Daft Punk – Stephen Colbert

No me gusta Daft Punk. Je n’aime pas Daft Punk. I don’t like Daft Punk. Hop, tal cual. No me sacan de quicio, simplemente me irritan. Primero el nombre, hay palabras –para que me sigas, la segunda del nombre- que uno debería de usar con más cuidado, sobre todo cuando le sirves al mundo entero sopa disco soporífera. Segundo, tanta maquinaría de mercadotecnia es cansina, nunca antes un disco se había beneficiado de tanto teasing. A su lado los gurús marketing de Apple parecen principiantes. Y me fastidia que haya grupos –los cuatro sosos de Liverpool, Muse, Radiohead, y algunos más- que te llevan directo a la picota por crimen de lesa majestad, cuando no puedes reprimir una mueca al escuchar sus nombres.

Total, que por qué Daft Punk hoy en el blog si no me gustan? Porque antes de cualquier otra cosa, me gusta el humor -el mayor de todos los talentos-, y hoy me he reído mucho al ver una versión de Get Lucky, interpretada por Stephen Colbert, el presentador más divertido de todo el panorama televisivo americano.

Resulta que los tenía programado para su show, Colbert Report, en Comedy Central, cuando –por lo visto- muy poco antes de la fecha prevista, cancelaron su participación por un oscuro problema de exclusiva de derechos con la MTV. Stephen Colbert no sólo los puso a parir –con la sorna que le caracteriza- sino que interpretó una versión graciosísima de la canción, en la que participaron actores de la talla de Matt Damon, Jeff Bridges, Hugue Laurie, Brian Cranston –serie Breaking Bad-, otro presentador famoso, Jimmy Fallon, y algunos más que no me suenan.

No te digo más, te dejo abajo el link hacia el vídeo en youtube. Stephen Colbert es un crack, a mi me ha dejado con la sonrisa puesta para el resto del día. Hasta baila genial el capullo!

Por cierto, ya que se trata de un blog musical, también te dejo el link hacia una canción de la banda pre Daft Punk, Darlin’, allá por los 90’s. Se vendieron 1.500 copias del single en vinilo, así que si tienes uno, eres rico. Hay una anécdota, claro, resulta que esta canción está en el origen del nombre del grupo: después de escucharla, un crítico del Melody Maker les trató de daft punk –punk chalado-. Les gustó y se quedaron con el nombre. Lo curioso es que la canción mola, esa especie de blues con nervios. Algo se avecinaba. Pero se perdieron por el camino.

 

Links: Colbert report, Get Lucky – Canción pre Daft Punk, Darlin’

 

Líneas Albies – Taxidermista

Marieta Rabieta tenía un curro que más de uno quisiera para sí: Jefa de Prensa Internacional de ARCO, la feria de arte contemporáneo de Madrid, la más importante de España y una de las más codiciadas de Europa. Pero los carcas rancios de IFEMA, la entidad gestora del parque ferial, le despidieron por “anarquista”. Spain is different.

Pablo Pómez tenía un curro que muy poca gente quisiera para sí: banquero. Se hartó de la corbata y los zapatos con cordones, y se piró [fíjate en el cartelito de “aplausos”, se acaba de iluminar].

En plena crisis económica, Marieta y Pablo decidieron marcharse a México DF, y en sus maletas se llevaron a uno de los grupos de la escena subterránea madrileña más sólido, original y divertido de los últimos diez años, Líneas Albies. O veinte, treinta, es igual, ellos se mueven en un terreno en el que no hay prácticamente nadie más. Y por qué lo bueno del rock español se nos va, dejándonos con toda la chusma musical –de verdad hacen falta nombres?-. Líneas Albies lo confesó de esta forma en un medio mexicano: “Madrid es más drogas, rock and roll y nosotros vivíamos en el centro neurológico. Todos los miércoles nos llamaban al timbre para la fiesta, era imposible trabajar. En DF, hay una tranquilidad que en Madrid no tengo. Madrid es una fiesta continua”.

