Cuántas veces habré dicho en este blog cuánto me molesta la palabra indie, a sabiendas de que buena parte de la música que escucho, pasada y futura, forma parte de este genero tan abstracto, nebuloso, ese saco tan incómodo de llevar -casi peor que el de la Gran Farsa-, del que hasta los propios integrantes naturales muchas veces reniegan, defendiéndose de semejante despropósito con la famosa frase ensayada muchas veces delante del espejo del salón –después de que mami haya pasado el trapo-: “no nos metáis en ningún saco, somos únicos, es una tontería intentar encasillarnos”. Ya. Déjate tú de tonterías, piensa en tu mami que se quedó en Wham y Rick Astley.
Debussy – Clair de Lune
Hoy un poco de tranquilidad y serenidad. Fuera las guitarras y los vociferantes. Un poco de clásica facilona, piano elegante y suave, el de Debussy, en la pieza Clair de Lune.
Claude Debussy, pianista y compositor francés (1862 – 1918), fue un ligón empedernido. En una de sus últimas giras por Rusia, en 1913, mientras un cáncer le estaba devorando por dentro, se reencontró con su amor de juventud, Sonia Von Meck, hija de su mecenas de los primeros años, quien se había opuesto a cualquier relación de Debussy con su hija. Cuando ella le vio, le dijo: Cuánto hemos cambiado querido…, a lo que él contestó: Oh No, Madame, nosotros no, es el tiempo que ha cambiado. Pero esta vez sus trucos de seductor no le sirvieron para conquistar el corazón de la doncella, como otras muchas veces en el pasado. Falleció poco tiempo después.
En menos de cuarenta años de carrera, Debussy se ha impuesto como un compositor moderno y vanguardista, que rehuía de todos los academismos. Un tiempo influenciado por Wagner, rápidamente desarrolló su propia visión de la composición y del piano. Renovador, anticonformista, impresionista, dejó un legado de obras hermosas, como Cair de Lune. En 1890, compuso la Suite Bergamasque, que toma su nombre de las máscaras de la Comedia del Arte, de Bérgamo en Italia. Las cuatro piezas que componen la Suite -Prélude, Menuet, Clair de Lune y Passepied- casi no se publican. Hubo que esperar quince años para que Claude Debussy aceptara su publicación, ya que no estaba conforme con el resultado, viéndolo como una obra imperfecta fruto de la juventud. De lejos la pieza más conocida, no sólo de la Suite sino de casi toda la obra de Debussy, Clair de Lune está inspirada en el poema del mismo nombre de Verlaine; de hecho ambos artistas se conocían muy bien. Son cinco minutos de piano interpretado pianísimo, de una gran elegancia e intensidad emocional. Es bello, simplemente eso, bello.
Desde entonces, la obra ha sido utilizada en múltiples películas, con más o menos genio. En 1983, Philipp Kaufman realiza Elegidos para la Gloria, que relata la epopeya espacial americana, con Dennis Quaid , Ed Harris, Scott Glenn y Sam Shepard. Una de mis películas preferidas, desde que se estrenó. En una escena de ella, los siete astronautas del programa Mercury son presentados al público en una gala muy a la americana. A Dennis Quaid, un periodista le pregunta Quién es para él el más grande de todos los pilotos. Durante un momento, se le ve dudando. Realmente está pensando en Chuck Yeager, legendario piloto de caza que fue el primero en superar la velocidad del sonido el 14 de octubre de 1947, y que en el momento de la entrevista a Dennis Quaid, está probando un nuevo caza sin autorización, en la base en la que ambos se conocieron. De fondo, en la gala, hay un espectáculo sumamente kitch, una bailarina desnuda moviéndose y tapándose detrás de plumas de avestruz blancas, al son de Clair de Lune. Al final, Dennis Quaid contesta que el mejor piloto es él, mientras Chuck Yeager estrella su avión, logrando salir milagrosamente de la explosión –después de subir hasta 108.000 pies de altura, record de la época-. El personaje de Chuck Yeager lo interpreta Sam Sheppard, enorme. Ays, lo que me gusta esta peli.
