Killing Joke – Night Time

Con veintidós años, Janis Joplin (ver post de ante ayer) estuvo un añito alejada de los excesos de una vida que casi la lleva una primera vez a la muerte. Después de ser literalmente mandada de vuelta a casa por sus amigos, pasó unos cuantos meses recuperándose con sus padres. Ays, mamas sólo hay una… Incluso contempló la posibilidad de casarse, tan pancha. Del casi futuro marido no se sabe nada. Las edades no coinciden, sin embargo todo apunta a Jaz Coleman, cantante de Killing Joke, el pendiente masculino de la Janis, por el atractivo. Buf, por dios qué feo era este tipo. En Halloween en los chinos cuelgan cientos de disfraces de Jaz Coleman. A su lado hasta Marty Feldman parece un metro sexual.

Además de cero agraciado, arrastra un carácter que, vamos, parece una chica –la ventaja de soltar estas cosas es que como mínimo la mitad de la audiencia de este blog asiente con la cabeza, en silencio, para que la parienta no pregunte por qué se está riendo-. Ya ya, lo sé, me estoy alejando. Jaz Coleman, decía yo, tiene mala leche. Y además no anda del todo fino. Después de sacar su quinto álbum, Night Time, el disco que les llevó a conocer bastante fama en 1985, declaró: “Estoy muy emocionado por la década de los 80, se trata de uno de los períodos más fascinantes de la historia, ya que habrá cambios profundos. Creo en un mundo futuro, no soy un nihilista. Cosas locas van a suceder, las mutaciones grandes surgirán. Y la naturaleza se convertirá en súper-naturaleza, donde sólo el 20% de la población mundial va a sobrevivir porque nadie está preparado, entonces habrá un nuevo mundo salvaje. Las imágenes de este mundo son los que se ven cuando escuchas a Killing Joke”. Sí Jaz, cosas locas han sucedido, pero no exactamente las que pensabas. Somos un 100% más que en 1985 y estamos súper preparados para convertir la naturaleza en un súper-cubo de la basura.

Las intenciones eran buenas. Se conocieron, él y Paul Ferguson en la cola del INEM inglés, en 78, en plena ola punk. Se unieron para montar un grupo de rock, Killing Joke, para recoger el testigo después de los Sex Pistols. Desde el principio lo pusieron claro, describieron la música que hacían como “the sound of the earth vomiting”, algo así como el sonido que la tierra haría vomitando. Con otros dos músicos, sacaron rápidamente un primer single, Turn To Red, en 1980, que les permitió llamar la atención de John Peel –este sí que era un jodido gurú atrevido, agudo, lúcido e intuitivo- y de Island Records, que les hizo firmar un contrato de distribución. Killing Joke, su primer álbum, proponía un universo musical saturado, con sonidos electrónicos, percusiones tribales, bajos sincopados y una tremenda guitarra. En los primeros conciertos, Jaz Coleman se subía al escenario con la cara pintada, aullando y anunciando a los que le querían escuchar –básicamente los que habían pagado, los demás pasarían- que el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina. Ays Jaz, que tomabas?

