The Clash – The Clash UK

No estoy cómodo con The Clash. Como fan desde siempre de los Sex Pistols, siempre me ha costado serlo de los Clash. Escucho su música –ay London Calling-, y reconozco su importancia, su recorrido, sus luchas, su legado. Es complicado verles algún defecto, y ese es tal vez el problema de esta banda. Son casi perfectos, es irritante. Súper músicos, súper creativos, súper sinceros, súper comprometidos. Seguro que siempre encuentran sitio para aparcar delante de casa, y que hacen una tortilla de patata de mil demonios. No se les puede echar nada en cara, por ejemplo incluso después de cuatro álbumes de éxito seguían sin un duro –consiguieron de su discográfica que el doble London Calling y el triple Sandinista se vendiesen a precio de sencillo, asumiendo ellos la diferencia sobre sus royalties-. Unos tipos guay. Forges les podría retratar con el pelo para atrás y ricillos en la nuca, que ni se inmutarían. O le dedicarían una canción, al amigo Forges. Como hicieron con malicia en el primer álbum de la banda, The Clash UK, la canción Garageland está dedicada al periodista del New Musical Express que les retrató de esta forma después de verles en un concierto en 1976: “The Clash es la típica banda que debería volver rápido a su garaje, preferiblemente con la puerta cerrada y el motor en marcha”. Estos periodistas, ni idea.

The Clash fue una banda bicéfala. Difícil decir quién de Mick Jones o de Joe Strummer fue el alma. Ambos eran guitarristas y cantaban, procedían de los mismos suburbios, aspiraban a lo mismo, luchaban por los mismos principios y las mismas causas. Y si al final nos quedamos más bien con la figura de Strummer, es porque este nos dejó hace relativamente poco –con 50 años, repentinamente, uch, cuídate Fiouck, cuídate-. Claro, así uno recuerda menos a Mick Jones, y eso que posteriormente a The Clash siguió haciendo muy buena música con el grupo Big Audio Dynamite –también llamado BAD-. Strummer, Jones, Simonon, Levene, Chimes. Cinco músicos que se propusieron cambiar las cosas –The Sex Pistols sólo se burlaban de ellas – y que en parte lo consiguieron. Estuvieron en todas las acciones, los movimientos, las marchas, las manifestaciones, los conciertos benéficos. Y durante los diez años de vida del grupo, sacaron seis álbumes de estudio, todos más o menos imprescindibles en la historia del rock. En su lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos, la revista Rolling Stones clasifica London Calling en el #8. Larry Mullen, batería de U2, declaró mucho después: “The Clash fue la mejor banda del mundo y de seguir hubieran sido más grandes que U2. Durante mucho tiempo fue el grupo con el que nos medimos”.

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Volvamos un poco para atrás. 1976, el movimiento punk arrasa en UK. Joe Strummer ha visto los Sex Pistols en concierto, y le flipa. Conoce a Mick Jones y al resto del equipo y forman The Clash. Si desde el principio su idea de la música es distinta a la de los Pistols –dijo Mick Jones años más tarde “Éramos amiguetes hasta cierto punto, pero había, obviamente, un poco de competición entre ambos grupos. La diferencia radicaba en las finalidades de cada uno, ellos pensaban en destruir, nosotros en crear”-, se aprovechan del tirón de Rotten & Co y actúan de teloneros en algunos conciertos. Tocan algunos temas que terminan grabando en estudio a principios de 1977, y en abril de aquel año sale el primer álbum, epónimo, de la banda. Aclamado por la critica y el público, se coloca #12 en los charts ingleses. En 1983 el New Musical Express lo incluye en el #13 de su lista de los mejores álbumes de todos los tiempos. Dos años más tarde, CBS por fin lo sacará en el mercado US como The Clash US, después de quitar una de las mejores canciones del disco, I’m So Bored With The USA-. Punk Music genialmente bien hecha. Aunque sigo prefiriendo a los Sex Pistols.

 

 

 

Esucha entero el álbum The Clash UK, de The Clash

Johnny Cash – Hurt

¡Confieso!