Escucha Clair de Lune, de Claude Debussy
The Trashmen – Surfin’ Bird
Surfin’ Bird, el mítico tema de los Trashmen de 1963, una de estas canciones que cambió la faz del rock’n’roll para siempre, tiene la letra más divertida o absurda de toda la historia de la música popular. No contiene más de once palabras distintas, ni más de cuatro frases completas, siendo el resto de los 2’24” un delirio del cantante, Tony Andreason, y el famoso Papa Ooma Mow Mow repetido decenas de veces. No busques, estas son las cuatro: Everybody’s heard about the bird, the bird is the Word, everybody’s talking about the bird, everybody knows that the bird is the word. Maldito pájaro, el misterio era intacto hasta ayer, yo no había oído hablar de él.
Pero me informé. La génesis de la canción es algo complicadilla. A mediados de los 50, se hace famoso la marca Thunderbird, un vino barato americano, gracias a un anuncio radiofónico genial que decía : What’s the word? Thunderbird. How’s it sold? Good and cold. What’s the jive? Bird’s alive. What’s the price? Thirty twice. En 1957, un saxofonista de blues llamado Red Prysock compuso una canción con el título What’s the Word, Thunderbird, sin más historia. Cuatro años más tarde, la banda de R&B The Rivingstones saca el tema Papa Oom Mow Mow, inspirada en la canción de Red Prysock. Curiosamente, sacan pocos meses después una versión de la misma, llamada The bird’s the Word. Es cuando aparecen The Trashmen en la historia. No oyen la canción de The Rivingstones, pero sí a los Sorensen Brothers que la llevaban interpretando a su manera en sus actuaciones. Impresionado, Tony Andreason decide hacerla suya, combinando The bird’s the Word y Papa Oom Mow Mow en una letra que hasta David Jeta podría entender, acompañada por una guitarra frenética y rabiosa. La famosa guitarra que será marca de la casa, aunque nunca volverán a conocer tanta gloria como con su Surfin’ Bird. Se separaron en 1967, ante la invasión del pop británico y el fin de la música surf.
Surfin’ Bird es un himno a la música genialmente descerebrada. No es de extrañar que la versionaron una infinidad de grupos. Te dejo escuchar la canción original, de The Trashmen, una versión punk de The Ramones, una versión trash de The Cramps, un copiar pegar por The Hep Stars –banda de rock sueco de principios de los 60’s, integrado por un tal Benny Andersson, mundialmente conocido años más tarde por ser uno de los miembros de ABBA-, y una versión divertida de Skiantos –grupo fettucine punk italiano-.
Hala, sube el volumen y escúchalas, luego zumito y a misa.
Escucha Surfin’ Bird de The Trashmen
Deliverance – Dueling Banjos
En 1972, cuando John Boorman –Excalibur, La Selva Esmeralda, Zardoz, Hope en Glory, etc- realiza Deliverance, sólo intuye que ha hecho una buena película. Lo que no imaginaba, es el revuelo que se armaría nada más estrenarse, ni tampoco que cuarenta años más tarde, la gente seguiría sin saber si la recuerda por la aterradora escena de violación o por el duelo de cuerdas, guitarra vs banjo.
La película -con John Voight, padre de Angelina Pato Donald Jolie, Burt Reynolds, Ned Beatty y Ronny Cox- transcurre íntegramente por el norte del estado de Georgia. Cuatro ejecutivos de Atlanta deciden bajar en canoa un río condenado a desaparecer por la construcción de una presa. Viajan en coche hasta la zona de salida, para iniciar lo que iba a ser la aventura de sus vidas, pero que inesperadamente se convierte en una pesadilla mortal. En esta época, en los bosques profundos de este estado sureño –situado en la parte del país más avanzada en temas de derechos humanos e igualdad de condiciones entre las razas-, los habitantes todavía están asimilando los avances del siglo XIII: consanguinidad, incestos, endogamia. Después de siglos de estas prácticas de alta moralidad y desarrollo cognitivo, la población local alcanza un nivel intelectual del que muchos simios podrían avergonzarse, violentos, sucios, incultos, sin ley ni tabúes. Y por un motivo no muy claro, algunos de estos energúmenos deciden cebarse con los cuatros urbanos educados, y toda la película relata la lucha entre los turistas atemorizados y los tarados locales, con algunas escenas realmente crudas, que alcanzan su cima cuando uno de los degenerados viola a Ned Beatty, obligándole a chillar como un cerdo.
