The Knack – My Sharona

Ma ma ma myyy Sharona.

(Mi mi mi miiii mi Choni)

La escuchaba por casualidad ayer y estaba tan seguro de haberla publicado en el blog hace tiempo, que casi se me olvida de nuevo. Es que My Sharona no es cualquier canción. Es de estas pocas que son más conocidas que el propio grupo, identificable con el primer beat, intemporal. Roza la perfección en la composición, ninguno de los cuatro miembros sobra, todos tienen su momentito de gloria. Imposible decir no me gusta –atrévete, que te veto la entrada a este blog-. A ver, entendámonos, no es para llorar de felicidad. Pero es indudablemente una buena canción, el atraco perfecto en ventas, versionada múltiples veces, un riff de guitarra imitado en su día por millones de adolescentes de pelo largo y grasiento –esto último, en mi época, era el no va más, pero yo no caí, gracias Johnny Rotten-.

De qué va la canción? Pues de qué va a ir si no de amor, claro. Y a poder ser, de amor que no las tenía todas consigo al principio. Resulta que el cantante de la banda, Doug Fieger, se enamoró perdidamente de una chica –puestos a que una chica/o te vuelva loco/a, mejor que sea exagerado-, cuando él tenía veinticinco años y ella diecisiete. La moza se llamaba Sharona Alperin –Choni Alperina-, y se convirtió en su pareja durante cuatro años. Y este es el primer milagro, porque si ves al Doug ese, en los vídeos de My Sharona, con su corte de pelo medieval y su pinta sideral, y luego comparas con la chica de la portada del disco, la de la camiseta sin sujetador -buf-, no te cuadra que ella haya podido corresponderle. La moza musa inspira a nuestro Doug, que se pone durante dos meses a escribir la letra perfecta para ella –de ahí el Ma ma ma myyy Sharona, los maestros Jaiku seculares no podrían haber sacado algo mejor-, y es cuando conoce a quien sería luego el famoso guitarrista de The Knack, que venía con el riff bajo el brazo. Segundo milagro. Y dale, que la navidad está a la vuelta de la esquina.

Portada Sharona Calperin

Los dos terminan de contratar al resto de la banda, un bajista y un batería. Estamos en 1977, en L.A., todo es posible –y viendo el éxito que va a tener la banda, créetelo-. Empiezan a tocar en bares y salas del Sunset Strip, se codean en jams de lujo con Springsteen, Tom Petty, Ray Manzarek, llevando aromas de éxito asegurado a los cazadores de talento de la industria. Sigue una pelea –a veces estos c…. tienen olfato, hay que reconocerlo- entre sellos, llevándose la palma Capitol Records. Entran en un estudio y salen de ahí con un primer álbum, Get the Knack. Pum Pa, el gordo. Fue #1 de los charts US durante cinco semanas, vendiendo en un plis plas dos millones de copias. Todo, bien hay que decirlo, gracias a un casi único hit, My Sharona, #1 de las listas durante seis semanas en Estados Unidos y Canadá, y un montón de países de Europa. El tema de Capitol que más rápido llegó hasta lo más alto desde el I Want To Hold Your Hand de los cuatro sosos, en 1964.

Un beat fabuloso, una línea de bajo asombrosa –de las más legendarias de la música popular-, un riff de guitarra en el altar, de obligado estudio para quien se disponga a crear una banda de rock, y un cantante atontado por su suerte de ligón. Total, My Sharona, una canción rock energizante para la eternidad. Dave Grohl, batería de Niravana, siempre dijo que era su canción preferida –la banda la llegó a interpretar en algunos conciertos-. George Bush la tenía en su iPod –espera espera, no te creas que este pedazo de alcornoque me inspire, pero la historia del rock’n’roll se hace también con estas anécdotas-. Y anécdotas así, para escribir un libro. Lo mío es un blog, ahí lo dejo. Hala, al tajo.

