Clues, publicado en 1980, fue algo así como una bocanada de aire fresco. Con este disco los años 80 pintaban bien, pensábamos, ilusos de nosotros. La música no terminaba de acabar con el rock progresivo, el punk, las tendencias góticas y demás cold wave, y Robert Palmer desembarcó en el momento justo para todos aquellos que se desesperaban por volver a escuchar algún día música sin huellas de vómito en la camiseta. Con su look de inglés de clase media impoluto al que cualquier suegra daría sin rechistar a su hija, dandy de segunda –no es Brian Ferry todo lo que reluce-, abrió el camino hacia un pop elegante y moderno y, sí, fue de agradecer.
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Tears For Fears – Shout
Jatetú qué poca cosa somos, y cuan difícil es reconocer que uno lleva sumergido treinta años en un abismo de ignorancia. Desde 1984, cada vez que escuchaba la canción Shout –decir que cada vez menos y siempre por casualidad no me va a salvar del ridículo-, tarareaba al unísono “Shout, shout, la li la la”. No porque no había pillado la letra, sino simplemente porque siempre creí que esto mismo cantaban. Ojo que hablamos de los 80s, ¿quien se iba a molestar escribiendo frases completas cuando onomatopeyas convincentes bastaban? Tampoco puedo esconderme detrás de un oído cada vez más deficiente –algunas dicen que más bien selectivo-, porque hace treinta años oía como un murciélago –tengo un breve papel en el pozo donde le damos un susto de muerte al pequeño Christian Bale en Batman Begins, cuando la vuelvas a ver busca uno con un tomate verde en el pecho, soy yo-. Total, mazazo en toda regla, no era “la li la la”, sino “let it all out”.
Cloud Boat – Model Of You
Después de elegir al artista del día, tarea mucho más difícil de lo que aparenta, muchas veces corro el riesgo de no encontrar nada para contar. Me gustan los de mi época, o más antiguos aún, porque siempre hay un montón de tonterías que colar por aquí, y se dice que para contar sandeces últimamente me estoy luciendo –no sé cómo tomármelo-. Pero los músicos de hoy, salvo contadas excepciones, son sólo eso, músicos. Tienen un recorrido demasiado corto como para darles un poco de chicha, de grosor, de profundidad, aunque sean anécdotas curiosas o graciosas. No se meten ni se comprometen -ya sé que voy chocheando con este discurso muchas veces repetido-. Tocan y luego lo twittean, “hemos tocado”, y al rato sus 3.000 seguidores contestan con un prudente “Guay”, preguntándose “¿y quién c… son estos?”.
Billy Idol – Dancing With Myself
Billy Idol hizo cuanto pudo para figurar en los manuales que recogen aquellos geniales años 76/77 y la ola punk efímera. Pero los criterios de acceso eran drásticos. Había que ser o los más chalados, rabiosos e irreverentes (Sex Pistols) o los más comprometidos y mejores músicos (Clash). Billy lo intentó, se hizo seguidor de ambas bandas, montó su propio grupo –Generation X-, pero al final no cumplió nunca con ninguna de las normas. Cuando vio que no había sitio para él, se zampó la última lata de sardinas y tomó su decisión: se ducharía y lavaría el pelo, se cortaría las uñas, se pondría gayumbos dignos y ropa limpia, y se dedicaría a hacer pop music.
Jeanette – Porque Te Vas
Porque te vas. Cuan apropiado es, para un día como hoy, el famoso estribillo de Jeanette la Brunette. Indudablemente una de las canciones de mi juventud. Aunque he de ser sincero, lo fue a pesar mío, porque si bien todavía no sabía del todo qué música me iba a gustar, ya tenía claro cuál me atacaba de los nervios. No tanto la música, que tenía su punto, sino la voz de ella, bastante insoportable. La típica voz de niña desvergonzada de las películas porno soft, aunque no tuviera una dentadura como para triunfar en el gremio.
Men Without Hats – The End (Of The World)
Aleluya! O Hallelujah, Alaluiah, Alleluya, cómo se escriba. Después de meses de espera, acabo de recibir el boxset “30th Anniversary Delux Edition” del álbum Soul Mining, atemporal disco de The The y Matt Johnson, uno de los grandes genios de la música pop rock. Estoy como un niño, descubriendo todas las bondades del pack –en uno de los vinilos hay una versión especial de diez minutos de Uncertain Smile-. Ays esta canción, con el legendario solo de piano de Joos Holland, en mi Top 5 sin pestañear. Será sólo una sensación, pero me da que en aquella época, se le dejaba mucho más protagonismo al piano. Recuerdo algunos ejemplos, muchas canciones de Deacon Blue, o Bruce Hornsby y su The Way It Is, o Rupert Everett con Blood Under The Bridge –doy un fuerte apretón de manos a quien me consiga el audio digital de este tema, porque en youtube no está, me pasa por primera vez- y seguro que se podría alargar la lista.
Pretenders – Pretenders
Tan inocente iba yo a escribir «La Puta Amo del Rock», pero ante la duda, consulté con mi principal asesora lingüística, que puso los gritos en el cielo. Me dijo que Tarantino, que se había inventado la expresión El Puto Amo, no se había pensado ninguna declinación femenina –o algo así, pero como no me gusta este director, no me enteré muy bien-. Añadió que para referirse a una mujer, lo más fácil era decir La Reina de. Ya, es que mi asesora lingüística es muy purista y tiquismiquis. Como en francés incorporamos palabras inglesas con más facilidad, pregunté si podía decir The Fucking Queen. Dijo que sí, por ser yo, pero que no había que abusar de las palabras malsonantes. A lo que contesté que no es malsonante, es la palabra rock por excelencia. Tan metida en la semántica de la frase, ni me preguntó de quien iba a decir que era The Fucking Queen del Rock.