Lineas

La música de Líneas Albies no se resume así de fácil. Ya han publicado tres álbumes, desde Confusión de 2004 hasta L.A. Rosa de 2012 –editado en tres EP’s distintos-, pasando por el que dejo para la escucha, Taxidermista (2007). Se dice que hay influencias de bandas como B-52’sDevo, Aviador Dro, Talking Heads, Pere Ubu, Gang of Four. Y la No Wave de principios de los 80’s. Yo añadiría Les Rita Mitsouko, en su época The No Comprendo a mediados de los 80’s. Post punk ácido, histérico, loco y alegre. ¡Madre mía cuánto talento tienen! Basta con escuchar la versión que hicieron del Sweeling Itching Brain de Devo, fabuloso cover irreverente de la banda más irreverente de finales de los 70’s. ¡Enorme! –también lo dejo para la escucha, good fiouck-.

Por cierto, les descubrí gracias a mi amigo Alberto Acinas –el pintor español con más talento del momento-, y que ahora también se ha marchado para DF. Otro gremio que nos deja, p… crisis.

 

 

 

Escucha entero Taxidermista, de Líneas Albies.

 

 

The Woodentops – Stop This Car

Domingo once de agosto. Madrid vacío, Madrid asfixiante. Vacaciones a la vuelta –yo no, ya me he ido, buaaaaah-, descanso merecido dices, ni zumito ni misa. Una mierda. Venga, de pie, esta mañana te espera una rareza que te va a poner las pilas. Un tema que no escuchaba en más de veinte años, y en su versión remixeada –uch, qué palabra más fea- para más inri. Ocho minutos, sólo para ti.

The Woodentops, grupo rock new wave electrizante de mediados de los 80’s. Tenían tanta prisa en sus composiciones que resbalaron sobre el éxito y desaparecieron enseguida. El líder y cantante de la banda, Rolo MacGenty, procedía de la escena de Liverpool, tocando o relacionándose con grupos importantes de la época, Teardrops ExplodeJulian Cope, amigo de Rolo-, Wild Swans, Jazz Butcher. Los medios los adoraban –Allmusic le da un 4,5/5 al primer disco, Giant-, pero el público no reaccionó, incomprensiblemente. Estuvieron una temporada tocando en la costa mediterránea, desde Barcelona hasta Valencia, pasando por Mallorca e Ibiza, con su estilo esquizofrénico inconfundible. Well well well, Move me, Travellin man, todas canciones rock con un tempo increíblemente rápido, gracias a la labor de Benny Staples, único batería que he visto tocando de pie, por la intensidad de su juego. Porque sí, yo les vi en concierto, en Francia, en 1988. Recuerdos emocionantes para contar a los nietos.

car

Pero si hay que quedarse con una, que sea Stop This Car. Publicada en 1988 en el segundo y último álbum de estudio, Wooden Foot Cops On The Highway, parece haber inspirado el No Cars Go de Arcade Fire. O será el violín que me confunde? Total, algunos meses después se publica una versión remix del tema, de cerca de ocho minutos, arrancando muy lento, para terminar en la explosión de guitarras y batería marca de la casa Woodentops. Enorme.

Venga, sube el volumen, escucha Stop This Car, luego zumito y a misa.

Escucha Stop This Car, de The Woodentops

Q Lazzarus – Goodbye Horses

Jame Gumb –Jame sin “s”, debido a que su alcohólica de madre no supo escribir bien el nombre de su retoño en el acta de nacimiento- es el personaje de literatura/cine que más me ha atormentado. Y eso que tuve mi periodo de lector asiduo de obras, de ficción o no, sobre psicópatas y asesinos en serie. Curiosamente, en el Silencio de los Corderos, no es el personaje central, por mucho que toda la peña de Quantico –cantera del FBI- ande detrás de él por todo el territorio americano. El afable Hannibal Lecter le roba el protagonismo, sin duda, incluso Clarice Starling y su perfume barato es fascinante. Pero los últimos diez minutos, dedicados al antro de Buffalo Bill donde retiene a su próxima víctima aterrorizada, son espeluznantes, con una tensión que va crescendo a medida que se escucha de fondo Goodbye Horses, de Q Lazzarus.

