Lee Bannon – Pattern Of Excel

Cuando era un crío, la parrilla de programación de los dos canales de TV que había en Francia se detenía a las 23h. Por ahí. Algo inconcebible hoy, pero en aquella época, ninguna cabeza pensante de la tele podía imaginarse que podía existir un público insomne o simplemente trabajadores nocturnos, a los que les hubiera venido bien aunque fuera una mala película seudo erótica como en el canal 8 de la TDT. A las 23h te ponían un instrumental insufrible, con el que te entraba el sueño de inmediato. Y… a dodo.

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Sufjan Stevens – The Age Of Adz

Hace mucho que a Sufjan Stevens le han encaramado en un pedestal. Todo lo que el planeta indie tiene de gurus, predicadores y bloguevangelistas le profesa cierta adoración. En estas condiciones al artista de nombre impronunciable le resulta difícil no tener un pequeño problema de ego y no perder el sentido de la realidad. En una entrevista, con ocasión de la salida de su último trabajo de estudio, The Age of Adz, reflexionando sobre su vocación de músico, declaraba: “hay tantas vocaciones más grandes… como los basureros o los carteros”. Sufjan, amigo Sufjan, nadie en su sano juicio recoge la basura ni distribuye las cartas por vocación. Lo hace por necesidad, punto. Ays, estos artistas…

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Gershon Kingsley – Pop Corn

Es Pop Corn la canción más pesada y odiada de la historia de la música popular? O todo lo contrario, es Pop Corn el tema más vanguardista que se recuerde? Hoy, en nuestra serie “Fiouck y las preguntas esenciales de la vida”, abordemos el singular engendro Pop Corn, publicado en 1969, uno de los primeros éxitos de la música electrónica. Bueno, con permiso del tema Messe pour le Temps Présent, creado dos años antes por Pierre Henry.

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John Carpenter – Escape From New York

De joven yo quería ser Snake Plissken. Quería ser un tipo duro, con barba de tres días, un parche en un ojo como los piratas, y ser graciosete. Es lo que gusta a las chicas, me decían. Al final tuve que adoptar otras técnicas, que si no, no me comía una rosca. También deje de salvar a los Presidentes dándole mi voto, terminaban pasándoselo por el forro. Lo que no mola de ser Snake Plissken son los viajes en planeador, eso de volar escuchando el viento en lugar del ronroneo apaciguador de un motor Rolls Royce Trent 533 de 236 kN, buf. Qué… no sabes lo que es un kN? Pues mal vamos. Snake Plissken, él, sabría. Snake Plissken rocks. Snake Plissken for President.

En 1981, John Carpenter dirige Escape From New York –Rescate en Nueva York en castellano-, una película de ciencia ficción, que al igual que otras tantas, falla en dos intentonas de anticiparse al futuro. Uno es la fecha, 1997; ni en 2013 ha pasado lo que imaginaba, a Manhattan se sigue entrando y saliendo con aparente libertad, aunque sea para delinquir en traje y corbata en una oficina respetable de una torre soleada. Y hablando de torre, este es el segundo fallo, hace aterrizar a mi héroe en el tejado del edificio más alto de la isla, gemelo de otro, que sabemos todos no existen. Cómo que “lamentable humor, Fiouck”, si ya no podemos reírnos con nuestros amigos yankees, a dónde vamos a parar. Total, y para resumir, Manhattan ha sido aislada del resto del continente, las autoridades la han convertido en una cárcel de máxima seguridad, en la que sobreviven como pueden todos los cacos del país. Un día que el Presidente de EEUU iba en un avión dormitando al son del ronroneo apaciguador de un motor Rolls Royce Trent 533 de 236 kN –se ve que se ha vendido muy bien este modelo-, irrumpen unos terroristas armados –me hace gracia esta expresión, si no va armado le das un soplamocos e inmediatamente deja de hacer el gilipollas-, pero el listillo logra escapar en una especie de cápsula, que desafortunadamente cae en pleno Manhattan. El jefe de policía me encarga el rescate, quiero decir, LE encarga el rescate a Snake Plissken, afamado forajido al que dan veinticuatro horas para la hazaña, so pena de muerte instantánea –le han implantado unos explosivos microscópicos en la garganta que se activarían pasado el plazo o si intentara huir-. Pero Snake no huye, no soy un cobarde.

