Pixies – Doolittle

Frank Black tiene la cabeza como un M&Ms cacahuete amarillo. Lo sé, me acabo de comer uno. La pequeña M impresa en blanco en la chuche va por “Mística alienígena”. Porque cuando no compone ni canta, Frank Black habla de ovnis y distorsiones espacio temporales. También de extraterrestres, planetas lejanos, y cosas así. Oye cada uno con sus creencias y cositas verdad? Yo por ejemplo, como M&Ms, los de cacahuete y de cualquier color. La M de las mías es por “Menudo post más raro Fiouck, céntrate un poco”. A lo que iba, hoy toca celebrar a uno de los grandes, hacía mucho que el blog no volvía a la década de los milagros, los lustros prodigiosos, los mal llamados 80’s. Ja. Pixies, hoy toca Pixies. Qué grandes.

La segunda parte de los 80’s les pertenece casi entera. La apisonaron con su talento y creatividad inmensos. En 1984, Frank Black, que en esa época se llama todavía Charles Michael Kittridge Thompson IV –con cabeza de Jelly Beans-, conoce en la universidad a su amigo de toda la vida, Joey Santiago. Frank es fan de música de los 60s –los cuatro sosos de Liverpool y Donovan entre otros, a parte de haber pasado múltiples veranos en campamentos religiosos donde escuchaba rock cristiano-, mientras que Joey sólo escucha punk rock y Bowie. No es difícil adivinar quien le enseñó al otro. Empiezan a componer temas y publican un anuncio para reclutar a un bajista, en el que solicitan un músico al que le guste Hüsker Dü y Peter, Paul & Mary, dos estilos claramente opuestos. Se presenta Kim Deal, guitarrista, que no bajista, y recién casada. Queda muy bien eso de decir “supimos a la primera que era ella la que buscábamos”, cuando en realidad, fue la única en contestar el anuncio. Luego se les junta David Lovering, amigo del marido de Kim. Para escoger un nombre, Joey mira en el diccionario que siempre le acompaña –era filipino, nacido en Manilla- y se detiene en la palabra Pixie –en español, un elfo pequeñito-. Dan un primer concierto en Boston en septiembre 1986, como teloneros de The Throwing Muses. Después de su actuación, se les acerca Gary Smith, afamado productor musical, que, según la leyenda, les dijo nada más darles la mano: “no podría conciliar el sueño hasta que no fuerais mundialmente famosos”. Estos rockeros, menudos románticos. Se encierran tres días en un estudio, del que salen con dieciocho canciones y varias cassettes para enviar a discográficas y medios. Le llega una a Ivo Watts-Russell, dueño del mítico sello 4AD, no se queda impresionado pero su novia de aquel entonces le convence de firmarlos. Le puede dar las gracias. De los dieciocho temas, se quedan con ocho para grabar un EP, llamado Come On Pilgrim. A la hora de imprimir la funda, Charles Michael Kittridge Thompson IV decide llamarse Black Francis -Frank Black cuando inicie su carrera en solitario-, y Kim Deal, Mrs John Murphy –nombre de su marido-.

Pixies-Doolittle

El EP tiene ya todas las características del estilo Pixies. Punk rock y surf, letras raras (incesto, onanismo, religión, etc), mezcla de inglés y español, bajo poderoso, guitarra torcida y frágil, batería omnipresente. Y la voz de Black Francis, aguda y grave, suave e histérica. Muchas de las canciones son construidas según el mismo esquema, un ritmo lento que explota durante el estribillo. El año siguiente, 1987, publican su primer verdadero álbum, Surfer Rosa, el disco de cabecera de Kurt Cobain –Pixies fueron la mayor influencia de Nirvana-. Varios medios musicales –Melody Maker y Sounds- lo declaran nada más publicarse como el disco del año. Al igual que el EP, el álbum mezcla con infinito talento muchos estilos, con dos singles de éxito, Gigantic –una de las pocas canciones escritas por Kim-, y Where is my mind, la canción posiblemente más famosa de la banda. Después de una enorme primera gira por toda Europa –¡por qué no fui!-, con grabación de una Peel Sesions incluida, vuelven a los US para grabar un segundo disco. Doolittle. Indudablemente el mejor de los cuatro que publicó Pixies, con una cantidad increíble de éxitos y canciones con estilos tan variados para la eternidad. Here comes your man, Monkey gone to heaven, Hey, Debaser, Tame… Forma parte de la leyenda rock desde entonces, difícil no incluirlo en el top 10. En la lista de los 500 discos más grandes de la historia de la música, Rolling Stones lo sitúa en el #266, cuando debería estar mucho más cerca del Nevermind de Nirvana, del London Caling de The Clash o el Nevermind the Bollocks de los Sex Pistols. Un álbum majestuoso. Wow.

