Venga… y una de mi infancia, ¡una! Downtown, de Petula Clark. ¿Te acuerdas, no te acuerdas? Calla, es mi blog. A ver, luego te cuento, resulta que al indagar sobre ella, me he dado cuenta de que estaba bastante equivocado. Y eso que de chiquitín la escuché lo que no está escrito. Sobre la canción, Downtown, la verdad es que hay poco que contar, pero he de hacer como la wiki que tiene dedicada, la génesis parece sacada de un corto de Albert Hitchcock –Albert, el hermano del otro-. Vaya, ni Kevin Le Carré -Kevin, el hermano del otro- lo hubiera contado mejor. Pero lo más importante son sus gafas, hay una foto de ella en blanco y negro, del año 1966, en la que se la ve con gafas cuadradas, exactamente las que ando buscando desde hace años y que nadie se ha molestado en regalarme, ay que ver. Petula, si me lees, a cambio de tus gafas, te doy mi vinilo 45t de Anita Ward, Ring My Bell. Venga no te rías, aparte de que qué más te da, ya tienes más de 80 años… quiero decir, no me mal interpretes, hoy seguro que un buen Ring My Bell te aporta más que unas gafas de sol cuadradas… Tú di que sí ays…
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The Crystals – He’s A Rebel
Back to the sixties in the US, últimos años de una época despreocupada iniciada en los 50’s. Todos los clichés valen, coches enormes azules con ruedas blancas, palmeras bordando avenidas espaciosas hacia el pacífico, fachadas de color pastel, letreros luminosos animados, motels recién pintados, el logo de Life, gafas negras tipo ojos felinos, moños atómicos, pantalón pitillo, delicadas y sanas hamburguesas, ligues atrevidos en los drive-in, ruidos de tortas –¡demasiado atrevido!-, seamos sinceros, fue –para ellos, capullos- una época bendita, que nos dio envidia y nos sigue dando envidia a todos, inclusive a ellos mismos. Realmente no sé si era una época menos cargada que la que nos toca vivir, pero lo que nos llega cuarenta años después es una sensación de “A vivir, que son 3.650 días”, con The Crystals y su Da Doo Ron Ron de fondo. Venga, todos a la vez, Suspiremos…
Jefferson Airplane – Surrealistic Pillow
El otro día me llegó una de estas imágenes que viajan vía mail o whatsapp, rebotando de pc en pc durante una semana hasta que la sustituya una nueva, más divertida o impactante. Pero esta me la quedé, la tengo en el escritorio, me parece muy acertada, emblemática de una visión empresarial timorata de otro siglo, digamos que el anterior al pasado. La imagen dice: “Director Financiero preguntando al CEO: Qué pasa si invertimos en formar a nuestros empleados y luego se marchan?. Responde el CEO: Y qué pasa si no lo hacemos, ¿y se quedan?”. Bien CEO bien, ahí te veo. Aunque yo añadiría “Y qué pasa si no lo hacemos, y se marchan por no sentirse valorados?”. Sobre ello debieron reflexionar los músicos de The Great Society en octubre de 1966, cuando dejaron marcharse a su cantante, Grace Slick. Hoy Fiouck haría un post sobre ellos, no sobre Jefferson Airplane.
Lee Hazlewood – The Very Special World of Lee Hazlewood
Hoy te voy a hacer un regalo. Con un poco de suerte cumples años, aunque realmente para regalar cualquier ocasión es buena. Así que tengo un regalo para ti. Una de las canciones más hermosas que he publicado en este blog. Que conste que en 357 posts y 2.399 temas subidos, canciones muy muy bonitas, ha habido unas cuantas. Pero la de hoy tiene un no sé qué especial. Además apuesto un Plymouth con Fever Tree en copa de sidra y poco hielo que no conoces a su autor e intérprete.
Gershon Kingsley – Pop Corn
Es Pop Corn la canción más pesada y odiada de la historia de la música popular? O todo lo contrario, es Pop Corn el tema más vanguardista que se recuerde? Hoy, en nuestra serie “Fiouck y las preguntas esenciales de la vida”, abordemos el singular engendro Pop Corn, publicado en 1969, uno de los primeros éxitos de la música electrónica. Bueno, con permiso del tema Messe pour le Temps Présent, creado dos años antes por Pierre Henry.
