vamos, nunca se les tomó en serio, por muchos discos que vendieron.
Spandau Ballet – True
En 2009, cuando Spandau Ballet anunció que se reformaban, la noticia corrió como la pólvora en la redacción de muchos medios europeos, que por una vez coincidieron en el diagnóstico: “oh noooo, ellos, noooo”. Es que la banda londinense, heraldo soft de la causa obrera de finales de los 70’s, fue muchas veces blanco de la mofa periodística. Vamos, nunca se les tomó en serio, por muchos discos que vendieron.
Bryan Ferry – Avonmore
Si te digo el King, en un micro segundo sabes de quien hablo -no, de Fiouck no-. También pasa con el Boss, La Voz, el Duque Blanco, el Genio de Minneapolis o Sus Satánicas Majestades. Hay un puñado de artistas que se han ganado a pulso un mote para la posteridad y cuya propiedad o autoría nadie pretende ni se atreve a discutir -por ejemplo con El Cretino, ¿quién quiere ser como Morrissey?-. Cuando te pegan uno de estos motes, supongo que algo habrás hecho bien para merecerlo. ¿Qué hizo de genial Bryan Ferry para que le llamen el Dandy?
Pulp – Different Class
El día de Reyes fui a ver El Jugador, de Rupert Wyatt, con Mark Wahlberg como víctima atrapada por las mesas de blackjack. Este remake de una película homónima de 1974, dirigida por Karel Reisz e interpretada por James Caan, no es una obra maestra, pero resulta muy digna. El actor es convincente en su papel de Doctor Jekyll & Mr Hyde, de día profesor de universidad al que persigue una moza rubia talentosa, y de noche jugador de casino compulsivo, al que persiguen también tres mafiosos, aunque no exactamente para arrullar bajo el balcón.
Shirley Bassey – Goldfinger
No ha sido del gusto de todos el post Je Suis CHARLIE; algo me esperaba ya que lo escribí en caliente, haciendo algún que otro amalgama un poco desafortunado, así que respeto las críticas. Pero ¿sabes?, sólo necesitaba vomitar y no me arrepiento, demasiada hiel acumulada. Me enrabio por tener que medir cada palabra a la hora de referirme a los fanatismos. Esta es mi tierra y… es tan débil, la lucha es tan desigual, sólo tenemos bellas ideas para parar sus balas. Y si me apuro, a Shirley Bassey para escuchar mientras montamos guardia por si vuelven.