 

 

 

Escucha las mejores canciones de Pixies.

 

Nena – 99 Luftballons

Nena, pobre nena, tiene posiblemente el peor ratio de éxitos vs discos publicados, de toda la historia de la música popular. De un lado, el indiscutible hit planetario, 99 Luftballons, del otro, un palet con dieciséis álbumes de estudio, dos ediciones especial internacional, cinco discos live, diez recopilatorios, dos bandas sonoras originales, siete discos de música para niños. Lo peor es que le llegó el éxito con su primer disco, en 1983, luego fueron treinta años de desierto, por lo menos fuera de Alemania. Y cuando tocaba cambiar el coche o pagar el colegio de los niños, hop, una nueva versión de los globitos, y tan pancha.

Nació en 1960 en Hagen (Alemania del Oeste), como Gabriele Susanne Kerner, pero irrumpió en Europa como Nena. No, no por la gracia con su ciudad…. -la ciudad, Hagen… ¿lo pillas? Sííí, Nena Hagen, muy bien, ves cuándo quieres…-, no, Nena porque sus padres, al igual que otros cuatro trillones de alemanes, veraneaban en España, y con poquitos años le pegaron este mote. Hasta 1979, no le pasa nada destacable, Alemania es un país tranquilo. Aquel año un amigo le propone cantar en su grupo, llamado Stripes. Acepta pero apenas dura la banda. Dos años más tarde, se muda a Berlin Oeste con su novio, donde inician una nueva aventura musical, con la ayuda de otros músicos cuyos nombres no te voy a dar, son muy largos y complicados de escribir. Bautizan la formación como ella –qué monooooos estos chicos-, Nena. En 1982 publican su primer single, Nur Geträumt –sólo sueños-, que se convierte en pequeño hit local, después de que un programa de TV musical les programe en hora de máxima audiencia.

99

En 1983, se edita su primer álbum, llamado igual que el grupo. El disco formó parte de lo que se llamó la Neue Deutsche Welle –Nueva ola alemana-, un saco cómodo donde al final entraban todas las bandas germanas que no tocaban folklore tirolés. Porque poner a D.A.F. y Nena en el mismo estilo, ya me dirás. Total, que a la Nena le toca el obeso mórbido de Navidad. Tanto el álbum como su principal single, 99 Luftballons, se instalan una larga temporada en el #1 de los charts alemanes y austriacos –Austria tiene cierta tendencia a hacer lo que les dicen los alemanes-. Viendo que el idioma va a ser un obstáculo para las ventas fuera de la “tierra elegida”, sacan una versión en inglés, mal traducida por 99 Red Balloons. Arrasó allá donde se lo proponía, desde Alaska hasta Australia. Fue #1 en prácticamente todos los países europeos, y si en los US no lo logró, es porque delante se le puso un tal Van Halen, con el tema Jump. La canción era políticamente (in)correcta –según como te sitúes-, denunciaba la carrera armamentística de las dos grandes potencias de la época –¡qué fue de ellas!-. A mi me gustó mucho cuando salió, más bien la versión en alemán, sonaba mejor, pero al ver el vídeo esta mañana, me costó no echarme a llorar de risa. Uch, reconozco que los vídeos ochenteros eran lo peor. Como anécdota, es la canción alemana que más alto llegó en las listas de ventas US, ya que Falco con su Rock Me Amadeus, que sí llegó al #1, era austriaco.

Y luego como muchas veces, la gran nada. Publicaron más discos, hasta su separación en 1986, sin lograr repetir la hazaña ni de lejos. Ella siguió su carrera en solitario, tocó de todo, incluso sacó un álbum sólo con covers, en el que destacaba –a mi juicio- una versión muy buena del She’s Like a Rainbow, de los Rolling Stones.

