Qué guapo sale mi John Lydon en la portada de su nuevo libro, La Rabia es Energía. Me enteré ayer de que había sacado una nueva autobiografía –después de su famosa No Irish, No Blacks, No Dogs, de 1994-, al recibir vía whatsapp la foto de la portada de la edición francesa, ya que no hay fecha de publicación en España. Como era de esperar, reparte gran cantidad de soplamocos a un montón de idiotas mentirosos, como la Vivienne Westwood, que se atrevió a reclamar la paternidad del título de la canción Anarchy in the UK. Por dios Vivienne, ¿te importaría volver a tus frufrús para doncellas de Ascott y dejar el rock en paz?
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The Ruts – The Crack
Ayer me escribieron desde Perú para quejarse. No entendí la critica a la primera ya que este lector, fan del blog –que sí, que los hay- utilizó una expresión que aquí en España no tiene vigencia. Dijo “tienes mucho salón”. Le pedí que me lo aclarara, dijo que me estaba reblandeciendo, que últimamente yo iba flojucho. No le falta razón, basta con ver la selección de discos de la semana. Mucho jazz, funk y soul, algo de pop, pero de rock, cero patato. Y esto no puede ser.
Popol Vuh – Aguirre
Esta mañana estuve dando un enésimo repaso a mi “colección” de vinilos, en busca de una buena idea para la entrada de hoy. Good Fiouck, que acumuló antiguallas a lo largo de los años pensando en que un día le sacarían de apuros. Quiero decir, en los 80’s, ya sabía que un día tendría un blog en internet, fíjate qué espabilado. Y eso que de “colección” le queda poco. Después de tantas mudanzas, ladrones de poca monta y amigos impresentables que no devuelven lo prestado, podrían caber en una caja de zapatos. Vale que zapatos grandes, pero aún así, duele.
Al Stewart – The Year Of The Fucking Cat
Hace poco, me/te proponía no convertir este blog en crónica social del país, ya que no es su propósito; aquí hablamos de música y, cuando me aburro, del bueno de John Lydon o de la boba de Lady Gaga, cosa que es mucho más divertido. Pero me curé en salud… estipulé “del país”, refiriéndome a España. Por lo tanto, nada me impide vociferar acerca de la crónica social de otro país, aunque sea vecino. Qué bien, hay que ver lo bien que redacto las normas del blog, I am the milk.
Ivan Rebroff – Kalinka
Iván Rebroff no era ruso. Cuando me enteré, hace relativamente poco, me dio un patatus. Durante años este enorme artista –quiero decir, enorme físicamente-, mintió a consciencia sobre su pasaporte, “vendiendo” una imagen de ogro soviético simpático en los miles de conciertos y espectáculos que dio alrededor del mundo durante cuarenta años. Cuando en realidad, era alemán, de Berlín. Los que lo sabían nunca le traicionaron, dejando que se forrara sobre una gran estafa –The Great Volga Swindle, con música de Aleksei Lydon y Yuri Vicious-. Sí que es grave. A mi de pequeño me impresionaba no sólo por su talla o su voz, sino porque era ruso. A principios de los 70, no teníamos mucha ocasión de cenar con un ruso en pantalla. Me parecía súper exótico, me lo imaginaba tumbando a soplamocos a decenas de renos ariscos en la tundra. Y resulta que era berlinés. Porca miseria.
Elvis Costello – This Year’s Model
Elvis Costello ha hecho, creado, compuesto, realizado, colaborado con, participado en, declarado que, y publicado tanto que…. resulta cansino. Vale, sí, en el buen sentido de la palabra, porque es un crack, pero si lees su biografía –lo acabo de hacer, he tenido que comer un saco de chuches y beber dos litros de Red Bull para no tener una pájara-, nada más terminar, vuelves al principio para comprobar su edad. Tendrá que tener 150 años, piensas, no pueden caber tantas cosas en menos tiempo. Pues cero patato, cumplió sesenta años en agosto.
Bette Midler – The Rose
Parece exhausta, al borde del abismo, agarrada a su micrófono, frente a las más de 50.000 personas que han venido para el último concierto que ha decidido dar, allí, en su ciudad natal. Sólo quiere cerrar el círculo de una vida de artista que ya no soporta. Acaba de cantar Stay With Me Baby, y en esta interpretación apoteósica parece que se ha dejado los últimos soplos de vida. Con una voz débil, en un silencio sepulcral, intenta cantar Let Me Call You Sweetheart, pero finalmente susurra lentamente una última frase. “Where are you going… where is everybody going….”. Parece tan pequeña en este escenario que la vio tan grande. Luego se desploma y fallece allí mismo, de sobredosis. A los pocos segundos arrancan las primeras notas de The Rose.