Pegadme si queréis! Crucificadme si osáis! Llamadme banquero si os atrevéis! Lo confieso, poco, por no decir nada, conozco de Johnny Cash. LA figura country de los Estados Unidos. Ya! Yaaaaaaa! ¿¡y a mi qué?! Qué culpa tengo yo si la Country, al igual que la folk music, no me pone, no me excita, me aburre, ¡no lo puedo remediar!

Sí, sé lo importante que es Johnny Cash en la cultura norteamericana del siglo XX. Algo así –con perdón- como el Miguel Ríos de aquí. O el Johnny Hallyday de Francia. O el Adriano Celentano de los tramposos Italianos. Un pilar. Una leyenda. Un faro en la oscuridad; de estos que apuntan a la bodega, en busca de alguna botella buena para celebrar que el mundo se va a la mierda. Artistas ilustres, detrás de los que andan cientos de periodistas para mantener la necrología al milímetro –y millones de bloggeros con el copiar/pegar al acecho-.

Yo no le conozco. Puedo repetir lo que dice la Wiki de él. Y lo más probable es que lo haría con el máximo respeto, quitándome el sombrero y la cabeza agachada ante el talento. Sé quién es por lo que supone en la historia reciente yanqui. Sé quien es por esa maravillosa película sobre su vida, En La Cuerda Floja, con Joaquín Phoenix en el papel de su vida. Sé quien es por los cerca de cien millones de discos vendidos sólo en los EEUU. Sé quien es por los relatos de sus innumerables excesos cometidos a lo largo de sus cincuenta años de escenario. Sé quien es porque sí, en el fondo, me avergüenzo de no saber apenas nada de él.

Y sí, es fácil hacer un post sobre Johnny Cash, disculparse ante el personal por no contar nada, y dejarle con su canción Hurt.

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¿Hurt? Esta canción de la banda rock industrial Nine Inch Nail, que poco antes de fallecer versioneó Johnny Cash, plasmando su letra en un vídeo en el que se mezclan imágenes de su vejez con momentos felices/amargos de su vida adulta. Si no la he escuchado mil veces, visto mil veces, sentido mil veces… Y siempre se repite la magia, piel de gallina y emoción, mucha emoción. No lo puedo remediar. Escúchala. Ve el vídeo. Quita el sonido del futbol, de la política y de la calle. Manda callar a los niños. A tu pareja. A tu jefe. Ciérrate, y dedícate cuatro minutos y tres segundos. Porque no olvides, algún día te tocará también decir: And you could have it all / My empire of dirt / I will let you down / I will make you hurt.

Escucha Hurt, de Johnny Cash

Bob Dylan – Highway 61 Revisited

A principios de 1965, Bob Dylan saca su quinto álbum, Bringing It All Back Home. Una de las caras es acústica, la otra eléctrica. Por primera vez el rey del folk electriza sus composiciones. Siempre le ha fastidiado bastante que los US no fueran capaces de sacar buenas canciones rock para impedir la imparable invasión británica. Sigue una gira por UK de la que no sale nada satisfecho. La acogida del público inglés no ha sido la esperada. Claro que teniendo en casa a los Rolling Stones, Animals, Who, Yarbirds, Kinks, Shadows –relee esta lista en voz alta y alucina-, para qué se iban a molestar en sacar la alfombra roja al representante del folk yanqui. Al volver a Estados Unidos, hasta piensa en dejar la música.

Después de dejar de un lado la novela que estaba escribiendo –Tarantula, que finalmente se editará en 1971- a Bob se le hace la luz –eléctrica-: “si los ingleses quieren rock, démosles rock, y a la mierda mis fans folk”. Bueno vale, no lo diría así, posiblemente fuera mucho más basto. Así que reúne a músicos esencialmente rock, compone catorce temas, selecciona nueve y los enlata en su sexto álbum de estudio, Highway 61 Revisited. Estamos a finales de agosto de 1965, y la música popular da un giro.

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Desde hace casi cincuenta años, los más grandes artistas han rendido los homenajes más extáticos al disco. Si bien en el lanzamiento no llega al #1 de las ventas en los US, su importancia e influencia en la música rock es innegable. Rolling Stones, la biblia, lo pone en el #4 de la lista de los 500 álbumes más importantes de todos los tiempos. Bob dijo de su obra: “No voy a ser capaz de hacer un disco mejor que aquel… Highway 61 es demasiado bueno. Hay mucho material en él, que yo mismo escucharía”. Mucho material?

