Les Rita Mitsouko – The No Comprendo

Les Rita Mitsouko. El primer concierto que me impactó de lleno. Corría el año 1981 –creo-, llevábamos poco oyendo hablar de este dúo transgresor, yo era incapaz de nombrar o tararear una de sus canciones, pero ya tenían un aura de frescura inconformista que no dejaba de sorprender para una banda francesa. Así que cuando nos enteramos de que se venían a mi ciudad -¡¡a mi ciudad, era como ser de Burgos y tener a Suicide tocando en alguna sala municipal en los 70’s!!-, compramos nuestras entradas religiosamente, contando los días hasta el día D, como los niños antes de su cumpleaños. Y llegó el día.

Habían elegido una sala que ni conocía, llegamos bastante antes, no vaya a ser que hicieran overbooking. Tsss. Así que nos situamos, no delante del todo, pero muy cerca del escenario, y casi centrado. Fue un mazazo en toda regla. En mi –corta- vida había visto y escuchado algo semejante. Era como hacer borrón y cuenta nueva de toda la música que me gustaba. Fred Chichin, el guitarrista, estaba sentado detrás de la cantante, con un Revox –claro, con tanto Smartphone nos hemos olvidado de los fundamentos, un Revox era un lector de cintas de audio muy grandes- reproduciendo la batería, especie de caja de ritmo pre digital. Iba vestido íntegramente de bolsas de plástico del ultramarino de al lado, marca Felix Potin –sería algo así como los Spar de aquí, en más pequeño-. Y Catherine Ringer, la cantante, pasó parte del concierto sentada a horcajadas, ofreciendo sin ningún pudor su intimidad a los espectadores que curiosamente dejaban de bailar el pogo cuando se sentaba. El concierto fue un antes y un después, de repente parecía que en Francia también había artistas chalados, originales y talentosos, que no siempre tenía porque venir de UK –al mismo tiempo se publicó el mítico álbum Play Blessure de Alain Bashung, ya hablaré de ello más adelante, otro mazazo en la producción musical del país vecino-.

Fred Chichin y Catherine Ringer se conocen en la escuela, en 1979. Lo suyo es el arte en todas sus facetas. Tocan música y aprenden a bailar, mientras ella rueda en algunas películas pornográficas para ganarse la vida. La profesora de baile es una joven bailarina y coreógrafa argentina, Marcia Moretto, que les acompaña en los escenarios en los primeros conciertos que dan. Se bautizan Rita Mitsouko, Rita por la actriz Rita Hayworth, y Mitsouko que significa misterio en japonés -pocos años después añadirán la particula Les delante, después de comprobar que el público creía que era el nombre de la cantante-. Desgraciadamente Marcia se muere de un cáncer fulgurante, con tan solo 32 años. Algunos años más tarde, Les Rita Mitsouko se hacen famosos con el tema Marcia Baila, en homenaje a su amiga fallecida. Esta canción se convierte en un hit, iconoclasta y alegre en su composición, trágica en su letra. A partir de ese momento y hasta el fallecimiento del guitarrista en 2007, Les Rita Mitsouko se hacen con el estandarte de una Francia musical que no se resigna a escuchar la pop sosa nacional o de fuera.

rita

En 1986, el dúo saca The No comprendo, su mejor álbum, del que se extraen los tres singles que forman parte de la leyenda del grupo: C’est Comme Ça, Andy, Les Histoires d’A. El disco se graba en el domicilio del grupo, proceso íntegramente rodado por Jean Luc Godard, el cineasta de la Nouvelle Vague de los 60’s por excelencia, cuyo resultado se montó como película, Soigne Ta Droite. Producido por Toni Visconti –sí, el de Bowie y de T-Rex en los 70’s-, el álbum es un exitazo en Francia. Rock, funk, punk, ofrece una variedad de canciones irrepetibles e inimitables, locas y barrocas. Obra maestra en su género, Rolling Stones lo clasificó como el séptimo mejor disco de rock del país. Un torbellino gozoso.

Venga, dale fuerte, luego zumito y a misa. C’est comme ça.

