Ayer, el blog recibió una visita de uno que buscaba en google “magnolia escena canción aimee maan minuto save me”. Al igual que muchos, se equivocó, realmente no buscaba Save Me, sino Wise Up. Ambas canciones, interpretadas por Aimee Mann –con dos n y una sola a- figuran en la BSO de Magnolia, de Paul Thomas Anderson. Ambas son magníficas, nada que decir, a la altura de esta sublime película.
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Captain Sensible – Wot
¡Si Madrid ya está vacío! A mediodía subí la Gran Vía, aquello se parecía al Uno de Enero pasado, a las 9 de mañana, sin el zigzagueo y la música a tope saliendo del Seat León de al lado. Deduzco que estáis todos en la playa. Eso de “Este año vamos a visitar todos estos bonitos rincones de España que no conocemos”, lo pronunciaste un día de febrero con dos gramos, y pasaste los tres meses siguientes cruzando los dedos para que nadie se acordara. ¿Qué pasa, hay ganas de seguir con el Ken Follet empezado hace tres veranos?
Robert Palmer – Clues
Clues, publicado en 1980, fue algo así como una bocanada de aire fresco. Con este disco los años 80 pintaban bien, pensábamos, ilusos de nosotros. La música no terminaba de acabar con el rock progresivo, el punk, las tendencias góticas y demás cold wave, y Robert Palmer desembarcó en el momento justo para todos aquellos que se desesperaban por volver a escuchar algún día música sin huellas de vómito en la camiseta. Con su look de inglés de clase media impoluto al que cualquier suegra daría sin rechistar a su hija, dandy de segunda –no es Brian Ferry todo lo que reluce-, abrió el camino hacia un pop elegante y moderno y, sí, fue de agradecer.
Tears For Fears – Shout
Jatetú qué poca cosa somos, y cuan difícil es reconocer que uno lleva sumergido treinta años en un abismo de ignorancia. Desde 1984, cada vez que escuchaba la canción Shout –decir que cada vez menos y siempre por casualidad no me va a salvar del ridículo-, tarareaba al unísono “Shout, shout, la li la la”. No porque no había pillado la letra, sino simplemente porque siempre creí que esto mismo cantaban. Ojo que hablamos de los 80s, ¿quien se iba a molestar escribiendo frases completas cuando onomatopeyas convincentes bastaban? Tampoco puedo esconderme detrás de un oído cada vez más deficiente –algunas dicen que más bien selectivo-, porque hace treinta años oía como un murciélago –tengo un breve papel en el pozo donde le damos un susto de muerte al pequeño Christian Bale en Batman Begins, cuando la vuelvas a ver busca uno con un tomate verde en el pecho, soy yo-. Total, mazazo en toda regla, no era “la li la la”, sino “let it all out”.
Billy Idol – Dancing With Myself
Billy Idol hizo cuanto pudo para figurar en los manuales que recogen aquellos geniales años 76/77 y la ola punk efímera. Pero los criterios de acceso eran drásticos. Había que ser o los más chalados, rabiosos e irreverentes (Sex Pistols) o los más comprometidos y mejores músicos (Clash). Billy lo intentó, se hizo seguidor de ambas bandas, montó su propio grupo –Generation X-, pero al final no cumplió nunca con ninguna de las normas. Cuando vio que no había sitio para él, se zampó la última lata de sardinas y tomó su decisión: se ducharía y lavaría el pelo, se cortaría las uñas, se pondría gayumbos dignos y ropa limpia, y se dedicaría a hacer pop music.
Men Without Hats – The End (Of The World)
Aleluya! O Hallelujah, Alaluiah, Alleluya, cómo se escriba. Después de meses de espera, acabo de recibir el boxset “30th Anniversary Delux Edition” del álbum Soul Mining, atemporal disco de The The y Matt Johnson, uno de los grandes genios de la música pop rock. Estoy como un niño, descubriendo todas las bondades del pack –en uno de los vinilos hay una versión especial de diez minutos de Uncertain Smile-. Ays esta canción, con el legendario solo de piano de Joos Holland, en mi Top 5 sin pestañear. Será sólo una sensación, pero me da que en aquella época, se le dejaba mucho más protagonismo al piano. Recuerdo algunos ejemplos, muchas canciones de Deacon Blue, o Bruce Hornsby y su The Way It Is, o Rupert Everett con Blood Under The Bridge –doy un fuerte apretón de manos a quien me consiga el audio digital de este tema, porque en youtube no está, me pasa por primera vez- y seguro que se podría alargar la lista.
Jerry Harrison – Rev It Up
Hay una película de Finn Taylor, The Darwin Awards, realizada en 2006, con Winona Ryder y Juliette Lewis entre otras –no recuerdo que se haya estrenado en España-, que se basa en una web del mismo nombre que cada año entrega un premio al protagonista de la muerte más estúpida. Realmente no hace falta que se muera, con que pierda su capacidad a reproducirse durante el incidente es suficiente para colgarse la medalla. De ahí el nombre de Darwin, cuya teoría dice que la raza humana mejora sustancialmente cada vez que se muere un cretino –jo, pues yo tengo una extensa lista de energúmenos para que demos muchos pasos adelante-. Total, a donde iba, hay una escena que tiene lugar en un bar, y ahí, haciendo de cliente ocupado –la cámara no le enfoca más de dos segundos-, está el amigo Jerry Harrison.