Killing Joke Night Time

Antes de serlo por su música, se hicieron famosos por el cartel de una gira por UK, muy al principio de los 80’s, en el que se veía al Papa bendecir al ejército nazi, logrando que algunas salas cancelasen actuaciones previstas. Luego siguió un periodo confuso, durante el que sacaron tres discos más, sin lograr despegar nunca. Se disolvió el grupo, se volvió a formar, desapareció Jaz Coleman una primera vez –digo una primera vez porque lo volvió a hacer en 2012, le terminaron encontrando en el Sahara donde se había refugiado para escribir y pensar, posiblemente sobre el fin del mundo-. Hasta que en 1984, se marchó el grupo a Berlin a grabar un nuevo disco, el quinto, de la mano de Chris Kimsey. Este último acababa de pasar varios años trabajando con los Rolling Stones, en tres discos seguidos, Emotional Rescue, Tattoo You y Undercover. Todo menos un mindundis. Y como buen productor avispado, hizo de Killing Joke los reyes del punk rock bailable durante algunos meses, con el álbum Night Time. Más comercial que los trabajos anteriores de la banda, no renunció a su rabia y su sonido tan particular. Del disco se sacaron tres singles, siendo los dos primeros una mera rampa de lanzamiento –sin desmerecer- para Love like Blood, uno de los enormes éxitos rock del año 1985 en toda Europa, por no decir de todos los 80’s. La recuerdo como si fuera ayer, buf lo que me gustaba esta canción. Sólo con escuchar los tres primeros segundos de guitarra y ya tengo otra vez veinte años. Por ahí. Eso es música. Rock’n’Roll. Jaz, guapo, gracias.

 

 

Escucha los tres singles del álbum Night Time, de Killing Joke

 

Cheb Khaled – Kutché

Cheb Khaled. Khaled. En árabe, Cheb es por Joven, por lo tanto cuando dejas de serlo, pierdes esta partícula que tan bien suena. Cheb Fiouck. Mola. Hala, hoy salgamos de aquí, que llega la navidad y esto puede con todo, buf. Cojamos un ferry en Almeria, crucemos el mediterráneo, desembarquemos en Orán y desde el puerto caminemos hasta el ayuntamiento de la ciudad, agucemos el oído a ver si resuena todavía el famoso “Viva la Argelia francesa” pronunciado por un de Gaulle muy equivocado, una tarde de junio de 1958, desde el balcón de este singular edificio. Sigamos por las calles, cojamos la dirección del barrio Eckmühl, y volvamos a aguzar el oído, a ver si resuena todavía el famoso “Es un niño” pronunciado por el padre de Khaled una mañana de febrero de 1960, muy acertado él.

51 años más tarde, Khaled dio un concierto en su ciudad natal, como la estrella del Raï en la que se había convertido. Necesitaba el perdón de su pueblo, al que le sentó mal algunos excesos y decisiones poco acertadas del artista. Por ejemplo fue acusado de pegar a su mujer –luego esta se retractó en sus acusaciones-, de abandonar a su familia –un niño cuya paternidad siempre rechazó-, de coquetear con el enemigo –quiso dar recitales en Israel, cual Bono abogando por la paz en el mundo-, reclamó la nacionalidad marroquí –siempre alardeó de su amistad con el rey Mohammed VI-. Ya, mucho peso y sospecha encima. Por lo demás, un crack. Por lo menos hasta su canción Didi, que para mi fue como la señal de que ya se estaba acercando demasiado a la música pop, perdiendo autenticidad.

Lo que no se le puede negar es su papel primordial en la difusión del raï y la tradición musical argelina –y por extensión magrebí- a nivel mundial. Se hizo famoso en cada rincón del planeta –en Japón es una mega estrella-, hasta cantó Didi en la ceremonia de apertura del Mundial de Sudáfrica. Ha vendido más de tres millones de ejemplares del álbum Khaled de 1992, dato impensable diez años antes para un disco de raï. Ha compuesto BSO premiadas, colaborado con muchos cantantes –Noa, Youssoun’Dour, Santana, etc-, sacado cientos de canciones, logrado innumerables #1 en las listas de venta de muchos países. Pero no sé, puso el listón tan alto con el disco Kutché, que luego sólo le quedaba la opción de occidentalizar más su música y perderse.