Jonatham Demme, el director de la película, tuvo un ataque de genialidad al elegir este tema. Es difícil disociar la canción de la escena en la que Buffalo Bill baila, mirándose al espejo, escondiendo su sexo entre sus piernas, terminando de coser grandes trozos de piel femenina para hacerse un traje y así verse como la mujer con la que siempre ha soñado ser. Jame Gumb alias Buffalo Bill es un enfermo mental, su obsesión es repulsiva y quita el aliento sólo con pensar en ella. Y Goodbye Horses consigue perfectamente acompañar a este personaje en su siniestra locura, creando una atmósfera opresiva, lúgubre, mareante.

qGoodbye Horses, compuesta en 1988 por William Garvey e interpretada por Q Lazzarus, es la única canción conocida de esta artista. Un one hit wonder magistral y atemporal. Según su autor, la canción habla de “la trascendencia respecto a los que ven el mundo como algo meramente terrenal y finito. Los caballos representan los cinco sentidos de la filosofía hindú -El Bhagavad Gita- y la capacidad de cada uno para levantar su percepción por encima de las limitaciones físicas y ver más allá de esta perspectiva terrenal limitada”. Wow, Buffalo Bill estaba pirado perdido, pero William Garvey –fallecido en 1989- tenía su puntito también…

Q Lazzarus en realidad se llama Shannon Funchless, es neoyorquina, se parece increíblemente a Grace Jones, y ahora canta en un dúo electrónico, Light Asylum, con Bruno Coviello. El año pasado sacaron un álbum, homónimo. La voz ha envejecido, pero sigue igual de poderosa y sugerente. En otro post hablaré de este prometedor proyecto.

Venga, escucha Goodbye Horses, apuesto un dedal a que se te hiela la sangre inmediatamente.

 

Escucha Goodbye Horses, de Q Lazzarus

Joe Jackson – Look Sharp!

Ecléctica. La palabra que mejor define la música de Joe Jackson. Esto es lo bueno de tener una formación clásica –está diplomado en percusiones por la Royal Academy of Music de Londres- y vivir la segunda parte de los 70’s con veintipocos años. A lo largo de cerca de 35 años de carrera, le ha dado a una infinidad de géneros y estilos: punk, rock, pop, reggae, jazz, soul, latino, sin renegar nunca de ninguno de sus diecinueve discos. Ahora con cerca de sesenta años, puede presumir de una discografía original y variada, llena de calidad y talentos, por mucho que no “goce” de la fama de otros músicos ingleses.

Joe Jackson creció en un entorno familiar muy humilde. Padeció asma toda su juventud, por lo que, privado de cualquier actividad física, se refugió en los libros y la música. Con pocos años, sus padres lograron inscribirle a clases de violín y piano, y es cuando decide que de mayor “seré compositor”. No sé cuál es el truco de estos niños, dicen “de mayor seré tal”, y pasa de verdad. Yo de pequeño dije “quiero ser astronauta”, se me daba bien estar en la luna, pues ya ves, lo más parecido a ingravidez que he experimentado, es con los gin tonics…  A lo que iba, el pequeño Joe empezó a tocar en bares con dieciséis años, estándares del jazz sobre todo. Luego se abrió al rock progresivo propio de la época, y cuando irrumpió el punk, se enamoró de la energía del movimiento, la simplicidad de su música y el tono agresivo de las letras. A pesar de la educación clásica que estaba recibiendo en la escuela, no le supuso ningún problema incorporar aires punk rock a los primeros temas que estaba componiendo por aquel entonces (76/77). El año siguiente, le descubrió un caza talentos que trabajaba por cuenta del sello A&M, y le hicieron firmar un contrato, con un primer single prometedor, Is She Really Going Out With Him. A principios de 1979, se publicó el primer álbum de Joe Jackson, Look Sharp!. El éxito no llegó enseguida, tuvieron que salir de gira durante meses hasta que por fin los medios empezaran a fijarse en ellos. El primer single había pasado prácticamente desapercibido, el segundo también –Sunday Papers, en el que arremete contra los tabloides dominicales ingleses-, y sólo el tercero logró sacar el álbum del abismo. Got The Time era la canción más enérgica del álbum, mitad punk mitad new wave a lo Devo. Look Sharp! logró finalmente entrar en las listas de venta en UK, y posteriormente en los US. Eran años de The Police, Ian Dury, Elvis Costello, The Jam.