 

 

Escucha My Sharona, la legendaria canción de The Knack

Jacno – Rectangle

Cuando Debbie Harry alias Blondie cantaba “Denis Denis, oh with your eyes so blue/Denis Denis, I’ve got a crush on you«, en 1978 en su primer hit europeo, un rumor persistente hasta hoy explicaba que el Denis en cuestión no era otro que Denis Quillard, francés parisino nacido en 1957, músico de culto injustamente tratado por los medios –es decir, olvidado-, precursor y novador, padre de la escena punk y new wave gala, desgraciadamente fallecido de un cáncer hace cuatro años.

A Denis Quillard se le conocía por su mote, Jacno, que había “robado” al artista pintor del mismo nombre, autor del logo de la marca de cigarros francesa Gauloises. Yo de joven llegué a fumar esta marca barata, tabaco negro áspero que, al levantarte por la mañana, te destrozaba la garganta si por desgracia no te había dado tiempo a tomar un café.  Después del primer café, sólo te la arrancaba malamente. Eso sí, había una franja –pequeña, pero interesante- de la población femenina, al que le gustaba la idea de salir con un chico que fumaba Gauloises, qué cosas… En fin, total, céntrate un poco Fiouck.

Jacno siempre iba adelantado a su tiempo, de ahí el continuo desencuentro con la mayoría de los periodistas y el gran público. Claro que tenía a sus seguidores, en especial Alain Pacadis, cronista musical dandy de leyenda, night clubber feo y sucio, pilar cultural del diario Liberation –una especie de Diego Manrique, pero versión trash-, que tratará por todos los medios de hacer de Jacno un Elvis dios vivo –Pacadis se pasaba con la leche de soja-. En 1975, Jacno conoce en una manifestación estudiantil a una guapa uruguaya, llegada de Sudamérica cinco años antes, Elli Medeiros. Flechazo -la verdad es que la chica, hoy esposa de Brian de Palma, está guapísima-. A partir de ahí van a vivir como en una película, a cámara rápida. Ese mismo año, crean el grupo Stinky Toys –el nombre es un mix de la famosa marca de cochecitos de plástico Dinky Toys y del grupo punk neoyorquino The New York Dolls-, sacan un par de álbumes con canciones menos punk que rock enérgico pero más elegante –Jacno se parece más a David Bowie que a Johnny Rotten, por eso le gustaba tanto a Debbie Harry-. Los discos no venden, pero su fama en el underground parisino y hasta londinense crece. El 20 de septiembre de 1976, invitados por el manager de los Sex Pistols, el inefable Malcolm McLaren, participan con otros siete grupos en el mítico mini festival The 100 Club Punk Special: Sex Pistols, Clash, Buzzcocks, Siouxsie, Vibrators, Damned. ¡Wow!.  La experiencia fue nefasta, el ambiente desastroso, pero para el curriculum, mola.

Jacno primer punk francés

Ante la falta de reconocimiento y ventas, el grupo se separa, y Jacno aprovecha para sacar un álbum en solitario, en su día nuevamente ignorado, cuando ahora se lo considera como esencial en la evolución de la música rock del país vecino. El disco sólo contenía cuatro canciones, instrumentales, más un tema cantado por Elli Medeiros, con su voz tan alta. Con este disco, Jacno se apropió del legado de Kraftwerk, componiendo cuatro canciones con sonido sintético, frio, repetitivo, hipnótico al vez que melódico. El artista lo hace todo, sintetizadores, guitarras, batería, composición, arreglos y producción. En la portada del álbum, se le ve con un Dinky Toys en la mano. Treinta y cuatro años más tarde, el disco no ha envejecido un ápice, podría ser Air, o Daft Punk – que lo habrán escuchado y re-escuchado-.

