En los últimos diez días, me han llegado tres llamadas de atención acerca de un nuevo grupo rock de Brighton, Royal Blood, en plan “Fiouck, escucha esto, it is the re-milk”. Brighton, para quien tiene cierta edad, es sinónimo de ciudad rock’n’roll por excelencia, allá por los 60’s, cuando Mods y Rockers se repartían soplamocos veraniegos a la hora del té, en unas playas atiborradas por bañistas con anorak y pantalón de piel de reno. Mola.
Lianne La Havas – Is Your Love Big Enough
Para quienes siguen dudando de las bondades del mestizaje, basta con mirar fotos de Lianne La Havas. Esta joven londinense es fruto de la unión de un padre griego y una madre jamaicana y, jo, es un bombón. Ojos negros risueños y boca inmensa, fiu fiu. Con su melena recogida en un moño pegado en un lado, parece un personaje de comics. ¿Cuánto influye el físico de un artista a la hora de irrumpir en el mercado musical? Supongo que mucho. Si George Clooney sacara un disco, sólo en España vendería 23.993.397 discos (= población femenina del país a finales de 2013).
kas Product – Try Out
Rock sintético, epiléptico, hipnótico y estroboscópico. Esta era la música que tocaba Kas Product, a principios de los 80’s, en una Francia que parecía darse cuenta, por fin, de que no había que pedir necesariamente permiso a los ingleses para sacar música original e innovadora. Y que las tendencias las podía marcar un oscuro dúo de Nancy. No, no me preguntes acerca de Nancy. Es como si un guiri te preguntara acerca de Valladolid. ¡Qué vas a decir!
Sexy Sushi – Sex Appeal
No he leído, ni pienso leer, Las Cincuenta Sombras de Grey. Sea cual sea la relación que uno tiene con el sexo, adentrarse en este libro es hacerle un flaco favor al asunto. En cuanto a hablar de literatura al referirse a esta saga, ya me chirría. Si la cosa es el morbo o alguna intención –sana- de renovar armario, léase ropa, objetos, posiciones, lugares, palabras, olores, texturas –¿se me escapa algo?-, pues nada mejor que una buena película porno, y al grano. O literatura erótica de verdad, como Las Once Mil Vergas, de Guillaume Apollinaire. No dudo ni un segundo que E. L. James –la autora de los libros que parece de obligado cumplimiento leer, siendo mujer, al cumplir algunas décadas- se hubiera ruborizado leyendo a este gran poeta francés. Que sí, se puede ser poeta, y escribir la obra literaria erótico porno salvaje más escandalosa de los últimos tres milenios.
Liza Minnelli – New York New York
Ayer al escribir la entrada sobre Dionne Warwick, estuve pensando en estas canciones que, muchas veces, atribuimos por error a un cantante que no es. Porque tenía más fama, o porque su discográfica hacía mejor su trabajo de promoción, o simplemente porque la interpretaba mejor. Eso le pasó a I Say A Little Prayer, de Dionne Warwick, que quedará para la posteridad como una de las grandes canciones de Aretha Franklin. Pero el caso más flagrante de apropiación casi indebida es el de New York New York. Sinatra no fue del todo elegante al borrar del mapa a su amiga Liza Minnelli.
Dionne Warwick – Walk On By
Dionne Warwick ya llevaba tiempo cantando cuando yo nací, –pa’que veas que no hace tanto-. Ella siempre ha estado por ahí, no muy lejos de aquellos que vivimos con música. Esto no quita que, hasta escribir esta entrada, me costaba poner una canción sobre su nombre. No es Aretha Franklin o Nina Simone, ni tampoco Billie Holiday. Sería más de la pandilla de las Etta James o Gladys Knight: sabes que han sido grandes, pero el altar es pequeño y cuando se sube una, otra tiene que quitarse de en medio. En el primer empujón allí arriba, Dionne Warwick derrapó y se cayó al vacío, pero por suerte el cuerpo inerte de Burt Bacharach hizo de colchón; pudo ponerse de pie y seguir con su vida, en Brasil, digna y felizmente, alejada del mundanal de sus primeros años.
Hamilton Leithauser – Black Hours
El doce de junio pasado, publicaba un corto post sobre The Walkmen, aquel grupo de rock que siempre ha ido a destiempo y no ha logrado nunca coger el tren bueno –léase él de la fama, donde se subieron Strokes, Libertines, o White Stripes-. No “gozan de reconocido prestigio”, como dicen en las biografías malas. Pero a Fiouck le gustan los patitos feos y los calimeros, aquí caben todos los almas perdidas, siempre y cuando sean sinceros en su propósito. Era el caso de The Walkmen.