Hauschka – Abandonned City

Dieses klavier ist sehr schön –este piano es muy bonito-. Good Fiouck, cinco años estudiando alemán de joven, para rescatar con mucha dificultad esta frase penosa y cutre. Eso sí, no caí en la trampa, piano se dice piano en tropecientos mil idiomas, menos en alemán que se dice klavier. El alemán es un idioma raro, algo retorcido. No dicen veintidós o treinta y cuatro, sino dos y veinte, cuatro y treinta. No dicen “me gustan las judías verdes” –yo tampoco, las aborrezco-, dicen “como judías verdes bien”. En fin, si les gusta complicarse la vida, allá ellos ¿verdad? Incluso a la hora de tocar el klavier, les gusta enredar la cosa, como Hauschka, nuevo icono del piano preparado.

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Erik Satie – Gymnopédies

Erik Satie murió pobre, muy pobre, casi en la indigencia. Se intuía, pero como no permitía que nadie accediera nunca a su pequeño estudio de las afueras de París, sólo se intuía. Cuando falleció, sus amigos que por fin pudieron entrar en la vivienda del pianista se quedaron perplejos –después de constatar que carecía de prácticamente todo- ante lo amontonado: dos pianos atados entre sí, una colección de falsos cuellos y otra de paraguas, y en el armario, trajes idénticos de terciopelo gris, con los que llevaba vistiendo muchos años. Y nada más. Tenía amigos que le podían haber ayudado, muchos amigos que se hubieran dejado la piel por él. Pero Satie nunca pidió. Ni rescate, ni lástima, ni limosna.  Sobrevivió como pudo a una relación tumultuosa con el piano, iniciada cuarenta años antes.

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David Dorantes – Libertad Entre Rejas

Últimamente no paran de invitarme. El jueves al pre-estreno de El Lobo de Wall Street -enorme- y el sábado al homenaje a Enrique Morente, en el Teatro Circo Price de Madrid. A ver si pronto me invitan una semana a Las Seychelles, que estoy de la lluvia hasta el moño. Acepté el reto, con más curiosidad que ganas reales. Digo reto porque si eres un fiel lector del blog, sabrás que el flamenco y yo, no cuajamos. Y eso que puedo enorgullecerme de haber visto al Camarón en vivo. Fue antes de que viniera a vivir a España, asistí a la grabación de un programa de la tele francesa, en el que era el invitado de honor. Imposible saber que iba a fallecer pocos meses después, a los cuatro días de desembarcar yo en Madrid. Total, ya en aquel momento había llegado a la conclusión de que el flamenco no era para mi. Es así, no me llega. Ni al alma, ni al corazón, no me provoca nada sino una mezcla de respeto y aburrimiento. Pero como ya tengo mi edad, llegué a pensar que  mi rechazo era más bien el resultado de una total ignorancia que otra cosa, así que fui.

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keith Jarrett – The Köln Concert

En la segunda mitad de los años 60, Keith Jarrett solía tocar en uno de los múltiples garitos Jazz del barrio latino de París -St Germain-, el Cameleón. Ahí empezaba a deslumbrar con su particular técnica, muchas veces basada en la más absoluta improvisación. Hubo una época en la que venía a escucharle todas las noches el mismísimo Miles Davis. Un día se le acercó, a medio camino entre fascinado e intrigado, y le preguntó: “¿Cómo lo haces? ¿Cómo puedes tocar a partir de nada?”. Keith le contestó: “No lo sé. Porque la pregunta no es esa, la realidad es la de saber si un músico concibe la nada como la falta de algo, o como un ‘lleno’ que surge espontáneamente”. Este es el post nº 281 del blog, y posiblemente sea esa la frase más inteligente que en él se ha leído. Bueno, naturalmente quitando algunos chascarrillos que he ido soltando por ahí, ¿eh?

Keith Jarrett va para sus 70. Vive aislado, cerbero de su propia vida privada, a hora y media de Nueva York, en medio de bosques y lagos, en una finca muy grande, protegida de los curiosos por un alambrado no muy acorde con la idea que se hace uno de uno de los grandes pianistas de este siglo. Corren leyendas sobre esta mansión, se cuenta que tiene un salón con grandes ventanales abiertos hacia la naturaleza, con dos Steinway & Sons cara a cara, uno negro y otro blanco. Leyenda total, no existe esta habitación. En su fortín, recibe poco, menos a los medios, pero cuando lo hace, se sincera. Hace más de quince años, casi le hunde una enfermedad rara, que los médicos terminaron llamando el síndrome de la fatiga crónica. Tardo años en salir de ella, en base a pelear, mucho pelear. Desde hace diez años, ha vuelto a componer, y sobre todo, lo que más le gusta en la vida, a improvisar.