Khaled Boutella Kutche

Porque el disco fundador de la música raï, es este, Kutché, que Cheb Khaled compone con su amigo Safy Boutella en 1988. Los dos son de Orán, pero muy distintos. Khaled funciona con el corazón y las tripas, Boutella con el corazón y la cabeza. Se diplomó en el Berklee College of Music de Boston –la misma formación que Keith Jarrett y Esperanza Spalding– y cuando regresó de los US a principios de los 80, empezó a dar conciertos “underground” en Argelia, componiendo una música fusión, tradición y jazz, ritmos y melodías pasadas y presentes. Safy Boutella no llegó nunca a la fama de Khaled, pero ambos dejaron un álbum extraordinario aunque en su día bastante ignorado, clasificado años más tarde #44 en la lista de los cien álbumes mas grandes de la historia de la música popular por Le Monde. A Khaled le vi en concierto en París en 1990 –tengo duda con la fecha exacta-, mucho antes de Didi, con prácticamente sólo Kutché  en su repertorio. Me dejó un recuerdo absolutamente maravillado, había poquísimos no árabes en la sala, fue mágica la alegría en el escenario y en el público. Enorme. Chebba, El Lela, Kutche, La Camel, hermosas y emocionantes. Por dios qué grande es.

 

 

Escucha algunas de las mejores canciones del mejor álbum de Khaled, Kutché

Wang Chung – Dance Hall Days

Wang Chung, dúo referente de los ochenta, época bendecida u odiada según –este último básicamente por los que la vivieron con mocos en la nariz y arañazos en las rodillas-, abanderó con cierto éxito la ola de dúos con melena requeté peinada, luciendo camisa tan bien planchada -y cerrada hasta el cuello- que parece que se llevaban a su mami hasta los platos de TV. Desapareció del mapa sin que nadie se preguntara what the fuck fue con ellos. Lo que sí fuimos muchos en preguntarnos, fue un discreto “pero cómo c… me han podido gustar?”. Luego realizas que no sólo compraste algún disco –por un precio que hoy daría para un Plymouth con Fever Tree y es cuando te echas a llorar-, sino que encima lo hiciste con mucho entusiasmo, soltando el dinero al vendedor y corriendo hasta casa para escuchar diez veces seguidas la cara A del vinilo. La B solía esperar al día siguiente. De hecho yo creo que hay caras B que en mi vida he escuchado.

Pero la B del maxi 45T de Wang Chung que tenía –y que sigo teniendo, no me los han robado todos, aunque concretamente este creo intuir por qué-, sí que la he escuchado, más veces que la A. De hecho es en honor a esta canción que hoy entran en este blog. Ya sé lo que vas a decir, no se lo merecen. Bueno, aquí no entran necesariamente por criterios de calidad o talento, a veces por el mero hecho de haberme acompañado en un momento X de mi vida. Ya sabes, la música es tu amiga, raras veces te defrauda, aunque no se eche siempre desodorante y huela a sobaco, como estos.

Wang Chung

La banda se formó nada más entrar en los 80’s, aunque parte de los músicos que la formaron venían de más lejos. Los dos melenas habían estado antes en otros grupos efímeros, uno de 1977 llamado The Intellektuals –¿he escuchado una risa?-, luego 57 Men en 1978, hasta que se constituyó la banda definitiva, con el nombre de Huang Chung. Como sabían que un día se les podía poner a parir, ninguno de los músicos del grupo estuvo con su verdadero nombre. Así es como el melenas jefe utilizó el mote Jack Hues –para que sonara como el famoso “J’accuse” de Emile Zola, menudo Intelektual el pollo-. Eligieron Huang Chung no por el significado en mandarín –campana amarilla, ya ves-, sino por la sonoridad de la expresión. Muy ochentas, donde demasiadas veces primaba la estética. Durante tres o cuatro años sólo conocen el fracaso, por mucho que pasasen a llamarse Wang Chung en 1982, hartitos de escuchar a la gente llamarles Hungchung. Francamente, qué más da una cosa que otra. Total, tienen que esperar a 1984 para por fin entrar en los charts, con dos singles extraídos del álbum Points of the Curve. Uno de ellos era Dance Hall Days, la cara A del maxi 45T que compré tan feliz –venga ya, tampoco me voy a avergonzar más, hay infinidad de cosas peores, te hago una lista?-. Y en la B, There is a Nation, canción pop posiblemente insignificante, pero qué se le va a hacer, a mi siempre me ha gustado, y escucharla treinta años más tarde me sigue provocando ese no sé qué, ya con una capa de nostalgia añadida.

