Ludwig Von Beethoven – Oda A La Alegría

Cada cinco años, Europa cae en la trampa del autogol. O lo que es lo mismo, tira piedras sobre su propio tejado. Vamos, hace el ridículo. Para cumplir con su deber de consulta ciudadana democrática, organiza unas elecciones a las que se presentan un montón de grupos y partidos que se pasan la “idea europea” por el forro. Les da una visibilidad surrealista –con un poco de suerte muchos de ellos la volverán a perder cuando se vuelva a comicios locales-, permitiéndoles salir en la foto vomitando su fiel anti europeo. Digo yo, si no te gusta Europa, el euro, la libre circulación de la gente y los bienes, la paz –eso, ríete-, la defensa de valores que si no es Europa no es nadie, y un largo etcétera de argumentos que no viene a cuenta en un blog de música, pues no te presentes, coño. Qué circo, es cansino la verdad. Qué memoria más corta que la nuestra. “Unida en la diversidad”, reza el lema europeo. “Desunida en la adversidad” sería más justo. Si iba a ser sólo alegría, jatetú.

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Samuel Barber – Adagio For Strings

Que las risas se apaguen y el silencio se apodere de todo…

Barber adagio for strings

 

 

Maurice Ravel – Bolero

Ya sé lo que vas a decir, “Puaj, una obra facilona para salir de apuro para el post de hoy”. Ays, no caigas en la creencia popular de que el Bolero de Ravel es una obra para ascensores o supermercados. No es culpa del compositor si hay tantos descerebrados repartidos por el mundo para grabar esta obra en el reproductor de los Otis y Schindler del planeta. Y el que sepas silbar las primeras notas tampoco quiere decir que es una obra fácil. El Bolero, a pesar de su aparente sencillez, es una obra harto compleja, que pocos músicos profesionales saben reproducir de memoria sin ninguna falta de solfeo. Además es una obra con historia y muchas anécdotas, a eso iba, contártelas.

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Charles-Marie Widor – Toccata Sinfonía Nº 5 Opus 42

Y de repente me puse a tararear una melodía que llevaba años enterrada. Ninguna idea de lo que provocó que resurgiera. Pero enseguida supe que no encontraría la paz hasta localizar la obra y su compositor, y de paso, la película en la que la había oído por primera vez. Me ha costado lo que no está escrito, pero sabes, estoy feliz, porque la pieza es infinitamente más bonita que en mi recuerdo. ¿Bonita? Venga ya Fiouck, no seas tacaño… es magnífica, hermosa y emocionante. Una obra maestra para una película que tuvo la Palma de Oro en Cannes 1969.

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Erik Satie – Gymnopédies

Erik Satie murió pobre, muy pobre, casi en la indigencia. Se intuía, pero como no permitía que nadie accediera nunca a su pequeño estudio de las afueras de París, sólo se intuía. Cuando falleció, sus amigos que por fin pudieron entrar en la vivienda del pianista se quedaron perplejos –después de constatar que carecía de prácticamente todo- ante lo amontonado: dos pianos atados entre sí, una colección de falsos cuellos y otra de paraguas, y en el armario, trajes idénticos de terciopelo gris, con los que llevaba vistiendo muchos años. Y nada más. Tenía amigos que le podían haber ayudado, muchos amigos que se hubieran dejado la piel por él. Pero Satie nunca pidió. Ni rescate, ni lástima, ni limosna.  Sobrevivió como pudo a una relación tumultuosa con el piano, iniciada cuarenta años antes.

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Léo Delibes – Lakmé

¿Puedo soltar un taco? Sólo será uno, un poco largo eso sí y algo radical; de estos que te salen naturalmente en los atascos cuando vas fatal de tiempo y ves como el listillo de turno se intenta colar justo cuando estabas pensando en hacer lo mismo. Me dejas? Ya sé que es mi blog y pongo yo los criterios de decoro, pero es que un buen taco queda muy mal por escrito. Si quieres, sáltate el próximo párrafo, nos vemos en el tercero. Allá vamos.

2013, fuck you chierie de ta race de los cojones. Waaaaaa, qué gozada de alivio verdad? Un taco en los tres idiomas del blog, el español para la letra, el inglés para la música y el francés para el autor. Una saludable mezcla para despedir el p… maldito año.

Y darle la bienvenida al nuevo. Pues eso, 2014, bienvenido. No sé por qué, pero parece que tenemos todos asumidos que nos vas a traer un pequeño lote de buenas noticias. O será el método Coué? No nos defraudes, 2014, que estamos hasta los mismísimos del caos de tu primo 2013. Hasta los mismísimos. No podemos seguir así, que se están tensando de verdad los ánimos. Estamos demonizando a todos los sectores de esta sociedad, con los nervios a flor de piel. Yo aquí mismo me he ensañado varias veces con la Gaga y el Guetta, cuando la verdad ni deberían de llamarme la atención. También con Morrissey, Bieber y Gallagher, para que veas. Así que, 2014, apúntate añadir a tu larga lista de cosas que nos tienes que traer, un poco de serenidad.

Leo Delibes Lakme

Serenidad. Es mucho pedir? Venga empiezo yo. Te dejo con uno de los temas de la música clásica que considero, en mi humilde ignorancia, como de lo más hermoso, el famoso Dúo de las Flores, del acto I de la ópera de Leo Delibes, Lakmé. Esta obra, inspirada en el libro Rarahu o la boda de Loti, de Pierre Loti, se estrenó en 1883 en París. La historia, que transcurre en la India dominada por los británicos, cuenta una efímera historia de amor entre Gerald, oficial del ejército inglés y Lakmé, bella hindú recluida en la finca de su padre, brahamin. Romeo y Julieta con cordero vindaloo, nan de queso y arroz basmati. No te digo cómo termina, que luego vas a decir que te he chafado el día.