Está Like A Rolling Stone. No es que el resto no cuente o sobre –más quisieran miles de grupos haber compuesto la tercera parte de las canciones del disco-, es sólo que Like A Rolling Stone asombra, maravilla, fascina –la lista de sinónimos se podría estirar hasta el infinito-. 6’09” de duración. Bob Dylan revoluciona las ondas –ver el post de ayer sobre Nudozurdo y las canciones largas-, las radios inicialmente se oponen a programarla, incluso la discográfica, Columbia Records, tendrá la osadía de enviar copias a los medios en los que la canción está cortada en dos, publicándose cada parte en su cara. Pero algunos DJ’s se atreven y el público la reclama en su versión íntegra. Desde entonces las canciones han ganado un minuto de duración media, de tres han pasado a cuatro, gracias al efecto Like A Rolling Stones. En su primer día de emisión radiofónica, estaba un joven -15 años- Bruce Springsteen, escuchando la radio en el coche con su madre, cuando salió la canción. Declaró muchos años después: “sonó aquel golpe de caja como si alguien hubiera abierto la puerta de tu mente de una patada. De la forma en que dios Elvis libera tu cuerpo, Dylan libera tu mente y nos demostró que porque la música es física, eso no quiere decir que sea anti-intelectual. Tenía la visión y el talento para componer una canción de pop de forma que contuviera el mundo entero. Inventó una nueva forma en que un cantante de pop pudiera sonar, traspasó las limitaciones de lo que una canción podía alcanzar y cambió la cara del rock and roll para siempre”. Creo que aquel día el Boss necesitaba el coche de Dylan para salir y se pasó, pero no mucho. La canción desde entonces es un caso de escuela, todos los músicos sueñan con crear algo similar. Ninguno lo ha conseguido. Rolling Stones, con toda la razón del mundo –sobre todo si es para fastidiar a los cuatro sosos de Liverpool- la colocó en el #1 de la lista de las 500 canciones más importantes de todos los tiempos. No envejece, es eterna.

 

Escucha entero Highway 61 Revisited, de Bob Dylan

Elton John – Blue Moves

Elton John es de estos cantantes que forman parte del paisaje. Ya estaba cantando cuando viniste al mundo, y seguirá por ahí con su vela en el viento cuando te vayas. ¿Que igual no es una vela y no la tiene en el viento?, no pasa nada. Es un mito. Y como todos los mitos, la desmesura es lo suyo. 44 años cantando, 30 álbumes de estudio, el primero en 1969, el último este año, todavía en el horno. Más de 250 millones de discos vendidos, y más de 100 millones de singles. Sólo de la segunda versión de Candle in the Wind se vendieron 37 millones de copias –la primera fue escrita en 1973 en honor a Marilyn Monroe-. Colocó una canción como #1 de las ventas en los US durante 30 años consecutivos, record absoluto, ni Elvis Dios Presley. Segundo vendedor de álbumes solo de todos los tiempos. 3.000 conciertos. 18 Brits Awards, cinco Grammy, 14 Tonys, y un Óscar –por la canción original Can you feel the love tonight, de la BSO del Rey León-. En el Rock and Roll Hall of Fame desde 1994 y en el Songwritters Hall of Fame dos años antes. Commander del Imperio Británico, hecho Caballero por la momia real en 1998 por sus obras carismáticas. Fundador de la “Elton John AIDS Foundation”, activista a favor de la lucha anti discriminación, loco por el fútbol, icono fetiche de los fabricantes de peluca, padre de dos niños con su pareja David Furnish, coleccionista de gafas, 66 años haciendo prácticamente lo que le apetece. Mola.