Luego parece ser que tuvieron más éxito con su segundo LP, Mosaic, publicado en 1986, especialmente con los temas Everybody Have Fun Tonight y Let’s Go. Las acabo de escuchar creo que por primera vez, para que veas. Es que en 1986 irrumpieron Pixies, no hay color.

 

 

John Carpenter – Escape From New York

De joven yo quería ser Snake Plissken. Quería ser un tipo duro, con barba de tres días, un parche en un ojo como los piratas, y ser graciosete. Es lo que gusta a las chicas, me decían. Al final tuve que adoptar otras técnicas, que si no, no me comía una rosca. También deje de salvar a los Presidentes dándole mi voto, terminaban pasándoselo por el forro. Lo que no mola de ser Snake Plissken son los viajes en planeador, eso de volar escuchando el viento en lugar del ronroneo apaciguador de un motor Rolls Royce Trent 533 de 236 kN, buf. Qué… no sabes lo que es un kN? Pues mal vamos. Snake Plissken, él, sabría. Snake Plissken rocks. Snake Plissken for President.

En 1981, John Carpenter dirige Escape From New York –Rescate en Nueva York en castellano-, una película de ciencia ficción, que al igual que otras tantas, falla en dos intentonas de anticiparse al futuro. Uno es la fecha, 1997; ni en 2013 ha pasado lo que imaginaba, a Manhattan se sigue entrando y saliendo con aparente libertad, aunque sea para delinquir en traje y corbata en una oficina respetable de una torre soleada. Y hablando de torre, este es el segundo fallo, hace aterrizar a mi héroe en el tejado del edificio más alto de la isla, gemelo de otro, que sabemos todos no existen. Cómo que “lamentable humor, Fiouck”, si ya no podemos reírnos con nuestros amigos yankees, a dónde vamos a parar. Total, y para resumir, Manhattan ha sido aislada del resto del continente, las autoridades la han convertido en una cárcel de máxima seguridad, en la que sobreviven como pueden todos los cacos del país. Un día que el Presidente de EEUU iba en un avión dormitando al son del ronroneo apaciguador de un motor Rolls Royce Trent 533 de 236 kN –se ve que se ha vendido muy bien este modelo-, irrumpen unos terroristas armados –me hace gracia esta expresión, si no va armado le das un soplamocos e inmediatamente deja de hacer el gilipollas-, pero el listillo logra escapar en una especie de cápsula, que desafortunadamente cae en pleno Manhattan. El jefe de policía me encarga el rescate, quiero decir, LE encarga el rescate a Snake Plissken, afamado forajido al que dan veinticuatro horas para la hazaña, so pena de muerte instantánea –le han implantado unos explosivos microscópicos en la garganta que se activarían pasado el plazo o si intentara huir-. Pero Snake no huye, no soy un cobarde.

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Siguen 80 minutos de acción muy bien montada y realizada, por las calles devastadas de la ciudad, en las que vamos descubriendo a una galería de personajes curiosos, interpretados por un porrón de estrellas: a parte de Fiouck Kurt Russell, están Lee Van Cleef en el papel del capullo de policía que le hace la trampa, Donald Pleasance (el Presidente), Ernest Borgnine (el taxista), Issac Hayes (Duke), Harry Dean Stanton (Cerebro). Por si no la hubieras visto, no te pienso decir que termina bien, gastando Plissken una última broma al Presidente y al jefe de policía. Soy así de buena persona.