En 1980, vuelve a formar un dúo con su amiga, Elli & Jacno. Publican algunos discos con algo más de éxito, pero lo vuelven a dejar en 1985. Jacno sigue con su carrera en solitario, a la vez que empieza a producir algunos artistas franceses con los que conoce, por fin, cierta fama, aunque indirecta. En 1989 saca un nuevo álbum, “T’es loin, t’es près”, que contiene el tema «C’est une chanson», que me gusta mucho, con ese estribillo pegadizo, bonita melodía un tanto nostálgica, que dice: «C’est Une Chanson ….. sur le temps qui passe…. le temps qui file et nous menace…», “Es una canción… sobre el tiempo que pasa… el tiempo que se va, y nos amenaza”. Aff…

 

 

Escucha el disco Rectangle, de Jacno

John Mellencamp – The Lonesome Jubilee

Cuarenta millones de álbumes vendidos, veintidós top 40 en los US, siete #1 en la lista Mainstream Rock Tracks de su país –record hasta la fecha-, nominado a 13 grammys, incluido en el Rock’n’Roll Hall of Fame en 2008, rey del folk rock. Springsteen? Tom Petty? Bob Seger? Dylan? Na. Y si no fuera por el título del post arriba, lo más probable es que no se te ocurriría nadie más. Porque John Mellecamp no ha sido nunca una estrella como otros. Es más, casi toda su vida ha sido comparado con esos otros, en especial con el Boss. El Bruce Springsteen del pobre se le llamaba, por su fiel compromiso con los más humildes, la América de los obreros y los más modestos.

John Mellencamp nace en el campo, en un pueblo llamado Seymour, Indiana, en 1951. Aunque fue siempre muy discreto sobre su infancia y sus orígenes, se sabe que sale de un entorno muy rural, de estos donde aprendes rápido que va a tocar trabajar y y luchar a diario. De niño se le tuvo que operar de un trastorno llamado espina bífida, del que sale perfectamente. Desde muy joven se sintió atraído por la música, y ya con catorce años tenía su primera banda, Crepe Soul. De carácter rebelde, pronto las autoridades locales aprenden a lidiar con él, sus borracheras y peleas. Con dieciocho años, se marcha del pueblo con su novia embarazada, Priscilla Esterline –John Mellencamp será padre en 1970, y su hija, Michelle, dará a luz diecinueve años más tarde, convirtiendo al músico en abuelo con tan sólo 37 años-. Se casan, viven durante algunos años de pequeños trabajos, y terminan mudándose a Nueva York en 1975 para cumplir con su sueño de vivir de la música.

En la gran manzana, le descubre el manager de David Bowie, Tony De Fries, que le rebautiza Cougar –él no quería, pero le dieron a entender que era esto o nada- y le hace firmar un contrato con el sello MCA. Graba un primer álbum que no deja de ser confidencial, Chestnut Street Incident. Graba un segundo disco que De Fries decide no publicar por lo que MCA decide fulminar al músico. Por suerte logra sustituir a su manager por el de Rod Stewart, Billy Gaff, y firmar con otro sello que cree más en él. Lo mandan a Londres para grabar un tercer álbum que sólo se publica en UK, A Biography. Contiene una canción que se convierte en exitazo en Australia, I Need a Lover, que Pat Benatar versiona en su primer disco In The Heat Of The Night. La canción vende más de un millón de copias. John Cougar se empieza a hacer un nombre.

De vuelta a Estados Unidos, saca dos álbumes más, de los que se extraen algunos singles que entran en los charts, avergonzando a su autor, que dirá de ellas algunos años más tarde “eran canciones pop estúpidas, no hay que darlas más crédito”. En 1982, se edita el disco American Fool, con dos canciones que hacen historia –bueno, la de Mellencamp-, al subir ambas en lo más alto de las listas, Hurts So Good y Jack & Diane. Con el éxito –cinco millones de copias vendidas- obtiene de su discográfica el poder asociar su apellido a su nombre de artista, y se convierte en John Cougar Mellecamp cuando sale su séptimo disco, Uh-Huh. Para la grabación, logra asociarse con algunos músicos que en Rolling Stone se calificó como “la banda live más poderosa y versátil nunca reunida”. Sigue una gira triunfal por los US. Pero sigue siendo el otro Boss, o el otro Bob.