 

 

Escucha las mejores canciones de The No Comprendo, por LEs Rita Mitsouko

Peter Gabriel – La Última Tentación De Cristo

No he visto nunca La Última Tentación de Cristo, la película de Martin Scorsese. No la vi en su día, tal vez ahora con la edad me dejaría tentar. La vería porque este señor es de mis directores preferidos, posiblemente ese sea el único largometraje suyo que no he visto. Respeto su elección de indagar en la vida de Jesucristo para plasmarla en una película –digo respeto como si yo tuviera algo que decir, ja-. También respeto a la gente que la vio, por los motivos que fueron, creyentes o no. A mi no me llegó, no me interesaba, no es lo mío, simplemente. Como a muchos, me repugnó la movilización de cierto sector católico en contra de la película, aunque parece que hace ya décadas. Ojo, no es que hayamos mejorado en todo este tiempo, mira las viñetas con las caricaturas de Mahoma, casi se dejan la vida en ello los dibujantes, vomitivo.

Pero sí me compré el disco, nada más publicarse. Primero el vinilo, luego el CD. Es de estos álbumes que me llevaría a cualquier sitio, es de una belleza inaudita. Peter Gabriel alcanza en esta obra la cumbre de su carrera. Ya volveré a dedicarle a este genial músico un post entero, sobre su vida y dedicación a la música, primero como miembro de Genesis, luego como artista en solitario, finalmente como fundador del sello Real World, que ha hecho más para la música que todas las gesticulaciones de muchas estrellas a lo largo de los últimos lustros. Hoy sólo quiero centrarme en esta banda sonora, hermosa a más no poder. Es raro poder desvincular una BSO de su película, normalmente una no va sin la otra, pero Peter Gabriel lo logra magistralmente.

[Ya van tres escuchas del tema It Is Accomplished, buf…]

Passion

Cuando Scorsese le encarga la composición de la banda sonora, lo hace con conocimiento de causa. Cuatro años antes, el artista había creado la música de la película Birdy, de Alan Parker, con Mathew Modine y Nicholas Cage –algún problema en decir que se trata de una de mis películas preferidas?-, su primera incursión en el cine, en colaboración con Daniel Lanois. En esta época, Peter Gabriel está en pleno lanzamiento de su sello, sabe que con este encargo, Scorsese le ofrece una ocasión única de darlo a conocer al mundo entero.

Buceando por las músicas del mundo, esencialmente del próximo oriente, pero también de África y Asia, creando un puente entre Occidente y Oriente de una inteligencia pasmosa, Peter Gabriel logra una alquimia perfecta, reuniendo músicos de mil orígenes y culturas, todos al servicio del amor y la emoción. Una obra musicalmente sobrecogedora, cautivadora, embriagadora, con el arte de Billy Cobham –batería de jazz de Panama-, Jon Hassell –trompetista americano-, Youssou N’Dour, L. Shankar, Nusrat Fateh Ali Khan –si has llegado hasta aquí y no sabes quien es Nusrat, lee este post-. Con esta BSO, Peter Gabriel se inventa una especie de folklor imaginario, con una instrumentalización magistral. Es lírico, es casi místico, es inmenso.

Wow. C’est beau, merde.

 

 

Escucha los temas más emocionantes de la BSO de La Última Tentación de Cristo, por Peter Gabriel

 

Midnight Oil – Beds Are Burning

El Gigante Verde. A Peter Garrett se le apodó desde el principio con este mote por su talla -1m93- y su compromiso con el medio ambiente. No, no soltaré el chiste de las calabazas, porque el líder de Midnight Oil se merece respeto –me haré viejo?-. Raras veces un artista ha utilizado su condición de rock star para defender sus principios ecológicos y humanistas como lo hizo este hombre. Y lo sigue haciendo. Una vez retirado de la música, se metió de lleno en la política de su país -fue varias veces músico de distintos gobiernos-, y se involucró especialmente en el reconocimiento de Australia a su población e historia aborigen. Aunque le deba mucho a la música, Peter Garrett es hoy en día uno de los pocos personajes australianos conocidos fuera de sus fronteras por su acción social y política.

Midnight Oil. El nombre viene de una vieja expresión, Burning the midnight oil, que se refiere al aceite de lámpara que se utilizaba antaño cuando uno necesitaba trabajar hasta tarde. Esta misma expresión utilizó Jimi Hendrix en su canción Burning of the Midnight Lampo. Y trabajar mucho Peter Garrett sabe lo que es. Su padre falleció cuando era joven, y su madre murió en un incendio cuando estaba en la Universidad, por lo que se tuvo que hacer cargo de sus hermanos. En 1971, recién cumplido los dieciocho años, se incorporó a una banda llamada Farm, como cantante. Al principio más como pasatiempo que otra cosa. Pasan los años, con mini giras sin salir de Australia, pero no es hasta 1976, una vez licenciado, que Peter Garrett se lo toma en serio. Cambian el nombre por el de Midnight Oil, crean un sello para auto-editarse, Powderworks, pasan a endurecer su sonido, y empiezan a crecer en el panorama musical del país.