Que a dónde voy con esto? Pues a la BSO. Muy buena. John Carpenter es de los pocos cineastas –de hecho no conozco a ningún otro- que compone él mismo las bandas sonoras de sus películas. En el caso de Escape From New York, así como de muchas de sus pelis, asoció a la escritura de la partitura a Alan Howarth, otro compositor especializada en películas fantásticas. Entre los dos, logran perfectamente su propósito de recrear una atmósfera oprimente, un tanto lúgubre. Utilizaron todo tipo de sintetizadores y efectos electrónicos para darle un toque futurista a la música, esencial en una película de este género. Tenía el vinilo. Ya no. Una pena, se lo mandaba a Nicolas Jaar, el del post de ayer, para que se avergüence un poco.

 

 

Escucha algunos temas de la BSO de Escape From New York, de John Carpenter

Malcolm McLaren – Duck Rock

[fondo sonoro: nutridos aplausos]

Post nº 300.

[fondo sonoro: silencio respetuoso]

Buf, quedan 700 para acabar con este reto un poco particular –a veces me vienen en mente otros calificativos menos tiernos-, el de llegar a 1.000 discos reseñados seguidos. A veces se trata sólo de una canción, pero la intención es la misma. He calculado que el tres de noviembre de 2015 cruzaré la meta y ya sé qué disco será. De hecho, ya tengo más o menos listo los últimos diez. Es posible que tenga que repetir un grupo o dos de los que ya han estado en los primeros 300, porque me gustan especialmente y tienen que figurar en el final. De momento, vayamos con el 300. Y para no derogar a la tradición de que cada centenar toca algo de los Sex Pistols, visitemos la tumba del maléfico Malcolm McLaren.

Se lo llevó un cáncer hace tres años. La enfermedad fue lo único que no logró manipular a su antojo, como hizo con prácticamente todo el mundo a lo largo de su vida. John Lydon solía decir del ex manager de The Sex Pistols que era la persona más diabólica que le había tocado conocer. Cínico, mentiroso, fabulador, durante una época de su vida se apropió de cosas que no eran de él. Tenía un ego desmesurado, aunque en alguna ocasión no le impidió perder, como en el juicio contra John Lydon, que le obligó a restituir al cantante no sólo el nombre del grupo Sex Pistols sino también buena parte del dinero de los derechos de autor.

Sin embargo hay que reconocerle un enorme talento para crear y modelar, en un bucle sin fin en el que durante años supo renovarse mejor que nadie para no caer en el olvido. Fue empresario, manager, gerente dueño de tienda de ropa, diseñador, compositor, cantante, combinando con mucho arte múltiples facetas de tipo culto con don para hacer dinero. Nació justo después de la segunda guerra mundial, de padre escoces que se marchó de casa cuando Malcolm sólo tenía dos años, y madre judía que le dejó a su abuela y prácticamente desapareció. Su abuela era hija de un vendedor de diamantes portugués de origen judío, y al pobre chiquitín le inculcó su apotegma favorito: “es bueno ser malo mientras que ser bueno es simplemente aburrido”. Con semejante enseñanza el pobre Malcolm no podía evolucionar favorablemente, aunque pudo ser peor. Después de una infancia sin demasiados problemas, se dejó atraer por el movimiento situacionista, especialmente el King Mob, un grupo radical que trató de contribuir a la revolución social del proletariado en todo el mundo. Luego llegaría a la conclusión de que molaba más hacer dinero, y se metió de lleno en el negocio de la ropa con su compañera sentimental Vivienne Westwood –abrieron en 1971 la famosa tienda Let It Rock, en Kings Road, que luego pasaría a llamarse Sex- y él de la música. Primero, a finales de 1973, como manager de los New York Dolls, dándoles ropa de su creación para los conciertos. Segundo como manager de The Sex Pistols, en 1975. McLaren siempre dijo que creó y moldeó el grupo. Es cierto que cuando conoció a Johnny Rotten, la banda ya estaba montada y sólo faltaba a alguien que pudiera encender la mecha de la bomba. Rotten cumplió a rajatabla con el papel, eclipsando por completo al manager con sus letras provocadoras y su forma de interpretarlas en concierto. Por ello Malcolm maniobró para quitárselo de encima en cuanto pudiera, concretamente durante la gira por los US en 1978. Jugada nefasta ya que el grupo no sobrevivió a la salida de su líder carismático. Después del split de la banda, lo volvió a intentar con Adam & The Ants y un grupo de chicas, Bow Wow Wow, sin lograr repetir el mismo éxito.