Paper

En 1985 sale Scarecrow, que sube hasta el #2 de las listas, con cinco singles que entran en el top 40 y un sonido “country alternativo” novedoso. En esta época Mellencamp se engrandece al lanzar, con la ayuda de Willie Nelson y Neil Young, los conciertos benéficos llamados Farm Aid, destinados a recolectar fondos para los más damnificados del mundo rural. Pero es con su noveno disco, The Lonesome Jubilee, publicado en 1987, que Mellencamp deja de ser el “otro”. Primer disco con su verdadero nombre, The Lonesome Jubilee le convierte esta vez en el estandarte, el artista con el que los demás se comparan. Tras nueve meses de grabación y arreglos, se edita el álbum más emblemático de la carrera de Mellencamp. Éxito de ventas en muchos países, es ante todo su obra más personal, más comprometida. La voz de los pequeños, los olvidados. Historias de sueños rotos, ilusiones truncadas, oportunidades perdidas. Abre el disco la bomba Paper in Fire, #1 en los US cuando salió. Wow, cuánto me gusta esta canción. Rock’n’Roll.

 

 

Escucha Paper in Fire, de John Mellencamp

Les Rita Mitsouko – The No Comprendo

Les Rita Mitsouko. El primer concierto que me impactó de lleno. Corría el año 1981 –creo-, llevábamos poco oyendo hablar de este dúo transgresor, yo era incapaz de nombrar o tararear una de sus canciones, pero ya tenían un aura de frescura inconformista que no dejaba de sorprender para una banda francesa. Así que cuando nos enteramos de que se venían a mi ciudad -¡¡a mi ciudad, era como ser de Burgos y tener a Suicide tocando en alguna sala municipal en los 70’s!!-, compramos nuestras entradas religiosamente, contando los días hasta el día D, como los niños antes de su cumpleaños. Y llegó el día.

Habían elegido una sala que ni conocía, llegamos bastante antes, no vaya a ser que hicieran overbooking. Tsss. Así que nos situamos, no delante del todo, pero muy cerca del escenario, y casi centrado. Fue un mazazo en toda regla. En mi –corta- vida había visto y escuchado algo semejante. Era como hacer borrón y cuenta nueva de toda la música que me gustaba. Fred Chichin, el guitarrista, estaba sentado detrás de la cantante, con un Revox –claro, con tanto Smartphone nos hemos olvidado de los fundamentos, un Revox era un lector de cintas de audio muy grandes- reproduciendo la batería, especie de caja de ritmo pre digital. Iba vestido íntegramente de bolsas de plástico del ultramarino de al lado, marca Felix Potin –sería algo así como los Spar de aquí, en más pequeño-. Y Catherine Ringer, la cantante, pasó parte del concierto sentada a horcajadas, ofreciendo sin ningún pudor su intimidad a los espectadores que curiosamente dejaban de bailar el pogo cuando se sentaba. El concierto fue un antes y un después, de repente parecía que en Francia también había artistas chalados, originales y talentosos, que no siempre tenía porque venir de UK –al mismo tiempo se publicó el mítico álbum Play Blessure de Alain Bashung, ya hablaré de ello más adelante, otro mazazo en la producción musical del país vecino-.

Fred Chichin y Catherine Ringer se conocen en la escuela, en 1979. Lo suyo es el arte en todas sus facetas. Tocan música y aprenden a bailar, mientras ella rueda en algunas películas pornográficas para ganarse la vida. La profesora de baile es una joven bailarina y coreógrafa argentina, Marcia Moretto, que les acompaña en los escenarios en los primeros conciertos que dan. Se bautizan Rita Mitsouko, Rita por la actriz Rita Hayworth, y Mitsouko que significa misterio en japonés -pocos años después añadirán la particula Les delante, después de comprobar que el público creía que era el nombre de la cantante-. Desgraciadamente Marcia se muere de un cáncer fulgurante, con tan solo 32 años. Algunos años más tarde, Les Rita Mitsouko se hacen famosos con el tema Marcia Baila, en homenaje a su amiga fallecida. Esta canción se convierte en un hit, iconoclasta y alegre en su composición, trágica en su letra. A partir de ese momento y hasta el fallecimiento del guitarrista en 2007, Les Rita Mitsouko se hacen con el estandarte de una Francia musical que no se resigna a escuchar la pop sosa nacional o de fuera.

