Hace muchos años, me contaron un chiste idiota –en esta expresión secular, idiota quiere decir que es sumamente divertido pero shhhh, que no se entere nadie de que te has muerto de risa-, que decía lo siguiente: “¿Has visto los últimos zapatos que se ha comprado Dolly Parton? ¿No? ¡Pues ella tampoco!”. La gracia radicaba en que el abundante pecho con el que la naturaleza le había dotado le impedía ver sus pies. Juas. ¡A que es idiota el chiste!
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Henri Mancini – Moon River
¿Quién es Henry Mancini? Tú sí que sabes, porque lees este blog y eres el Carlos Sobera de la música. Pero baja a la calle y haz la siguiente prueba: coge a un grupo de chavales y pregúntales lo siguiente: “si sabéis decirme quien es Henry Mancini, os invito a una horchata”. Primero se mofarán, y con razón, la última vez que alguien se bebió una horchata en España los teléfonos tenían un cable que desaparecía en el muro y no tenían teclado sino una curiosa rueda sin botón I Like.
Christopher Cross – Ride Like The Wind
El drakkar vikingo de los hombrecitos verdes de Spotify tiene vías de agua. Las pérdidas del ejercicio 2014 han triplicado las del año anterior, para establecerse en más de 160 millones de euros. La plataforma de streaming musical tiene siete años; a esa edad en internet, ya eres un jubilado del Imserso al que le habría tocado el sueldo Nescafé vitalicio. Spotify no; y posiblemente ningún competidor directo.
Wu-Tang Clan – Enter The Wu-Tang Clan (36 Chambers)
Esta noche voy al concierto de Sleaford Mods, en la sala Sol de Madrid. Wow. Me chifla este dúo británico, esencia rock del momento, gran agitador de las conciencias de una isla que tiende a dormirse con mucha facilidad. Música bruta, despojada de cualquier artífice, sin fioritura ni bling bling indie, punk rap tribal y minimalista, letra áspera, abrasiva y ácida. Allí estaré, cigarro y gin tonic en mano. Esto se celebra, coño.
Jerry Lee Lewis – Great Balls Of Fire
Esta mañana me levanté luciendo ese curioso fenómeno fisiológico masculino matutino que no deja de asombrar, entre la evidente satisfacción de ver que no todo está perdido y la incomodidad, aunque sea por tener que esperar para ir al baño. Estuve mirándolo pensativo un rato y dije: hoy toca Great Balls of Fire.
Chief Keef – Sorry 4 The Weight
En los US de vez en cuando se levantan voces en contra del rap sucio. El rap que se nutre de la violencia callejera y la regurgita en versos de dos duros. El rap que sólo funciona a golpe de talonario –las extras de pecho abundante que salen en los videoclips cuestan una barbaridad-. Pero ya que hablamos de un circo, apostaría una copita de rueda a que lo que pretenden estas voces es justo lo contrario, fomentar la veneración por lo violento, machista y ordinario de los raperos.
Dean Martin – Everybody Loves Somebody
En 1964, Dean Martin, sub dios de los crooners, ya llevaba siete años sin colocar una de sus canciones en lo más alto de las listas de ventas. Entre el declive anunciado de un género que ya no hacía palpitar tantos corazones femeninos y la “british invasion” que hacía estragos, el cantante italo americano se sentía incomprendido. Como fuera de lugar, cuando tenía asumido que el lugar era suyo.