duck rock

En 1982 se lanzó en una carrera en solitario, con un don para pillar tendencias antes que cualquiera. De ahí nació en 1983 el disco Duck Rock, con su grupo The World’s Famous Supreme Team, en el que plasma temas de rap, hip hop, scratching y world music, después de presenciar un concierto de Afrika Bambaataa cuando estaba tratando de “vender” Bow Wow Wow en NYC. Este álbum contenía dos hits, Double Dutch y sobre todo Buffalo Gals, una versión de una canción tradicional US con el que UK descubrió el hip hop-. El año siguiente saca un nuevo single, inspirado en la ópera Madame Butterfly, que llega a funcionar muy bien en Europa. Pero a partir de ahí el fenómeno empieza a decaer, pierde el olfato –en 1985 se acercó a una joven banda, The Red Hot Chili Peppers, pero su oferta de “reforma” visual rozó el ridículo y fue rechazada por el líder de la banda Anthony Kiedis– y terminó cayendo en el olvido o casi, debiendo tirar del fenómeno punk –que se apropió en múltiples ocasiones, hay que j…- para seguir existiendo musicalmente, hasta su muerte en 2010.

Te dejo con los tres temas mencionados, más una canción curiosa con Catherine Deneuve, llamada Paris Paris. Hala, adiós Malcolm.

 

 


Escucha los «mejores» temas de Malcolm McLaren

The Stray Cats – Runaway Boy

The Stray Cats. Un grupo a parte, sin duda. Los recuerdo como si fuera ayer. Se me viene en mente un montón de calificativos desde el primer disco del trio. De repente, me convertí en el mejor batería del mundo, con los brazos dándole a unos Toms imaginarios desde muy alto; en el mejor contrabajista –Esperanza Spalding ni había nacido- y last but not least, en el guitarrista más alucinante de los últimos tropecientosmil años–.

The Stray Cats, no es para escribirles una oda de muchas líneas, con tal de rellenar un post. Como mucho, recordemos que en su día, aunque no más de tres meses, The Stray Cats se adueñaron de las pistas de baile, las fiestas, las radios y los tocadiscos –por dios, será posible utilizar esta palabra veinticinco años después?-.

Stray Cats Stray Cats

The Stray Cats irrumpieron en 1981 con un disco rompedor, un sonido tan novedoso que lo miramos pasar atónitos, una fenomenal música rockabilly, punk por la energía que desprendía. 1981, año bendito en el que decenas de grupos rock, góticos y new wave hacían cola para coger sitio en el Gran Libro de la Fiouck Music. Con sus reglas propias, sus criterios selectos. Pero The Stray Cats lo cambiaron todo, rompieron las piedras de la ley rock’n’roll, quisieron re-escribir los mandamientos, y coño, casi lo consiguen. Pero no duraron lo suficiente. Tres meses, esto es más o menos lo que se les vió.

Energía pura, wow. Un disco para la eternidad.