Desde entonces el tema del Dúo de las Flores forma parte de los típicos recopilatorios de música clásica que se regalan en los reyes cuando falta inspiración, entre Las cuatro estaciones y Rondo Alla Turca. Aparece en la BSO de bastantes películas –entre otras en aquella escena de amor lésbico entre Catherine Deneuve y Susan Sarandon en la película El Ansía, de Tony Scott- y se ha utilizado en muchos anuncios en España y el mundo. Pero no pasa nada, no me canso de escucharlo. De verdad, da serenidad. Hala, 2014, portate bien.

 

 

Escucha el Dúo de las Flores, de la ópera Lakmé, de Léo Delibes

Felix Mendelssohn – Marcha Nupcial

Hoy toca boda. Obviamente la mía no. No estaría aquí escribiendo esto, con una camisa blanca por planchar, un nudo de corbata por hacer y un “sí quiero” por aprenderme de memoria. Na, se casan unos buenos amigos. El novio es de León y la novia de Madrid, y por una vez, reconozco que mola que manden las chicas: la boda se celebra en Madrid. Así que no, no me caso yo, pero no es ningún motivo para no ir super arreglado; mi camiseta preferida de los Sex Pistols lleva una semana debajo del colchón, parece como nueva. ¿Sonará La Marcha Nupcial, de Mendelssohn? Eso espero, al final no me canso de escucharla, huele a alegría y felicidad y qué quieres que te diga, soy un chico sensible.

Jakob Ludwig Felix Mendelssohn Bartholdy, más conocido como «Feli el Cupido», es un Director de Orquesta, pianista y compositor alemán, nacido el tres de febrero de 1809, muerto en 1847, después de sólo 38 años de una vida muy intensa y fecunda en obras de un gran clasicismo. Qué pocos años de vida son, por dios, qué hubiera sido de Mendelssohn de vivir el doble como sus colegas del gremio. Hoy Mozart y Beethoven tendrían que apretarse para dejarle más sitio en el altar, sin duda. Fue el gran maestro del periodo alemán romántico –cómo que te chirria la expresión “alemán romántico”, mira la Merkel, reboza romanticismo con sus escotes primaverales-. Claro que con una vida tan corta, su notoriedad se debe a pocas obras maestras, como El Sueño de una Noche de Verano, basada en la obra de Shakespeare, y de la que está sacada la Marcha Nupcial.

Felix Mendelssohn era el nieto del famoso filósofo judío Moses Mendelssohn. Gracias a su fama, este pudo adquirir, por Otorgamiento Real, los derechos cívicos a los que normalmente su condición de judío no dejaba llegar. Fue nombrado Judío Protegido Extraordinario por el Rey de Prusia Federico II El Grande, es decir un estatuto de judío de tercera –de un total de seis escalones-, que le permitía residir en Berlín sin ser molestado por ser de confesión judaica –fíjate si viene de lejos la cosa, si tendemos a situarlo más bien a mediados del XX ¿verdad?-. Con esto, el padre de Mendelssohn pudo integrarse en el círculo de los negocios berlineses, y convertirse en banquero próspero –suena a doble pleonasmo, banquero judío próspero-. Total, a lo que iba, el Feli demostró desde muy pequeño ser un niño musicalmente prodigioso. Y humorísticamente también: con doce años, compuso, con motivo del cumpleaños de su padre, su primera ópera, en la que criticaba la educación demasiado rigurosa que recibía de sus progenitores. Ays con los niños, les das una chuche, y te arrancan el paquete y la mano que lo sujeta. Aquel mismo año, conoce a Goethe –sí sí, el mismísimo Goethe, no el delantero del Shalke de los 70’s-, que le terminó admirando, declarando un día que las facultades de Mendelssohn rozaban el prodigio –¿por qué Goethe repite lo que acabo de decir?-.

Mendelssohn

Con dieciséis años, ya tiene un catálogo de obras abultado, sinfonías, concertos para violín y piano –que interpreta con su hermana Fanny, virtuosa del piano-, y un octeto para cuerdas –cuánto me das para que te explique lo que es un octeto?-. Durante los años siguientes, viaja por toda Europa, entabla amistades con los más grandes compositores de la época, el Rey Federico Guillermo IV le encarga reorganizar la vida musical de Berlín, un oficio y prestigio que hace de él el compositor europeo más famoso de su época. Se casa con una francesa, Cecile Jeanrenaud, tiene cuatro hijos, compone, crea, dirige, hasta el cuatro de noviembre de 1847, día en el que fallece a causa de una apoplejía.

La obra El Sueño de una Noche de Verano fue compuesta en 1826, cuando sólo tenía diecisiete años, y se ejecutó por primera vez el año siguiente. La séptima pieza de la Ópera es la famosa Marcha Nupcial, posiblemente la más usada en las bodas occidentales desde hace más de ciento cincuenta años.

Habrá que ver si toca hoy.

[Me dicen que no me pase de listillo, que de camiseta de Sex Pistols nada, traje y corbata como todo el mundo. Mff…]

 

 

¡¡Felicidades para los novios!!