Ay, Nena, éramos jóvenes…

 

 

 

 

C Cat Trance – Shake The Mind

Este es un domingo que no me va a gustar. Los días uno de septiembre no molan. Especialmente si caen en domingo, que tienes todo el día para pensar en lo que se avecina. Huelen a días cortos, lluvia, frio, ropa incómoda, embrollos de mil tipos, fiestas navideñas a un tiro de piedra, bajones, nerviosismos, atascos. Los limpiaparabrisas ritmando el estribillo pegadizo de Shake the mind, de C Cat Trance. Por dios, mi reino por una isla con treinta grados todo el año. El ginto en vaso de sidra por favor.

C Cat Trance fue montada en 1982 por John Rees Lewis, cantante y saxofonista, y Nigel Kingstone Stone, batería. Ambos acababan de salir de otro grupo, Medium Medium, uno de estos grupos que nace con la íntima convicción de que van a cambiar el panorama musical. Una convicción tan íntima íntima que nadie más la comparte. Y cuando se dan la vuelta para ver si todo el mundo sigue, se dan contra el muro, apagándose la luz con la que iban a iluminar el mundo. Su música post punk funk –oye, por qué no- no funcionó, la verdad. Sólo el tema Hungry, So Angry, de 1981, logró entrar en el Billboard disco chart, en el #48. Una semana. Así que John Rees Lewis decidió marcharse, con el batería. En 1982 montan C Cat Trance, con la firme intención de cambiar el panorama musical. John, muy mal, a tu edad… Esto sí, no se les puede negar cierto empeño, hasta el año 1990 publicaron cinco álbumes. Estilo? New wave electro world intensa. En su día se dijo del grupo que estaban adelantado a su tiempo. La pregunta es, ¿a cuál? Ha terminado por llegar ese tiempo?

shake

En 1986, sacan su único “hit”, Shake the mind, un buen resumen de su música, teclados “Can”, ritmos electros, bajo funk, sonidos new wave, coros world. Pon los limpiaparabrisas, luego zumito y a misa.

Escucha Shake the mind, de C Cat Trance

The Christians – The Christians

El nombre del grupo no fue una intentona subliminal de la Conferencia Episcopal de apartar nuestras almas del fango inmoral del rock, simplemente los miembros fundadores se apellidaban así. Roger, Garry –el calvo con gafas negras a lo Morfeo- y Russell, Christian, tres hermanos de una familia de once, con padre jamaicano y madre inglesa. Como en el 99% de los posts de este blog, estos tres cantan desde muy pequeño, a capella, temas procedentes del repertorio de la soul y el R’n’B de los 60 y 70’s, y se producen cada vez que pueden, bajo el nombre de Equal Temperament y más adelante Joe Public.

Ahora toca el momento varita mágica, como tanto te gustan, ja. Un día, les ofrecen participar en programa de tele local –estamos en Liverpool, 1983-, en el que cantan la famosa canción de Cole Porter, So in Love –interpretada por decenas de cantantes desde 1948, busca la de Ella Fitzgerald en Youtube-. El programa lo pilla de casualidad un tal Pete Fulwell, manager de varios grupos como It’s Immaterial y Black, que, impresionado por la calidad vocal del cantante, decide apuntar seguirles sus aventuras, por si las moscas. Y se olvida. Un año después, tachaaaan, se sube a un taxi, cuyo conductor no era otro que el hermano menor de los Christian. En esa época, Pete Fulwell está trabajando en la grabación del primer álbum de It’s Immaterial, Life’s hard and then you die. Organiza un encuentro entre los hermanos y el arreglador y guitarrista, Henry Priestman, quien les pide que hagan los coros en uno de los singles del disco, Ed’s Funky Dinner. A partir de ahí empieza una colaboración creciente entre los cuatro músicos; componen y ensayan canciones propias, y deciden lanzarse a la aventura como The Christians.

The Christians

En 1986 envían demos de su trabajo a varias discográficas, firmando finalmente con Island Records. En enero del año siguiente, se publica el primer single de una serie de cinco que logran entrar en los charts británicos. Forgotten town, Hooverville, When the fingers Point, Ideal World y Born Again. Cinco éxitos que permiten al disco –del mismo nombre que la banda- vender sólo en UK más de un millón de copias y subir hasta el #2 del top álbumes. Para Islands, es el record de ventas para un primer disco. Acostumbrados a cantar a capella desde siempre, los juegos de voces de Garry Christian y sus hermanos, cálidas a la vez que un poco roncas, hacen maravilla. Acompañadas por una impecable mezcla de música soul, pop y funk, las canciones de The Christians triunfan en toda Europa. El típico disco que le gusta incluso a tu suegra –o cómo marcar puntos fácilmente-.

