Lonelady – Hinterland

Esta mañana mientras tomaba mi café al sol, pude observar el curioso comportamiento de un insecto volador caminando por la mesilla. Cada pocos segundos se ponía boca abajo, estiraba las alas al máximo y, eso creo haber visto, también las patas, ofreciendo su recto a los dardos del sol –suponiendo que lo tenía donde impera cierta lógica biológica-. Luego se ponía de nuevo sobre sus patas, caminaba pocos centímetros, y otra vez, cual ruso ebrio en la calle. Le di un capirotazo antes de que se diera un baño en mi café.

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Patsy Cline – Crazy

Hace muchos años, me contaron un chiste idiota –en esta expresión secular, idiota quiere decir que es sumamente divertido pero shhhh, que no se entere nadie de que te has muerto de risa-, que decía lo siguiente: “¿Has visto los últimos zapatos que se ha comprado Dolly Parton? ¿No? ¡Pues ella tampoco!”. La gracia radicaba en que el abundante pecho con el que la naturaleza le había dotado le impedía ver sus pies. Juas. ¡A que es idiota el chiste!

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Fallulah – The Black Cat Neighborhood

Hoy mi App del tiempo promete más de treinta grados –tomar con precaución, que hasta Maldonado se equivoca-. Verano antes de tiempo, Madrid con colores, ya puedo respirar. El invierno se ha inventado para anhelar el sol y el calor. Mandaré una captura de la App a mis amigos en Francia con un comentario medio compasivo medio sarcástico. Como les pille en la calle, se tendrán que quitar los guantes para sacar el móvil de la cazadora de pluma, les dará un ataque de apoplejía. Ays, pobres…

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Iyeoka – Say Yes

La primera vez que escuché la canción Simply Falling, de Iyeoka, llegué a pensar durante pocos segundos que era un tema inédito de Amy Winehouse. Una Amy Winehouse que hubiera pasado su adolescencia en las minas de carbón de la Silesia polaca, los pulmones con capacidad para emitir los mismos decibelios que un pedo de gorrión.

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Karen Dalton – In My Own Time

Karen Dalton se disponía a acabar con sus demonios y el sufrimiento en la acera de un barrio de Bearsville, en el estado de Nueva York, como aquellos mendigos que no nos atrevemos a mirar, cuando un viejo amigo, Peter Walker, la reconoció, a pesar de ofrecer a los transeúntes una cara deshecha por el sida y una boca ya con pocos dientes por culpa de todas las drogas que se había tomado a lo largo de su vida, y se la llevó a su casa, donde la cantante murió más dignamente, pocos meses después, en 1993. ¿en qué pensaría en sus últimos soplos de vida?

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Dusty Springfield – The Look Of Love

Bendita época que los años sesenta, tan ligeritos y despreocupados. ¿Lo dudas? Velo así: ¿conoces otra década en la que podías ir a un concierto de una cantante llamada Prado Primaveral Polvoriento sin que te entre la risa tonta, pudiendo incluso publicarlo en tu muro sin que se mofen de ti –quiero decir, tu muro de casa, con spray, visto que los futuros progenitores de Zuckerberg ni tenían edad de hacer ñaka ñaka, chucu chucu o dunga dunga-. En tu barrio no te miraban mal, seguías siendo un tipo normal, fan de Dusty Springfield. ¡Qué iban a decir los vecinos, si en el tabique del salón tenían una pintada con Petula Clark!

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Ester Rada – Ester Rada

El Tomate verde, el Daniel Barenboim del rock’n’roll. Naaa, es de coña. Aunque suena bonito eso de obrar por el acercamiento de las culturas musicales, haciendo de la ficha policial de los artistas una bolita con la que pasar el rato. A ver si un día le dedico un post a un grupo Oi!, rama esvástica en el brazo. Rock identitario lo llaman en Francia; los Norma Duval de Marine Lepen. Naaa, también es de coña, hay un límite en mi capacidad a hacer la vista gorda.

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