La improvisación es un arte que pocos pianistas manejan como Keith Jarrett. Improvisar no es otra cosa que sentarse frente a un instrumento, en este caso el piano, sin tener ni la más mínima idea de qué tocar, y ofrecer una actuación coherente, potente, bonita, emocionante. Su formación de pianista clásico le ayuda mucho, porque requiere una gran técnica. Empezó muy joven, con tres años, y con ocho dio su primer concierto clásico, en su ciudad natal de Allentown, en Pensilvania. En esta primera actuación, tocó Bach, Mozart, y terminó por dos obras suyas, siendo una de ellas improvisada. Ocho años. Wow. Con diecisiete años, rechazó una beca para ir a París a estudiar en la escuela de Nadia Boulanger –ya mencionada en este blog varias veces como una de las profesoras de piano más legendarias del siglo XX-. Más adelante, sí aceptó entrar en la Berklee School de Bostón –los más asiduos recordarán que esta escuela ya se mencionaba ayer en el post dedicado a Esperanza Spalding-. Una vez adulto, pasa del clásico al jazz, y empieza a tocar con bandas de todo tipo, en las que su arte termina quitándole el estrellato a músicos mucho mayores. Muy al principio de los 70’s, se convierte en paralelo en el pianista de la formación de Miles Davis. Dos años más tarde, logra grabar su primer disco, con sus primeras composiciones, directamente de la mano de uno de los productores musicales de jazz más afamado, Manfred Eicher, dueño del prestigioso sello del mismo nombre. Es este mismo Manfred Eicher, que, tres años más tarde, grabará el famoso concierto The Köln Concert, uno de los discos más famosos de la música moderna.

Keith Jarret the koln concert

En enero de 1975, la Ópera de Colonia invita a Keith Jarrett a dar un recital, durante la gira que el músico está realizando en Europa, desde dos años atrás. Un concierto y la grabación resultante se hacen famoso, al margen de la calidad de la actuación y la grabación, cuando todo está en su contra. Aquel día el artista se sentía fuera de lugar, agotado por la falta de sueño, con dolores de espalda, pero sobre todo particularmente enfadado por la calidad del piano que la organización le había dejado para la ocasión, muy alejada de lo que él había solicitado, todo por culpa de una huelga de transporte. Hasta el último momento estuvo dudando entre tocar o marcharse. Finalmente, se sentó frente al piano, y empezó reproduciendo las cuatro notas de la musiquilla de llamada a la orden del recinto musical. El público primero se extrañó, pero pronto se dejó invadir por esta extraña sensación de estar presenciando algo inmenso, mágico, casi de ciencia ficción, más de una hora de música improvisada de la primera a la última nota. Aquella noche Manfred Eicher y el técnico de sonido Martin Wieland hicieron malabarismo para grabar el concierto de la mejor forma posible, y pasaron días encerrados en el estudio para sacar el mejor sonido posible. Desde su publicación, The Köln Concert es con creces el disco de jazz, pero también el disco de piano, más vendido de la historia. Más de tres millones y medio de ejemplares. El disco que posiblemente más hizo para acercar un público inepto –como yo, dirán algunos lectores, ajem- al jazz.

Keith Jarrett, después de salir de su enfermedad, volverá a repetir la hazaña en 2002, en Japón, en dos actuaciones igual de legendarias. Pero el disco que abrió el camino y se quedará para la eternidad es el de Colonia. Fabulosa obra. Lamentablemente sólo tengo la Part II a para proponerte. Aunque esta es la que más me gusta a mi. De joven tenía el vinilo, uno más que se me fue, desesperante.