En 1988 realizan una versión desinteresada del Harvest for the world, de los Isley Brothers. El vídeo –una compleja animación muy efectiva-, premiado con varios awards, arrastra la canción hasta el #8 en los charts, y permite recaudar un dinero íntegramente destinado a organizaciones caritativas. En 1989, colaboran con ex artistas de la ciudad –Paul McCartney, Holly Johnson, etc-, interpretando una versión del bonito tema Ferry Cross The Mersey, de Gerry and the Pacemakers (1965). La canción se queda varias semanas en lo más alto de las listas UK, mientras el producto de las ventas fue a parar a una asociación creada para ayudar a las víctimas de la tragedia del estadio de Hillsborogh en Shefield (1989), en el que murieron 95 personas.

En 1990, publican su segundo álbum, Colour, con el que repiten triunfo. Pero la banda no aguantó mucha más presión; los miembros empezaron a irse, llevándose parte de la receta y la inspiración. The Christians, dos bonitos discos emblemáticos de la época –te dejo con el primero-. Luego llegaría Seal, con el terreno allanado.

 

Escucha entero The Christians, de The Christians

 

Ryuichi Sakamoto – Forbidden Colours

坂本 龍 (Ryuichi Sakamoto, en japonés).

Si Art Of Noise estaba con el Fairlight CMI, Ryuichi Sakamoto y sus comparsas de Yellow Magic Orchestra le daban como niños al Vocoder, otro artilugio electrónico de finales de los 70’s, buscando sonidos nuevos, texturas musicales, entornos sonoros. Hijos espirituales de Kraftwerk, los japonés de YMO se dieron a conocer primero con la canción Computer Games, tema insufrible que llegó incluso a entrar en los charts británicos –no es oro todo lo que reluce!-. Luego mejoraron un poco la cosa con Behind The Mask y otras canciones menos conceptualistas. Eso, un poco. La aventura YMO le dio a Ryuichi una oportunidad para entrever de qué era capaz, hacia dónde se tenía que ir, y hasta dónde se podía llegar. Sacó pecho Sakamoto –puah, que malo Fiouck- e inició su propia carrera en solitario en paralelo a la banda.

En 1978 saca un primer álbum, Thousand Knives of Ryūichi Sakamoto, un mix de música electrónica y música tradicional japonesa –esta última un auténtico coñazo, pero que cada cual opine-. Dos años más tarde, con su segundo trabajo, B-2 Unit, empieza a salir de sus fronteras, en especial el tema Riot In Lagos, que inspira incluso al gran maestro del beat de la época, Afrika Bambaataa. La importancia de esta canción no ha parado de crecer a lo largo de las décadas, hasta tal punto que The Guardian la incluyó en 2011 en su lista de los cincuenta hitos de la música dance. En 1982, empieza una colaboración -que se agradece- con David Silvian, cantante del grupo Japan. En 1983, año de la separación de Yellow Magic Orchestra, Ryuichi se internacionaliza definitivamente, incrementando el ritmo de colaboraciones con grandes nombres de la música popular, Iggy Pop y David Byrne entre otros.

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1983 es también el año de Furyo, largo metraje de Nagisa Oshima más conocido aquí como Bienvenido Merry Christmas Mr Lawrence. Esta soberbia película significó para Ruichi Sakamoto un doble reto: su primera banda sonora original y su primer papel como actor. La verdad es que se sale el amigo, tanto la música como su actuación son dignas de los elogios más ditirámbicos. La historia se centra durante la segunda guerra mundial, en un campo de prisioneros occidentales vigilado por soldados japoneses –Furyo era el nombre que estos últimos daban a sus presos-, y especialmente en cuatro personajes: el coronel yankee (David Bowie), el oficial británico (Tom Conti), el jefe del campamento (Ryuichi Sakamoto) y su fiel sargento (Takeshi Kitano). Durante toda la película Ryuichi se hace el duro sádico con el rubito, para finalmente resignarse a admitir su profunda atracción física y sentimental por el americano, inmenso deshonor para un alto mando del ejército japonés. La actuación de Ryuichi Sakamoto es fabulosa, hasta la de David Bowie se queda muy digna –eso sí es guapo el cabrón, cuando se estrenó a mis amigas les quitaba el habla-. Y la BSO, para ser la primera que componía, es una obra maestra que le permite llevarse el premio BAFTA a la mejor música para cine, mientras la película es seleccionada para competir en Cannes 1983. La canción Forbidden Colours, escrita por él e interpretada por David Sylvian es una de estas joyas de los 80’s.

