Karen Dalton – In My Own Time

Karen Dalton se disponía a acabar con sus demonios y el sufrimiento en la acera de un barrio de Bearsville, en el estado de Nueva York, como aquellos mendigos que no nos atrevemos a mirar, cuando un viejo amigo, Peter Walker, la reconoció, a pesar de ofrecer a los transeúntes una cara deshecha por el sida y una boca ya con pocos dientes por culpa de todas las drogas que se había tomado a lo largo de su vida, y se la llevó a su casa, donde la cantante murió más dignamente, pocos meses después, en 1993. ¿en qué pensaría en sus últimos soplos de vida?

El rumbo que tomó la vida de Karen Dalton es incomprensible. Es hasta doloroso ver cómo se torció de esta manera. El infortunio se cebó con este ángel irlando-cherokee, guitarrista talentosa y cantante de las estrellas; cuan odiosa es la comparación con todas estas indeseables que tocan el cielo enseñando un culo flácido.

Había nacido en 1937, en el culo del mundo –Oklahoma-, pero con poco más de veinte años deambulaba por las calles de Greenwich Village en Nueva York, con su Gibson de doce cuerdas en el hombro, cantando ahí donde se le pedía que cantara. Bob Dylan la recordará más tarde con estas palabras: “Una cantante de blues blanca. Alta, delgada, sexy y mucho feeling. Su voz recordaba la de Billie Holiday, su forma de tocar la guitarra la de Jimmy Reed, y lo daba todo. Canté en un par de ocasiones con ella.

Karen Dalton

A esta edad ya se había casado y divorciado dos veces y había sido madre también dos veces, la primera vez con diecisiete y la segunda con diecinueve. De su primer hijo había perdido la custodia, pero con su hija se había marchado a Nueva York. Su voz completamente rota fascinaba al público, pero su legendaria claustrofobia y total aversión por los estudios de grabación retrasaron demasiados años la posibilidad de publicar discos.

Sus amigos del sello Capitol tuvieron que utilizar mil subterfugios para conseguir que grabara dos álbumes míticos, It’s so Hard to Tell Who’s Going to Love You the Best, en 1969, e In my Own Time, en 1971, grabados cada uno en una única sesión de un día, por el pánico que le provocaban los estudios. Ambos discos sólo contenían versiones de canciones folk y blues, a veces soul, ya que Karen Dalton nunca compuso sus propios temas.

Se la comparaba con Billie Holiday –otra cocainómana hasta las cejas-, aunque Karen Dalton prefería a Bessie Smith. En sus discos retomó canciones de Otis Redding, Paul Butterfield, Woodie Guthrie, Ray Charles o Leadbelly, pero ni la enorme clase de sus versiones ni el empeño de los promotores de la idea de grabar discos –Fred Neil y Nick Venet– fueron suficientes. Ambos cayeron prácticamente en el olvido nada ver más ver la luz, cual canto del cisne de un género folk en desuso.

No soportó la falta de reconocimiento del público, se sintió traicionada por un circo en el que no quería entrar. Empezó una lenta caída hacia los infiernos del alcohol y las drogas. Contrajo el sida, luchó lo que pudo contra la enfermedad, hasta aquel día que se tiró al suelo de una acera que venía recorriendo en los últimos años como yonki. Ahí esperó el fin de todo, pero un viejo amigo le dio una pequeño prórroga y una muerte digna. Porca miseria…

 

 

 

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