Gwenno – Y Dydd Olaf

¿Cómo hablar galés en una sola lección? Fiouck tiene un truco, apunta. Invéntate una frase cualquiera, por ejemplo “la madre que le parió al hijo de satanás que me ha preparado judías verdes”, y gracias a google translator la pasas al cebuano –lengua Filipina todavía hablada en algunas islas donde no existe esa verdura del diablo-. Apréndete de memoria el resultado, “ang inahan nga nanganak kaniya sa anak nga lalake ni satanas nga nag-andam kanako sa green nga beans”, saca un yogur, métetelo entero en la boca sin tragarlo, empieza a dar circulitos en la tripa con la mano izquierda a la vez que cachetes ligeros en la cabeza con la derecha, y pronúncialo. Esto es galés, brother.

Y luego está el cornique, parecido al galés, pero aún más improbable si cabe. Para hablarlo, sustituye los cachetes por un dedo en el… venga ya Tomate cretino, el día del Señor, si dentro de un rato os iréis a misa…

¿A quién se le ocurre sacar un disco de pop fresco cantado únicamente en galés y cornique? Como triunfe –lo dudo- los fabricantes de yogur van a hacer su agosto. A Gwenno, la artista en cuestión, le parece bastante natural más que nada porque son sus idiomas maternos. Añade que todo el mundo puede cantar en inglés –ya lo hizo cuando lideraba The Pipettes– y que lo realmente difícil es hacerlo en un idioma que hablas y escuchas desde que naces, que la elección de cada palabra te compromete mucho más.

Gwenno - Y Dydd Olaf

Como nadie se va a enterar de lo que cuenta en la letra, ¿para qué molestarse en contar cosas? Podría ser la receta del escroto de ternero con guindillas al thermomix, que nadie se inmutaría. Me parece un ejercicio un poco vano, dejarlo sólo en manos de la música y las melodías.

Ahí sí que acierta más. Su primer disco en solitario no es la octava maravilla del mundo, pero viendo la época en la que estamos, cumple con su propósito de ofrecer canciones veraniegas que se auto destruirán con las primeras lluvias otoñales. Dice que con The Pipettes se veía presa de un molde en el que ella y sus colegas de oficio tenían que cumplir con su idea de resucitar las girls bands de los 60, como The Shangri-Las o Martha & The Vandellas.

Pero después de escuchar Y Dydd Olaf –título del álbum en cuestión, quiere decir “El último Día”-, no tengo la sensación de que se haya liberado mucho. Sigue habiendo mucho de pop de hace medio siglo, por mucha digitalización del sonido. Ligerito ligerito. Muy lejos estamos de su canción preferida, La Internacional, que se sabe de memoria desde que su madre la cantaba en los años ochenta en La Coral Roja de Cardiff, después de interpretar temas anti-apartheid y pro Palestina. Ay Gwenno, ¿qué pensará tu mami de esta vuelta de 180 grados?

Venga, ya sabes, sube el volumen, luego zumito y a misa.

 

 

 

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