rita

En 1986, el dúo saca The No comprendo, su mejor álbum, del que se extraen los tres singles que forman parte de la leyenda del grupo: C’est Comme Ça, Andy, Les Histoires d’A. El disco se graba en el domicilio del grupo, proceso íntegramente rodado por Jean Luc Godard, el cineasta de la Nouvelle Vague de los 60’s por excelencia, cuyo resultado se montó como película, Soigne Ta Droite. Producido por Toni Visconti –sí, el de Bowie y de T-Rex en los 70’s-, el álbum es un exitazo en Francia. Rock, funk, punk, ofrece una variedad de canciones irrepetibles e inimitables, locas y barrocas. Obra maestra en su género, Rolling Stones lo clasificó como el séptimo mejor disco de rock del país. Un torbellino gozoso.

Venga, dale fuerte, luego zumito y a misa. C’est comme ça.

 

 

Escucha las mejores canciones de The No Comprendo, por LEs Rita Mitsouko

Midnight Oil – Beds Are Burning

El Gigante Verde. A Peter Garrett se le apodó desde el principio con este mote por su talla -1m93- y su compromiso con el medio ambiente. No, no soltaré el chiste de las calabazas, porque el líder de Midnight Oil se merece respeto –me haré viejo?-. Raras veces un artista ha utilizado su condición de rock star para defender sus principios ecológicos y humanistas como lo hizo este hombre. Y lo sigue haciendo. Una vez retirado de la música, se metió de lleno en la política de su país -fue varias veces músico de distintos gobiernos-, y se involucró especialmente en el reconocimiento de Australia a su población e historia aborigen. Aunque le deba mucho a la música, Peter Garrett es hoy en día uno de los pocos personajes australianos conocidos fuera de sus fronteras por su acción social y política.

Midnight Oil. El nombre viene de una vieja expresión, Burning the midnight oil, que se refiere al aceite de lámpara que se utilizaba antaño cuando uno necesitaba trabajar hasta tarde. Esta misma expresión utilizó Jimi Hendrix en su canción Burning of the Midnight Lampo. Y trabajar mucho Peter Garrett sabe lo que es. Su padre falleció cuando era joven, y su madre murió en un incendio cuando estaba en la Universidad, por lo que se tuvo que hacer cargo de sus hermanos. En 1971, recién cumplido los dieciocho años, se incorporó a una banda llamada Farm, como cantante. Al principio más como pasatiempo que otra cosa. Pasan los años, con mini giras sin salir de Australia, pero no es hasta 1976, una vez licenciado, que Peter Garrett se lo toma en serio. Cambian el nombre por el de Midnight Oil, crean un sello para auto-editarse, Powderworks, pasan a endurecer su sonido, y empiezan a crecer en el panorama musical del país.

De 1978 a 1982, Midnight Oil va a sacar un álbum por año, aunque si se hacen medianamente famosos, se lo deben esencialmente a sus actuaciones en vivo, poderosas y brutas. Fuera de sus fronteras, la música de estos canguros del otro extremo del planeta no cuaja, por demasiado simplista. En 1984, con el disco Red Sails in the Sunset, Midnight Oil sube un escalón. La portada del disco muestra una ciudad de Sydney devastada por una bomba atómica, para acompañar e ilustrar el combate de Peter Garrett contra cualquier uso de la energía nuclear -durante muchos años el cantante será un incansable anti ensayos nucleares franceses en el pacífico-. El disco se coloca en el #1 de las listas del país. Sin embargo a Peter la fama no le come el coco, y a petición de la banda aborigen The Warumpi Band, pasa casi un año entero en el legendario bush australiano.