En 1979 y 1980, salen otros dos álbumes, I’m The Man y Beat Crazy, con estilos new wave parecido al primero. Pero en 1981, le da un giro completo a su carrera y saca Jumpin’ Jive, un disco homenaje a los más grandes compositores de jazz del siglo XX. En 1982, le toca el turno a Night & Day, uno de sus mejores discos, con suaves ritmos latinos, en el que se encuentra la perla Steppin’ Out –posiblemente su mejor canción-. Dos años más tarde, sigue con esta dirección con el álbum Body & Soul. En 1986, vuelve a cambiar de estilo y se mete de lleno en la world music, con el disco Big World –que contiene una de mis preferidas, Shanghai Sky, con esta maravillosa intro al piano, uch-. Y en fin, así hasta el año pasado, cuando sacó The Duke, último álbum de la casa Joe Jackson, punto final –de momento- a una genial carrera de un genial músico, que hizo exactamente lo que daba la gana. Qué lujo…

Look sharp

Look Sharp! no ha envejecido, treinta y cuatro años más tarde sigue siendo un álbum de rock enorme, con canciones que el artista no duda en seguir interpretando en sus conciertos. Y más allá de su contenido, está la portada, una de las más icónicas de la época, con estos zapatos blancos puntiagudos. Rolling Stones la sitúa en el #22 de las cien portadas más emblemáticas de todos los tiempos. Venga, escucha Got The Time.

 

Escucha entero Look Sharp, de Joe Jackson

Nicole Atkins – Neptune City

Casa. Madrid. 2013. Jueves 8 de agosto. Día de trabajo. Día de exceso. Toca Disco. Vinilo de Nicole Atkins. Stop. Música de la buena, música que me gusta. Otros criterios en entredicho. Por lo menos en este blog. Voz ronca y grave. Arreglos de lujo. Nicole Atkins me recuerda a alguien. Será Edith? Será Patti? Mff, será Rufus?

De Edith [Piaf], toma prestado unos corazoncitos angulosos grabados en árboles al lado de nombres masculinos de todas las edades. De Patti [Smith], hereda una garganta que se alimenta de las miserias humanas, en especial las suyas. Y de Rufus [Wainwright], se inspira en una grandilocuencia trágica propia de un siglo que no sabe a donde va. Nicole Atkins, americana eléctrica, podría conformarse con ser la ahijada de algunos padrinos talentosos, pero se quedaría corta: recuerda a Lana del Rey, como madrina y musa de ella, como si, cinco años antes del disco Born To Die, una cantante enamorada de Hollywood hubiera adivinado por dónde iban los tiros de la industria musical.

Nicole

Nicole Atkins, otra niña yankee predestinada, de estas chavalas que por el motivo que sea, saben que tarde o temprano estarán subidas a un escenario para interpretar sus canciones o las de sus ídolos, y mover las caderas enfundadas en vestidos imposibles. Con pocos años, Nicole ya había abandonado las muñecas, cogido una guitarra de plástico, e imitado a David Lee Roth delante de su hermana pequeña, que tenía orden de hacer de fan histérica del rubio, so pena de no tener merienda. Quince años más tarde, con su primer álbum –Neptune City- en la calle, orgullosa ella con el camino recorrido, Nicole recibe una invitación informal del Boss –coño, Bruce!! yo voy, aunque tenga que pagar!!- a tomar algunas copas por su barrio, en un cuchitril de poca monta. Salió borracha perdida, incapaz de volver a casa sola, habiéndose ganado una fama merecida de “chica con la que se puede hablar en serio, no como otras, que no cariño no hablo de ti”. Desde entonces allí están todos, Bruce Springsteen, David Byrne, Chris Isaak, Angelo Badalamenti, todos jovencitos de la música rock y country, para hacer de galán, viejos admiradores verdes de esta joven cantante marginal, eclipsada por la del Rey, depositaria de un disco tan bueno como ignorado.