Y luego está el músico. Un crack, como pocos. Superestrella de la pop music, es ante todo un virtuoso del piano. Es Doctor Honoris Causa de la Real Academia de Música de Londres. Además es una verdadera enciclopedia musical, compra decenas de CDs al día, escucha de todo, aprende y se inspira, participa en muchos programas radiofónicos donde trata de divulgar tesoros musicales ocultos. Goza de una tremenda popularidad gracias no sólo a su talento y su clase, sino a una especial empatía en sus conciertos, donde no es raro verle improvisar temas enteros, sólo con su piano o con percusiones. Muy ecléctico –eso sí, pop-, ha aceptado dúos con un sinfín de artistas, como George Michael, Eminem, Tuppac, Gun’s & Roses, Celine Dion o Lady Miss Bistec Gaga. Todos se quieren lucir con él.

220px-Elton_John_-_Blue_MovesY para terminar, está Blue Moves. Álbum #11 de su discografía -en tan sólo siete años-, se considera (yo) su mejor disco. Su preferido. Editado en 1976, es el segundo doble álbum de su carrera, después de Goodbye Yellow Brick Road. No es fácil hacer un buen disco. Es harto difícil hacer un gran disco. Así que imagínate sacar un enorme doble álbum. Magnífica Sorry Seems To Be The Hardest Word, desgarradora Tonight –con esta sublime orquestación sinfónica-, emocionante Cage The Songbird –homenaje a Edith Piaf-, cuatro temas instrumentales, jazz, góspel, rock progresivo, pop, todo brillantemente mezclado y compuesto. Ooooooh….

Escucha entero Blue Moves, de Elton John

Fleetwood Mac – Rumors

Poco antes de cumplir un cuarto de siglo, me puse a trabajar en una radio FM de una ciudad “grande” del oeste de Francia, teniendo ocasión de hacer amistades con representantes de la industria musical. En aquella época, los empleados de las discográficas no sentían ninguna vergüenza en decir que vendían música y vivían de ella. Hoy, preferirían inventarse cualquier mentira, incluso las más inverosímiles –¡no me pegues, que soy banquero!-, con tal de no admitir su verdadera condición.

Lo bueno es que, a parte de regalarme cantidad vergonzosa de discos, siempre tenían muchas anécdotas que contar. Era el final de la década prodigiosa, los años de oro, 75-85, que tantos géneros y estilos vieron nacer –y desaparecer-. Así que, anécdotas, tenían para llenar enciclopedias, de estas que luego ves con el 80% de descuento en la feria del libro. Una de las que más me llamó la atención, era sobre el álbum Rumors, de Fleetwood Mac. Se decía que hasta que saliera Thriller de Michael Jackson, había sido el disco más vendido de la historia de la música popular. Fleetwood Mac, Rumors, me sonaba a chino, pero callaba.

FMacRumours

Yo era hijo espiritual de The Sex Pistols y The Cure, así que estos folky rocky popy yanquis no me ponían, la verdad. Eso sí, recordaba perfectamente la caratula del disco, de haberla visto en casa muchas veces. Este tipo con coleta y barba mirando con cierta suficiencia a una rubia que se suponía era la cantante, con un par de bolas –de las de verdad, no te vayas a imaginar cosas que no son-, colgando entre sus piernas.

Luego con la edad vas recapacitando, y quitando los sosos de Liverpool y el cretino de Morrisey, te pones a escuchar de todo; hay tantos artistas y discos que merecen la pena. Y resulta que Rumors, de Fleetwood Mac, es una gozada de este pop rock de finales de los 70’s. Mick Fleetwood, John McVie, Christine McVie, Lindsey Buckingham y Stevie Nicks, la rubia de la portada. Once canciones sumando 39’03” que marcan de forma irrepetible el fin de un ciclo musical en los EEUU. Con Rumors, se acaba el soft rock de la costa oeste. Pero de qué manera…

 

Escucha entero Rumors, de Fleetwood Mac

Suicide – Suicide

Hay grupos así, los mires por donde los mires, no encajan. Observas la genealogía de la familia rock, y no están en ninguna rama. Y luego te fijas mejor y aparecen en un montón de cruces, esenciales, múltiples. Estos grupos no suelen tener ni mucha fama ni ocupar los puestos de honor. Pero siempre tienen un lugar destacado en los libros que miran atrás. Suicide, el dúo de Martin Rev y Alan Vega es sin duda el parangón de estos grupos. No es rock, no es punk, no es synthpop, no es industrial, no es electrónica, es todo a la vez, un mix caótico, una vorágine musical, un torbellino de sonidos adelantados a su tiempo.