Diesel

Y llegó Diesel & Dust. En 1987, Midnight Oil saca su sexto álbum. El disco de la consagración, ya no a nivel de su país, sino del mundo entero. Tuvo varios méritos, a parte de ser un disco musicalmente enorme, sirviendo un rock bruto y épico. Muy centrado en la lucha de los aborígenes para devolverles un sitio social y cultural en un país cuya política en su contra no estuvo muy lejos del apartheid africano, el mundo descubrió un pueblo ignorado, con derechos denegados, y un sufrimiento no propio en un país desarrollado. Más de 15 millones de ejemplares se vendieron en el mundo, y yo recuerdo el vendaval Midnight Oil como si fuera ayer. Claro que se lo debe mucho a la canción que abría el álbum, Beds are Burning, incluida en las 500 canciones que forman parte del Rock & Roll Hall of Fame. Muy comprometida políticamente, hablaba de devolver a los aborígenes las tierras que las autoridades australianas les quitaron a lo largo de la expansión colona por la isla. Es indudablemente uno de los himnos más cantados en Australia, hasta el primer ministro John Howard, declaró durante los JJOO de 2000 que era su canción preferida de Midnight Oil –el grupo la interpretó con la palabra Sorry pintada en sus trajes durante la ceremonia de cierre-. Ese mismo John Howard que siempre se negó a pedir disculpas al pueblo aborigen. Se ve que queda mucho por hacer, pero, en nombre de todos los Fioucks, gracias Peter Garrett por intentarlo. El rock debe ser eso, concienciar y reclamar. Y lograr.

 

 

 

Escucha Beds are Burning, de Midnight Oil

 

And Also The Trees – Virus Meadow

390.000.000.000. Tres cientos noventa mil millones. Serán los “i fucking don’t like” recibidos por Lady Gaga en la presentación de su último conjunto de ropa interior, hecho con los pelos de culo de 7.500 Cástor Californicus. No, al revés, es algo que huele bien, huele a vida. 390 millardos, es el número de arboles que tendría la Amazonia, según un estudio publicado la semana pasada en la revista Science. Más de 50 árboles por persona, concentrados en una décima parte de lo que ocupamos nosotros. A mi la cifra me parece enorme, como si sobrara un cero o dos, pero he leído la noticia en varios medios –hasta en la propia Science, fíjate si tienes aquí a un Fiouck entregado- y parece que no hay error. Leído así, parece que tenemos aire puro para los próximos veinte siglos, incluso con tres veces más chinos. Pero va a ser que no, que hasta los árboles se cansan de nosotros, aunque esto es otro debate. And also the Trees

1979, Inkberrow, Worcestershire –iba a añadir “sauce”, por deformación profesional de ex amante del Bloody Mary-. Cuatro chavales de muy buen ver montan una banda rock, produciendo un sonido post punk a lo Gang of Four, inspirados en lo rural, la naturaleza que les rodea y cierta idea de la existencia auténtica. Vamos, consumidores compulsivos de todas las variedades de setas alucinógenas de la zona. En 1980 graban una cinta demo que mandan a The Cure, en respuesta a un anuncio de estos últimos, en el que buscan un grupo telonero para su gira llamada “The Cure’s UK Tour”. Sólo con esto te puedes imaginar cómo suena And Also The Trees. En contra de todo pronóstico, no sólo el gordinflón de Robert Smith les elige, sino que él y Lol Tolhurst –batería de los primeros álbumes de The Cure, teclista a partir de Pornography– deciden producir y arreglar los primeros singles de AATT –And Also The Trees para los más íntimos-, y en 1984, el primer disco, homónimo. Siguen dos años de gira como teloneros de The Cure y como grupo principal, en Europa y los EEUU. En 1985 pasan por una parada obligatoria en los estudios de John Peel. Una Peel Session es algo así como conseguir clasificarse para los JJOO, aunque sin medalla garantizada. En el caso de AATT, creo que no llegaron a tomar la salida el día de la prueba, por no pasar la prueba anti setas. En 1986, sacan un segundo álbum, Virus Meadow, y luego un tercero, y un cuarto, un quinto, y así hasta el año pasado, cuando se publicó el duodécimo disco. Rock’n’roll attitude, ¿verdad? No venden ni para el bocadillo, pero qué más da, ellos están japi. Si llaman esta noche a mi puerta, tendrán cobijo. Y un revuelto de huevos con cantharellus.

virus

El segundo álbum, Virus Meadow, que llegué a tener en vinilo antes de que me lo quitara un capullo –sería un ejecutivo de Vueling-, lo abría el tema Slow Pulse Boy, 5’13” muy representativos del sonido de And Also The Trees. Batería desnuda, guitarra gemidora, voz clara. Me gustaba, y cuando la escucho hoy, me sigue gustando, y mucho.