Neptune City, primer álbum de lujo de una fan del cine de David Lynch, violines emocionantes, baladas brillantes, teclados oscuros, letra bruta, ojos hermosos, voz rompedora. Imprescindible en cualquier discoteca digna.

 

<Escucha entero Neptune City, de Nicole Atkins

 

Minimal Compact – Invocation (For Things To Come)

A un viejo israelí con paraguas diminuto en el cráneo, que llevaba más de cincuenta años acercándose a diario al muro de las lamentaciones a rezar, un día una periodista de la CNN le preguntó que por quién rezaba. El viejo sabio –con cerca de un siglo de vida eres un viejo sabio, independientemente del resto-, contestó que rezaba “por la paz en el mundo, para que mis nietos puedan ser amigos de los árabes, que crezcan en un mundo de amor y respeto mutuo, que no haya más guerras ni odio…”. Después de 51 minutos parecidos, la periodista le tuvo que interrumpir –se estaba agotando la cinta y tenía que ir al baño,- y le preguntó: “y hoy, después de tantos ruegos en este lugar sagrado, qué!” . Y el viejo sabio contestó: “tengo la sensación de estar hablando con un muro”.

Esto debe de pensar Sami Binrbach. Este buen hombre, israelí de nacimiento, predicador musical –la suya esencialmente- desde que aprendió a lamentarse, no tiene hoy muchos motivos para alegrarse. Después de treinta años rogando que se le escuche y que se cumplan sus sueños, nadie le hace caso, ni le presta atención. Es más, no se le acerca ninguna periodista, aunque sea del Tel Aviv Entertainment Gazette. Uyyyy cómo te pasas Fiouck, sobre todo teniendo en cuenta que al Sami Birnbach le viste en concierto con su grupo Minimal Compact, allá por el ochenta y algo, en esta mítica sala rock de tu ciudad, pedo y feliz –yo, sami no lo sé-. Época bendita en la que reinaban The Gordinflon’s –antes llamados The Cure, cuando Robert comía dos veces al mes-, y toda la peña del dark wave, cold wave, new wave y demás olas que susurraban de noche y ayudaban a dormir.

minimal

Minimal Compact no jugó ni mucho menos un papel esencial en la evolución de la música rock y hoy pocos son los que se acuerdan. Sami Birnbach, que había dejado Israel por Amsterdam, era un joven DJ poeta –vamos a llamarlo así-, que actuaba en salas underground de la ciudad–el underground de Amsterdam necesita neopreno?-. Un día de 1981 conoció a Malka Spigel, bajista, con la que montan la banda Minimal Compact, sirviendo hasta el final (1988) una música oscura, minimalista, electro punk con toques orientales. Publicaron una cantidad indeterminada de álbumes –las fuentes no quedan del todo claras-, y consiguieron unos seguidores fieles, pero nunca el apoyo de los medios. Tan solo aparecieron una vez como single de la semana en el NME, y tuvieron su sesión con John Peel.

Siete años de impacto minimalista. Dejaron algunos fabulosos temas para los fans de la primera hora –The Traitor, Statik Dancin, Next One is Real, When I Go, etc- aunque intentar hacerse una idea hoy no es fácil. Es más, te lo pongo complicado, te dejo con una especialmente torturada. Esta canción, aunque para nada de las más conocidas de la banda, sí que es increíblemente representativa de aquellos años en los que uno jugaba a darse miedo escuchando canciones depresivas. Invocation (For Things To Come), la endecha ochentera por excelencia.

Ojo, esto es un collector, no es nada fácil encontrarla.

 

Escucha Invocation de Minimal Compact