 

 

Escucha parte del Köln Concert, de Keith Jarrett

Krystian Zimerman – Fuck Youtube (O Algo Así)

Krystian Zimerman es un pianista polaco, uno de los más aclamados actualmente en la escena clásica mundial. Con tan sólo dieciocho años, ganó el prestigioso Concurso Internacional de Piano Frédéric Chopin en Varsovia –no olvidemos que Chopin, por mucho que se le conozca con su nombre afrancesado, era polaco-. Polonia siempre ha sido tierra de grandes pianistas, compositores como Chopin, o intérpretes como Arthur Rubinstein y Władysław Szpilman. El piano en Polonia es como el Jamón Ibérico de Bellota aquí, es sagrado, es monumento nacional, es orgullo e identidad nacional. Y cuando uno de sus grandes intérpretes está molesto con el trato que se le da, lo dice alto y claro. Con dos cojones teclas.

En la noche del pasado lunes, hace 4 días, estaba Krystian Zimerman tocando unas variaciones de Karol Szymanowski –compositor y pianista ucraniano, fallecido en 1937-, en el Festival de Piano del Ruhr. Algo así como el FIB del piano clásico, donde se congregan anualmente los pianistas más ilustres del momento. De repente interrumpe su actuación, se levanta, se dirige sin un ruido hacia el público, se planta delante de una persona, y le dice amablemente “Quiere usted dejarlo ya?”. Resulta que el impresentable estaba grabando el concierto con su smartphone, para luego subirlo a youtube. Yo que el pianista le daba un patadón al estilo Cantona. Espero con toda mi alma que este señor se avergonzara para el resto de su vida. Luego intentó el pianista retomar el curso de su concierto, pero no le fue posible, desconcentrado totalmente, y abandonó el escenario bajo los aplausos del resto del público. Menos el impresentable que huiría a la velocidad de la luz.

Posteriormente, Krystian Zimerman se justificó con un lacónico “youtube está matando a la música”. Se refería a la música clásica, aunque a mi entender la música “popular” también sufre cierto efecto youtube. De primero y para evitar malentendidos, aclaró que no hablaba de derechos de autor, aunque también reconoció que, varias veces, había perdido contratos para actuar, porque la organización afirmaba que lo que pretendía tocar ya estaba en youtube. Lo que de verdad le duele es esto, que “demasiada buena música e interpretaciones se están dejando de producir a cambio de grabaciones  de pésima calidad”, lejos de los “estándares de calidad media”. No le falta razón. Llevo años diciendo que algo similar le está pasando a la música pop/rock; muchas veces los grupos y artistas lo invierten todo en un vídeo bonito o espectacular para youtube, privilegiando el visual y el efecto que tendrá en términos de views, likes, share y fucking milks, antes que el propio tema. Seamos sinceros, muchas de las canciones que suenan hoy no tendrían ni la mitad del éxito que tienen si no fuera por el vídeo en youtube. Quítalas las imágenes, queda poco. La música se empobrece, y no compensa que salgan 50 veces más discos que antes. Así que, ya sabes, fuck youtube.

Krystian

Te dejo con este disco de Krystian Zimerman, Brahms: Piano Concerto No.1. Que no, no me reniego, siempre me gustarán The Sex Pistols, pero esto es sublime. Venga, date el gusto.

Escucha entero Brahms: Piano Concerto No.1, interpretado por Krystian Zimerman

 

Cascadeur – The Human Octopus

Casco de piloto de caza con estrella roja en la cabeza, máscara de luchador mexicano en la cara, albornoz de boxeador con su nombre escrito en la espalda. Cascadeur se mueve lentamente, como un samurái, sin hacer ruido, rodeado de teclados e instrumentos extraños. Cada gesto cuenta. La ceremonia se aplica al milímetro. Deja pasar varios minutos de silencio, rito que a veces irrita al público. Pero desde las primeras notas, la curiosidad suscitada por el silencio da paso a la emoción, la melancolía. En el escenario, Cascadeur se divierte con el misterio creado. Cascadeur, es Alexandre Longo, pianista de formación clásica de Metz, ciudad del este de Francia. Su personaje brilla bajo los focos, pero él se queda en la sombra.

