The Crystals – He’s A Rebel

Back to the sixties in the US, últimos años de una época despreocupada iniciada en los 50’s. Todos los clichés valen, coches enormes azules con ruedas blancas, palmeras bordando avenidas espaciosas hacia el pacífico, fachadas de color pastel, letreros luminosos animados, motels recién pintados, el logo de Life, gafas negras tipo ojos felinos, moños atómicos, pantalón pitillo, delicadas y sanas hamburguesas, ligues atrevidos en los drive-in, ruidos de tortas –¡demasiado atrevido!-, seamos sinceros, fue –para ellos, capullos- una época bendita, que nos dio envidia y nos sigue dando envidia a todos, inclusive a ellos mismos. Realmente no sé si era una época menos cargada que la que nos toca vivir, pero lo que nos llega cuarenta años después es una sensación de “A vivir, que son 3.650 días”, con The Crystals y su Da Doo Ron Ron de fondo. Venga, todos a la vez, Suspiremos…

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10cc – I’m Not In Love

¡Un año, 365 días, 365 posts, 365 artistas!

¡Feliz cumpleaños Blog & Fiouck!

7 de febrero de 2013 – 6 de febrero de 2014. ¿Quién lo hubiera dicho? ¡Yo no! El blog no arrancó con esta idea de perdurar tanto, sólo quería aprender a manejar ciertos productos y entornos. La verdad es que al final estoy contento, aunque a veces me suponga una tortura entregar un post diario. Aparte de que fundamentalmente no he aprendido nada. Me sigue sonando a chino Twitter, tengo una cuenta FB de risa (si te quieres apuntar, https://www.facebook.com/Fiouck), y de WordPress sé lo justo para que no te falte tu ración diaria de música contada a mi manera. En todo caso me merezco una tarta –de fresa y masa quebrada, sin crema pastelera en el fondo ays por dios- con una velita, y una copita de champagne, mientras pongo yo la música de fondo. Una canción homenaje a mi mismo, ya que estamos de celebración.

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Lee Hazlewood – The Very Special World of Lee Hazlewood

Hoy te voy a hacer un regalo. Con un poco de suerte cumples años, aunque realmente para regalar cualquier ocasión es buena. Así que tengo un regalo para ti. Una de las canciones más hermosas que he publicado en este blog. Que conste que en 357 posts y 2.399 temas subidos, canciones muy muy bonitas, ha habido unas cuantas. Pero la de hoy tiene un no sé qué especial. Además apuesto un Plymouth con Fever Tree en copa de sidra y poco hielo que no conoces a su autor e intérprete.

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Little Dragon – Ritual Union

Suecia es un país imposible, sobre todo ahora, en pleno invierno. Es otro planeta, casi una singularidad, donde los referentes mil veces aplicados pierden su sentido. Imagina la escena, tú en la cama por la mañana. De repente se levanta el sol y tú abres un ojo, dos, la boca –bostezo-, te estiras, tiras los 37 kilos de sábanas, mantas y edredón, te levantas como un robot, apartas el reno, corres hacia el lavabo, coges tu cepillo y el dentífrico, le das a la muñeca como un poseso, de arriba abajo, delante detrás laterales, y justo cuando lo colocabas de nuevo en el vaso para hacerte con un sorbo de Listerine –no es publicidad, es sentido común-, el sol se vuelve a poner. Dos jodidos minutos y veintisiete segundos de luz de día. A alguien le entra la cosa?

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Aphrodite’s Child – Rain And Tears

Grecia. Si digo Grecia, ¿qué me viene en mente? Lo primero, el queso Feta, indispensable si no quieres que tus ensaladas se mueran de aburrimiento. Luego el Ouzo, el chinchón de los dioses, que en algunos casos roza el 80% de grado alcohólico, perfecto para abrir apetito y como digestivo, también con la ensalada, el límite lo pone tu hígado. Los Monasterios de Meteora, el lugar de culto más inverosímil y bello del planeta. Los Tiempos Perdidos, de Aris Fakinos, posiblemente uno de los dos libros más hermosos y mágicos que he leído –el otro es El Mago, de John Fowles, que curiosamente transcurre en una isla griega-. Y Aphrodite’s Child, el grupo de rock psicodélico y progresivo que nadie se esperaba.

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Pizzicato Five – Twiggy Twiggy

A principios de los 80’s, como los franceses vamos de Calimero por la vida, recuerdo que uno de los debates preferidos de la sobremesa era sobre Japón. Que si nos iban a comer, que si eran los reyes de la industria y la electrónica, que si ellos eran trabajadores natos, que si todo lo que se inventaba hoy venía de ahí, que si iban a invadir nuestras viejas sociedades ahítas. Yo siempre defendía la idea de que no iba a durar, que son ciclos, y que para que una nación te “invada” de verdad, tiene que ir acompañado de algo menos tangible que un walkman o un reloj con led, de algo hecho para quedarse, fuera de las modas y los ciclos de producción, hablaba de cultura. Ahí les pillaba a todos preguntándoles que me diesen el nombre de un escritor, un cineasta, un músico y un pintor japonés. Nadie lo conseguía. Treinta años después, Japón, aunque siga siendo una gran potencia económica no nos engañemos, ya no está de moda ni para producir ni para inventar y encima no nos hemos quedado con casi nada de su cultura, quitando los sushis. Antes de escribir este post, he hecho el ejercicio de listar todos los nombres que me venían en mente, esta es: Mishima, Ozu, Oé, Kurosawa, el Nô y el Haïku. Una miseria, no? Y en música, Ryūichi Sakamoto y Pizzicato Five. Po vaya. Del primero ya hablé. Vayamos a por los segundos.

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Yello – The Race

Boris Blank, te acuerdas? Como me digas que no, te pongo la integral de David Guetta. Le mencionaba en el post de anteayer sobre la cantante Malia, como colaborador del nuevo álbum de esta Malawi Girl con preciosa voz jazzy groovy y reminiscencias de otros tiempos –léase Nina Simone, Shirley Bassey, etc-. Qué, ahora sí? Boris Blank? Dieter Meier? Suizo? Yello? No? Ays, dios Elvis, dame paciencia. Anteayer pues, decía que algún día hablaría de este combo suizo, porque merecían la pena. Y resulta que ese “algún día”, es hoy.

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