Gwenno – Y Dydd Olaf

¿Cómo hablar galés en una sola lección? Fiouck tiene un truco, apunta. Invéntate una frase cualquiera, por ejemplo “la madre que le parió al hijo de satanás que me ha preparado judías verdes”, y gracias a google translator la pasas al cebuano –lengua Filipina todavía hablada en algunas islas donde no existe esa verdura del diablo-. Apréndete de memoria el resultado, “ang inahan nga nanganak kaniya sa anak nga lalake ni satanas nga nag-andam kanako sa green nga beans”, saca un yogur, métetelo entero en la boca sin tragarlo, empieza a dar circulitos en la tripa con la mano izquierda a la vez que cachetes ligeros en la cabeza con la derecha, y pronúncialo. Esto es galés, brother.

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Shirley Bassey – Goldfinger

No ha sido del gusto de todos el post Je Suis CHARLIE; algo me esperaba ya que lo escribí en caliente, haciendo algún que otro amalgama un poco desafortunado, así que respeto las críticas. Pero ¿sabes?, sólo necesitaba vomitar y no me arrepiento, demasiada hiel acumulada. Me enrabio por tener que medir cada palabra a la hora de referirme a los fanatismos. Esta es mi tierra y… es tan débil, la lucha es tan desigual, sólo tenemos bellas ideas para parar sus balas. Y si me apuro, a Shirley Bassey para escuchar mientras montamos guardia por si vuelven.

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Jem – They

Vencí al microbio, strong Fiouck. La mierda esa diminuta tiró la toalla y en cuanto vio que no me podía abatir se marchó de madrugada, dejándome exhausto, pero sano. Lo vi marcharse por el conducto de aire con su chándal del Madrid arrugado, ahora estará martirizando al vecino, así aprende éste a montar fiestas en su casa hasta altas horas de la madrugada.

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Catrin Finch & Seckou Keita – Bamba

En una época remota de mi vida, muchos días a la semana, para ir a trabajar, tenía que coger el metro muy temprano, a las 6h30. Si ya de por sí odiaba al planeta entero por tener que levantarme tan pronto, tenía que lidiar con que alguien se había marcado como reto el fastidiarla aún más. Ya sabes, cuando la cosa puede ir peor, no te preocupes que se va a desmadrar. Resulta que una señora de cierta edad había elegido mi estación de metro –anda que no las había más bonitas y acogedoras- para instalar su arpa a principio del anden donde me tocaba esperar. El arpa a las 6h30 de la mañana, cuando has dormido poco, con frío y prohibición de fumar para pasar el rato, es lo más cercano a una sesión de tortura del mismísimo Torquemada. Me chirriaba los oídos, era como una agresión al buen gusto. Odiaba a esta señora, las veces que soñé que se caía a las vías justo antes del paso de mi anhelado metro. Pobre señora, claro que no lo hacía por gusto, más bien por necesidad de llevarse algo de dinero. Pero c…, ¿no podía tocar una Fender Stratocaster como dios manda?

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Gruff Rhys – American Interior

En 1170, en un rincón olvidado del planeta, Madoc ab Owain Gwynedd –Madog para los amigos-, hijo del difunto rey galés Owain Gwynedd –nada que ver con la Paltrow-, ante la disputa que reinaba entre los trece hijos del monarca para quién iba a sentar su augusto culo en el trono, surcó hacia el Atlántico con una tripulación de un centenar de hombres. Llegó a unos costas vírgenes donde montaron una colonia. Volvió Madog a Gales a por más compañía, femenina supongo, y se fue otra vez para allá, tan contento con su descubrimiento. Porque las costas en cuestión, parece ser que no eran otras que las de Florida, tres cientos años antes de que el marinero tramposo italiano Cristobal Colón, patrocinado por Telefónica la Corona de Castilla, pusiera un pie por ahí también. Pero nunca volvió ni se supo más de él. Hoy se sabe que es una leyenda, hasta se duda de la existencia de Madog, pero los galés se la transmiten de generación en generación, con mucho orgullo, en cymraeg, el idioma secular que suena más raro que el Quenya élfico de Tolkien –ays, Lyv Tyler, buf-.

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