Yael Naim – Older

Alyah. Subida, en hebreo. Esta “bonita” palabra se utiliza para describir el movimiento/proceso/protocolo por el que pasan los judíos que deciden abandonar su país para instalarse en Israel. Puede pretender a ello cualquier judío, es decir nacido de una madre judía. La Mama judía, protectora de sus retoños hasta la médula, todo un poema en los chistes que ellos mismos cuentan con risa contagiosa o exagerada.

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Felix Laband – Deaf Safari

Po vaya. Me acabo de enterar –la de cosas que uno aprende- que Sudáfrica ya no tiene fabricante nacional de aspiradoras. Defy, el último de ellos –si es que llegó a tener más-, fue adquirido en 2011 por un grupo turco, Arçelik, por una montaña de Rands –la moneda local-, que una vez pasado a euros se parece más a un montículo. Uno pequeñito, que una vez pasado a la economía del Tomate cretino vuelve a tener miles de kilómetros de alto. Todo es jelatifo, como hubiera dicho mi profesor de alemán.

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The Platters – Only You

Buf, casi se me olvidaba poner a The Platters y su Only You en el blog. Creo recordar que fue de los primeros 45t que me compré. No hay que arrepentirse nunca de los discos con los que te hiciste -lo tengo más fácil, tengo un gusto exquisito, ja-, hay edades para todo. Supongo que al ponerlo en casa, quería entrenar para los lentos que el DJ improvisado ponía en las fiestas que se organizaban en casa de alguno, con los padres expulsados educadamente, pero firmemente, durante algunas horas.

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Ghostpoet – Shedding Skin

No paran de comparar a Ghostpoet con Tricky, como si fuera el no va más en materia de piropo. Al primero la cosa le trae sin cuidado, pero como no es tonto, intuye que más le vale no pasarse de listo. Por eso cuando le preguntan si está de acuerdo con la comparación, suelta en tono educado “no está mal su música, pero no creo que hagamos la misma”.

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Soak – Before We Forgot How To Dream

Me encanta la vida de barrio el sábado por la mañana antes de que empiece el bullicio propio de ese día. La vida misma. Entré en un bar a desayunar, tenía diez metros de barra para mi solo. A los dos minutos, un señor se colocó justo a mi lado –¿qué parte de “diez metros de barra” no entendería?- y se pidió un Ballantines a secas. Se lo zampó lo que yo tardé en tragar el trozo de tostada que tenía en la boca. No preguntó cuánto era, dejó directamente cinco euros al lado de su vaso y se marchó.

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Hozier – Take Me To Church

Como otros tres cientos millones de terrícolas –y algún que otro alienígena escondido por ahí, escrutando perplejo nuestra esquizofrenia colectiva y concluyendo su informe con un “Críos malnacidos e inmaduros, pasar de largo, buscar otro sitio”-, vi el vídeo, hace ya tiempo. Las imágenes en blanco y negro me impactaron lo suficiente como para que no me fijara mucho en la música que las acompañaba. Síndrome youtube, mirar y no escuchar. Y a otra cosa mariposa.

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Martha & The Vandellas – Dancing In The Street

Leía hoy en un medio de tirada nacional un artículo –muy bueno por cierto, cómo mola cobrar por escribir estas reseñas, yo también quiero- acerca de los cincuenta años que cumple I Can’t Get No Satisfaction, de los Rolling Stones. Un día hablaré de ellos, arrodillado ante los p… amos, aunque hayan cometido cosas miserables, pero lo haré cuando tenga un día entero para pensarme bien cómo contarlo.

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