De 1978 a 1982, Midnight Oil va a sacar un álbum por año, aunque si se hacen medianamente famosos, se lo deben esencialmente a sus actuaciones en vivo, poderosas y brutas. Fuera de sus fronteras, la música de estos canguros del otro extremo del planeta no cuaja, por demasiado simplista. En 1984, con el disco Red Sails in the Sunset, Midnight Oil sube un escalón. La portada del disco muestra una ciudad de Sydney devastada por una bomba atómica, para acompañar e ilustrar el combate de Peter Garrett contra cualquier uso de la energía nuclear -durante muchos años el cantante será un incansable anti ensayos nucleares franceses en el pacífico-. El disco se coloca en el #1 de las listas del país. Sin embargo a Peter la fama no le come el coco, y a petición de la banda aborigen The Warumpi Band, pasa casi un año entero en el legendario bush australiano.

Diesel

Y llegó Diesel & Dust. En 1987, Midnight Oil saca su sexto álbum. El disco de la consagración, ya no a nivel de su país, sino del mundo entero. Tuvo varios méritos, a parte de ser un disco musicalmente enorme, sirviendo un rock bruto y épico. Muy centrado en la lucha de los aborígenes para devolverles un sitio social y cultural en un país cuya política en su contra no estuvo muy lejos del apartheid africano, el mundo descubrió un pueblo ignorado, con derechos denegados, y un sufrimiento no propio en un país desarrollado. Más de 15 millones de ejemplares se vendieron en el mundo, y yo recuerdo el vendaval Midnight Oil como si fuera ayer. Claro que se lo debe mucho a la canción que abría el álbum, Beds are Burning, incluida en las 500 canciones que forman parte del Rock & Roll Hall of Fame. Muy comprometida políticamente, hablaba de devolver a los aborígenes las tierras que las autoridades australianas les quitaron a lo largo de la expansión colona por la isla. Es indudablemente uno de los himnos más cantados en Australia, hasta el primer ministro John Howard, declaró durante los JJOO de 2000 que era su canción preferida de Midnight Oil –el grupo la interpretó con la palabra Sorry pintada en sus trajes durante la ceremonia de cierre-. Ese mismo John Howard que siempre se negó a pedir disculpas al pueblo aborigen. Se ve que queda mucho por hacer, pero, en nombre de todos los Fioucks, gracias Peter Garrett por intentarlo. El rock debe ser eso, concienciar y reclamar. Y lograr.

 

 

 

Escucha Beds are Burning, de Midnight Oil

 

And Also The Trees – Virus Meadow

390.000.000.000. Tres cientos noventa mil millones. Serán los “i fucking don’t like” recibidos por Lady Gaga en la presentación de su último conjunto de ropa interior, hecho con los pelos de culo de 7.500 Cástor Californicus. No, al revés, es algo que huele bien, huele a vida. 390 millardos, es el número de arboles que tendría la Amazonia, según un estudio publicado la semana pasada en la revista Science. Más de 50 árboles por persona, concentrados en una décima parte de lo que ocupamos nosotros. A mi la cifra me parece enorme, como si sobrara un cero o dos, pero he leído la noticia en varios medios –hasta en la propia Science, fíjate si tienes aquí a un Fiouck entregado- y parece que no hay error. Leído así, parece que tenemos aire puro para los próximos veinte siglos, incluso con tres veces más chinos. Pero va a ser que no, que hasta los árboles se cansan de nosotros, aunque esto es otro debate. And also the Trees

1979, Inkberrow, Worcestershire –iba a añadir “sauce”, por deformación profesional de ex amante del Bloody Mary-. Cuatro chavales de muy buen ver montan una banda rock, produciendo un sonido post punk a lo Gang of Four, inspirados en lo rural, la naturaleza que les rodea y cierta idea de la existencia auténtica. Vamos, consumidores compulsivos de todas las variedades de setas alucinógenas de la zona. En 1980 graban una cinta demo que mandan a The Cure, en respuesta a un anuncio de estos últimos, en el que buscan un grupo telonero para su gira llamada “The Cure’s UK Tour”. Sólo con esto te puedes imaginar cómo suena And Also The Trees. En contra de todo pronóstico, no sólo el gordinflón de Robert Smith les elige, sino que él y Lol Tolhurst –batería de los primeros álbumes de The Cure, teclista a partir de Pornography– deciden producir y arreglar los primeros singles de AATT –And Also The Trees para los más íntimos-, y en 1984, el primer disco, homónimo. Siguen dos años de gira como teloneros de The Cure y como grupo principal, en Europa y los EEUU. En 1985 pasan por una parada obligatoria en los estudios de John Peel. Una Peel Session es algo así como conseguir clasificarse para los JJOO, aunque sin medalla garantizada. En el caso de AATT, creo que no llegaron a tomar la salida el día de la prueba, por no pasar la prueba anti setas. En 1986, sacan un segundo álbum, Virus Meadow, y luego un tercero, y un cuarto, un quinto, y así hasta el año pasado, cuando se publicó el duodécimo disco. Rock’n’roll attitude, ¿verdad? No venden ni para el bocadillo, pero qué más da, ellos están japi. Si llaman esta noche a mi puerta, tendrán cobijo. Y un revuelto de huevos con cantharellus.