Con los años Ruychi Sakamoto siguió abordando todas las facetas de las artes audiovisuales. Firmó la BSO de varias películas de Bernardo Bertolucci –El Último emperador, El Pequeño Buda-, de pedro Almadovar –Tacones Lejanos-, Oliver Stone –Wild Palms- o Brian de Palma –Ojos de Serpientes-, publicó más discos, se adentró en la composición más clásica –su gran maestro es Claude Debussy-, y recibió numerosos premios por todo ello. En 1989, sacó lo que para mi queda como su mejor trabajo, el álbum Beauty, en la que sobresalen algunas perlas, como Amore –wow-, Diabaram –interpretada por Youssou N’Dour, re-wow-. Son temas de una gran intensidad emocional, hermosos, melancólicos, muy trabajados. Thank You Mr. Sakamoto.

 

Escucha algunas joyas de Ryuichi Sakamoto.

Art Of Noise – In No Sense, Nonsense!

Art Of Noise, o cómo hacer música pensando en ruidos de artilugios. Jatetú, cuántos músicos hacen justo lo contrario, ruido, pensando en crear música. Mirando ventas, parece evidente que hacer ruido funciona mejor. A los componentes de AON no les importaban ni los charts ni la fama, durante el tiempo que se quisieron dar, se dedicaron a crear la música que les apetecía, vanguardista a la vez que un poco pretenciosa, muy efectiva, emocionante, siempre original, una especie de collage de múltiples estilos y sonidos. Art Of Noise fue una formación a parte, aunque esencial, en el paisaje de los años ochenta.

Los miembros, más que músicos en el sentido rock’n’roll de la palabra –el sentido que me gusta a mi-, eran técnicos de la música. Gary Langan era ingeniero de sonido, habiendo trabajado en la grabación de varios discos de Queen. Paul Morley era periodista para el NME –New Musical Express-, en la época dorada de este semanal musical nacido en 1952. J.J. Jeczalik era ingeniero electrónico, programador del famoso Fairlight CMI, sintetizador australiano que hizo las delicias de los que investigaban al principio de los 80’s sobre música electrónica –si miras en google, te va a dar un ataque ver cómo este artilugio cabría ahora en tu reloj-. Ann Dudley, la chica del grupo, alma romántica de los ruidos extraídos de los artilugios de Art of Noise, futura compositora de bandas sonoras como la de Full Monthy. Y Trevor Horn, alma mater, fundador con Gary Langan y Paul Morley del sello ZTT, era el que más experiencia tenía como integrante de un grupo, ya que formó parte del dúo Buggles, responsable del mega hit Video Killed The Radio Star de 1979 –que Robbie Williams retomará treinta años después como Reality Killed the Video Star-. ZTT fue, con 4AD, el sello con el que buena parte de la década de los 80’s no existiría hoy. ZTT firmó, publicó y promocionó los discos de artistas como Frankie goes to Hollywood, Grace Jones, Roy Orbison, Propaganda, Tom Jones, y muchos más. Eso, ochenteros, y qué!