Justo antes del inicio de las hostilidades, cuando todavía se encuentran en la salida, negociando con un local el precio a pagar para bajar los dos coches hasta la llegada del descenso, uno de los cuatro coge su guitarra, se pone de pie frente a un niño con pinta de retrasado mental que asusta y banjo en mano. El hombre empieza a tocar, le sigue el niño, y durante tres minutos luminosos, ambos se enfrentan en un duelo legendario, guitarra contra banjo, ciudad contra campo, luz contra oscuridad. El tema se ha convertido desde entonces en una obra culta. Procede inicialmente de una canción creada por Arthur Smith, en 1955, llamada Feudin’ Banjos. La versión de la película fue re-interpretada por Eric Weissberg, multi instrumentista, y Steve Mandell. Realmente el niño, Billy Redden, no sabía tocar, y fue un músico local, Mike Addis, quien prestó su virtuosismo con el banjo para el rodaje. La obra final, se quedará cuatro semanas en el #2 de los charts US, sólo detrás de una canción de Roberta Flack.
Dueling Banjos, uno de los temas cinematográficos más famoso del cine. Sólo con escucharlo, estremece lo que sigue. Inmensa joya de la música popular.
Escucha Dueling Banjos, de la película Deliverance
Laura Mvula – She
A star is born, indudablemente mi corazonada 2013. Estoy convencido de que no se trata sólo de un flechazo, Laura Mvula está aquí para durar, su talento es asombroso y su música emociona como raras veces. Lo intuyo, porque me provoca los mismos sentimientos que cuando descubrí en su día a Amy Winehouse.
Laura Mvula es inglesa, cómo no. Por qué una nación que come y viste tan mal, tiene tanta facilidad y riqueza para la música? Esto es como la hipótesis de Riemann, se tardarán siglos en dar con una explicación satisfactoria.
Veintiséis años, nacida en Birmingham de padres procedentes del caribe inglés, desde muy joven mostró una predisposición para la música, instrumentos como el piano y violón, estilos como el góspel, el jazz, el R&B, ambientes como los coros de su comunidad. Su tía había fundado la formación Black Voices, muy respetado en la ciudad, a la que se unió poco a poco y muy naturalmente, y donde su don empezó a deslumbrar. Estudió –y es diplomada- en el conservatorio, donde recibió una formación clásica fundamental a la hora de componer sus canciones, y conoció a quien es hoy su marido, Themba Mvula, baritono de origen zambio, con él que se produjo durante varias temporadas en distintos coros amateurs. Después de una primera experiencia con un grupo de jazz y nu soul llamado Judyshouse, aprovechó el tiempo que le dejaba un trabajo de recepcionista para escribir canciones.
En 2012 publica un primer EP que incluye la maravillosa She. Desde entonces se ha escrito mucho sobre ella, logrando lo que pocos: una total unanimidad en las críticas y comentarios a la hora de dar la bienvenida a esta nueva estrella. Un periodista de The Guardian hasta acunó un nuevo estilo para ella, la gospeldelia -qué rayos querría decir este señor?-. Laura Mvula tiene una receta, se conocen los ingredientes, pero no las proporciones. Una base grande de talento y originalidad, un toque místico y religioso, una pizca de felicidad, y luego mucha alegría, corazón y alma. Lo que la hace única, es su capacidad, gracias a su formación clásica, a componer con instrumentos casi olvidados –arpa, glockenspiel, theremín, campanillas-, y realizar arreglos muy sofisticados, mezclando con una facilidad pasmosa suaves coros soul con cierta exaltación sinfónica. Un concentrado de todas las emociones. En su primer álbum, Sing to the moon, publicado hace dos meses, consigue ofrecer doce canciones que no se parecen mucho entre si, aunque suenen todas unidas por un fino hilo de soul góspel revitalizante, con una variedad de sonidos, tonos y ritmos digna de las más grandes.
Laura Mvula, artista absolutamente vital, revelación 2013, heredera de la mejor Nina Simone, entra directamente en mi top 50.
Escucha algunos temas de Laura Mvula.
