Fallulah – The Black Cat Neighborhood

Hoy mi App del tiempo promete más de treinta grados –tomar con precaución, que hasta Maldonado se equivoca-. Verano antes de tiempo, Madrid con colores, ya puedo respirar. El invierno se ha inventado para anhelar el sol y el calor. Mandaré una captura de la App a mis amigos en Francia con un comentario medio compasivo medio sarcástico. Como les pille en la calle, se tendrán que quitar los guantes para sacar el móvil de la cazadora de pluma, les dará un ataque de apoplejía. Ays, pobres…

También se lo mandaré a Fallulah. No, Jeque de Abu Dhabi no es. Danesa de nacimiento y corazón, esta cantante pop me parece perfecta para celebrar la luz que entra por las ventanas abiertas. Lo malo es que no hay apenas nada que contar sobre ella. Lo más probable es que no la conozcas y cuando la escuches, llegarás a la misma conclusión que el Tomate cretino: de haber nacido en Los Ángeles, su nombre sonaría más que el de las niñatas cuyos culos cubiertos de lentejuelas han sustituido hace mucho a su cabeza.

De madre danesa y padre rumano, ambos miembros de una banda de música balcánica llamada Crihalma, a Fallulah le hierve la sangre zíngara desde que sabe andar. Desde pequeña parecía predestinada para la danza, por ello se marchó con veintiún años a Nueva York para estudiar en el Broadway Dance Center. Pero cuando eres danesa, los suaves cantos de la Sirena del puerto de Copenhague resuenan como una invitación a volver, cosa que hizo dos años más tarde.

Fallulah

Cambió de rumbo y se metió de lleno en la música. Sacó un primer álbum en 2010, The Black Car Neighborhood. Un poco deshilvanado por esa rara mezcla de estilos pop, folk e indie, todos bañados en lejanos sonidos de Europa del Este, respiraba sin embargo una alegría comunicativa. En Dinamarca se convirtió en toda una estrella, el disco llegó hasta el #2 de las listas de venta y consiguió la preciada apelación de Disco Platino.

Con el descalabro de las ventas de discos, en Dinamarca cualquier álbum que supere los 250 ejemplares será Platino, seguro. Con su talento natural para el baile, es en un escenario cuando Fallulah conquista al público. Loca y simpática, ayudada por los tragos que le da a una botella de Jack Daniels, sirve un pop enérgico, con matices coloridos y alegres. Pero la probabilidad que la veamos por aquí es próxima a cero patato.

Se la compara a Florence Welch, de Florence And The Machine, que tuvo la suerte de nacer en la cuna indie pop, pasaporte genético para triunfar en el mundo. Fallulah se tendrá que conformar con focos y medios daneses, parece ser que no hay forma de sacarla de allí. Una pena, tiene talento de sobra, en el FIB la adorarían.

Venga, saca el culo de la cama, dale a play, luego zumito y a misa. Que sí, ve en camiseta, si el cura, él, no tiene nada debajo.

 

 

 

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