Aphrodite’s Child – Rain And Tears
Grecia. Si digo Grecia, ¿qué me viene en mente? Lo primero, el queso Feta, indispensable si no quieres que tus ensaladas se mueran de aburrimiento. Luego el Ouzo, el chinchón de los dioses, que en algunos casos roza el 80% de grado alcohólico, perfecto para abrir apetito y como digestivo, también con la ensalada, el límite lo pone tu hígado. Los Monasterios de Meteora, el lugar de culto más inverosímil y bello del planeta. Los Tiempos Perdidos, de Aris Fakinos, posiblemente uno de los dos libros más hermosos y mágicos que he leído –el otro es El Mago, de John Fowles, que curiosamente transcurre en una isla griega-. Y Aphrodite’s Child, el grupo de rock psicodélico y progresivo que nadie se esperaba.
Jake Bugg – Jake Bugg
Cuando decidí dedicarle el post de hoy a Jake Bugg, el músico que lleva doce meses de nueva sensación rock en UK –papel que hasta ahora parecía haber recaído en Savages-, quise encontrar una traducción correcta para la expresión francesa que mejor le sienta al chaval, “tête à claques”. Algo así como ser descocado, pero no estoy seguro de que transmita bien lo que quiero decir. Claque es bofetón. Tête à claques lo dices de alguien cuando nada más verle te entran ganas de pegarle dos pequeños soplamocos, para quitarle esa sonrisa socarrona. Y de paso despeinarle, que me chirria esta melena a lo Noel Gallagher. Sobre todo cuando tienes 19 años y que no habías nacido cuando Oasis aburría más si cabe las tardes de los domingos lluviosos de los 90’s.
A parte de que no es rock. Savages sí es rock, Jake Bugg es sólo pop folk blues, entre Bob Dylan y Oasis, con reminiscencias de Johnny Cash. Esto sí, muy bien hecho, sobre todo teniendo en cuenta de que todavía no llega a veinte años y que ya van dos álbumes. Pero tan bien hecho que a veces parece un Ctrl+C Ctrl+V de la música de sus ídolos. Porque el chaval tiene ídolos raros, habiendo muerto la mayoría de ellos. Con su aire juvenil de futuro yerno perfecto por el que suspiran más las madres que las hijas, Jake Bugg podía haber elegido ser el Justin Bieber inglés, sobre todo ahora que el yankee parece haberse retirado –¡champagne!-. Pero no, desde muy joven se ha sentido atraído por la música de los 60’s, desde los cuatro sosos de Liverpool hasta Bob Dylan, pasando por Donovan, algo de los 70’s, con Simon & Garfunkel, y salto a los 90’s de Oasis. Y por supuesto, del padre putitativo de todos, Johnny Cash.
Todo empezó cuando Jake –te puedo llamar Jake, verdad?- escuchó el tema Vincent, de Don McLean, en un episodio de los Simpson –ya decía yo también…-. Tenía doce años, y le chifló una de las baladas folk más empalagosas que se recuerde. Le regalaron una guitarra para que pudiera empezar a darle, y dale que le dio. Con catorce ya tocaba en las fiestas de su colegio y con quince en los bares de su ciudad natal, Nottingham. A los diecisiete participó en un concurso para ser seleccionado para el festival Glastonbudget –el pariente pobre del Glastonbury-, pero le cerraron la puerta -¿por tête à claques?-. Pero a alguien de la BBC le debió de caer muy bien ya que al día siguiente le llamaron de la radio nacional inglesa para ficharle para el “Introducing Stage”, del festival Glastonbury. Diecisiete años, me quito el sombrero.
A partir de ahí, cuento de hadas. Todas hadas buenas claramente, tipo rusas rubias pechugonas con gorro de Papa Noel. En mayo 2012, aparece en el show TV de Jools Holland– Holly Fuck, Jools Holland es el autor del increíble puente de piano en la canción Uncertain Smile, de The The-. Poco después, y hablando de Noel, el infumable Gallagher se encapricha con el niño y le propone ser telonero en el concierto War Child en el que participan en 2012 y luego de una gira que realiza en los US, Canada y Europa para la promoción de su disco Noel Gallagher’s High Flying Birds. En octubre 2012, publica su primer álbum, homónimo. PumPa, 450.000 ejemplares vendidos. Un año después, publica su segundo disco, Shangri La, hace un mes escaso. A mi no me suena muy diferente, pero no soy quien para discutir. Con que los vaya sacando, por muy “tête à claques” que sea, me gustan sus discos, por lo que puedo intuir de esfuerzo.
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