Des’ree – Feel So High
Si tuviera que elegir la canción que tarareaba sin parar cuando llegué a España, ésta sería sin duda Feel So High, de una joven cantante inglesa llamada Des’ree. El tema formaba parte de su primer álbum, Mind Adventures, publicado pocos meses antes de mi llegada aquí. 1992, España está en boca de todos. Que si los JJOO de Barcelona, que si la Expo de Sevilla, que si Madrid con la estampa de “Capital Cultural Europea”. En todo el continente se la empieza a llamar La California de Europa. Ya. Más bien Californication, como decía los Red Hot Chili Peppers, porque perdura esa desagradable sensación de que nos han jodido, y bien.
Desiree Annette Weeks había nacido veinticuatro años antes, en Londres. Madre de British Guyana, padre de Barbados, creció en un ambiente muy musical, con ración diaria de Reggae, Calypso y Jazz. Desde muy pronto sabía que se iba a dedicar a la música, y se puso en marcha a la vuelta de un periodo de varios años en Barbados con su familia. Encontró un trabajo en la Tate Gallery de Londres, como asistente de investigación, y aprovechó que transcurrían los días de forma muy aburrida para componer y escribir sus primeras melodías y letras. Cuando por fin se lanzó, juró solemnemente que nunca más volvería a hacer de asistente en la Tate.
Mind adventures fue muy bien recibido tanto por la crítica como por el público. Esa mezcla suave de soul, dance y R&B encontró su hueco en los charts de media Europa. Se benefició de una vía abierta cuatros años antes por Tracy Chapman y su Talkin’ Bout a Revolution. Menos comprometida, más ligera, Des’ree me deleitaba los oídos con su voz grave, pelín ronca. Logró la consagración con su segundo disco, I ain’t movin’, dos años más tarde. El primer single, You Gotta Be, arrasó. La letra no era gran cosa, parecía uno de estos libros tipo Cómo sentirse seguro o 10 lecciones de autoestima. Pero la melodía suave, el tono alegre y un vídeo elegante y muy efectivo ayudó a vender varios millones de copias.
En 1998, Des’ree saca un tercer álbum. Con Supernatural, va a afianzar su éxito en ventas, a la vez que estar el centro de una pequeña controversia acerca de la letra de Life, el tercer single extraído del disco. Life fue sin duda el gran éxito de su vida, se colocó #1 en muchos países europeos, aquí en España también. Pero fue también, de alguna forma, el principio del fin para esta artista. En una curiosa encuesta radiofónica de la BBC, a la pregunta ¿cuál es la peor canción pop jamás escrita? (en cuanto a la letra se refería), se hizo con el primer puesto con Life, por, bien es cierto, unos versos tontos –muy-, juzga tú mismo :
I don’t want to see a ghost / It’s the sight that I fear most / I’d rather have a piece of toast / Watch the evening news
No quiero ver a un fantasma / Es la visión que más temo / Prefiero comer una tostada / Ver las noticias
Ya, muy brillante no es la verdad. En esta votación, la seguía Snap (Rythm is a dancer, por la frase I’m as serious as cancer / When I say rhythm is a dancer), Razorlight (Somewhere else, And I met a girl/ She asked me my name/ I told her what it was), pero también Oasis, U2, Black Sabbath, etc
Años más tarde denunció a la BBC por el trato vejatorio recibido en esta encuesta. Lo que está claro, es que nunca volvió a ser la misma, sacó otros dos discos, pero de forma discreta, el último hace ya diez años. Y por cierto, desde entonces pasó algunos años en una universidad de Londres para completar su formación, y mientras estudiaba, volvió a hacer de asistente de investigación en la Tate Gallery. Mujeres…
Escucha las mejores canciones de Des’ree.
Boney M. – Varios
Se cuenta que en lo más alto de su fama, el grupo Boney M. –hasta cuesta llamarlo grupo- fue invitado a actuar en Rusia por el mismísimo Breznev, con la condición de que no interpretaran la canción –hasta cuesta llamarla canción- Rasputín. Hay tantas anécdotas inventadas alrededor de esta formación que, según el humor del día, te hace sonreír o te da por tirarlo al saco de la Gran Farsa. Es un saco grande y muy cargado, que amenaza con romperse a pesar de las múltiples costuras añadidas, y que pesa como un asno muerto –una acémila muerta diría alguna-. Trataré de no convertir este blog en un nuevo Gólgota, juas.
