Woodkid – The Golden Age

Woodkid, niño prodigio de 30 años, francés muy sobrado de talento, está detrás de algunas de las realizaciones musicales más interesantes de los últimos años, a pesar de su corta edad. Es director de vídeo, diseñador gráfico, compositor e intérprete de su propio proyecto musical, original por no decir experimental.

Se llama Yoann Lemoine (ya, menos glamour que Woodkid), estudió ilustración y animación en una escuela de arte de Lyon, se fue a Londres a ampliar conocimientos en serigrafía, antes de instalarse en Paris en 2004. Trabajó con Luc Besson –realizador de algunas películas taquilleras como El Gran Azul, Nikita, León, El Quinto Elemento, etc-, para el juego sacado de Arthur y los Minimoys, y posteriormente con Sofia Coppola, para la película Marie-Antoinette.

Se hizo famoso por la realización de un vídeo sobre el SIDA –es abiertamente homosexual y como tal muy comprometido con esta causa-, por el que ganó cinco Lions –el equivalente a los Oscars de la publicidad- en el Festival International de la Publicité de Cannes en 2010. El vídeo, que no se corta un pelo, es divertido y francamente simpático (clic), aunque no hay duda de que logra su propósito de concienciar a los más jóvenes.

Con estos galardones, le empezaron a llover propuestas para realizar videoclips: Moby, Yelle, Katy Perry, Taylor Swift, Rihanna & Drake, aunque todavía se le conoce sobre todo como el director del famoso vídeo de Born to Die, de Lana del Ray.

woodkid

En paralelo, compone temas y canciones que acaba de reunir en un primer álbum, llamado The Golden Age. En portada, pone una composición gráfica que de estar debajo, le cubriría toda la cabeza. Qué les pasa a los artistas franceses del momento –Daft Punk, Cascadeur, etc-, que no quieren que se les vea la cara? Algo tendrán que esconder! El disco en algunos aspectos se parece al primer opus de Moby, él solito frente a mil máquinas de producir sonidos y efectos sonoros. La música está a medio camino entre Cascadeur y Jay Jay johanson. Melodías elegantes, lirismo barroco en las composiciones, épica de ciertos estribillos. Muy 2013 vamos. Algunos temas rozan la música de las grandes BSO de Hollywood (como Shadows), o de las pelis del oeste al estilo de The Last Shadow Puppets (tema The Great Escape). Para cada single, Woodkid realiza un bonito vídeo, que no deja de ser esto, bonito, con mucha más estética y simbolismo que emoción, y con claro culto al cuerpo masculino. Pero mola. Iba a decir, perfecto para un sábado lluvioso, aunque parece ser que el sol se está imponiendo. Woodkid, The Golden Age. Bonito disco.

Escucha entero The Golden Age, de Woodkid

Cascadeur – The Human Octopus

Casco de piloto de caza con estrella roja en la cabeza, máscara de luchador mexicano en la cara, albornoz de boxeador con su nombre escrito en la espalda. Cascadeur se mueve lentamente, como un samurái, sin hacer ruido, rodeado de teclados e instrumentos extraños. Cada gesto cuenta. La ceremonia se aplica al milímetro. Deja pasar varios minutos de silencio, rito que a veces irrita al público. Pero desde las primeras notas, la curiosidad suscitada por el silencio da paso a la emoción, la melancolía. En el escenario, Cascadeur se divierte con el misterio creado. Cascadeur, es Alexandre Longo, pianista de formación clásica de Metz, ciudad del este de Francia. Su personaje brilla bajo los focos, pero él se queda en la sombra.

Su historia es la de un músico apasionado por el piano, su instrumento de predilección desde muy pequeño. Padres músicos, educación estricta, vacaciones dedicadas al desarrollo intelectual. Y eso que podía haber sido futbolista, su otra gran pasión. Pero sólo podía jugar cuando había acabado las clases de piano. Admiraba a Platini en su época Juventus, por tradición, siendo hijo de italiano emigrado a Francia. Su padre dirigía la Escuela de Bellas Artes de Metz, así que el pequeño Cascadeur recibió una formación clásica, óperas italianas, música contemporánea. La emoción y la belleza se convierten en su leitmotiv, en el arte como en el fútbol. Y no pueden dejar de ser un juego. Cuando sube al escenario, observa el público, que le espera, y él se divierte. Su disfraz algo absurdo ayuda a que la carga emocional de sus composiciones melancólicas no sea demasiado grande. En noviembre 2009, en un mini festival en París, le tocaba actuar después de The Black Lips, energía rock’n’roll pura. El público estaba hirviendo, había habido intercambio de latas entre la banda y los cientos de fans. Cascadeur esperó su turno. Otros hubiesen subido al escenario como un condenado a la horca, él se reía detrás de su máscara. Se subió al escenario, un técnico le advirtió de que seguían lloviendo latas. Y empezó la ceremonia. Se tomó su tiempo. Como una aparición, emergió de las sombras con su voz felina. Como un contralto enmascarado, tranquilizó al público en ebullición. No volaron latas. De repente el público se quedó enmudecido, conquistado por la música de Cascadeur. La magia de la emoción de su voz alta y sus composiciones a la Eric Satie.

cascadeur

Canta en Inglés, idioma que no controla, como la mayoría de los franceses. Le gusta el riesgo, de ahí su nombre –un cascadeur es el especialista que dobla los actores en el cine en las escenas peligrosas-. Su único álbum hasta la fecha es arriesgado. Música difícil de clasificar, o calificar. O explicar. Así que, joven padawan, te invito a escuchar The Human Octopus. Y si no tienes tiempo –mal, muy mal-, ve directo al segundo tema, Walker. Es sublime.

 

 

Escucha entero The Human Octopus, de Cascadeur