 

 

Escucha la mejor canción de And Also The Trees, Slow Pulse Boy

 

Chris Isaak – Blue Hotel

Vaya manera de desaparecer. Hace veinticinco años, yo escuchaba a Chris Isaak sin dudar un solo minuto de que iba para relación duradera. Era un crack, el pequeño protegido de los medios, “el crooner” de los ochenta. El nuevo Roy Orbison, decían, algún atrevido incluso le llamó el nuevo dios Elvis Presley. Menuda tontería, Chris Isaak era demasiado cool, un poco “smoothy” como dicen en UK. Bien es cierto que, por mucho que lo negara, cultivaba cierto parecido con The King. Como un chiquillo que se entrena delante del espejo para parecerse a su ídolo. Hasta en el tono de voz había un algo, menos grave tal vez, pero las entonaciones era indudablemente del amo de Memphis. Hay que verle interpretar Can’t Help Falling in Love, parece el fantasma del monstruo de las hamburguesas.

Pero Chris Isaak desapareció, después de tres álbumes, de los que dos de ellos aún guardo en vinilo. No es que dejara de cantar, ni de actuar, ni mucho menos de publicar discos, simplemente dejó de estar, ni para los medios, ni para el público, ni para las ondas. De vez en cuando un cineasta lo rescataba, bien a través de una vieja canción del cantante, bien con un papel a la medida de sus pocas dotes para la interpretación. Su pasión por los viejos estudios Sun de Memphis dejaron de tener gracia, y la llegada del grunge a principios de los 90 le remató.

Isaak

Chris Isaak nace en 1956, en California. Mientras terminaba unos estudios en comunicación, monta un primer grupo, Silvertone, que no despega del todo, a pesar de sus buenas intenciones. En 1984 les arropa Erik Jacobsen, que fue en su día el productor de The Lovin’ Spoonful –acordaros, Summer in the City– y de Tim Hardin –cantante folk US con un par de hits versionados por muchos artistas, muerto con 39 años en 1980-. Firman con Warner y sacan un primer álbum en 1985, llamado como la anterior banda, Silvertone, pero ya directamente con el nombre de Chris Isaak. No pulveriza los charts pero llama suficientemente la atención de los medios para que David Lynch decida extraer dos temas del disco para la banda sonora de su película Blue Velvet. En Europa su nombre empieza a sonar fuerte. El año siguiente se publica el segundo, homónimo. Un disco muy bonito, triste y melancólico, a veces incluso oscuro, que le afianza en su papel de crooner moderno, resucitador de una gloriosa época pasada a mejor vida. Este álbum contiene la canción Blue Hotel, que en un primer momento pasa desapercibido. El sonido “fifties” de sus composiciones se hace más patente en el tercer disco, Heart Shaped World, que constituye el disco más vendo del artista, con cerca de tres millones de copias vendidas en el mundo. El tema Wicked Game –¿complicado de pronunciar verdad?- fue un verdadero hit, aunque sobre todo en Europa. De hecho es el cineasta americano más europeo que lo consagra, David Lynch, que una vez más incorpora un tema de Isaak a la banda sonora de Corazón Salvaje, con Nicolas Cage, Laura Dern y Willem Dafoe. Blue Hotel conoce una segunda juventud gracias a la película, llega hasta el #6 de las listas US, y luego… plof.

Saca otros álbumes, pero la magia ya no opera, a pesar de que su voz, ya de por si cálida y deslumbrante, madura aún más con los años. Su último álbum, Beyond the Sun –en referencia a los históricos estudios de Memphis-, publicado hace dos años, contiene sólo versiones de las canciones de su infancia, de sus ídolos como Johnny Cash, Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Roy Orbison y cómo no, Elvis. No lo conocía hasta escribir este post, me encanta.

 

 

Escucha algunas de las buenas canciones de Chris Isaak