virus

El segundo álbum, Virus Meadow, que llegué a tener en vinilo antes de que me lo quitara un capullo –sería un ejecutivo de Vueling-, lo abría el tema Slow Pulse Boy, 5’13” muy representativos del sonido de And Also The Trees. Batería desnuda, guitarra gemidora, voz clara. Me gustaba, y cuando la escucho hoy, me sigue gustando, y mucho.

 

 

Escucha la mejor canción de And Also The Trees, Slow Pulse Boy

 

Comateens – Comateens

Hay días así, no apetece nada escribir el post diario. Ni escuchar música, ni pensar en un grupo o artista para publicar, menos aún leer e indagar sobre su trayectoria para sacar algo digno. Pero he dicho que a 1.000 llegaría –van 235, ni una cuarta parte, seré abuelo cuando termine-, así que a 1.000 llegaré. Hoy voy a usar un truco, voy a hablar de un grupo sobre él que no hay nada que decir. O muy poco. Además estoy tranquilo porque, quitando algún loco de mi quinta, la probabilidad de que les conozcáis es bastante remota.

comateens

Comateens. ¿Ves? No te suena cero patato. Tuvieron su momento, abanderaron la new wave lo que tardó su primer disco en desaparecer de las listas y las fiestas. Se formaron en 1978, en Nueva York. Inicialmente era un duo formado por Nic North, bajista, y una tal Ramona Jan –ramona en francés tiene cierta connotación sexual, juas-, guitarrista. Luego se incorporó Lyn Bird, cantante, y se marchó Ramona –ella montó otra banda llamada Dizzy & The Romilars, si tu lunes ha empezado mal, no mires este vídeo, el único que hay en youtube-, y entró el hermano de Nic, Oliver. Formación final. En 1980 conocen a Marty Thau, productor musical, fundador del sello Red Star Records, más conocido por haber sido manager de los New York Dolls y de Suicide al principio. Componen dos temas que este incluye en un recopilatorio de música new wave publicado en 1980, donde comparten surco con The Fleshtones entre otros. El mismo año publican su primer álbum, homónimo, que no tiene mucho éxito en los US pero sí curiosamente en UK y Francia. Incluye la famosa versión de Summer in The City, de Lovin’ Spoonful, y algunos temas bien hechos de funk blanco con new wave urbana, como Ghosts y Late Night City. Eran tiempos de B52’s, Kid Creole & The Coconuts, Beat, seguro que lucía el sol.

Luego sacaron otros dos álbumes, Picture on a String, de 1983, y Deal With It, en 1984. El primero de los dos contenía una muy bonita versión de Uptown, de Barry Man y Cinthia Weil, y el famoso Get Off My Case, el único “éxito” de la banda. El grupo se separó el año siguiente y a los dos años Oliver North murió de sobredosis. Y ya está. ¿Ves? Poca chica. A mi me gusta, que conste.

 

 

Escucha los mejores temas de Comateens

 

Lizzy Mercier Descloux – The Long Goodbye

¡Puah! Hoy igual no procede reírse, toca día no future, negro negro negro negro, Fiouck’n’roll cumple cincuenta años. Me entenderán los que ya han pasado por ahí. Los demás, os ruego no bostezar de aburrimiento, ya os tocará. Menuda faena cumplir esta m… de medio siglo, me supera, suena a acabado, a calcetines ejecutivos en mocasines de borla, a pantalón salmón demasiado corto, a chaqueta azul marino, a coche familiar, a pareja recelosa, a astemia de las cuatro estaciones, a televisor encendido, a pelo rapado para borrar la tonsura, a tripa de sobremesa, a vinilos polvorientos en el fondo del armario, a lady gaga de sonido de llamada, al hormiguero, a chequeo médico intranquilo. ¡Buaaaah, no quierooo! Pero por si acaso, que sirva el post de hoy para dejar constancia de la canción que quiero escuchar en mi último suspiro –si me pilla de sorpresa, ponerla después, nunca se sabe-: The Long Goodbye, de Lizzy Mercier Descloux.