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Lou Reed – New York

Uch! Lou Reed! El ícono de la franja intelectual del público rock’n’roll. A él mejor no tocarle demasiado, no vaya a ser que los guardianes del templo te caigan encima. Lou Reed no vendió mucho, en contraste con lo que representa en la música popular de los últimos 50 años (49 exactamente), y eso es lo que les mola: “claro, si no vendió, es que es bueno”. Oye, a mi también me gusta, y no porque no vendió, sino solo por esta cantidad ingente de canciones buenas que compuso e interpretó, tanto con The Velvet Underground como en solitario.

Y me gusta porque en la lista de sus diez canciones preferidas, tiene a una de las mías, The Wanderer, de Dion, y porque en la lista de mis diez preferidas, hay una de Lou Reed, Dirty Boulevard, del disco New York.

Pero al tajo, ¿qué te voy a contar de Lou Reed que no sepas ya? Que sus padres le hicieron pasar por electroshocks con quince años para curarle su supuesta homosexualidad? Por dios, EEUU tierra de tarados mentales, estos electroshocks que se los metan por el c… ellos. Ja, esta sí que es buena, I am the milk; que con 21 se inventa un baile por cuenta del sello Pickwick donde trabaja, llamado “The Ostrich”, que consiste en colocar la cabeza en el suelo y pisarla con sus pies; que con 22 crea The Velvet Underground, con John Cale, Sterling Morrison y Angus MacLise, rápidamente sustituido por Maureen Tucker -la batería, tocaba de pie, ¡grande!-; que con 23 contratan de manager a Andy Warhol y el cineasta Paul Morrissey -nada que ver con el cretino de cantante de The Smiths-; que con 24 invade The Factory, de Warhol, con una nueva cantante, Nico, ex modelo alemana –guapa, pero sin pasarse, y rubia como no-; y con 25 publica el primer disco, The Velvet Underground And Nico, uno de los discos que más influencia tendrá en la música popular. Brian Eno, ex Roxy Music, dijo, hablando del disco, que los pocos millares de compradores montaron todos un grupo de música. Este mismo año la banda saca un segundo disco, White Light/White Heat, con peor acogida comercial que el primero, pero con una auténtica joya del rock’n’roll, Sister Ray, grabada en una única sesión de 17’27”, de estas canciones que le confieren toda su magia al rock. El sonido es espantoso (realmente es aún peor), pero, qué más da. Y luego se marcha de la Velvet y se lanza en solitario.

Sigue un primer álbum con acogida cero, y por fin la consagración, con el disco Transformer, producido por David Bowie, fan del Lou de la primera hora, del que se saca el single Walk On The Wild Side, éxito planetario e intemporal –los hijos de los hijos de mi hija, la escucharán con la misma sonrisa tonta en la cara-. A partir de ahí, pasan cinco años de gloria con los discos Berlin y Coney Island Baby, antes de volver a álbumes de difícil acceso, Rock and Roll Heart en 1977, Street Hassle en 1978, y The Blue Mask en 1982. Y más y más discos, algunos tremendos, otros para olvidar. Aprovecha un bache en su fama para casarse con su pareja Laurie Anderson –la de Ô Superman-, colabora con artistas de la talla de Gorillaz y Metallica, y firma una dedicatoria en su libro Rimes & Rhymes a mi amigo Walking.

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Resumir medio siglo de carrera musical con un único disco, es arriesgado. A mi, siempre me ha gustado el álbum New York, editado en 1989, el decimoquinto de la lista. Vuelta al pasado, al de The Velvet Underground. No canta, habla-canta. No le impide sacar auténticas odas al rock, como Dirty Blvd –en la que habla del Bowery, barrio neoyorquino de los más marginados y los mendigos-, There Is No Time –¡¡¡ole, las guitarras!!!-, Busload Of Faith, Hold On, y Good Evening Mr Waldheim. Fantástico disco que alcanza el #19 en la lista de Rolling Stones de los mejores álbumes de los 80’s, mientras que el single Dirty Blvd sube al #1 de lista Rock Tracks del Billboard durante cuatro semanas.

 

 

Escucha entero New York, de Lou Reed.