Martha & The Muffins – Echo Beach

Hay grupos así, a los que tengo cariño, a pesar de no ser nadie, de no haber tenido éxito ni representar ningún estilo -aunque sea el más efímero-, pero no sé explicar por qué. Marta y sus Churros pasó por la historia de la música pop de puntillas, modosita, dando los buenos días y las gracias, con un amago de sonrisa propia de los que temen molestar. Y cuando cerró la puerta al marcharse, ni sabías decir el color de su vestido, ni quedaba rastro de su perfume ni se escuchaba el eco de alguna palabra susurrada.

Sigue leyendo

The Knack – My Sharona

Ma ma ma myyy Sharona.

(Mi mi mi miiii mi Choni)

La escuchaba por casualidad ayer y estaba tan seguro de haberla publicado en el blog hace tiempo, que casi se me olvida de nuevo. Es que My Sharona no es cualquier canción. Es de estas pocas que son más conocidas que el propio grupo, identificable con el primer beat, intemporal. Roza la perfección en la composición, ninguno de los cuatro miembros sobra, todos tienen su momentito de gloria. Imposible decir no me gusta –atrévete, que te veto la entrada a este blog-. A ver, entendámonos, no es para llorar de felicidad. Pero es indudablemente una buena canción, el atraco perfecto en ventas, versionada múltiples veces, un riff de guitarra imitado en su día por millones de adolescentes de pelo largo y grasiento –esto último, en mi época, era el no va más, pero yo no caí, gracias Johnny Rotten-.

De qué va la canción? Pues de qué va a ir si no de amor, claro. Y a poder ser, de amor que no las tenía todas consigo al principio. Resulta que el cantante de la banda, Doug Fieger, se enamoró perdidamente de una chica –puestos a que una chica/o te vuelva loco/a, mejor que sea exagerado-, cuando él tenía veinticinco años y ella diecisiete. La moza se llamaba Sharona Alperin –Choni Alperina-, y se convirtió en su pareja durante cuatro años. Y este es el primer milagro, porque si ves al Doug ese, en los vídeos de My Sharona, con su corte de pelo medieval y su pinta sideral, y luego comparas con la chica de la portada del disco, la de la camiseta sin sujetador -buf-, no te cuadra que ella haya podido corresponderle. La moza musa inspira a nuestro Doug, que se pone durante dos meses a escribir la letra perfecta para ella –de ahí el Ma ma ma myyy Sharona, los maestros Jaiku seculares no podrían haber sacado algo mejor-, y es cuando conoce a quien sería luego el famoso guitarrista de The Knack, que venía con el riff bajo el brazo. Segundo milagro. Y dale, que la navidad está a la vuelta de la esquina.

Portada Sharona Calperin

Los dos terminan de contratar al resto de la banda, un bajista y un batería. Estamos en 1977, en L.A., todo es posible –y viendo el éxito que va a tener la banda, créetelo-. Empiezan a tocar en bares y salas del Sunset Strip, se codean en jams de lujo con Springsteen, Tom Petty, Ray Manzarek, llevando aromas de éxito asegurado a los cazadores de talento de la industria. Sigue una pelea –a veces estos c…. tienen olfato, hay que reconocerlo- entre sellos, llevándose la palma Capitol Records. Entran en un estudio y salen de ahí con un primer álbum, Get the Knack. Pum Pa, el gordo. Fue #1 de los charts US durante cinco semanas, vendiendo en un plis plas dos millones de copias. Todo, bien hay que decirlo, gracias a un casi único hit, My Sharona, #1 de las listas durante seis semanas en Estados Unidos y Canadá, y un montón de países de Europa. El tema de Capitol que más rápido llegó hasta lo más alto desde el I Want To Hold Your Hand de los cuatro sosos, en 1964.

Un beat fabuloso, una línea de bajo asombrosa –de las más legendarias de la música popular-, un riff de guitarra en el altar, de obligado estudio para quien se disponga a crear una banda de rock, y un cantante atontado por su suerte de ligón. Total, My Sharona, una canción rock energizante para la eternidad. Dave Grohl, batería de Niravana, siempre dijo que era su canción preferida –la banda la llegó a interpretar en algunos conciertos-. George Bush la tenía en su iPod –espera espera, no te creas que este pedazo de alcornoque me inspire, pero la historia del rock’n’roll se hace también con estas anécdotas-. Y anécdotas así, para escribir un libro. Lo mío es un blog, ahí lo dejo. Hala, al tajo.

 

 

Escucha My Sharona, la legendaria canción de The Knack

The Silencers – Painted Moon

Nacieron escoceses, aunque su patria musical fue la inglesa. Se criaron en Glasgow, pero se hicieron mayores en Londres. Bebían whisky como papá, y té como mama –con el dedito hacia arriba-. The Silencers, toda la problemática del deseo escocés de soltar amarras de UK. Una vieja reivindicación, regularmente rescatada por alguna franja soberanista, pero enseguida olvidada, a los cinco minutos de anunciarse los resultados de las consultas populares. Conozco bien Escocia, un pueblo simpatiquísimo con acento espantoso y comida de otro mundo, con Edimburgo como estandarte cultural y precioso de un país que se busca –teatro de mi primer concierto de The Stranglers en 1980, ya relatado por aquí-. Así que por favor no cambiarme nada, que tengo apuntado volver; Recuerdo con mucha nostalgia alguna tienda de vinilos en las que me deje buena parte el presupuesto de la estancia. Era otra época, The Silencers no era todavía ese grupo que pudo ser, pero que no fue, qué se le va a hacer.

The-Silencers A Letter From St Paul

El grupo lo monta Jimme O’Neill en 1985, con tres comparsas de la diáspora escocesa en Londres, después de una primera aventura musical muy buena, llamada Fingerprintz, pero vana. Influenciados por grupos y artistas tan variopintas como Woody Guthrie y Captain Beefheart, producen un sonido new wave un poco surrealista y disonante, posiblemente fuera del alcance del público de principios de los 80’s. Después de tres álbumes publicados por Virgin –ays el Branson, menos mal que estuvo-, la banda decide tirar la toalla.

Poco después, los mismos músicos deciden emprender una nueva aventura musical. Primero la rebautizan The Silencers. Segundo apuestan por unos sonidos más acordes con sus raíces. Toca la época épica, en la que las guitarras rock no reniegan de unas raíces folk, con melodías y letra pop. En 1986 el grupo interpreta por primera vez Painted Moon, el single con el que logran firmar con el sello RCA.  Después de ello, sale el primer álbum de la banda, A Letter From St Paul, punto de inflexión en la carrera de la banda. El disco tiene un éxito tremendo, rozan los #1 en bastantes países europeos. The Silencers se encuentra de repente en boca de todos, aunque si te soy sincero, aburren como no está escrito. Sólo se salva Painted Moon, que te dejo escuchar. El resto, mira, lo que sea. Hala. Luego siguieron ocho álbumes más. Como si nada.

 

 

 

Escucha Painted Moon, de The Silencers