Martine-Elizabeth Mercier. Nació en Paris en 1956, aunque se crió en Lyon con su madre –no conoció a su padre antes de cumplir cuarenta y siete años, pocos meses antes de que un cáncer se la llevara, en 2004-. Antes de cumplir los dieciocho, subió a Paris para estudiar Bellas Artes, adolescente probablemente atormentada, poeta, dibujante. Encontró un estudio en el 11 rue des Halles, justo en frente de una tienda llamada Harry Cover –un juego de palabras con haricot vert, judía verde, muy malo-, lugar que se iba a convertir en el punto neurálgico parisino de todas las modas y corrientes musicales de finales de los 70’s, punk rock y new wave. Vinilos importados, posters, camisetas, libros, ays, cómo mola. Ahí conoce al dueño, Michel Esteban, con el que entabla una profunda amistad –y algo más al principio-que perduró hasta el último soplo de vida de Lizzy. Michel Esteban fue una figura en el underground parisino. Fundó el fanzine Rock News en 1975, que cubrió toda la actividad rock y punk londinense y neoyorquina durante algunos años. Con Lizzy, presenciaron y relataron todos los conciertos que han marcado esta bendita época, Sex Pistols, Clash, Stooges, Patti Smith, Ramones, Siouxsie, Billy Idol –antes de que se volviera pop-.

suspense

En 1975 ambos se marchan a Nueva York. Allí comparten piso con Patti Smith y Richard Hell. Con John Cale, Esteban funda el sello Ze Records, editor de algunos de los artistas más importantes de la época y apoyo material del movimiento No Wave. Mientras tanto, Lizzy escribe, aprende a tocar, compone sus primeras canciones. En 1978, publica su primer EP, Rosa Yemen, y el año siguiente, el álbum Press Color. Alabado por la crítica, desgraciadamente se distribuye muy mal y no vende apenas, fracaso que ella encaja muy mal. En 1981, desde Las Bahamas, saca un segundo álbum, precursor de la world music, mezcla de sonidos procedentes del Caribe, África, rock, soul y funk. Luego viaja a África, continente que recorre siguiendo los pasos de Arthur Rimbaud, desde Etiopia hasta Soweto, Sudáfrica, en pleno apartheid, y bastante antes de Paul Simon. En 1984 saca su tercer álbum, Zulu Rock, del que CBS saca el único hit de su carrera, Mais où sont passées les gazelles –Pero dónde han ido a parar las gacelas-. En 1986 se va a Brasil, desde donde se publica el cuarto, One for The Soul, acompañada por la trompeta de Chet Baker en cuatro canciones. Dos años más tarde sale Suspense, quinto álbum, desde Londres. Este es el disco que contiene mi marcha fúnebre, The Long Goodbye. Luego ya se cansa, sigue componiendo para otros, bandas sonoras, pinta, escribe poesía, desde el caribe francés durante algunos años, y finalmente en Córcega, l’île de Beauté –la Isla de la Belleza- en la que la más fea de las enfermedades la fulminó en 2004.

Yo me quejo de cumplir cincuenta. Ella no pudo. Me encanta la música que hizo, y me fascina el personaje y su historia. The Long Goodbye.

 

 

Escucha algunas canciones de Lizzy Mercier Descloux

The Durutti Column – LC

A principios de este año, un mensaje lacónico apareció en el Facebook de Vini Reilly, fundador y guitarrista de The Durutti Column desde 1978. Escrito por uno de los sobrinos del músico, decía “Mi tío está pasando por una mala racha económica, ahora mismo está luchando para cubrir necesidades básicas como la comida, la luz y el alquiler”. En estos tiempos complicados, desgraciadamente no es el primero en pasarlo muy mal. Su desasosiego no tendría que ser más llamativo que el de otros miles de personas, por el mero hecho de ser un músico “conocido”. Aunque la verdad, duele ver como el amor al arte, la pasión por lo diferente y la sed de virtuosismo no pagan. John Frusciante, ex-guitarrista de The Red Hot Chili Peppers, #18 en la lista de los 100 guitarristas más grandes de todos los tiempos establecida por Rolling Stones, declaró una vez: “Vini Reilly es el más grande de todos”.

Sigue leyendo