Ayer, según WordPress, el blog recibió una visita de uno que venía de google, después de realizar la búsqueda siguiente: “cámara escondida pilla mujer f******* en discoteca”. ¿Un acérrimo defensor del Sex & Drugs & Rock’n’roll o uno que sólo pretendía hacer de voyeur digital y se metió en el blog sin querer?
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Royal Blood – Figure It Out
En los últimos diez días, me han llegado tres llamadas de atención acerca de un nuevo grupo rock de Brighton, Royal Blood, en plan “Fiouck, escucha esto, it is the re-milk”. Brighton, para quien tiene cierta edad, es sinónimo de ciudad rock’n’roll por excelencia, allá por los 60’s, cuando Mods y Rockers se repartían soplamocos veraniegos a la hora del té, en unas playas atiborradas por bañistas con anorak y pantalón de piel de reno. Mola.
kas Product – Try Out
Rock sintético, epiléptico, hipnótico y estroboscópico. Esta era la música que tocaba Kas Product, a principios de los 80’s, en una Francia que parecía darse cuenta, por fin, de que no había que pedir necesariamente permiso a los ingleses para sacar música original e innovadora. Y que las tendencias las podía marcar un oscuro dúo de Nancy. No, no me preguntes acerca de Nancy. Es como si un guiri te preguntara acerca de Valladolid. ¡Qué vas a decir!
Sexy Sushi – Sex Appeal
No he leído, ni pienso leer, Las Cincuenta Sombras de Grey. Sea cual sea la relación que uno tiene con el sexo, adentrarse en este libro es hacerle un flaco favor al asunto. En cuanto a hablar de literatura al referirse a esta saga, ya me chirría. Si la cosa es el morbo o alguna intención –sana- de renovar armario, léase ropa, objetos, posiciones, lugares, palabras, olores, texturas –¿se me escapa algo?-, pues nada mejor que una buena película porno, y al grano. O literatura erótica de verdad, como Las Once Mil Vergas, de Guillaume Apollinaire. No dudo ni un segundo que E. L. James –la autora de los libros que parece de obligado cumplimiento leer, siendo mujer, al cumplir algunas décadas- se hubiera ruborizado leyendo a este gran poeta francés. Que sí, se puede ser poeta, y escribir la obra literaria erótico porno salvaje más escandalosa de los últimos tres milenios.
Hamilton Leithauser – Black Hours
El doce de junio pasado, publicaba un corto post sobre The Walkmen, aquel grupo de rock que siempre ha ido a destiempo y no ha logrado nunca coger el tren bueno –léase él de la fama, donde se subieron Strokes, Libertines, o White Stripes-. No “gozan de reconocido prestigio”, como dicen en las biografías malas. Pero a Fiouck le gustan los patitos feos y los calimeros, aquí caben todos los almas perdidas, siempre y cuando sean sinceros en su propósito. Era el caso de The Walkmen.
The Shoes – Time To Dance
Esto es lo que pasa cuando, a punto de concluir el día, me encuentro todavía sin saber a quien sacar en el post del día siguiente -el que estás leyendo ahora-. Abro mi chuleta, donde suelo apuntar nombres de grupos para futuras entradas, busco al primero que me llame la atención –obviamente el primer criterio es que me guste-, y cruzo los dedos para que te guste/impacte también.
The Plastic Wave – Autotomy
Acabo de leer una noticia que me ha dejado perplejo. Para que me entiendas, diré que, debido a la edad que tengo –te juro que no voy a hacer de calimero-, casi siempre he conocido a Irán y EEUU repartiéndose soplamocos. “¡Barbudo feo!”, “¡pues anda que tú, hijo de satán!”, “Allah la tiene pequeña”, “Bushiño, por el culo te la hinco”, ya ya, bueno, cosas así ya sabes, estamos entre gentlemen. La cosa remonta a 1980, cuando miles de barbudos feos retuvieron en su embajada a decenas de hijos de satán durante un buen rato. Desde entonces, como que no ha habido mucho acercamiento.