Boney M. es el grupo lo más alejado posible de lo que uno entiende por música. Una banda prefabricada, en la que se integran miembros que no pintan nada, que no participan nada en la elaboración de los temas que luego reproducen en playback en programas TV y shows en público, y por colmo, no cobran apenas nada de los cientos de millones que generó el fenómeno. Y terminan viviendo malamente de los subsidios estatales, cuando estuvieron algunos años tocando el cielo con un dedo de oro. Mejor dicho chapado en oro.
Las canciones que han dejado para la posteridad son absolutamente insufribles, y la palabra se queda corta. Cuando las escuchaba de joven, en la radio, la tele, los bares, las fiestas, las discotecas, las tiendas, los supermercados, el coche, las odiaba. Era sólo dolor. Hoy cuando las escucho, me sigue doliendo en el alma. Y eso que con el paso de los años, me he vuelto infinitamente más tolerante, hay mucho funk dance disco de esta época que ahora me hace hasta gracia. Lo que no se les puede negar, y por ello Boney M. está en este blog hoy, es su entrega total a la causa, una dedicación hasta la muerte. Claro que para todos los componentes esta aventura representó una ocasión, más que única, totalmente inesperada, de ganar dinero y de salir de un plan de vida que no pintaba muy glorioso. Pero cuántos grupos de rock o pop, o del género que sea, no se han movido también por dinero?
Boney M. es una creación de Frank Farian, alemán con genio y olfato, procedente de la industria musical, que en pocos meses va a construir un hibrido de banda, ensamblando piezas intercambiables, como hizo Victor Frankenstein con su criatura. A mediados de los 70’s, graba él solito un tema –Baby do you wanna bump-, cuyo éxito le lleva a concebir una estrategia marketing digna de la industria automóvil o tabaquera. Contrata a bailarinas insípidas y a un “cantante” de goma y risueño –Bobby Farrell-, con el único propósito de acompañar las canciones que él crea, compone, graba y canta, bailando unas coreografías indignantes, en las que ni siquiera canta quien se supone debía.
Entre 1975 y 1981, se les veía sin parar en todos los medios y escenarios posibles. La cantidad de hits que se les atribuye es espantosa, no hay ni uno que no sepas tararear nada más leer el título: Daddy Cool, Sunny, Ma Baker, Rasputin, Rivers of Babylon. Esta última se quedó #1 de las listas UK cinco semanas seguidas, consiguiendo vender dos millones de copias sólo en Inglaterra, convirtiéndose en el tercer single más vendido en la historia de la música popular en casa de la momia real. En total Boney M. vendió más de cuarenta millones de discos en sus pocos años de vida, a mi me aterra. Aún así les tengo mucho respeto, se volcaron como pocos en lo que creían era una misión casi divina, pero la codicia del tal Frank Farian ese les privó del fruto de su esfuerzo y entrega, y a pesar de múltiples denuncias y juicios, él se quedó con la inmensa mayoría del producto de las ventas y las royalties. Tan sólo pudieron recuperar su nombre años más tarde, pero, envuelto en peleas interinas, cada uno de los miembros históricos y no tan históricos trató de rentabilizar la marca por separado, sin éxito ni uno ni otros.
En 2010, Bobby Farrell, la estrella de Boney M. a pesar de todo, fue encontrado muerto en su habitación de hotel en San Peterburgo, donde había actuado la noche anterior. Había pasado por una malísima racha pocos años antes: vivía en un piso de los barrios pobres de Rotterdam, sobreviviendo gracias a las ayudas sociales, cuando un día de pelea con su mujer, intentó acabar con la vida de ella. Después de una temporada en la cárcel, salió algo renovado, y encontró algo de fuerza para levantar cabeza y ofrecer sus servicios de bailarín risueño en recitales de poca monta, como si no hubiesen pasado los años, re-interpretando viejos hits de Boney M. ahí donde se le daba de comer.
Bobby Farrell, nunca me gustó lo que hacías, pero chapeau. En cuanto a ti, Frank Farian, vales menos que la mierda de tus canciones.
Escucha los mejores hits de Boney M.