Su historia es la de un músico apasionado por el piano, su instrumento de predilección desde muy pequeño. Padres músicos, educación estricta, vacaciones dedicadas al desarrollo intelectual. Y eso que podía haber sido futbolista, su otra gran pasión. Pero sólo podía jugar cuando había acabado las clases de piano. Admiraba a Platini en su época Juventus, por tradición, siendo hijo de italiano emigrado a Francia. Su padre dirigía la Escuela de Bellas Artes de Metz, así que el pequeño Cascadeur recibió una formación clásica, óperas italianas, música contemporánea. La emoción y la belleza se convierten en su leitmotiv, en el arte como en el fútbol. Y no pueden dejar de ser un juego. Cuando sube al escenario, observa el público, que le espera, y él se divierte. Su disfraz algo absurdo ayuda a que la carga emocional de sus composiciones melancólicas no sea demasiado grande. En noviembre 2009, en un mini festival en París, le tocaba actuar después de The Black Lips, energía rock’n’roll pura. El público estaba hirviendo, había habido intercambio de latas entre la banda y los cientos de fans. Cascadeur esperó su turno. Otros hubiesen subido al escenario como un condenado a la horca, él se reía detrás de su máscara. Se subió al escenario, un técnico le advirtió de que seguían lloviendo latas. Y empezó la ceremonia. Se tomó su tiempo. Como una aparición, emergió de las sombras con su voz felina. Como un contralto enmascarado, tranquilizó al público en ebullición. No volaron latas. De repente el público se quedó enmudecido, conquistado por la música de Cascadeur. La magia de la emoción de su voz alta y sus composiciones a la Eric Satie.

cascadeur

Canta en Inglés, idioma que no controla, como la mayoría de los franceses. Le gusta el riesgo, de ahí su nombre –un cascadeur es el especialista que dobla los actores en el cine en las escenas peligrosas-. Su único álbum hasta la fecha es arriesgado. Música difícil de clasificar, o calificar. O explicar. Así que, joven padawan, te invito a escuchar The Human Octopus. Y si no tienes tiempo –mal, muy mal-, ve directo al segundo tema, Walker. Es sublime.

 

 

Escucha entero The Human Octopus, de Cascadeur

Regina Spektor – Far

Regina Ilyinichna Spektor nace en Moscú en 1980, en un entorno familiar intelectual cultural muy “soviético”, cero frivolidad, Rachmaninov con el Borsh de la mañana y Chopin con la Solianka de la noche. Padre fotógrafo violonista y madre profesora de música, la pequeña Ilyinichna toca el piano clásico desde muy joven. ¿Cero frivolidad? También se escucha The Beatles –mff…- y Queen, en casa, música subversiva que no modifica los planes de la pequeña que sueña con ser concertista clásica de piano. Por desgracia otros se encargan de soñar por ella. Hostigada por su condición de judíos, la familia Spektor emigra a occidente aprovechando la Perestroika. Primero Austria, luego Italia, finalmente EEUU, Nueva York, Bronx, calle 231. Hala, a reescribir el american dream, con nueve años.

Pasan años sin que la pequeña Ilyinichna pueda volver a tocar: la economía familiar precaria no da para tanto. Practica en la mesa de la cocina o, de vez en cuando, en el piano de la Sinagoga del barrio. Hasta que un día su padre conoce a un violinista hebreo que les invita a su casa, donde, como no, hay uno que parece estar esperándole. La ama de casa, Sonia Vargas, hará de profesora particular hasta que la pequeña Ilyinichna integre un colegio donde proseguir sus estudios musicales. Sale de allí en 2001 con honores –tú qué te crees, esto es el american dreams bobo, no falla-. Empieza a componer sus propias canciones y las interpreta en bares y cafés del Greenwich Village y de París –versioneará la canción Ne Me Quitte Pas de Jacques Brel en su álbum What We Saw From The Cheap Seats de 2012-. Auto edita dos discos –11:11 y Songs-, antes de firmar con el sello Sire Records, de Warner. Su primer disco, Soviet Kitsch, recibe las mejores criticas de los medios. Se hace amiga de muchos músicos, en especial Julian Casablanca, de The Strokes, con quien interpreta un dúo, Modern Girls and Old Fashion Men.

regina-spektor-far

En 2009 saca su tercer álbum, Far. Poco se puede decir de un disco cuando se trata de una delicia. Una golosina. Canciones no especialmente tristes, simplemente hermosas y tiernas. Amor y dolor. El disco alcanza el #3 del Billboard americano, en el que permanece 19 semanas. La pequeña Ilyinichna y su piano. Pero como tienes prisa, te diré cual escuchar: la quinta, Machine. Oh….

Escucha entero el disco Far, de Regina Spektor