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A principios de los ochenta, estos cinco deciden investigar qué se le puede sacar al Fairlight CMI y demás sintetizadores antediluvianos, comprando Trevor Horn uno de los primeros ejemplares. En esta época ya son muchos los grupos en integrar trozitos de música –samples- a sus canciones, casi como adornos. Pero Art Of Noise va a ir más allá y “manufacturar” canciones íntegramente con samples sacados del Fairlight, simultáneamente con músicos como el francés Jean Michel Jarre o los suizos de Yello. Antes de publicar sus propios temas, AON trabaja para otros, como ABC o el inefable Malcolm McLaren. En 1983 publican un primer EP, Into battle with the Art of Noise, y un año más tarde, el primer disco, Who’s afraid of The Art of Noise. El disco contiene entre otras rarezas, una de las joyas ochenteras, Moments in Love, de más de diez minutos de duración. Le canción que más se escuchó en los centros comerciales, parkings y ascensores de Europa durante años, sin que nadie acertara a decir who the fuck canta esto. Bueno yo sí sabía, me molan los 80’s, ja. Por cierto, Pitchfork le da un 8,6/10 al disco, algo es algo. En 1985 sale el segundo, con Paranoimia como canción más notable, con un vídeo que ponía en escena un muñeco virtual llamado Max Headroom. Claro, te suena eh? Luego le toca el turno a In No Sense, Nonsense!, tercer disco, publicado en 1987. Conceptual? Vanguardista? Pretencioso? Escuchado entero suena raro y puede resultar cansino. Hay que escucharlo muy por separado, porque contiene algunas perlas fascinantes, como el tema Debut, admirable y bellísima pieza clásica desafortunadamente demasiado corta. Y Yebo, world music alegre a tope. Y Crusoe, intimista. Te dejo con estas tres canciones, más el famoso Moments in Love. Son muy representativas de Art of Noise y su Fairlight. Benditas 80’s!

 

Escucha las mejores canciones de Art Of Noise

Joe Mubare – No Man’s Land

Looking for Joe Mubare. Una película de Fiouck, guión de Fiouck, con Fiouck. Música de Joe Mubare. La película es corta y un tanto aburrida, cuenta los vanos esfuerzos del protagonista principal –sólo hay uno de todos modos, no requiere mucha concentración- para encontrar información biográfica de un músico de los 80’s, que dejó para la posteridad un álbum brillante, por no decir genial, pero casi ningún rastro en Internet.

Cómo es posible que, en 2013, con el gran belceboogle tejiendo su red con malla cada vez más estrecha, logre uno escapar a las búsquedas? Joe Mubare es el gran desconocido telemático. Si no estuviesen algunos de sus discos a la venta en ciertas tiendas on-line, hasta se podría dudar de su existencia. Ni wiki ni leches. Ni artículos, ni posts, ni fucking huella del músico. Hasta cabrea el tema. Bueno, realmente, encontré algo, un texto corto en alemán. El alemán –los que siguen el blog ya lo sabrán-, lo estudié, pero aquello superaba los pocos conocimientos que me quedan treinta años después, así que lo pasé por el traductor de belceboogle, y esto lo muy poco que logré averiguar sobre Joe Mubare.

El tipo es alemán. Primera noticia, siempre había pensado que era inglés. Nació en 1947 en el Südtirol. Montañas verdes, pastos verdes, bosques verdes, vacas gordas -estamos en Alemania-. No es de extrañar que Joe Mubare, después de recibir una formación musical –no se sabe más, si es autodidacta o estudió-, se haya marchado a Estados Unidos, Los Angeles. Allí desarrolló una carrera de compositor para la 20th Century Fox, películas y series. Nada del otro mundo, de lo contrario no se habría vuelto a Alemania a principios de los 80. Allí, durante la década que tanto aborrecen algunos lectores de este blog –no tenéis ninguna idea, ja-, se dedicó a componer para él mismo. Cuatro álbumes en total, de los que No Man’s Land. Luego volvió al mundo de las BSO, donde su nombre sigue apareciendo por lo visto en algunas películas y series teutonas.

Joe Mubare

En 1985 sale No Man’s Land. El título I Love You, que abre el disco, gusta a algunos locutores de radio en Europa, que lo ponen en rotación, pero nada, no se convierte en éxito de venta. Lo que sí consigue, es convertirse en objeto de culto. Yo tengo el 45T de vinilo, forma parte de mis pequeñas joyas –por el cariño que le tengo, no por lo que vale-. I Love You está a medio camino entre Tom Waits y JJ Cale, más que nada para orientar al personal. Tiene una melodía y un ritmo pegadizos, pero con clase. Todas las canciones que componen el disco tienen esa misma tremenda calidad. Basta con escuchar Jumbo Oh, siete minutos de percusiones crescendo épicas, o la canción que da título al álbum, No Man’s Land, hermosísima composición lenta. Y Just You, Some Women, melancólicas pero no tristes. Es un OVNI atemporal, se podía haber publicado ayer, y se seguirá diciendo lo mismo dentro de cincuenta años. Joe Mubare en busca y captura. En su particular huida, dejó caer este disco, mi regalo de hoy.

 

Escucha entero el disco No Man’s Land, de Joe Mubare