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Siguen 80 minutos de acción muy bien montada y realizada, por las calles devastadas de la ciudad, en las que vamos descubriendo a una galería de personajes curiosos, interpretados por un porrón de estrellas: a parte de Fiouck Kurt Russell, están Lee Van Cleef en el papel del capullo de policía que le hace la trampa, Donald Pleasance (el Presidente), Ernest Borgnine (el taxista), Issac Hayes (Duke), Harry Dean Stanton (Cerebro). Por si no la hubieras visto, no te pienso decir que termina bien, gastando Plissken una última broma al Presidente y al jefe de policía. Soy así de buena persona.

Que a dónde voy con esto? Pues a la BSO. Muy buena. John Carpenter es de los pocos cineastas –de hecho no conozco a ningún otro- que compone él mismo las bandas sonoras de sus películas. En el caso de Escape From New York, así como de muchas de sus pelis, asoció a la escritura de la partitura a Alan Howarth, otro compositor especializada en películas fantásticas. Entre los dos, logran perfectamente su propósito de recrear una atmósfera oprimente, un tanto lúgubre. Utilizaron todo tipo de sintetizadores y efectos electrónicos para darle un toque futurista a la música, esencial en una película de este género. Tenía el vinilo. Ya no. Una pena, se lo mandaba a Nicolas Jaar, el del post de ayer, para que se avergüence un poco.

 

 

Escucha algunos temas de la BSO de Escape From New York, de John Carpenter

Darkside – Psychic

Me han engañado! Y esto me cabrea. Hace algunas semanas, un amigo me mandó una canción de un grupo que no conocía, Darkside, llamada Heart. La canción me gustó a la primera, tenía un no sé qué que me ponía de buen humor, incluso después de múltiples escuchas. Intuía que el álbum iba a prometer mucho, y así me lo confirmaban los artículos que empecé a leer para poder dedicarle un post.

Puah. Aburrimiento con una A mayúscula de 5 metros de alto, con cacas de pájaros en lo alto.

Hay una rama de la música electrónica, signo de los tiempos, que es puro onanismo. Masturbación con los cascos puestos. Música para redes sociales sin salir de casa. Que sólo funciona en sesiones live –no me atrevo a llamarlo concierto- después de tragar media docena de M&M’s psicotrópicos, de lo contrario, “no mola, tronco”. No me llames tronco, idiota. Ays, que me saca de quicio. Dónde está el alma en esta música? Hay más de ella en el estribillo de cualquier canción de Justin Bieber que en todo el disco de Darkside, Psychic.

darkside psychic

Darkside es uno de los proyectos de Nicolas Jaar, en colaboración con un guitarrista llamado Dave Harrington. Antes de este dúo, este mozo de origen chileno yankee había dado sus primeros pasos en solitario. Este tío va de sobrado, en plan Ronaldo, con un melón que sólo le entra en un saco de patatas de diez kilos –me gusta meterme con este futbolista, pero en el fondo creo que es un tipo con corazón-. Los medios especializados le venían siguiendo desde la época en la que mandaba sus primeros collage a lo “más cooooool” del gremio, todos muy atentos a cualquier movimiento del chaval. Así que su primer álbum, Space is only noise –nunca mejor dicho- publicado en 2011, recibió muy buenas criticas pero sólo vendió 25.000 ejemplares. Vamos, en una época en la que medio planeta se vuelve loco con su mentor, Daft Punk, vender 25.000 ejemplares de un disco muy parecido no da para fardar, digo yo. Aunque, con los tiempos que corren, mejor que nada.

Luego formó el famoso dúo, Darkside. Hace dos meses, publicaron un primer disco, Psychic. Pitchfork, al que le gusta ir de indie redentor, va y le mete un 9.0/10.0 y encima lo califican con un “best new music”. Gustos y colores, como siempre. A mi me recuerda, en peor, a Eric Serra en El Gran Azul, John Carpenter y Alan Howarth en Rescate en Nueva York, Art of Noise, Georgio Moroder a finales de los 70’s y ya puestos, Daft Punk. Muy aburrido. Muy creído.

En fin, ya que estamos, te dejo con la canción que me engañó, Heart.