 

 

Escucha los mejores temas de The Stray Cats, en su primer álbum

 

 

Frankie Goes To Hollywood – Relax

Ayer falleció Doris Lessing, con 94 años. Recuerdo muy bien a esta escritora británica, nobel de literatura en 2007, Príncipe de Asturias 2001, clasificada #5 de los escritores ingleses desde 1945 por The Times, de joven en casa invadió mi espacio masculino de la mano de los miembros femeninos de mi universo familiar, como motor y estandarte del feminismo en los sesenta, a la altura de Simone de Beauvoir. Yo apoyo cualquier iniciativa que se proponga defender la condición femenina –quitando a algunas histéricas que consiguen justo lo contrario-, así que sé que algún libro de ella habré leído, pero soy incapaz de decir cuál. Muy mal lo sé. Navegando por ahí para refrescar mi memoria, me he dado cuenta de que curiosamente, de los más de sesenta libros y ensayos que publicó a lo largo de su vida, sólo uno se llevó a la gran pantalla, hace muy pocos meses y, con una BSO que, más curioso aún, contiene una canción que llevaba tiempo pensando en publicar en este blog.

The Grandmothers, es una recopilación de cuatro novelas cortas escritas hace menos de diez años. Una de ellas cuenta como dos mujeres se enamoran locamente del hijo de la otra, formando una pareja de cuatro con relaciones cruzadas. Por lo que he podido leer, los más trastornados por la situación parecen ser los dos chicos, qué cosas. A lo que iba, en abril salió una adaptación al cine, Perfect Mothers, realizada por una directora francesa, Anne Fontaine, con Naomi wow wow Watts y Robin wow wow wow Wright. La BSO no es nada del otro mundo –Cut Copy, The Bamboos, Kirsty MacColl-, si no fuera por el famosísimo Relax, de Frankie Goes To Hollywood.

A ver. Que quede claro, no me gusta ni la canción ni el vídeo, y es cansino el ambiente gay con gorro de cuero propio de principios de los 80, pero hay que reconocer que en su día, fue un mega hit y lo quiera(s) o no, forma parte de este good ol’time. FGTH se forma en 1980 en Liverpool –y yo que estaba seguro de que eran yankees-. Eligen este nombre después de ver un artículo en The New Yorker con este titular y una foto de Sinatra –el magazine aclaró posteriormente que no había artículo, tan sólo una obra gráfica de un artista belga llamado Guy Peellaert-. Durante un tiempo intentan colar su música en las oficinas de las discográficas, pero su actitud provocadora provoca –bonita reiteración Fiouck, se ve que no te mola mucho el grupo- un rechazo unánime. En febrero de 1983, a raíz de la programación de una John Peel Session grabada pocos meses antes, se deja convencer Trevor Horn –ex miembro de Bugles y dueño del sello ZTT, editor de Propaganda y Art Of Noise– y les firma un contrato para la publicación de un primer álbum, Welcome to the Pleasuredome.

Relax

En octubre de 1983, sale a la venta la canción Relax. No arrasa, sigue un camino lento pero digno en las listas de venta, sin deslumbrar. Sube hasta el #35 de los charts y ahí parece que se acaba la historia del tema, hasta que en enero de 1984, la BBC lo programa en Top of the Pops, que propulsa la canción hasta el #6 en poquitos días. Pero ahí no queda la cosa. Pocos días después, un DJ cretino de la BBC, Mike Read, mientras la estaba pinchando, descubre con horror la portada del disco –muy bonita por cierto-, y se declara ultrajado por la connotación sexual de la misma. Inmediatamente el tema y el grupo se ven baneados de antena, y ya lo sabemos, nada mejor que este tipo de publicidad para que un disco venda. Se instala al rato en el puesto #1 y ahí se queda 6 semanas, antes de invadir el resto del planeta, vendiendo millones de copias. La recuerdo como una de las canciones que más salía en la radio en esta época, no había forma de escapar de ella. Anunció un cambio radical en la música, durante algunos años el rock fue ninguneado, sólo valía esta pop sosa, muy bien hecha pero sosa –Pet Shop Boys, Erasure, etc-. Luego sacarían más hits, como Two Tribes, Rage Hard, The Power of Love, y plof, desaparecieron a los pocos años. Adiós FGTH, adiós…

 

 

Escucha Relax, de Frankie Goes To Holywood.